Spielberg es un blandengue

9 Feb

Así de categórico se presenta el panorama hoy, amigos. Pero es que es cierto. Spielberg sigue siendo uno de los mejores y más importantes directores que hay, tiene un par de obras maestras y un considerable puñado de películas inolvidables, amén de algún bodriete, pero el pobre es de un cursi que no hay quien aguante. No siempre fue así. Puede decirse que en el plano personal, ha sido un sensiblero toda su vida, pero durante el primer tercio de su carrera (los 70 y casi todos los 80), cuando se ponía el uniforme de dirigir películas se dejaba la sensiblería y las tonterías en casa y te ponía por delante niños devorados por tiburones, nazis derritiéndose o lo que hiciera falta. Pero un buen día ocurrió la catástrofe: Steven tuvo hijos. Esto le cambió para siempre, como le ha pasado a muchos otros (a ver si os preguntáis por qué Johnny Depp sólo hace el pirata últimamente). Él dice que a mejor, los espectadores disentimos educadamente.

Para el que dude de mi afirmación sobre cuándo empezó Spielberg a dar muestras de preocupación paterna por el contenido de sus películas, recordaré que hay una pequeña diferencia entre sensibilidad y sensiblería: E.T. es una película extraordinariamente sensible, Hook es bastante sensiblera (aunque mola, insisto). Iba a decir Amistad, pero aunque todo el mundo coincide en que es un pastelazo (y será verdad, porque tiene toda la pinta), yo no la he visto. Tampoco es sensiblero que las escenas más truculentas de Parque Jurásico queden ocultas a la vista del público, eso responde a razones estrictamente cinematográficas. De hecho, las gráficas carnicerías de El mundo perdido funcionan mucho peor. Por el contrario y aunque no lo parezca, La lista de Schindler tiene una considerable dosis de sensiblería, pero Spielberg se lo montó tan bien con esta película que hasta aceptamos sus justificaciones y la película sigue siendo excelente. Pero ¿qué hacemos aquí charlando cuando hay mucha gente que aún no entiende por qué decimos que Spielberg es un blandengue? ¡Rápido, pasemos a la lista de hechos incontrovertibles!

Tú no sabes quién es este, pero Spielberg se las hizo pasar moradas.

Se arrepiente de El templo maldito: No puede ni verla. Aún no sabe si lamenta más haberse dejado convencer por George Lucas de meter extraterrestres (perdón, seres interdimensionales) en El reino de la calavera de cristal o haber puesto en El templo maldito corazones arrancados, niños esclavos, magia negra, sesos de mono y serpiente con sorpresa por iniciativa propia. Resulta muy cansino que en todas las entrevistas, cuando le preguntan por El templo él responda invariablemente “me alegro de haberla hecho porque en ella conocí a Kate Capshaw”. Si dejamos de lado que le sirvió para casarse con Willie, El templo maldito aún le causa pesadillas, y por alguna razón está convencido de que a nosotros también, porque no deja de pedir perdón a los fans por haberla hecho tan oscura. No se da cuenta de que si El templo maldito nos gusta es precisamente porque hay un brujo con cuernos, un Indiana Jones más perturbadoramente violento que nunca, un pozo de lava, sacrificios humanos y sesos de mono. Pero démonos con un canto en los dientes: si hubiese sido Lucas el arrepentido, ahora tendríamos en DVD la edición especial con nuevos efectos digitales, más soldados thugee persiguiendo a Indy y una aparición estelar de Jabba The Hutt QUE NADIE HABÍA PEDIDO.

Steven tuvo a la chica y nosotros los sesos de monos. Todos salimos ganando.

No entendió el guión de Gremlins: Spielberg es bipolar. A Tobe Hooper le hizo la vida imposible en el rodaje de Poltergeist entrando, saliendo, dando instrucciones, exigiendo, cambiando cosas y toqueteando aquí y allá. Pero a Joe Dante le dio vía libre en Gremlins. Aquí tenemos que ponernos de parte de Spielberg, porque es obvio que intuyó algo oscuro y retorcido en un par de fragmentos del guión de Chris Columbus y aún así, defendió el derecho a ambos (Columbus y Dante) de hacer lo que quisieran sin interferencias. Digo en un par de fragmentos, pero en realidad toda la película en sí es un enorme chiste negrísimo, en el que las muertes grotescas y los golpes de humor oscuros se suceden con un ritmo sádico. Pero más allá de los momentos truculentos de la película, hay que prestar atención a la enorme patada en el culo que el guión le da a los valores navideños y a la moralina familiar, que es lo que un Spielberg en su sano juicio no habría tolerado jamás. Paradigmático de la esencia de Gremlins es el monólogo de Phoebe Cates sobre su trauma navideño, cargado de una mala baba que aún está por ser superada. Spielberg leyó esta parrafada en la que el personaje de Cates describía la absurda muerte de su padre, ahogado y colgado en el tubo de la chimenea vestido de Santa Claus, y en vez de quemar el guión, dijo a Dante: “bueno, yo esto no lo entiendo, pero si a ti te gusta, ponlo en la película”. Se ve que el pobre, en su inocencia, no captó el humor negro del momento, y asustado al intuir algo sucio, decidió echarse a un lado. Bien por él, pero sigue siendo un blandengue.

De verdad, no puedo mirarlo sin partirme de risa.

Su pintor favorito es Norman Rockwell: Está claro que el artista favorito de Spielberg no iba a ser H. R. Giger. A Spielberg le va más alguien que pinte cosas cándidas, con aroma nostálgica de los inocentes cincuenta y presencia de valores familiares tradicionales. Alguien como… Norman Rockwell. Cuando Spielberg empezó a tener dinero que despilfarrar, comenzó a interesarse por el arte, y como es natural, el arte underground no iba demasiado con él. Así que comenzó a comprar cuadros de Rockwell, y no sé cuántos tendrá ahora, pero debe ir por mil doscientos. Está claro que se siente cómodo rodeado de las sentimentales escenas de familias, niños y perritos que tan bien reflejan esos Estados Unidos tan añorados, agradables y seguros, en los que las tortitas para el desayuno y los domingos en familia sustituían a la violencia y al peligro de los negros andando por las calles de los barrios residenciales.

Iba a poner un cuadro de Norman Rockwell, pero prefiero poner otra vez al gremlin exhibicionista.

Mostró que el mono no moría en Indiana Jones 4: Supongo que no tenéis ni repajolera idea de lo que estoy hablando, así que no entendáis lo que os dé la gana (es decir, que la escena de los monos es una mierda, cosa que no pienso ni pensé en el cine). Diréis que es una chorrada, pero es que esto me repatea. Los vehículos comunistas (nazis iba a decir; ay, la costumbre) persiguen a Indy a toda velocidad por el borde de un profundo precipicio, y en ese momento aparecen los monos liderados por Mutt Williams (hijo secreto de Marion y John Williams), lanzándose sobre los malos en el instante más oportuno. No diré que no es bueno dar un respiro al espectador, pero si Irina Spalko se quita de encima a un sucio y apestoso mono y lo lanza al precipicio, molestarse en alejar la cámara de la trepidante persecución para mostrarnos que el mono no cae al precipicio, sino que se agarra a una rama y se salva, es totalmente anticlimático y de un cursi francamente insoportable. Es como el chiste del bicho y el mono en El emperador y sus locuras, pero sin ser un chiste. En ese momento Spalko podría haber arrojado a Indy de un empujón hacia unas puntiagudas rocas y asesinarlo y nosotros ni nos habríamos enterado, porque estamos obligados a ver cómo el mono ha sobrevivido. Tras leerme Indiana Jones, historia de una saga he comprobado que tristemente no estoy exagerando, y que el plano en cuestión está ahí porque Spielberg decidió que tenía que mostrar que aquel simpático simio no había muerto (¿promesa de spin-off, tal vez?). No sé vosotros, pero por mí como si se cae y lo despedazan los cocodrilos como hicieron con Mola-Ram.

No os preocupéis, amigos... Estoy bien.

Trató de poner a la familia de El cabo del miedo a tocar el piano: Si os habéis leído mi flamante versus entre los dos Cabos (el del terror y el del miedo), ya sabréis lo que digo. Frente a la película final, llena de ambigüedad moral por parte de todos los personajes, incluidos los miembros de la familia acosada por Max Cady, Spielberg planeaba algo muy diferente. De hecho, su Cabo del miedo habría sido aún más maniqueo que el original del 62 si hubiese cumplido sus amenazas de mostrar al espectador lo felices que eran los Bowden poniéndoles a cantar villancicos alrededor del piano. Otra vez, que no, que no es una broma. En casa de los Spielberg El cabo del miedo aún sigue vetada y guardada en el cajón de la mesita de noche de Steven, junto a Indiana Jones y el templo maldito y Los rescatadores. Y eso que en el DVD han borrado a la tía desnuda de la ventana.

"¡Max, no deberías conducir sin el cinturón puesto!". "Vaya, ¡gracias, abogado! ¡Me lo pondré ahora mismo!"

Convirtió a Hammond en un Papá Noel bienintencionado: Si habéis visto Parque Jurásico, probablemente describiríais a John Hammond, el millonario dueño del parque, como una especie de Santa Claus deseoso de llevar la ilusión de ver dinosaurios en movimiento a millones de niños y adultos; un niño grande que, como tal, puso sus mejores intenciones en su proyecto sin pensar en los riesgos que entrañaba. Bien. Si os habéis leído Parque Jurásico probablemente describiríais a John Hammond como un viejo enano asquerosamente rico, de malos modales hasta con sus nietos y tan ansioso de hacer una buena pasta con su parque de dinosaurios que los riesgos que éste entraña se la traen al pairo. Una vez más, la mano llena de arcoíris en lugar de dedos de Spielberg hizo de las suyas con la estupenda novela de Michael Chrichton. Cuando llevó a cabo la adaptación, le dio instrucciones precisas al guionista David Koepp sobre el personaje de Hammond: su parque era peligroso, pero él no lo debía haber hecho a posta. Podía haberse equivocado, pero jamás debía ser malvado. Hammond debía querer a sus nietos y abrazarlos, y, cuando su parque se le escapa de las manos, sentirse arrepentido como un niño que no pensó en las consecuencias antes de meter a su hámster en el microondas, nada de gruñir y tratar de ocultar los fallos para proteger su inversión a costa de las vidas de sus visitantes. Lo irónico es que en El mundo perdido (que se parece aproximadamente NADA al libro) Spielberg metió a un personaje nuevo, al sobrino de Hammond, un tipo sin escrúpulos ávido de dinero, que quiere explotar el parque como una mina de oro y que recibe la desaprobación de su tío Santa Claus. Más o menos el Hammond del primer libro pero con otro nombre.

"¡Esto me hará rico mientras la gente muere...!". Sí, ya sé que no encaja con esa cara, ¡pero es que en el libro no le interpretaba Richard Attemborough!

Puso walkie talkies en las manos de los polis de E.T.: Cuando en 2002 Spielberg se puso a revisar E.T. antes de reestrenarla con motivo de su 20 aniversario, se quedó horrorizado por la brutalidad de la película. Saltó de su sillón y entre sudores corrió hacia el teléfono. Por el camino se detuvo frente a un espejo y se quedó paralizado de terror al ver el reflejo del monstruo que era veinte años atrás. Incapaz de soportar tan demoníaca visión, rompió el espejo contra el suelo y llegó hasta el aparato. Marcó el número de ILM. Entre llantos suplicó que hiciesen unos retoques digitales a la copia de E.T. que les pensaba mandar, porque de reestrenarla tal y como estaba, quedarían traumatizados niños de ocho a ochenta y ocho años. Y así fue como los espectadores de la edición especial de E.T. presenciaron cómo el extraterrestre, Elliot, su hermano y los amigos de éste (el que va vestido de tweed, el de las gafas 3D y el de los auriculares gigantes, es decir, LOS FREAKS) se lanzaban con el arrojo y la valentía que sólo la fuerza del amor de unos niños puede hacer realidad hacia los agentes de policía armados con mortíferos… walkie-talkies. Efectivamente, la atmósfera de absoluta emoción de la escena, en la que la clave era que aquellos niños tenían el coraje y la convicción necesarios para enfrentarse a policías armados, se vio totalmente arruinada por Spielberg al cambiar digitalmente los rifles por walkie-talkies. No walkie-talkies explosivos, ni pistolas futuristas con aspecto de walkie-talkies. No, walkie-talkies normales, ésos cuyo mayor poder es emitir ondas levemente perjudiciales para animales muy pequeños. Lo más sorprendente es que esto no bastó para que Spielberg se calmase. Sentado en una butaca, con una manta por encima y una taza de tila entre sus temblorosas manos, seguía convencido de que su alma aún no estaba limpia. Fustigarse en la espalda diez veces con el látigo de atrezzo de Indy no fue suficiente, así que una vez desestimado el cambiar los walkie talkies por algo más inofensivo (como bastones de caramelo u ositos de peluche) y en un gesto solidario con la tragedia del 11-S, eliminó la palabra “terrorista” de un diálogo de la película, cambiándola por “hippy”. El mal menor, ya que de este modo los únicos que vieron heridos su sensibilidad fueron los que aún no habían superado la masacre de Charlie Manson de treintaypocos años atrás. Pero Spielberg se quedó finalmente tranquilo, convencido de que todos los niños del mundo estaban a salvo de un trauma seguro, incluidos sus hijos (de treinta años).

Esto fue lo que vio Spielberg cuando puso la peli.

Destrozó En busca del valle encantado: Las demás podrían pasar. Con un poco de esfuerzo, pero podrían pasar. Pero esta no se la perdono ni se la perdonaré jamás. ¿Nadie se ha dado cuenta de que En busca del valle encantado apenas dura una hora? ¿No resulta un poco raro, teniendo en cuenta que la duración de una película de animación no suele bajar de la hora y veinte? La explicación son los brutales cortes que metió Spielberg en la película de Don Bluth y que dieron la vuelta totalmente al sentido de la película. Don Bluth ya había trabajado al amparo de Spielberg en Fievel y el nuevo mundo, y aunque había salido un tanto escaldado de la colaboración por las frecuentes intromisiones de Spielberg en su trabajo (como le pasó al pobre Tobe Hooper), no era tonto, y accedió a repetir con el Rey Midas (vale, mote tópico) una vez más. Y no debe pasar un solo día sin que Bluth se arrepienta del día que le volvió a decir “sí” a Steven. Para el que no sepa la historia, trataré de contarlo para que resulte sorprendente. Cuando la comida escasea en la tierra de los dinosaurios, Piecito y su madre, como todos los demás dinosaurios, emprenden el camino hasta el Gran Valle, una tierra siempre fértil, en la que la comida y el agua nunca se acaban. “El camino hacia el Gran Valle es largo”. “¿Cómo sabes que hay un Gran Valle, mamá?”. “Hay cosas que se saben porque se ven, y otras que se saben con el corazón”. Por el camino, Piecito pierde a su madre a manos (o dientes) de Dentiagudo (el Tyrannosaurus malísimo), y se ve obligado a continuar sin ella pero acompañado de otros jóvenes dinosaurios. El camino es largo y duro, pero tras un último enfrentamiento con Dentiagudo, los cachorros logran llegar al Gran Valle Encantado. Y como dice el narrador al final de la película, “y crecieron, transmitiendo de generación a generación la historia de cómo sus antepasados habían ido llegando al Valle mucho tiempo atrás”. Exactamente. El Valle Encantado no era otra cosa que el Cielo. El duro camino al Valle era la vida de los dinosaurios, plagada siempre de peligros e incertidumbre, y cuando se acaba, al final está el Gran Valle. Es obvio qué significa que Piecito se reúna con sus abuelos, y que todos se reencuentren con sus familias. Todos los que conocemos esta primera versión de Bluth coincidimos en que habría sido una de las resoluciones más hermosas, valientes y respetuosas con los niños de toda la historia del cine de animación, pero obviamente Spielberg lo que hizo fue llevarse las manos a la cabeza y agarrar las tijeras. Bluth tendría que pasar por encima de su cadáver si quería matar a los cachorros. Los niños NO IBAN A MORIR en su último enfrentamiento con Dentiagudo; lo iban a matar e iban a llegar al Gran Valle, un sitio físico en este planeta y en esta dimensión. Bluth acabó tan destrozado que su carrera jamás se recuperó (económicamente una sola vez, con Anastasia, pero nada más), y Spielberg se sintió satisfecho una vez más al pensar que había librado a todos los niños del mundo del trauma de saber qué es la muerte. Ya lo descubrirán cuando sus padres mueran brutalmente en un accidente de tráfico. Dicho esto, os animo a que volváis a ver la película. Afortunadamente, sabiendo esta historia que os he contado yo es fácil reconstruir la película mentalmente y comprender las intenciones de Bluth en la mayoría de frases que hacen referencia al Valle. Y la veréis con otros ojos.

Podríamos haber evitado TODO ESTO.

Y por último y como colofón…

Hizo La terminal: Dudaba de si poner para rematar la lista el caso de El valle encantado o éste, pero al final he optado por éste, porque ser La Cursilería en sí misma no es moco de pavo, ni siquiera para Spielberg. Nuestro amigo nunca ha ocultado su pasión por el cine de Frank Capra, algo muy propio de él al ser el de Capra un cine siempre centrado en buenos sentimientos, valores ingenuos y demás ñoñadas. Pero conociendo a Spielberg, la sola idea de que le diese por hacer “su película Capra” podía tener consecuencias devastadoras, con miles de espectadores diabéticos muertos por un exceso de glucosa en la sangre. El resultado estuvo a la altura de las expectativas, con ese inmigrante paseándose por un aeropuerto de cuento de hadas, en el que todo el mundo es bueno con él salvo el malísimo director de la terminal, comiendo lo que recolecta de los amables puestos de comida rápida y con tiempo hasta de enamorarse y hacer de Celestino para otros. Si hubiese que escoger un punto álgido en la trama de este descalabro de cuento de hadas, sin duda señalaría la escena en la que finalmente Victor Navorski, el inmigrante más querido de Norteamérica, se decide a salir del aeropuerto ignorando la ley que le retiene allí y los policías que se interponen entre él y la puerta, en vez de detenerle y tratarle como basura de Europa del Este, se le acercan y le ponen un abrigo en los hombros con una sonrisa complaciente, porque “hace frío ahí fuera”. A todo esto cabe añadir el ultraazucarado concepto de Spielberg de lo que es un inmigrante: un hombre con alma de niño inocente, propenso a la amable payasada, nobles intenciones y fuertes vínculos sentimentales. Los motivos de Victor Navorski para viajar a Norteamérica no podrían estar más alejados del tráfico de armas, la trata de blancas o el contrabando. En el mundo de Spielberg los inmigrantes van a Norteamérica para cumplir el inocente sueño de su padre recién muerto. Y que conste que mis quejas no son prejuicios.

KONCIÉNCIATE.

Quise encontrar una décima razón, pero todo lo que se me ocurría eran cosillas concretas que ocurren en una película, de esas en las que puedes señalar a la pantalla y decir “mira, mira eso, qué cursi, por Dios” y quería evitar ese tipo de razones. Salvo la del mono que sobrevive, porque esa me da cien patadas en… Espero que los escépticos se hayan dado cuenta de que no digo las cosas por polemizar, como hace un tal Adrián Massanet; y que los que ya sabían esto antes de nuestro pequeño viaje recopilatorio no se olviden de la grandeza de este tío.

En fin, a ver si lo próximo que escribo va de otra cosa que no sea cine, porque si quitamos las entradas de dibujos, ya van unas pocas seguidas. Tal vez hable de Tom Sharpe. No lo sé. Meh, a quién voy a engañar, si la mayoría de cosas que escriba tendrán que ver con películas o con Los Simpson.

16 comentarios to “Spielberg es un blandengue”

  1. Hustinetten 09/02/2010 a 21:38 #

    Madre mía, no tenía ni idea de la mitad de cosas que cuentas. Lo del Templo Perdido y lo de ET clama al cielo, y qué decir de lo del mono. ¿También me volveré como Spielberg cuando sea mayor? ¡Tengo miedo!
    Y por cierto, ahora entiendo por qué me pusieron En Busca del Valle Encantado en catequesis.

  2. Jose 09/02/2010 a 21:54 #

    Que al final piecito y el resto del grupo moría?????!!!!!
    Joder, creo que habría sido la única forma de hacer que no me resultara un muermo (no digo que sea mala, sólo que nunca pude con esa película, era algo superior a mis fuerzas), y va y se carga el final…
    Miguel, acabas de tirarme un mito.

  3. Miguel Roselló 09/02/2010 a 23:05 #

    Todo cierto al 100%. Aún con todo, EL VALLE ENCANTADO sigue siendo mi película favorita de Don Bluth, es la que tiene menos fallos evidentes. Jose, ¿no te gustará más ANASTASIA…?

    Ana, quien quiera te la pusiese en Catequesis tenía que ser bastante receptivo, yo nunca me percaté de las analogías hasta que descubrí lo que cuento arriba…

    ¡Pero lo de ET es bastante conocido!

  4. Jose 10/02/2010 a 4:42 #

    Claro que me gusta ANASTASIA. El mito que se me ha caido es el de Spielberg.

  5. hempfreud 10/02/2010 a 23:56 #

    y munich. q pasa con munich? xD ahí si que no se corta un pelo…

  6. hempfreud 10/02/2010 a 23:58 #

    por cierto mamoncete, algún día enlazamé o echame una visitilla al blog…

  7. Miguel Roselló 11/02/2010 a 9:33 #

    ¿No te tengo enlazado? Joer, yo creía que sí…

    Lo de MUNICH es verdad, pero creo que no hace falta nombrarla para dejar claro qué es lo que pienso.

  8. NT 11/02/2010 a 10:00 #

    Hace años que la carrera de Spielberg está un poco parada, por así decirlo. Películas de calidad sí, quizás, pero ni mucho menos como podrían ser. Lo que tú comentas ya se habla desde hace muchos años y es verdad.

    Por cierto, y mira que me gusta, pero te has olvidado de La guerra de los mundos, el final también es almibarado que no veas, debió arrepentirse también de la parte de Tim Robbins y dijo “vamos a arreglarlo” un poco. Bipolar, ¿no?.

  9. Miguel Roselló 11/02/2010 a 13:18 #

    Sí, LA GUERRA DE LOS MUNDOS acusa un desequilibrio bastante marcado, que juega bastante en contra del conjunto, creo yo. Leí no hace mucho en algún sitio, casualmente, que el hijo mayor no debió reaparecer en la casa al final, sino haberse ido con los militares para ser ése su incierto final, sin otra reaparición posterior. Habría sido bastante más fiel a la situación general, además de que habría servido muy bien al recurso de ponernos al nivel del personaje de Tom Cruise: lo que para él desaparece de su alrededor, desaparece para nosotros, y si él no vuelve a ver a su hijo, nosotros tampoco sabremos lo que le ha pasado.

    No me he olvidado de la peli al escribir la cosa ésta, claro, pero es uno de esos casos de “una escena en particular” que quería evitar. Mono aparte, claro. Maldito mono.

  10. Manu 11/02/2010 a 19:01 #

    Venga ya hombre! Pero si El templo maldito es mi favorita de las tres precisamente por ser más oscura!!
    Este Spielberg almibarado…

    (También iba a nombrar a Justin Chatwin en La guerra de los mundos, pero os habéis adelantado :P)

  11. L'Ange de Montparnasse 07/03/2010 a 15:33 #

    Querido, ha sido una lectura muy intersante, pero me has tocado una de mis poquitas fibras sensibles. ¿Lo mejor? pues que nada tiene que ver con Mr. Spielberg.
    Espero que no hayas insinuado que Johnny es un actor para niños ¬¬!!
    Es un actorazo, el pirata se merecía un Oscar por la primera y no es lo unico que hace ultimamente. Obviando un pestiño como “Enemigos Públicos” -sólo Marion Cotillard merece la pena en esa peli-, no creo que sus hijos hayan visto “La ventana secreta”, que vino después de los piratas, o “The libertine” -difícilmente la volveré a ver yo-. Pero teniendo en cuenta que estuvo genial como Sir.James Barry en “Descubriendo Nunca Jamás” -bellísima película tanto si te parece para niños como para adultos-, que como Sweeney Todd lo bordó -a mí personalmente me encantó y él no tiene culpa de que las canciones no fueses pegadizas-, que se ofreció a sustituir a mi adorado Heath Ledger en “El imaginario del Doctor Parnassus” y que fue de los tres sustitutos el más aclamado…
    Sólo queda que una vaya al cine a ver la versión burtoniana de Alicia, donde interpreta al Sombrerero loco, y entonces opinaré. Hasta ese momento, lo que sé del personaje es que ni Woody Allen es tan histriónico, teneindo sin embargo un fondo de filosofía, un misterio oculto en su forma de ser y actuar… ya lo veremos.

    En pocas palabras: Roselló, quitas tus zarpas de Mr. Depp si no quieres que me enfade.

  12. Miguel Roselló 07/03/2010 a 22:11 #

    Te respondería enumerándote mil cosas en las que tienes razón y otras mil que has pasado oportunamente por alto, pero mejor me resumo y si eso te pillo por banda en clase y discutimos hasta que nos quedemos secos.

    Bueno. Si lees entrevistas recientes (de hace cinco años para acá) con Johnny Depp verás que ahora lo que le preocupa es dejar a sus hijos un legado de películas con las que puedan disfrutar. Y por eso alternará hasta el día que se muera películas potencialmente interesantes (ENEMIGOS PÚBLICOS, aunque luego resultó un coñazo insufrible) con gilipolleces en las que hará el pirata, cosa que está claro desde el trailer de ALICIA. Se le han quedado los horrorosos tics de Sparrow y de ahí ya no hay quien le saque. Al Johnny Depp que no olvidaba actuar con elegancia hasta en las cosas más lúdicas (EDUARDO MANOSTIJERAS) lo hemos perdido. Cuando haga cosas no serias, interpretará a Jack Sparrow una y otra vez. Y DESCUBRIENDO NUNCA JAMÁS es preciosa.

  13. Kyol 27/01/2013 a 2:17 #

    A medida que iba leyendo pensaba “Y La Guerra de los Mundo? No va a mencionarla? Porque con ese final en el que se salva hasta el perro me dio un ataque de glucemia aguda” Pero veo que ya se menciona en los comentarios, muy de acuerdo (por desgracia) con el artículo. Nunca volveremos a ver al Spielberg de Jaws.

    P.D: Y lo de Inteligencia Artificial también es digno de mención

  14. garrak 09/06/2013 a 12:28 #

    Um…. totalmente de acuerdo.

    -E.T: Pues nunca lo habia pensado, pero volviendo a analizar y comparar ambas versiones ¡Por dios, como imponen los todopoderosos walkie-talkies!

    -El templo Maldito: Los detalles gore molan, y tiene un par de escenas de acción destacadas, pero de la trilogía original es la que menos me convence… (me sorprende que nadie se haya fijado en la maldita escena de la balsa, ¿Se quejan de que sobreviva a una explosión nuclear gracias a una nevera y nadie destaca que sobreviviesen a una caída de mil metros de altrua gracias a una balsa de plástico?)

    -El valle encantado: ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGH! Bueno, ya habré expresado alguna que otra vez mi gran afición por Don Bluth. Y me jode bastante que Spielberg le jodiese la carrera, era uno de esos pocos directores que se tomaban la infancia de los espectadores como algo serio, respetable, algo que no había que insultar, y aprendió que los niños no eran un público imbécil y desinteresado, sino un gran margen de población que merecía buena e inteligente cinematografía no edulcorada. Lástima…

    Eso si, me llama la atención que no destaque el caso de Inteligencia Artifical. He leído algunas confesiones de allegados de kubrick, según los cuales el final había sido pensado por el propio Kubrick, pero es cierto? Quiero decir, fue la mala pata de Kubrick o la sensiblería de Spielberg los que arruinaron el final? (de una película ya de por sí mala malilla, a decir verdad)

    De todos modos, pese a este último parrafo, sepa que estoy totalmente de acuerdo con su artículo.

    Un saludo!

    • Miguel Roselló 11/06/2013 a 18:56 #

      ¡Estoy de acuerdo con lo de la balsa! Y con todo, en realidad, salvo por el Templo Maldito, que me parece casi perfecta, superior en todo caso a la Última Cruzada.

      • garrak 02/07/2013 a 13:43 #

        Mne… no sé, a mi personalmente nunca me gustó el Templo Maldito, con ese chino insoportable, y la novia de Spielberg, la simple, pura y dura definición de lo que significa en términos linguísticos del cine un florero.

        ¡Y la Última Cruzada tiene a Sean Connery! ¡Imposible decirle que no!

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