Ricky Gervais, enanos y Globos de Oro (y una tienda de fideos chinos)

15 ene

Hace más o menos un año, Ricky Gervais se volvió famoso. Bueno, no, miento, famoso era antes. Hace un año se volvió masivo. Desde que empezó su andadura mediática en 2001 con The Office, Ricky Gervais nos mostró un modelo de comedia peculiar y mucho más contundente y reflexivo de lo que podría parecer a simple vista, ya que cada sketch ideado por él llevaba implícita la lección de que no todo chiste sobre racismo es un chiste racista. Cómo no, quien dice racista dice misógino, de mal gusto u ofensivo en cualquier sentido. Se trata de una visión inteligentísima que hoy, más que nunca, urge que penetre en demasiadas cabezas duras obsesionadas por la corrección política, ese cáncer social totalmente carente de sentido que acorrala y demoniza las opiniones más valiosas y ensalza las más absurdas. Era dudoso que si algún día Ricky Gervais llegaba a convertirse en un auténtico fenómeno de masas de la comedia los motivos fueran éstos. La explosión de Gervais llegó el año pasado, en la ceremonia de los Globos de Oro de 2011. Su recital no fue sino otra muestra de su estudiada forma de hacer comedia (un poco más desatada y deliberadamente polémica de lo habitual), pero por supuesto y para no variar, su calado en la masa fue bastante superficial. Todo el mundo se quedó con la cara y las formas de ese tío tan polémico que cuestionó en directo la sexualidad de Tom Cruise y puso de vuelta y media a la mitad de Hollywood. Ohú, tío, no veas cómo se pasa, es un Dios. Cómo mete caña.

Y hete aquí que yo empecé a cansarme de Ricky Gervais justo entonces.

Esto es lo que pensáis que soy yo en este preciso instante.

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Muertes X-Tremas 2: Esta vez es Disney-personal

28 dic

La navidad es esa época para soñar y rencontrarnos con nuestras películas de antaño, las que nos hicieron llorar y reír en nuestra niñez y hoy nos llevan a gritar histriónicamente frases como “¿NO HAS VISTO POCAHONTAS? ¡TÚ NO TIENES INFANCIA!”. No es que yo cierre el kiosko Disney durante la época no estival (este blog es buena prueba de ello), pero en estos días me apetece más que nunca revisitar algunas películas Disney tirado en el sillón, a veces las más olvidadas y otras veces las más quemadas por ese infame y cansino reducto que habla del periodo 1989-1994 como si fuera la segunda venida del Hacedor. Es tiempo para ello, sin duda; pero también es tiempo para retomar mi largamente acariciada secuela a una de mis entradas favoritas de este blog, MUERTES X-TREMAS. Combinar dos de mis aficiones como son Disney y las muertes truculentas en el cine no era más que cuestión de tiempo, y el día ha llegado. Hoy me place presentarles, querido público, mi ranking personal de MUERTES X-TREMAS versión Disney. Esta entrada va a ser larga de narices, así que a los paletos que se quejan de que escribo artículos demasiado largos y se sienten más cómodos leyendo cómo sus conocidos anuncian en 140 caracteres máximo lo difícil que ha sido levantarse hoy de la cama, que vayan cogiendo la puerta.

TÉCNICAMENTE estamos ante una muerte Disney, dado que Miramax era filial de Disney cuando produjo Kill Bill.

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Aniquilación absoluta

12 dic

Veo estas imágenes en la televisión y algo se encoge en mi viejo corazón. Hacía mucho, mucho tiempo que no las veía. De hecho casi las había olvidado. No es para menos. La memoria empieza a fallarme, sin contar con que poco a poco fui comprendiendo que lo mejor para no sufrir era olvidar todo lo que perdí tras la explosión nuclear. Aquella sociedad es cosa del pasado, pero la humanidad intenta reconstruir los pedazos de una sociedad desaparecida, desintegrada, olvidada, desconocida, a través de descubrimientos como éste. La ciencia está desconcertada ante el descubrimiento de las imágenes misteriosas. Durante meses, serán sometidas a estudios exhaustivos, millones de dólares del dinero que debería destinarse a conseguir algún tipo de comida para esta Nueva Humanidad aún en pañales serán malgastados en encontrar unas respuestas que, de llegar, probablemente serían erróneas. Puede que quien lea estas palabras me tache de arrogante, cuestionándose la seguridad con la que hablo. ¿Cómo voy a saber yo, un decrépito anciano desnutrido que languidece en uno de los Cubículos Colectivos de Precisión para Humanos de Clase W (lo que antes se conocía como la tercera edad) si las respuestas que los científicos encuentren sobre el origen de las misteriosas imágenes son correctas o no? Es más, ¿cómo me atrevo a insinuar conocer las respuestas? Pues bien, se da la circunstancia de que soy uno de los uno de los pocos supervivientes de la catástrofe nuclear. Y no sólo eso, sino que deben ustedes saber que uno de los responsables de esas imágenes… fui yo.

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¡Es el segundo mejor episodio de Los Simpson que he visto!

7 dic

El otro día estaba yo viendo Los Simpson (¡anda, no me digas!) y, descorazonado ante el lamentable espectáculo ante el que me encontraba (temporada 17, ya ves), me puse a pensar en los buenos tiempos. Entonces empecé a acordarme de mis episodios favoritos. Mi lista varía vagamente cada vez que pienso en ella (el monorraíl no para de entrar o salir), pero sí que hay una cosa que no varía: mi pódium. Mis tres episodios favoritos, inamovibles desde hace ya muchísimo tiempo y que se reafirman cada vez que los vuelvo a ver. Caí entonces en la cuenta de lo diferentes que son entre ellos estos tres episodios, quizá al estar bastante alejados en el tiempo entre ellos, o todo lo lejos que pueden ser tres años en una serie que ya lleva veintitrés en antena (de los cuales por lo menos doce se los ha pasado torturándonos). Es algo que nunca había pensado, y que me devolvió a mis recurrentes pensamientos sobre lo grandiosa que es esta serie que durante sus primeros ocho años de vida atravesó etapas tan diferentes y maravillosas cada una a su modo. Mis tres episodios favoritos de Los Simpson son una ácida sátira de la tele amarillista (por Dios, al que haga el chiste, lo mato), una comedia pura y desatada sin más lecturas y un complejo y maduro acto de autorreflexión sobre la propia serie. El primero es, por supuesto, Homer, hombre malo, con su Venus de gominola, su “dulce-cu”, sus legendarios momentos de manipulación televisiva y acoso mediático a Homer, su “Homer, I’m God… frey Jones” y su telefilm protagonizado por Dennis Franz (con Dennis Franz doblándose a sí mismo, por Dios). Hace poco lo volví a ver y descubrí algo absolutamente genial que se me había pasado por alto hasta entonces. Aparte de una crítica abierta a los medios de comunicación y la influencia de la tele en la opinión de la gente, el episodio es algo más. A día de hoy hemos visto cientos y cientos de crisis matrimoniales entre Homer y el mayor amor de su vida, Marge; pero Homer, hombre malo nos presenta por primera y única vez una trágica crisis matrimonial entre Homer y su segundo mayor amor: la tele. El episodio va de Homer siendo traicionado y desengañado por la segunda mujer a la que ama y sus intentos por reconciliarse, y la resolución es uno de mis momentos preferidos (por entrañable) de la serie: Homer abraza a la tele en secreto y le susurra un tierno “no volveremos a pelearnos, cariño”. Tal como yo lo veo, no existe mejor y más divertida forma de definir a Homer.

Éste sería mi tercer episodio favorito. Respecto a mi Best Episode Ever, quizá huela a chamusquina que coincida con la respuesta más extendida y automática a la pregunta de cuál es el episodio favorito de la gente. Mi favorito es el del seguro dental. Decir que tu capítulo favorito de Los Simpson es Última salida a Springfield es como decir que tu película favorita es Ciudadano Kane. Sospechoso. El título que encabeza todas las listas sesudas y aburridas es tu favorito, ¿eh? Parece que alguien por aquí no tiene criterio propio. Sí, sé lo que parece, pero el caso es que mucho antes de Wikipedia, mucho antes de las listas, Última salida a Springfield se convirtió en mi episodio favorito cuando un lejano 3 de enero, día de mi cumpleaños (¿el noveno? ¿el décimo?), me pasé veinte minutos seguidos retorciéndome a carcajadas viéndolo por primera vez. Recuerdo que el giro de tuerca al tópico de los dibujos animados de la muchedumbre que dice “síiii” y uno que dice “nooo” me pareció la cosa más delirante y genial de todo el universo. Desde entonces no ha ido pareciéndome sino mejor y mejor, un capítulo maravilloso perteneciente a una época en el que los guionistas estaban pletóricos en su capacidad puramente cómica, la cuarta temporada. Hacer un episodio magistral basándose sólo en la comedia es muy complicado, mucho más que hacer un buen episodio emocional o con carga crítica, y durante la cuarta temporada tuvimos muchos como éste, en el que cada puñetero chiste funciona. Pura perfección cómica. Si encabeza todas las listas, por algo será. (Sin embargo, nótese que cuando alguien me dice que su película favorita es Ciudadano Kane olvido convenientemente esta lógica y desprecio su opinión como prefabricada e indigna de recibir un minuto de mi atención, quizá porque mi película favorita es El apartamento y no Ciudadano Kane).

¡Alto! ¿Qué ha pasado? He mencionado mi tercer episodio favorito y mi primer episodio favorito, ¿pero qué pasa con el segundo? ¿Me lo he saltado? Ah, amigos, mi segundo episodio favorito es un episodio tan complejo que una mención superficial no bastaría para hacer entender por qué es tan grandioso. Hay que entrar en él, escarbar, despiezarlo como a un atún y estudiarlo profusamente, porque tiene tantos aspectos interesantes que cualquier otra cosa sería injusta. Así que vamos allá. Hablemos de él. Hablemos de El enemigo de Homer.

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Adaptando a Tintín: No hay huevos

1 nov

Hace unas cuantas noches pude comprobar que no sólo es posible adaptar satisfactoriamente los álbumes de Tintín al lenguaje cinematográfico, sino que incluso se pueden mejorar en algunos aspectos. Me explico: El secreto del unicornio era un cómic en el que la auténtica chicha estaba en la trama dentro de la trama, una historia de piratas y tesoros relatada por un capitán Haddock que sólo se levantaba de la silla para agredir a la lámpara del techo. De este modo, los personajes a los que queríamos ver en acción no hacían nada salvo contar la historia de otros, mientras que era un desconocido, por muy antepasado de Haddock que fuese, el que se llevaba la mejor parte de la aventura. El cangrejo de las pinzas de oro, por su parte, es una trama de aventuras sólida en la que Tintín salta de un escenario a otro y de un peligro al siguiente, sucediéndose éstos por casualidad en bastantes ocasiones. Sin ir más lejos, el mítico primer encontronazo con Haddock en los camarotes del Karaboudjan se da por pura potra, igual que podría no haberse dado; y la incorporación del marino a la peripecia de Tintín es una cuestión de mero “no tengo nada mejor que hacer y el whisky se me ha acabado”. Y en esto llegan Steven Spielberg y Peter Jackson, escudados por Edgar Wright y Steve Moffat (y un tercer guionista que no sé quién es), y entre todos juntan ambas historias como por arte de magia, para que cada una se beneficie de las fortalezas de la otra. De este modo, el punto de partida del álbum El secreto del unicornio desata la trama de lo que conocemos como El cangrejo de las pinzas de oro, con un sencillo cambio de McGuffin de por medio (las latas de conserva por la maqueta del barco). De esta forma los elementos de la trama dirigen a Tintín desde el primer momento hacia el capitán Haddock, descendiente del caballero de Hadoque y por tanto única persona capaz de encontrar el secreto que se esconde en la maqueta que anda saltando entre las manos de los buenos y los malos. El cangrejo de las pinzas de oro, por su parte, contiene más de un momento en el que un Haddock hasta las cejas de Loch Lomond ve alucinaciones y espejismos; alucinaciones que la película aprovecha para introducir inteligentemente los flashbacks del antepasado del capitán que ocupan casi la totalidad del cómic del Unicornio, sin que la acción se tenga que detener forzosamente por ello. Lógicamente, la combinación se completa con el desenlace de El tesoro de Rackham el Rojo, continuación de la historia iniciada en El secreto del Unicornio. En términos de adaptación, hemos asistido a una película magistral.

Después de exahustivas pruebas científicas relacionadas con sombreros, se revelaron como los candidatos idóneos para adaptar a Tintín.

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El laboratorio de Genndy

25 oct

El 17 de marzo de 1995 (Dios, qué viejos somos) se estrenó en Cartoon Network el primer episodio de El laboratorio de Dexter. Se llamaba tal cual, Dexter’s Laboratory, y nos presentaba a Dexter, el niño genio con un laboratorio secreto bajo la casa de sus padres, y a su fastidiosa hermana mayor, Dee Dee. Ambos se ven envueltos en un duelo frenético tipo Merlín/Madame Mim cuando Dee Dee se hace con un dispositivo creado por su hermano que transforma a la gente en animales. Ah, OK, Dexter es un genio, inventa cosas muy chulas pese a tener ocho años y su hermana mayor es estúpida y solo vive para fastidiarle. Este fue el primer contacto de mucha gente con uno de las mejores series de dibujos animados de los últimos treinta años. Detrás del corto, que hoy día se conoce extraoficialmente como Changes (igual que el Pilot de Friends hoy se conoce con un azucarado The One Where It All Began), estaba la mente pensante… de un ruso. SOVIET ALERT.

Genndy Tartakovsky nació en Moscú allá por 1970, y con siete años su familia se mudó a Estados Unidos. Que este pequeño judío fugitivo de la tiranía soviética se convirtiera en uno de los mayores genios de la animación reciente nos hace avergonzarnos humildemente de nuestros prejuicios y pensar que quizá los soldados de Starship Troopers no estaban tan en lo cierto como creíamos. En Estados Unidos, el pequeño Genndy se empapó de cómics lo suficiente como para decidir que lo que quería hacer en la vida era dibujar, y tras completar sus estudios básicos entró en la CalArts (que supongo que no necesita presentación) para estudiar animación junto con su amigo y habitual colaborador en sus futuros proyectos Rob Renzetti. Allí conoció a Craig McCracken, otro genio en potencia, y tuvo la idea de la que luego germinó El laboratorio de Dexter. Durante la primera mitad de los noventa, nuestro hombre se fogueó en tareas de animador en series como El crítico (la de Jay Sherman, el crítico bajito de Los Simpson) y la colosal Batman, The Animated Series, la que, por lo que leo, le llevó a trabajar en España brevemente (no, españoles, eso no significa que Batman, The Animated Series sea producción nuestra, sentaos de nuevo, por favor). En 1995 pudo sacar adelante su primer proyecto propio en el seno de Cartoon Network, cadena que en aquel momento estaba comenzando su renovación total de cajón de sastre de producción antigua de Warner y Hannah-Barbera a promotor de un regreso a la animación de calidad de la era de los Estudios. El laboratorio de Dexter fue prácticamente la serie inaugural de esta nueva era, una edad de oro en la que Cartoon Network se convirtió en el mejor canal de dibujos animados del universo y de varios universos paralelos. Así comenzó la carrera de nuestro hombre, dando el pistoletazo de salida a una era de auténtica revitalización de los dibujos animados. Sin duda, todo un modelo a seguir para cualquier aspirante a animador/productor de dibujos animados que se precie; aunque no por ello se va a librar de que por culpa de su intrincado apellido a partir de ahora me vaya a referir a él por el increíblemente insultante apelativo de “El Ruso Chiflado”.

¡Grrroaaaar! ¡Aplastar el capitalismo...! ¡Groaaaaar!

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El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)

3 oct

Terrence Malick, el tipo que en 1978 intentó ser más Kubrick que Kubrick diciendo “pues ahora no dirijo nada en veinte años”, está desatado. Ya parecía que había empezado a perder el control cuando entre La delgada línea roja y El nuevo mundo pasaron solo siete años, y aunque parecía imposible que nadie pudiese adoptar un ritmo de trabajo más frenético, él mismo nos sorprende con una nueva película, El árbol de la vida, tan solo seis años después de ese duermepiedras que es El nuevo mundo (¿Avatar no era Pocahontas con pitufos? Pues esta apuntaba todavía más bajo; Pocahontas y punto). Es más, todos tememos por su salud mental una vez descubrimos que apenas su Árbol de la vida ha rozado los cines, este octogenario loco ya está inmerso en el rodaje de otra película.

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Stuntman Rose

19 sep

Hoy, tras una infinita ristra de prácticas, dinero desembolsado y peatones seriamente heridos, he aprobado el examen práctico de conducir. Estoy bastante contento, exceptuando la decepción de que en la autoescuela no me hicieron caso cuando les dije que me dieran una R en vez de la L de siempre. Finalmente voy a poder poner en práctica una serie de cosas que llevo mucho tiempo planeando (o al menos eso pretendo haceros creer) y que no he podido hacer antes por ausencia de carnet. De acuerdo, necesito un coche y eso por ahora no parece que vaya a hacerse realidad a corto plazo, pero ya estoy un poco más cerca. Si no os interesa una lista de cosas que Miguel Roselló hará cuando tenga carnet y coche, afrontadlo como una lista de cincuenta sugerencias sobre lo que vosotros podéis hacer. Así convertiremos entre todos la carretera en un lugar mucho más emocionante y pintoresco. Vamos allá.

Mi vida desde hoy.

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Los Cyrus (Vol. 1)

16 ago

You get the best of both worlds, chill it out, take it slow… Then you rock the show.

–Hannah Montana.

Tal y como se intuye por la letra de la canción, ella vivió rápido y de la misma forma murió. Amy Winehouse, digo. Pero esto no era más que una reflexión aislada. Hoy nuestra protagonista es Miley Cyrus. En pleno 2011 da la impresión de que su fugaz reinado toca a su fin, y aunque aún puede escandalizar mucho más con vídeos cada vez más cercanos al bondage puro y duro, su trono se ha visto más que usurpado por artistas más jóvenes que ella. Como en Eva al desnudo; aunque tras cincuenta años las cosas han cambiado bastante, y las divas decadentes del mundo del espectáculo tienen diecinueve años. Es un mundo cruel, éste del entretenimiento. Miley Cyrus lo está comprobando, y una vez su exiguo arsenal artístico se ha agotado ya sólo le queda el triste recurso de enseñar cacho en sus vídeos y mostrarse al mundo como una buscona de tercera de cuerpo recauchutado (su cara ya comenzado el proceso de erosión plástica). De la fructífera hornada del 92 ella fue la primera en ser tocada por el dedo mágico del imperio Disney, pero también la primera en oscurecerse. El mercado latino (perdón, sudaca) norteamericano es cada vez más importante, y ahí está como prueba el éxito de las dos estrellas de Disney Channel inmediatamente posteriores a Miley: la drogata Demi Lovato y mi futura esposa, Selena Gómez. Con los Jonas Brothers prácticamente fuera de combate, el resto del pastel se lo reparten el ultracarismático Justin Bieber (heredero de Kurt Cobain, recordemos) y la recién llegada del pecho de su madre Rebecca Black. A Miley sólo le queda observar desde un rincón, con un vaso de brandy en la mano y un torcido gesto de desprecio en su cara prematuramente arrugada y sobremaquillada. En su mirada se pueden ver los recuerdos. La añoranza por tiempos mejores, y una reflexión sobre los vaivenes de la vida. Y pensar que todo podría haber sido completamente diferente por un leve giro del destino.

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We can dance (Everybody look at yer hands)

16 jul

Prueba de ingenio: ¿Qué tienen en común estos vídeos?

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