Los bodrios que me gustan

25 Ene

Ayer la señorita Belén mencionó repentinamente una película que a lo mejor os suena: Jesucristo cazavampiros. Claro que os suena. Caspa, serie B, despiporre, qué risa. La mención de la película de marras hizo que volviese a mi mente algo que había estado pensando días atrás, y que ahora tendréis que escuchar. Mala suerte, ya sabéis a quién echarle la culpa.

A no ser que tus amigos sean de los de polo de Lacoste, fiestuki por la noche y 40 principales (dejadme catalogar a la gente en paz, llegaremos antes al meollo), te será familiar esta situación: un puñado de frikis (que a día de hoy significa que se descargan Perdidos en inglés) han quedado para hacer un maratón de cine cutre. Pero no cutre tipo George A. Romero, sino cutre-cutre; expoitations ponzoñosos de presupuesto en números negativos, títulos rocambolescos, chistes de vergüenza ajena y casi siempre, casquería y sexo gratuitos. Estos amiguetes, que se caracterizan por ser unos cachondos, en palabras de sus conocidos o de las personas que les ven cantando la canción de Heidi por la calle a voz en grito, tienen fama de ir a su bola. Viven para “echarse unas risas”: lo hacen a todas horas, temen que puedan morir si dejan de reír a cierta intensidad. Y por eso se reúnen para ver cine casposo, para asegurar un suministro de risas frikis que dure unas cuantas horas. Se ríen cada vez que en la película ocurre algo truculento, tenga o no gracia. Es una norma básica. Veneran las películas en inversa proporción a su calidad y les encanta sentir que son unos colgaos que van a su bola porque ven cine de mierda que a nadie le gusta pero que a ellos les provoca la extraña reacción de decir a voz en grito “¡es Dios, es Dios!” cada cinco minutos, fenómeno que, como dice Manolito Gafotas, tiene desconcertados a científicos de todo el mundo.

Qué friki, pone una foto de Heidi en su blog.

Lo he intentado un millón de veces. He quedado con mis amigos y me he dispuesto, poniendo de mi parte todo lo que puedo poner, a echar una tarde de cine de serie B (o mejor, Z) de las de partirse la caja. Pero no hay manera. Este cine de mierda ME ABURRE. No es difícil averiguar el por qué. Como he dicho antes, se venera a este tipo de películas en una intensidad proporcionalmente inversa a su calidad. Pero claro, calidad no sólo es sinónimo de presupuesto y ausencia de estupidez, sino que también se refiere a lo que no aburre. Si el mundo funcionase de una manera más lógica, o al menos más sincera, el friki amante del cine de mierda se daría cuenta de que algo falla cuando invita a sus amigos a ver “¡¡¡…una película que es lo más aburrido que te puedas echar a la cara!!!”. No os confundáis, no me parece mal que un grupo de gente se lo pase pipa viendo mierda casposa, lo que no puedo entender es ese insistente autoengaño de que se lo pasan tan bien porque “la película es la hostia”. No, la película es un coñazo insufrible en el 99% de los casos, lo que pasa es que estás con tus amigos y os lo pasáis estupendamente compitiendo para ver quién dice la mayor burrada (o para ver quién se ríe más fuerte con la casquería para demostrar que es el que mejor se lo pasa viéndola, lo cual ya sí me parece bastante triste). Pero prueba a ponerte el soporífero ladrillo que es Los surfistas nazis deben morir tú solo en tu casa, a ver cuánto tardas en quitarla y tirarla por la ventana (decir “eliminarla del disco duro” queda bastante frío, la verdad). En lo que a mí respecta, para aguantar un exploitruño de éstos tengo que pasar de la película el mayor tiempo posible y conseguir que la protagonista de la noche sea la charla entre amigotes. Alguna vez me han llamado hipócrita por haber disfrutado más o menos Planet Terror y pasar totalmente del cine flatulento que ésta trata de imitar. Pero claro, yo nunca he ido de fan de la casquería por la vida ni me gusta Planet Terror necesariamente porque sea una de casquería, así que esto no es que tenga mucho sentido. Es normal que prefiera un sucedáneo manufacturado pero entretenido a un original que no hay quien aguante diez minutos de aburrido que es el maldito.

Hola, guapetón, ¿quieres pasar un buen rato?

A mí los bodrios que me gustan no son ésos. No me gusta el exploitation setentero, ni sus equivalentes actuales (ésos que en realidad buscan causar mucha risa, por aquello de la autoconsciencia, con lo cual me parecen hasta más penosos). Los bodrios que me gustan (que ya sabéis, no es que me gusten de verdad) tienen sus raíces en otra parte, más mainstream y más fruto de las modas convencionales. Los bodrios que me gustan vienen de los noventa para acá, con el florecimiento de insólitas tendencias, casi todas dentro del cine infantil: comedias con monos, chapuceras secuelas directas a vídeo, ultrasuperficiales engendros para adolescentes precoces salidos de las entrañas de Disney Channel y cosas así. Son cosas como Bratz, la película las que me hacen disfrutar como un enano de malas que son. No hay satisfacción comparable a la que me produce ver a un chimpancé reclutado para una peligrosa misión de importancia internacional (con tronchante resultado), o presenciar los intentos de la versión más digitalmente ortopédica de Casper de animar a un niño deprimido porque su padre divorciado sólo tiene tiempo para su trabajo (con emotivo resultado), o asistir a una lucha de proporciones míticas por el trono de Chica Más Popular Del Instituto entre la pija, la lista y la inconformista (con erótico resultado). Éstos tres son los argumentos, respectivamente, de Funky Monkey, Casper, la primera aventura, y… bueno, el tercer argumento es ya un subgénero en sí mismo, pero yo lo he puesto pensando en Bratz, la película. Estas tres pesadillas, de las cuales dos incluso fueron estrenadas directamente a vídeo, tienen en un aliciente común en la inesperada presencia de ex actores en horas bajísimas: Gilbert Gottfried en Funky Monkey (sí, sabéis quién es, el director del cole en Este chico es un demonio), Steve Guttemberg, Rodney Dangerfield, Michael McKean y Paulie Short en la de Casper y el ganador del óscar Jon Voight en Bratz. Al infravalorado director de estas dos últimas (¿casualidad?), Sean McNamara, hace tiempo que le sigo la pista, y estoy pensándome dedicarle un ciclo como los que Blog de cine dedica a Terrence Malick o a Cronenberg. Conviene añadir que su currículum incluye también horrores como Tres ninjas en el parque de atracciones.

"Mi colega Dunston" está sobrevalorada.

Conviene destacar aquí el nutrido mundo de las secuelas Disney directas a vídeo, que alcanzo su cénit durante la primera mitad de la década de los 00, aunque ya antes hubo impresionantes engendros como La sirenita 2, en la que cabe destacar el globo sin forma antes conocido como Flounder. Desde luego hay algunas que no hay quien se trague, como la de Tod y Toby, pero en general todas mantienen el anti-interés. Luego tenemos los Disney-exploits, que supongo que todos sabréis lo que son. Hay algunos que hasta salen decentes, como Anastasia (no es especialmente buena, pero teniendo en cuenta que es un exploit que lo disimula bastante bien, soy indulgente con ella), pero la mayoría salen parecidas a La princesa cisne, grotesco cuento lleno de incongruencias que analizaré a fondo en breve y que cuenta con las peores canciones vistas jamás en una película de dibujos animados, especialmente la de Rothbart; además de dos secuelas que tengo pendientes y que prometen ser memorables.

Para el que se lo esté preguntando, pongo a Audrey por testigo de que soy capaz de aguantar estas cosas incluso sin compañía, aunque sería una gilipollez negar que me divierto más viéndolas acompañado. Por desgracia, resulta que es difícil encontrar a alguien que quiera tragárselas conmigo, más allá de la misma sufrida persona de siempre (¡hola, Belén!). Y es que los fans de cine cutre son unos hipócritas (no todos, ya me entendéis). Hacen ver que son unos tipos raros que se tragan basura que nadie más ve, cuando lo cierto es que el rollo del cine explotation casposo se ha convertido en una moda bastante extendida, un carro al que cualquiera que quiera ir de rarillo pero que le asuste parecer un marginado puede subirse. Los que se reúnen para ver Jesucristo cazavampiros o Los surfistas nazis deben morir (es que encima, las películas que se ven son siempre las cuatro más famosas de turno) jamás se sentarían a ver Bratz. No son marginados. Son la segunda mayoría, la mayoría que se siente feliz creyéndose minoritaria y pudiendo señalar a un grupo más numeroso, “el de los borregos”. Me parece estupendo que la gente quiera perder su tiempo viendo caspa de serie Z (la mierda que yo me trago no es más guay, ni yo tampoco por tragármela), pero estaría bien que se fuese un poco más sincero y se dejase de lado la mentira a la que más de la mitad de esos fans de la casquería de dos duros se aferran para autoconvencerse de que son cuatro pirados que van a su bola, que son unos frikis, porque NO van a su bola y no son más frikis que el que se pone la camiseta de Naruto para ir a la facultad. Y me jode porque ese tipo de gente, tan supuestamente marginal y desprejuiciada, son los que me mirarían raro si enumerase las películas de mierda que veo yo. Bueno, el condicional sobra, porque es algo que me ha pasado. La gente, este tipo de gente, te mira mucho mejor si has visto doscientas veces Braindead que si dices lo mismo pero de En busca del valle encantado XII.

Y como sé que alguno habrá quedado decepcionado por el engañoso título del tema de hoy, ahí va un bodrio que, francamente, me gusta: Wild Wild West.

2 comentarios to “Los bodrios que me gustan”

  1. Hustinetten (la hermana de Hempfreud) 28/01/2010 a 19:12 #

    ¡Hola Miguel! He descubierto que tienes blog gracias a que mi hermano te ha enlazado en el suyo. He leído un par de entradas y me ha encantado tu estilo. He disfrutado especialmente con el relato harrypotteriano y el artículo sobre el equipo de doblaje de Padre de Familia. Muy buenos y muy bien escritos, sí señor.
    Con tu permiso, me declaro una habitual de este lounge (tomaré un daiquiri, gracias).

    Por cierto, me solidarizo contigo, a mí también hay bodrios que me gustan.

  2. Miguel Roselló 29/01/2010 a 18:26 #

    ¡Un placer tenerte por aquí también! Y gracias, cómo no. Comentarios como éstos son los que me animan a seguir y tal, aunque lo cierto es que seguiría escribiendo de cualquier modo.

    Ahí está la barra, sírvete lo que quieras. Como yo no bebo… (es todo fachada)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: