Cady vs. Cady

7 Feb

Parto de la idea de que el único remake con una verdadera razón de ser es el que aporta algún aspecto interesante e inexplorado a la película original. Y con interesante e inexplorado no me refiero a algo tan pueril como “efectos especiales más modernos” y demás chorradas, malditos hijos de la pantalla azul, sino a que el director del remake se da cuenta de que el original pasó por alto ideas o conceptos que muy buenamente se podían estudiar. Martin Scorsese se dio cuenta de esto cuando la patata caliente del remake de El cabo del terror, llegó a sus manos (se lo pasó Spielberg). Comprendió que la película original, dirigida por J. Lee Thompson en 1962 daba pie a una reflexión sólida sobre el bien y el mal más allá del suspense. Y se puso a hacer El cabo del miedo.

Tanto en El cabo del terror como en El cabo del miedo, Max Cady es un psicópata maltratador recién salido del trullo que se dedica a acosar al hombre que le mandó a la cárcel y a su familia. Pero más allá de esta base, hay muchas diferencias que dan a El cabo del miedo validez por sí misma. Digamos que El cabo del terror es un thriller de suspense convencional, muy de su época, cuando Hitchcock estaba más que consagrado y había empezado a adentrarse en el suspense truculento con Psicosis. De hecho, el argumento de El cabo del terror muy bien podría haber sido el de una película del maestro (como pasa con Charada u otras películas de la época): un protagonista noble acosado por las circunstancias, un malo perturbador y mucha inquietud psicológica. El cabo del terror es muy básica en su concepción del bien y el mal. Sam Bowden, el abogado, es un hombre recto, de intachable moral, perfecto marido y padre; que actuó como un ciudadano modelo al declarar en contra de Max Cady en juicio. Cady, por el contrario, es un psicópata perturbador, bebedor, vengativo, mujeriego y maltratador, con instintos asesinos y condenadamente listo, lo suficiente como para pasearse tranquilamente por el margen de la ley en su acoso a la familia Bowden, sin miedo a ser detenido. Esta dualidad, esta diferenciación tan clara entre el bien y el mal, se ve acentuada por la imagen popular de los dos actores protagonistas. Por un lado, Gregory Peck (Bowden) era para el público americano el paradigma del Hombre Bueno. Por el otro, Robert Mitchum (Cady) tenía fama de bebedor y problemático, y había tenido sus más y sus menos con la ley. Todo esto se reflejaba en la mayoría de interpretaciones de ambos, y en El cabo del terror estas imágenes antitéticas se anteponen la una a la otra para crear una situación en la que no hay lugar para la ambigüedad. No cabe la menor duda de quién es el bueno y quién es el malo en El cabo del terror, ni para los espectadores ni para los personajes. La esposa y la hija de Bowden no dejan nunca de dudar de su condición de hombre malvado y por supuesto, en ningún momento Cady les transmite otra cosa que miedo.

Cejas como gatitos acostados.

El cabo del miedo, por el contrario, utiliza a Cady y a Bowden como dos caras de la misma moneda en una jugosa reflexión sobre el bien y el mal. Aquí, Cady es incluso más peligroso que en El cabo del terror. Está más loco, está más abiertamente interesado en las jovencitas y es más listo, lo cual le confiere una dimensión simbólica con la que me meteré en un segundo. Bowden, sin embargo, no es ni mucho menos la figura bondadosa de El cabo del terror. Es un marido infiel y mal padre, su familia se rompe y no es capaz de hacer nada para evitarlo salvo ignorar la situación. Su esposa se ha vuelto amargada y cínica, y su hija los odia a los dos. Todos estos cambios fueron introducidos por Scorsese, que mientras leía el guión descubrió horrorizado apuntes de Spielberg sobre lo malo malísimo que es Cady, sobre lo perfecta e ideal que es la familia Bowden y sobre cómo en Navidad se reúnen alrededor del piano para cantar villancicos. No, no era un chiste. Por cierto, ñoña época para Spielberg, que al no hacer El cabo del miedo se pasó a Hook, que aunque está bastante guay, tiene esos inolvidables (por penosos) momentos de padre-que-no-va-al-partido-de-beisbol.

Pero volvamos a El cabo del miedo. Cambiar el punto de partida del relato fue una enorme idea de Scorsese para sembrar la ambigüedad y el dilema moral al que nos enfrentamos a la hora de tomar partido entre Cady o Bowden: aquí Bowden no mandó a la cárcel a Cady declarando contra él como honrado ciudadano de a pie, sino ocultando pruebas en su favor en calidad de su abogado defensor. El afán de venganza de este Cady está, por lo tanto, más justificado que el de Mitchum. Pero Scorsese no se quedó aquí. Obsesionado con las contradicciones latentes en la religión católica a la que estuvo expuesto de niño, vio en Cady un medio para crear una metáfora del mal absoluto, de la tentación. Del Demonio, con todas las letras. Aquí cobra importancia el personaje de la hija de Bowden, quien mientras en El cabo del terror se asustaba de Cady como cualquiera, aquí cae víctima de sus engaños, viéndole en consecuencia como una irresistible figura adulta que la comprende, mucho más interesante que sus odiosos padres. En El cabo del terror hay una escena en la que la hija de Bowden huye de Cady escondiéndose en un edificio. Spielberg pretendía trasladar esta escena al salón de actos de la escuela y montar una emocionante persecución, pero cuando Scorsese se hizo con el proyecto, cambió esto. En lugar de una persecución, la escena se convirtió en un encuentro entre la hija y un Cady aparentemente complaciente, de sugerentes palabras, sexualmente atractivo. Una tentación. El Demonio, que embauca a una niña ingenua (y que le mete un dedo como un salchichón en la boca).

Mejor que las dos películas de calle.

El Cady de DeNiro es muy interesante como personaje, pues incide de un modo más insistente en ciertos aspectos que el de Mitchum toca de pasada. Haber salido de la cárcel convertido en un hombre leído, entendido en leyes y con gran dominio de la filosofía. Sin embargo, esto no hace a Cady más inteligente. Sigue siendo un paleto, un burdo psicópata que se escuda detrás de un conocimiento que usa única y exclusivamente en su provecho. Sí, es un paleto listísimo y sabe exactamente como aprovechar su recién adquirida cultura para hacer equilibrios sobre el borde de la ley, pero no sabe darle una utilidad más allá de su propia demagogia retorcida. Por su parte, Bowden se nos presenta como una verdadera rata. Es significativa la diferencia entre el final de las dos películas para comprobar esto. En El cabo del terror, Peck se mantiene fiel a su imagen recta al no disparar contra Cady, al preferir que se pudra en la cárcel. Gregory Peck no mata a nadie, a donde iríamos a parar. Nick Nolte, por el contrario, pelea contra DeNiro del modo más sucio, y termina matándole sin escatimar en golpes por detrás.

En pocas palabras, El cabo del miedo gana en complejidad frente al thriller que es El cabo del terror. Ahora viene la gran pregunta: ¿esto la hace mejor que la original? Para nada. Ambas películas son la prueba de que una película sencilla puede ser mejor que otra compleja. El cabo del miedo es una película histriónica, exagerada, y justamente por esto resulta difícil de digerir. A Scorsese se le va la mano al retratar a Cady como fuerza infernal imparable, bordeando en momentos el límite que lo acercaría a un Terminator (Cady anclado al chasis del coche) y pasándolo de largo a veces (el descubrimiento de que a Cady no le afectan las altas temperaturas, por Dios). A esto podemos añadir que visualmente resulta muy pretenciosa, algo impropio de Scorsese. El uso de los grandes angulares para deformar los ambientes es un recurso efectivo, pero otras decisiones formales, como la de los planos en negativo, son francamente estúpidas y más propias de un estudiante pedante de Comunicación Audiovisual. Y sé de lo que hablo. Se trata de una película fascinante a un nivel analítico, pero como película es mejor El cabo del terror, que es un thriller alejado de la complejidad formal y psicológica de los mejores hitchcocks, pero sólido y emocionante, y con enormes interpretaciones. Cady es mejor como personaje en la de Scorsese, pero Mitchum, uno de los mejores actores habidos y por haber, está muchísimo mejor que DeNiro en el papel.

Por todo lo que he dicho, considero El cabo del miedo un remake más justificado que Infiltrados, que irónicamente me parece mejor película que El cabo del miedo y que su original Infernal Affairs. Los mejores directores son capaces de demostrar lo inteligentes que son incluso con sus películas más flojas. Scorsese lo es.

Venga, va, la pongo:

5 comentarios to “Cady vs. Cady”

  1. Nando 07/02/2010 a 13:43 #

    Cejas como gatitos acostados. Has llegado al nivel en el que Facebook se introduce en tu vocabulario.

  2. Miguel Roselló 07/02/2010 a 13:48 #

    ¿Hace mal una pequeña referencia a una de las pocas cosas de Facebook que me han hecho suficientemente gracia como para hacerme fan?

  3. hempfreud 07/02/2010 a 15:04 #

    spielberg es más blando que la mierda. salvo en munich. eso sí.

  4. Miguel Roselló 07/02/2010 a 16:29 #

    Que la mierda de pavo. Pero eso no quita que sea uno de los mejores.

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  1. La equívoca trilogía mafiosa de Scorsese | The R Lounge - 12/02/2014

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