La portadas chapuceras de Mortadelo y Filemón

16 Ene

Mortadelo y Filemón mola, y ha molado siempre. Desde que tengo uso de razón he tenido cómics de Mortadelo en mis manos. El primero, Misión de perros. Y más mola ahora, cuando me conozco los entresijos que hay detrás de su creación y su desarrollo, gracias al libro El mundo de Mortadelo y Filemón (una auténtica joya que leo y releo varias veces al año) y al foro de la T.I.A. Años creyendo que lo sabía todo sobre las criaturas del maestro Ibáñez y resulta que había millones de datos y anécdotas ocultas que desconocía. Este redescubrimiento tuvo lugar hace como tres años, y desde ese momento, montones de cosas cobraron sentido: por qué los cómics fechados en la segunda mitad de los ochenta estaban tan jodidamente mal dibujados, a qué venía esa estructura episódica a cuatro o seis páginas tan característica, por qué llegado un punto las páginas contenían cuatro y no cinco tiras de viñetas, qué demonios pasó cuando Ibáñez dibujó El sulfato atómico para que fuese tan diferente del resto de su obra, por qué algunas historietas cortas autoconclusivas parecían haber sido chapuceramente enlazadas con la inmediatamente anterior mediante un bocadillo mal introducido…

Todo este rollo viene a cuento de una de las cosas más curiosas (y bochornosas) que descubrí durante los primeros días de mi periplo por el foro de la T.I.A (Técnicos en Investigación Aeroterráquea, ¡ya no lo explico más!): el reciclaje de portadas, una de las chapuzas recurrentes de Bruguera durante el periodo que tuvo en su seno a Mortadelo, a su jefe y al padre de ambos (Ibáñez, lo digo más que nada para evitar confusiones). Resulta que Ibáñez trabajaba a destajo para Bruguera, dibujando a un ritmo endiablado de tropecientas páginas por semana (y las dibujaba, no era como Vázquez, que entregaba una página dibujada y debajo, todas las demás en blanco). El pobre hombre, como la mayoría de nosotros, tenía (tiene) un límite; así que a veces la editorial, en lugar de encargarle una portada nueva, agarraba una vieja y la reutilizaba. Bueno, si la cosa se limitara a reutilizar, no estaría perdiendo ahora mi tiempo contándolo. Mira tú qué cosa, las reutilizaban, hay que ver qué malos eran. Pero no es el caso. En Bruguera no se contentaban con reutilizar, sino que ponían a un empleado cualificado (un mono) a convertirlas en algo nuevo, o al menos, que lo pareciese. Y es ahí donde se vislumbra el origen simiesco de nuestro empleado cualificado, porque de otro modo no se explica el nivel de cutrez (¿cutrez? ¿Existe esa palabra?) de los resultados.

 

Qué irónico.

 

Sin embargo, un lector no veterano podría no llegar a concebir el horror que suponen estos engendros. Incluso podría pensar que no están tan mal. O que tienen gracia. Para no seguir torturándome con estos pensamientos, retrasaré un poco la presentación del circo de los horrores para dar un cursillo rápido de portadas originales de Mortadelo y Filemón, fáciles de identificar y con un repertorio de chistes bastante reconocible. Os aseguro que después de esto no tendréis problemas para diferenciar una portada auténtica de una chapucera, y si seguís sin poder hacerlo, os devolveré el dinero. Porque el tiempo miserablemente perdido no se puede recuperar.

Esencialmente, dentro de la inabarcable producción de portadas de Ibáñez hay dos clases principales: las mudas y las habladas. Las mudas, muy habituales durante la primera década de Mortadelo en el universo del álbum largo (los setenta) se bastaban de una situación divertida o un dibujo vistoso. Las habladas se alternaban con las mudas en los setenta y pasaron a ser predominantes en los ochenta y prácticamente las únicas de los noventa en adelante. Éstas parten de una situación cómica que necesita al menos, un bocadillo para poder entenderse. Digo “al menos” porque el Super Humor 31 tiene dos bocadillos, lo cual me conmocionó en su momento y me hizo pensar por primera vez en el precario equilibrio del universo y lo frágil e insignificante del conocimiento humano.

Dentro de las mudas, cabe destacar dos subcategorías. La primera contendría a las portadas más mortadeleras, las del chiste sandunguero que no necesita de palabras:

La segunda contiene las que yo llamo “tintineras” (por Tintín, obviamente), porque en realidad no contienen un chiste sino una situación trepidante; con el tono burlesco que caracteriza a las chanzas de los dos detectives, pero sin chiste concreto al fin y al cabo.

Las habladas se pueden clasificar según el chiste de turno, más que nada porque los chistes hablados de las portadas se repiten más que el ajo. Siempre son los mismos cuatro o cinco chistes, con pequeñas variaciones pero los mismos, una y otra y otra vez. Pero no os confundáis, eso en lugar de molestarnos nos gusta. Ver lo mismo una y otra vez nos da sensación de seguridad, quién necesita inciertos giros originales que podrían hacer sentirnos extraños y estúpidos, como dice Fry. En fin, que es fácil agrupar las portadas habladas dependiendo del chiste.

1) “¿Qué le hace suponer…?”: En estas portadas, el escepticismo de Mortadelo o de Filemón sobre cualquier cosa, ya sea un invento del Bacterio o cualquier fenómeno extraño choca frontalmente con lo que le está ocurriendo a su compañero al otro lado de la pared o de la esquina.

2) “¿Seguro que…?”: Algo ha dicho Mortadelo que por alguna razón huele a mentira…

3) “¿Todavía se atreve a negar…?”: La evolución natural de la portada “¿seguro que…?”. ¡La sospecha se confirma!

4) “¿Se convence de una vez?”: Nos encontramos con Mortadelo y Filemón en una situación peliaguda en la que por lo visto de han metido por la excesiva confianza de Mortadelo.

5) “…Pero eso ya es pasarse”: Mortadelo (habitualmente) se ha tomado demasiado en serio una orden, una invitación o una sugerencia.

6) Rarezas: No todas las portadas se ajustan necesariamente a alguno de los patrones anteriores. También hay curiosas “rarezas” de agradecer, chistes que se salen un poco de la tónica habitual.

Pero para qué engañarnos, el 90% del millón de portadas que hay se basa en estos cuatro o cinco chistes. Lo interesante, y lo que marca la diferencia entre Ibáñez y la pléyade de apócrifos que se han hecho con los personajes en ocasiones, ya sea en las portadas o en los guiones, es el desparpajo a la hora de meter los chistes, la naturalidad con la que fluyen. En este sentido, los apócrifos siempre han sido, casi sin excepción, unos mantas. Es fácil identificar un cómic o una portada apócrifa por lo agarrotado que está todo, los personajes, las situaciones, los chistes. Es difícil de creer que esos tipos hayan leído más de un cómic original de Ibáñez antes de ponerse a la tarea de imitar su estilo, yo mismo tengo cómics de Mortadelo que hice con diez años que se ven más sueltos que muchos apócrifos.

Y después de este cursillo con autofelación incluida, vamos al lío. Las portadas apócrifas. Ah, creo que no lo dije antes: para ver mejor las portadas se puede hacer click en ellas para verlas en grande y todo. Prodigioso.

El reciclaje chapucero de portadas también es un vasto universo en el que podemos encontrar diferentes tendencias. Algunas son portadas mudas a las que se ha incrustado de cualquier manera un bocadillo con chiste, que como veremos, se parece a lo que nos tiene acostumbrado Ibáñez como la temporada 12 de Los Simpson a la 5. Otras son directamente insólitos montajes carentes de escrúpulos en los que se sustituyen personajes, se borran cosas o se cambian los escenarios. Atrévanse a entrar en el Museo de los Horrores.

Primero, veamos una serie de ejemplos de lo que se puede llamar Mortadelo y Filemón for dummies. Si no eres capaz de entender un chiste mudo, los negros de Bruguera te ayudan con tu defecto congénito. Como ocurre en esta portada de La máquina de copiar gente. Aquí tenemos la original en su versión alemana…

…y aquí la versión para cortos de entendederas.

Lo mismo pasa con Hay un traidor en la TIA. Primero la original:

Y luego, la chapucera, con el bocadillo apócrifo.

Esta, de Objetivo, eliminar al “Rana” es de mis favoritas. La original, digo. Para entender el chiste basta con dirigir la vista hacia el título del cómic, digo yo.

¿…O no? En Bruguera no estaban tan seguros, así que metieron mano.

Kilociclos asesinos. Éste lo tuve yo con la portada para memos, cuando aún no sabía que aquél bocadillo había sido puesto luego a una portada que no debía tenerlo. Y yo la veía y no podía dejar de pensar en lo mal puesto que parecía esa frase ahí, lo poco que encajaba… Ahora me enorgullezco de mi yo de diez años. La original:

La manipulada:

Ladrones de coches es otro ejemplo. La original:

La manipulada:

A veces, el bocadillo superfluo era añadido a una de las portadas tintineras, como a ésta de Secuestro aéreo.

Y el resultado era más o menos así (bueno, más o menos no, así):

Pero si bien algunos bocadillos añadidos resultaban penosamente superfluos, otros eran más… ¿cómo decirlo? Gilipollas. Sí, señor, en ocasiones, las inventivas manos negras de Bruguera se sacaban de la manga frases completamente marcianas para animar un poco la portada de turno y probablemente luego brindaban por su imaginación sin límites. Rara vez coincidían con el tipo de chiste que solía usar Ibáñez, y a veces parecían querer transformar el chiste de la portada en algo totalmente diferente. Ahora veremos unos cuantos ejemplos memorables. El primero, el que sufrió esta inocente portada de Valor y al toro.

Aquí, la gran aportación de Bruguera.

El caso del calcetín sufrió también el pésimo añadido, dando lugar a uno de los pseudochistes más estúpidos y extravagantes de todos. Aquí la original:

…y aquí la versión tristemente prostituida:

El añadido de El balón catastrófico ya no es que no tenga gracia. Es que por no tener, no tiene ni sentido. El original:

…y el despreciable engendro posterior:

La estatua de la libertad. Este ejemplo siempre lo he odiado visceralmente. Ya no es sólo la ausencia total de humor en el bocadillo incrustado, ni la inusitada capacidad de Filemón para hablar con la boca cerrada. Es Filemón hablando de “tú” a Mortadelo lo que me consume. Aquí la original (decidme si os atrevéis que la cara de la estatua no es LA RISA):

Y aquí el acto terrorista. ¿Quién fue el simio recién salido de una catacumba al que pusieron en la mano un lápiz para que escribiera esto?

Los mercenarios. ¿Que más hay que decir? Original:

Falsa (¿”Pomponia”?):

El de Terroristas es un gran ejemplo de cómo confundir totalmente al lector. ¿De qué va exactamente Terroristas? ¿De terroristas o de Mortadelo metido a jugador de beisbol? Original:

Engendro denunciable:

Llegamos a la recta final de nuestro penoso recorrido con las portadas totalmente manipuladas. Los montajes horrendos, destinados a tomar por tonto al sufrido lector. Las criaturas de cera vivientes era un cómic apócrifo, más falso que una moneda de catorce pesetas (“no hay mirada que se las salte”), pero la portada era de Ibáñez. El bocadillo añadido, uno de los más demenciales que he visto, vino acompañado de una tramposa manipulación del dibujo probablemente destinado a convertir la portada de una aventura concreta en otra más genérica y reutilizable; lo que demuestra cómo andaban de escrúpulos en Bruguera por aquel entonces. Observad, observad atentamente…

Ahora la versión adulterada:

La gallina de los huevos de oro también pasó por este miserable proceso. ¿Qué dice la gallina de todo esto? Pues que ahora me ven…

…y ahora no me ven. ¡Hop!

Y para terminar, una vieja conocida, la sufrida portada de El caso del calcetín, a la que no dejan morir en paz. La magia de la tecnología permite cambiarle el bocadillo estúpido por otro bocadillo igual de estúpido y, además, desvincularla totalmente del cómic al que pertenece. Recordemos la original, por si acaso.

Ahora la falsa, con la que me siento muy identificado porque cuando yo me caigo por un precipicio, también aprieto un puño como si estuviese agarrando algo invisible con él.

Hasta aquí la visita guiada. Si aún estáis interesados en el museo, visitad por vuestra cuenta la impagable recopilación de portadas realizada por el Sr. Ogro, del foro de la TIA, en 13 Rue Bruguera. Creo que se merece el agradecimiento especial, digo yo.

7 comentarios to “La portadas chapuceras de Mortadelo y Filemón”

  1. Hempfreud 16/01/2010 a 18:50 #

    tu blog sube de nivel cada día. magnifico post roselló!

  2. Miguel Roselló 17/01/2010 a 12:33 #

    ¡Hombre, Heps, se agradece!

  3. Nando 15/01/2011 a 17:43 #

    Grande. Felicitaciones, señor R. ¿Sabe si Bruguera es ahora Ediciones B, del Grupo Z?
    Joder cuánta letra.

    • Miguel Roselló 15/01/2011 a 20:38 #

      Bruguera hace veintipico años que no existe… Una vez quebró, todo su fondo de archivo lo compró Ediciones B (del grupo Z), que por A o por B, llámalo X, está al borde de la quiebra que yo sepa.

  4. Maca ¨Carmen¨ 16/02/2011 a 22:23 #

    Hola Migue,
    Todo estoy lo has echo tu? que crack eres no? que maquina…todavia tengo tus dibujos en una carpeta, todos jejejejje
    Espero saber de ti y que me cuentes de estos trabajillos tuyos que pasada.
    Un beso grandullon

  5. Eldaya Buchan 05/06/2013 a 14:03 #

    Jajajajaj, madre mía, qué historias!!!!
    Yo ya notaba cosas raras y pensaba, ¿qué se habrá fumado papi Ibañez? XD
    Luego ya fuí leyendo alguna cosa por aquí y por allí… peroo, un gusto haber leído ese pedazo de post. Gracias. Iré a cotillear por donde dijiste.

    Qué buen trabajo el de Ibañez (aunque para mi gusto, los primeros cómics eran los mejores). Lo de que Bruguera dejó que se compraran los archivos que tenían de Ibañez, pues me alegra y me sorprende, porque con Purita Campos por ejemplo lo destruyeron todo. Y me pregunto, ¿porqué carajos lo hacen? >,<

    Un saludo!!

Trackbacks/Pingbacks

  1. Mortadelos apócrifos « Naranjaseca - 19/05/2010

    […] Lo que tendría que hacer Ibañez, ahora que se le acerca la edad de la vejez, es que mate a Mortadelo y Filemón, a ambos, como hizo Cervantes con su don Quijote. De esta manera no le saldrán más negros a Ibañez. Yo estaría la mar de contento cuando vea a los dos agentes bien muertos, porque tirria me dan desde hace ya años. Aquí os dejo un buen blog sobre tebeos y Mortadelos apócrifos. […]

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