El Bart, El

25 ago

“¿Intento de asesinato? ¿Qué significa eso? ¿Acaso dan un nóbel por intento de química?”

Un año más, la familia amarilla favorita de América volverá a nuestras pantallas y torrents. Matt Groening, el hombre que en 1994 retiró su nombre por primera vez de los créditos de un episodio de la serie por considerarlo una burda estratagema comercial para promocionar una nueva serie de la Fox (El crítico), ha declarado alegremente en la Comic Con que no ve motivo alguno por el que la serie deba terminar a corto plazo, pensando sin duda en la era de bonanza creativa de la serie que ratifican los inminentes crossovers con Futurama y Padre de familia. Diría que el parecido físico que guarda con George Lucas no es casual.

La temporada 26. Se dice pronto, sobre todo para una serie cuyos años dorados se agotaron en la novena temporada. Observemos la cruda realidad en forma de gráfico, porque a Lisa le encantan los gráficos:

gráficosimpson

Trabajar en La Razón me está afectando.

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Eurovisión: edición Disney Bluray (¡por tiempo limitado!)

9 jul

No es que The R Lounge sea un blog con miles de millones de visitas diarias, pero yo estoy muy contento con lo que hago. Escribo sobre lo que me gusta y como yo quiero, y cuando una de mis entradas gusta, gusta de verdad. El número de visitas se dispara cuando hablo de doblaje –algo que me sigue desconcertando–, y el épico análisis de Goofy e hijo sigue rebotando por las redes sociales incansablemente y provocando risas histéricas y llantos apasionados, lo cual me hace pensar que esta era de reinicios y nuevas versiones es el momento ideal para iniciar la producción de un reboot en pantalla grande de las desventuras de Goofy, Max y el Bigfoot. Más adulto y oscuro, por supuesto. Y con kevlar.

Sin embargo, en momentos como éste me gustaría tener más seguidores. Éste no es un blog lo suficientemente famoso como para justificar un loco concurso con votaciones y todo, así que lo que viene a continuación no será tan emocionante como podría serlo si hubiese dos millones de pajeros pulsando diariamente el F5 frente a The R Lounge, preguntándose con una mueca desesperada si alguna vez volveré a contar anécdotas sobre mi relación adolescente con el porno. Pero igualmente aquí está: el Eurovisión de las portadas Disney.

Este evento cuenta con la aprobación de la ganadora de Eurovisión 1965 France Gall.

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Roselló Rant: En la cola del preestreno

11 may

Ayer, sábado, me levanté a las nueve menos cuarto de la mañana para ponerme en una cola frente a la Fnac y pillar una entrada para el preestreno del nuevo Godzilla. Habrá a quien esta afirmación no le parezca una proeza, a fin de cuentas a esa hora ya brilla el sol, y probablemente tengan razón; pero a mí me cuesta mucho levantarme más allá de esas horas en fin de semana –o cualquier día– y los pocos días que consigo dormir en condiciones sin levantarme anormalmente temprano son pocos, así que lamenté especialmente tener que arrastrarme de la cama y salir a un entorno hostil precisamente ayer. Si no sabes cómo funciona esto de los preestrenos de la Fnac, lo explico: de tanto en cuando la Fnac manda un pequeño y misterioso sobre negro sin remitente ni información ni logotipos –tan sólo de vez en cuando una esvástica dorada– a sus socios. Éste contiene una nota informativa sobre algún próximo preestreno exclusivo para el que se repartirá gratuitamente un número limitado de entradas en cada Fnac de España un día concreto y a una hora concreta. Tan sólo hay que hacer cola y confiar en que las entradas no se acaben antes de que te toque a ti. Luego, ya que estás allí puedes darte una vuelta por la Fnac y comprar cosas, eventualidad que sin duda es una feliz consecuencia no premeditada por la empresa.

En este caso la película era, como ya he dicho, las nuevas aventuras americanas del viejo Godzilla, esta vez sin crías avelocirraptorizadas ni chivos expiatorios francófonos ni el 66’6% del reparto masculino de Los Simpson. La fecha, ayer sábado. La hora, las once de la mañana; y el lugar… la Fnac que más cerca te pille. En mi caso esa Fnac era la de la Castellana –trágicamente reducida a dos plantas hace poco–. Daban veinte entradas y ni una más, así que estar allí a las nueve y cuarto para conseguir una parecía lo adecuado. Y aun así fui justito, cuando llegué la cola ya era respetable. Conté: menos de veinte personas. Suficiente. Iba a estar casi dos horas allí, pero tenía a mi buen amigo El Libro para hacerme compañía y en cualquier caso la espera parecía merecer la pena. Tenía –tengo– muchas ganas de ver al Dios de los Monstruos tragando a su pesar las mentiras de The One Who Knocks acerca de sus desapariciones en mitad de la noche y preguntándose de dónde ha salido el dinero para el tratamiento para el cáncer que probablemente no haya sido accidental –recordemos que Godzilla es un ser radiactivo–.

Sin embargo, cuando finalmente llegó la hora, las entradas se acabaron exactamente dos personas por delante de mí.

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The Big Five: una historia visual (e inusual) (3)

28 abr

Ahoy, intrépido navegante, si vienes del lugar correcto acabas de bucear por la segunda parte del épico repaso a la historia visual de los emblemas de los estudios de Hollywood. De esos cinco ya hemos desgranado cuatro, y de este modo terminamos con un rápido y nostálgico recuerdo del único difunto, la única baja registrada entre los cinco gigantes del Hollywood clásico. ¡Qué entre King Kong! ¡Que entre la RKO!

RKO

Triste es la prematura muerte del que fuera mecenas de más famoso simio del séptimo arte –y apostar por simios siempre está bien, desde Kong hasta Dunston–, pero más triste es cuando recordamos que dos de las películas más importantes de la historia del cine vieron la luz gracias a la RKO. La primera es aquel proyecto suicida por el que nadie en su sano juicio habría arriesgado su dinero: el VHS, el DVD y el bluray negaron su importantísima contribución sustituyéndolo por el castillo de Buena Vista, pero es justo recordar el bien merecido lugar que tuvo el logo de RKO al comienzo de Blancanieves y los siete enanitos. La segunda es la, digamos, Oficialmente Mejor Película de la Historia, Ciudadano Kane. Todo cambió cuando Orson Welles sacó adelante su película como absoluto dueño y señor de la misma y puso patas arriba la noción de autoría; y fue la RKO quien se lo permitió. Sigue leyendo

The Big Five: Una historia visual (e inusual) (2)

28 abr

Continuemos con nuestro repaso a la historia visual de los logotipos de los estudios míticos de Hollywood, que al final quise meter más orcos y cosas raras y tuve que dividirla en tres trozos. Una vez resueltos Paramount y la Metro en la primera parte, sigamos con…

20th Century Fox

Si la historia del logo de la Metro te ha parecido poco apasionante, querido y paciente lector, espera a ver la de la Twentieth Century Fox. La vieja y entrañable Fox, la del gigantesco monumento para cuya construcción se expulsaron a tantos indígenas de sus tierras ancestrales. No, no ha cambiado demasiado el logotipo de la Fox en todos estos años, como enseguida podremos ver. Pero antes conviene destacar que en la panda de las Big Five la Fox es el adolescente alocado del grupo, el jovenzuelo inexperto, dado que su nacimiento no se produce hasta 1935. Para que nos hagamos una idea, a estas alturas la Metro ya había tenido tiempo de despedir a un león y empezar a pensar en darle boleto al segundo. Sí, el tiempo es más fácil de concebir en leones de la Metro. Sigue leyendo

The Big Five: una historia visual (e inusual) (1)

28 abr

Advertencia: La entrada de hoy está eminentemente protagonizada por judíos.

¡Cómo nos gusta el cine! La emoción de introducirnos en un mundo por explorar y de embarcarnos en un viaje espacial que nos llevará a miles de millones de kilómetros de la realidad es una experiencia mágica al alcance de nuestra mano. Durante una hora y media –o tres si quieren avisarnos de que ojo, esto es una película de las güenas– nos olvidaremos del mundo real y soñaremos que formamos parte de una aventura maravillosa junto con los astros de la pantalla que más amamos. Ya desde el minuto uno salta esa chispa electrizante, bastan un par de notas de la sintonía que acompaña al escudo del estudio para que HUELA A CINE. Estos escudos son, desde tiempos inmemoriales, los auténticos anfitriones de las películas, los que te invitan a dejarte llevar y a dejar de mirar a tu puñetero móvil durante dos miserables horas, porque la maldita pantalla de tu iPhone de mierda se ve desde quince filas de distancia. Estos escudos pertenecen, como no, a las factorías de los sueños de las que salen las películas, y ya forman parte del imaginario colectivo… aunque la industria se empeñe en confundirnos con una segmentación corporativa cada vez más desquiciante y con millones de absurdas compañías de logos deliberadamente equívocos que sólo tras diez frustrantes segundos adivinamos como logos y no como la intrigante primera escena de la película.

¿Habrá escondido Jar Jar Abrams en este logo todas las claves para resolver los cabos sueltos de Perdidos, incluidos esos que se explican claramente en la serie pero a internet le da igual?

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La equívoca trilogía mafiosa de Scorsese

12 feb

Desde que en 2006 Martin Scorsese –ese enano loco que se metió tanta droga en los setenta que, en sus propias palabras, cerró la década supurando sangre por el culo– estrenó Infiltrados y le dieron ese óscar a Toda Una Carrera disfrazado de premio a la mejor película, suelo hablar de la Trilogía Mafiosa de Scorsese, trilogía obviamente compuesta por ésta, Uno de los nuestros y Casino. Bueno, yo y muchos, probablemente. Lo último que ha estrenado se llama El lobo de Wall Street y nos lleva a plantearnos muchas cosas sobre la trayectoria mafiosa de Scorsese hasta el momento.

Uno de los nuestros es mi película favorita de mafiosos, la mejor, la más perfecta, incluso por encima de la exquisita pieza maestra de Coppola. Compararlas es tan absurdo como pertinente, porque ambas se parecen como un huevo a una castaña y sus méritos son completamente distintos, pero al mismo tiempo supusieron, con una diferencia de dieciocho años entre las dos, el giro de ciento ochenta grados que el subgénero de gángsters necesitaba en el momento exacto. El padrino es la sobrecogedora historia sobre lo que puede llegar a ocurrir en una familia de reyes –y lo vulnerable que ésta puede llegar a volverse– durante un periodo de sucesión; Uno de los nuestros es la historia de tus vecinos los mafiosos. El padrino es a lo que las mafias reales quieren –e intentaron–parecerse, Uno de los nuestros es lo que son. Scorsese no oculta los aspectos más vulgares y engorrosos de la vida del matarife a sueldo, algo que estaría completamente fuera de lugar en la inmensa tragedia griega de Coppola, y es precisamente eso lo que hace a Uno de los nuestros tan importante, tan necesaria.

Homo Ray Liotta

Que dice mi novia que Ray Liotta se ríe como una marica locuela.

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Si Walt levantara la cabeza

9 dic

Hail Powerline, querido lector. ¿Has visto ya Frozen? ¿Sí? Estupendo, porque yo también. Y no sé tú, pero yo me hallo desconcertado. El crítico de a pie le dedica sus adjetivos más sensuales, el fan de a pie insiste por enésima vez en internet en que la nueva Edad de Oro ya está aquí y el John Lasseter de a pie sigue siendo alabado como el Salvador del legado de Walt Disney. Y yo no puedo evitar preguntarme: ¿se ha vuelto loco todo el mundo? La nueva Edad de Oro apesta sospechosamente a podrido desde el momento en el que empieza a hablarse de ella antes de que lleguen las películas que traen consigo esa nueva era y no después, John Lassetter se dedica a despedir a todo director que insista más de lo conveniente en un punto de vista artístico vagamente arriesgado y por culpa de una serie de males que tienen su raíz en esta dictatorial política convencionalizadora Frozen es, dicho claramente, una mala película.

¿Qué pasó con ese tono oscuro que nos prometían hace un año?

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Ese engaño que funciona

11 ago

[Nota inicial: NO quiero que la conclusión que se saque de este texto sea el trilladísimo y facilón "que cada uno vea las películas como le guste". Eso ya lo sabemos todos y en cualquier caso NO ES LA PUTA CUESTIÓN. Conclusiones como ésas, sobre todo cuando no vienen al caso, lo único que hacen es anular la capacidad crítica del personal. Eso de dejar que cada uno haga lo que quiera y tratar de resolver todos los dilemas del planeta con tolerancia y nula conciencia crítica nos está llevando a todos a la ruina. ¿Queda claro? A LA RUINA. Una vez dicho esto, vamos al lío.]

El doblaje es un engaño que funciona. Es un engaño porque nos hace creer que un actor extranjero está hablando en nuestro propio idioma, y funciona por una mezcla de talento y casualidades. El talento es algo que no hace falta explicar, sin embargo las casualidades sí son más curiosas. La sincronización labial en el doblaje no es perfecta, porque para ser perfecta las palabras deberían coincidir al 100% y a eso se le llama versión original. Sin embargo, nuestro cerebro obra de una forma muy curiosa, y del mismo modo que podemos leer legiblemente un texto en el que todas las palabras tienen sus letras correspondientes, salvo la primera y la última, desordenadas; basta con que unas cuantas consonantes críticas (la B, la F y la mayoría de labiales y labiodentales) coincidan en la versión doblada con su equivalente en versión original para que nuestra percepción rellene el resto de los huecos y surja el milagro. A esto se suma nuestra tendencia a mirar el rostro de una persona centrando nuestra atención en los ojos en lugar de en la boca. Con esto me refiero a las casualidades; si no fuese por estas circunstancias sería difícil que el engaño del doblaje funcionase.

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Un fan solitario

2 jul

Si tú, querido lector, has seguido detalladamente mis aventuras en la red desde que abriese este exquisito blog hace ya casi cuatro años –cuando los cardados, las hombreras y las mujeres que luchaban por introducirse en el computerizado mundo de los hombres estaban a la orden del día– habrás deducido que me gusta bastante Walt Disney. No siento vergüenza al decir que de las cien entradas –sí, cien exactas– que he escrito hasta ahora me quedo con mucho con las que versan de un modo u otro con las películas Disney. Me lo paso como un enano escribiéndolas, me divierto tergiversando datos sin atisbo alguno de moral, paladeo la fluidez con la que manejo la información sobre el vastísimo universo de la animación del tío Walt y hasta me río autocomplacientemente con las ocurrencias iconoclastas que me van saliendo al tiempo que tecleo. Dios, ¿puede existir un tipo más odioso? Sí, tú, por ejemplo, con tu asquerosa condescendencia y tu cara de mono.

Pero mientras que en mi casa, frente a mi ordenador y rodeado de chicas que bailan frenéticamente en sus bikinis de lunares, soy feliz disertando sobre los primeros y relativos vestigios de feminismo que pueden intuirse en Cenicienta, sobre la descompensación entre forma y fondo de La bella durmiente o sobre si Jasmine Esclava le da o no una patada en el culo a Leia Esclava (se la da), en el mundo real soy, en lo que se refiere a este tema, un ser sombrío y frustrado.

La esclavitud: un mal reprobable, pero sólo en ocasiones.

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