¿Sabéis lo laborioso que es escribir estas entradas sobre dibujos? Pues lo es, y mucho, pero sólo me acuerdo cuando estoy haciéndolas. Normalmente tras sudar sangre para escribir tres entradas en tres semanas, me froto las manos pensando que ya va siendo hora de otra entrada comodín con dibujos, en la que no tengo que esforzarme por resultar gracioso o ser elocuente sobre el tema aburrido de turno. Nada, empalmar un par de bocetos ridículos supuestamente dibujados por mí, un par de comentarios sobre lo mucho que me gusta dibujar piernas y tacones y vámonos que nos vamos. Pero luego resulta que no es así, que subir los dibujos a imageshack o a donde sea e insertarlos en la entrada uno a uno es un engorro, y que mi ego me impide escribir menos de diez líneas explicando la genialidad del dibujo y lo mucho que me costó hacerlo y lo orgulloso que estoy de él. Al final, cuando me quiero dar cuenta, he invertido más tiempo en la entrada de los dibujos que en la de las anécdotas del porno y siento que he hecho el primo. Pero al poco se me olvida, y mientras estoy confeccionando perezosamente mi ranking de canciones de 007 (huy, se me escapó) mascullo por lo bajo que ojalá pudiese subir ahora otra entrada sobre dibujos, que se acaban en un segundo, en vez de estar escribiendo esta chorrada tan larga y aburrida. Y vuelta a empezar. El caso es que he descubierto con gran sorpresa que desde el último The R Art han pasado seis entradas, el doble de lo habitual, y me pregunto qué demonios han sido todas esas cosas tan interesantes que tenía para decir estos últimos dos meses.












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