Qué coñazo con los ochenta, me cago en la leche

18 Jun

Resulta un tanto chocante leer algo así en este blog, sinónimo de elegancia y estilo, pero es que esta frase que encabeza la entrada de hoy es la que salió de mi boca, franca y desde el fondo de mi ser, cuando compré la Cinemanía de este mes y vi a un lado de la portada, junto al enorme rostro de Robert Pattinson, un letrero que decía “las películas de los ochenta que nos gustaría ver remakeadas”. Dejando a un lado lo infame que resulta que una revista profesional redacte un artículo del que se desprende que el mayor honor que puede recibir una película memorable de los ochenta es ser víctima de un remake, sorprende lo barato de una excusa para enumerar por enésima vez las mismas películas de los ochenta de siempre, en el también enésimo intento por parte de Cinemanía de ser la revista más friki del sector en el peor sentido de la palabra (friki, no sector; lerdos). Podía pasarme horas recreándome en los puntos negros de una revista que no hace tanto era estupenda y que ahora es poco menos que lamentable, y podría pasarme horas bloqueado frente al teclado al tratar de explicar por qué la sigo comprando; pero no es ése el meollo de mis pensamientos de hoy. Tengo la sensación de que cada dos números la revista de marras se las apaña para publicar un temible artículo nostálgico sobre los ochenta, los ultratrillados, quemadísimos y manoseados ochenta.

¿La mejor secuela de la historia?

La cosa funciona así: llegado un momento, una generación en concreto alcanza, no la mayoría de edad, sino la edad en la que empieza a controlar los medios de producción de una sociedad. Esa generación se mueve, quiera o no, impulsada por las cosas que vivió en su infancia y adolescencia, y eso queda patente en todo lo que hace. Si eres carnicero no hay muchas posibilidades de que esto resulte evidente, pero si eres director de cine, inevitablemente tu producción tendrá un tufillo a esos recuerdos que pasean por tu cerebro. Por eso ahora, y desde hace ya una década, miramos en dirección a los ochenta. Son esos hijos de los ochenta los que controlan los medios de producción, ellos copan el mercado de nostalgia ochentera, y el resto del planeta, especialmente los que son más jóvenes que ellos, les aplauden la gracia y convierten en saturación lo que antes era una agradable tendencia. Y lo que antes era una sincera nostalgia se convierte en una pasión artificiosa más, como pasa con todo en este mundo una vez esas hienas que son los frikis contemporáneos se interesan y se abalanzan. Sólo así se explica que veamos, en pleno año 2010, niños de trece años que suspiran con nostalgia ante el recuerdo del día que se estrenó Cazafantasmas.

Yo nací en el 88, el año de Beetlejuice, de Roger Rabbit y de Un pez llamado Wanda. Las reposiciones expanden la duración real de una década al menos cuatro años, con lo cual me considero un producto residual de los ochenta. Me basta con echar la vista atrás y comprobar cuáles eran las cosas que me gustaban y me marcaban (“me marcó”, otra frase para la hoguera) de crío. Como habréis comprobado, tiendo a hacer referencias a cosas como Indiana Jones o Regreso al futuro repetidamente. No es para menos, mi cerebro está irremisiblemente configurado para ello dada mi edad. Pero soy realista. En busca del arca perdida y El imperio contraataca están sin duda entre mis veinte películas favoritas (y digo veinte porque una vez hice una lista con el top 10 y no entró ninguna de esa década), entre mi colección de figuras y camisetas, los de cosas de los ochenta son la especie dominante, y We Are Not Alone, de El club de los cinco, es una de mis canciones favoritas; pero no se me escapa un hecho incontrovertible que a lo mejor supone tirar piedras contra mi propio tejado tras todo lo enumerado: la de los ochenta es la década en la que se produjo, con diferencia, más basura cinematográfica y musical. Que sí, que sí, que podéis enumerarme un millón de grupos geniales de los ochenta, y centenares de películas estupendas; yo también puedo. Pero se nos escapa un dato importante: la producción en los ochenta se multiplicó de una forma grotesca, las películas salían como churros, y la música también. Así que si tú puedes enumerarme cien películas buenas, yo podría (con ayuda de imdb) enumerarte veinte mil malas. Esta estadística me la voy a inventar, como hace Barney en Cómo conocí a vuestra madre (esta referencia sí que no me la esperaba ni yo), pero sirve para que os hagáis una idea: si en los setenta podía haber un, qué se yo, 50% de películas buenas, en los ochenta habría un 25%. Aunque en conjunto fueran más, cosa que tampoco creo. Sin salir de la década que nos ocupa, la saga de Pesadilla en Elm Street alcanzó las cinco entregas, la de Loca academia de policía seis (y empezando en el 84), y la de Viernes 13, ocho. Si nos olvidamos oportunamente de Saw, esto hoy día es impensable.

En realidad no es mala. Y sale Charles Grodin.

La prueba más evidente de la hipocresía nostálgica de un público que se mueve según los vientos que corren está por llegar, cuando el reinado de los ochenta llegue a su fin. Estamos en 2010. A los dos o tres días de empezar el año, en una reunión con unos amigos, alguien, creo que yo de hecho, soltó la frase clave: “bueno, qué, ¿empezamos a reivindicar los noventa?”. Una vez entrados en la década de los diez (suena mil veces peor que cualquier otra, ¿verdad? Pues cuando llegue la siguiente y ya la cosa suene mejor, comenzará el caos y la confusión ante la equívoca expresión “los años veinte”) llega el relevo nostálgico, y la gente como yo empezará a reivindicar productos genuinamente noventeros que hasta ahora son despreciados por las mismas personas supuestamente enrolladas y desprejuiciadas que elevan a Porky’s a la categoría de mito (cuando es evidente que La revancha de los novatos le da mil vueltas). En la lista de películas más referenciadas, la comedia adolescente de impacto generacional que prácticamente inventó John Hughes se verá sustituida por la comedia infantil amable que prácticamente inventó… John Hughes. Si en mi círculo habitual los diálogos de Solo en casa, con el de “quédate con el cambio sabandija asquerosa” a la cabeza, ya están mil veces oídos, mejor que nos preparemos para la que nos queda de ahora en adelante. Por supuesto, bastará decir en voz alta y sin venir a cuento “el primo Fuller se mea en la cama” para conseguir gestos de asentimiento complacientes de los que te rodean y ser el alma de la fiesta.

La lista de cambios que se avecina es infinita. La añoranza por el Eddie Murphy más vitriólico de los ochenta dará paso a los suspiros por sus pedorretas y transmutaciones más nineties. Ah, los Thundercats y Dragones y mazmorras: reliquias olvidadas, pisoteadas por el recuerdo de Pepper Ann y Basket Fever. Tim Allen pasará a ser el nombre más buscado en google, y Vaya Santa Claus la película más descargada. Y por fin la etapa ochentera de Hanna-Barbera, con sus horribles remedos infantiles de Scooby Doo y demás, caerán en el ostracismo del que nunca debieron salir. Aunque, pensándolo mejor, no sé si alguna vez han salido de allí. Pero por encima de todo, espero que finalmente ocurra aquello por lo que rezo cada maldita noche: que la subpelícula más genial de los noventa, Un padre en apuros (o como me gusta más llamarla, Turboman), reciba por fin el trato de cult movie de masas que merece. Imaginaos una camiseta con la cara de Arnold vestido del superhéroe favorito de todos los niños del planeta. O incluso una con la sonriente cara de Phil Hartman y un letrero que diga “¡qué galletas, Liz tiene que darme la receta!”. ¿Descabellado? Pues eso es exactamente lo que hemos estado viendo durante diez años pero en vez de con Hartman y su frase de las galletas, con el chino de Dieciséis velas diciendo boca abajo “¿ocurre algo, pequeña muñeca?”. Es lo mismo.

Encadenando Terminators y esto. Puro genio.

Este cambio de aires nos va a sentar bien a todos. Si damos un respiro a Rambo, a Gizmo, a John Bender, a Sloth, a Zuul, a Mr. T, a Falco y a tantísimos otros tendremos la oportunidad de volver a ellos en un futuro no muy lejano y reencontrarnos con su verdadero encanto. La invasión noventera no será tan traumática, al fin y al cabo en los noventa se pueden encontrar películas llenas de ese espíritu lúdico genuinamente ochentero, como Men In Black, o incluso la primera de Harry Potter, si hacemos un poco de trampa con las fechas. Y para escuchar basura tampoco hay que irse necesariamente tan atrás, los noventa fueron la década de Aqua, Whigfield y los Vengaboys. Así que mejor que os vayáis haciendo a la idea. Yo por lo pronto me estoy pensando convertir a éste en el primer blog nostálgico de los noventa, aunque pensar que en unos años me acabaría odiando por haber iniciado lo que sin duda será una epidemia me tira para atrás. Mejor sigo en mi línea atemporal.

¡Es la hora tuuuuuuuurbo!

7 comentarios to “Qué coñazo con los ochenta, me cago en la leche”

  1. L. Norton 18/06/2010 a 14:06 #

    Suscribo palabra por palabra. No veo el momento de que dejemos atrás el revival de los ochenta y conversaciones derivadas. Porque claro, no se te ocurra criticar nada de esa década, te saltarán ipso facto con “Qué dices, si esa película es DIOS” (añade esa frase a tu hoguera).
    Y ahora a rezar para que Filmaffinity añada un tour de votación de los 90, porque efectivamente, sólo lo hay de los 80!

  2. Señor E 19/06/2010 a 18:04 #

    Cierto Miguel. Empezaste en este blog los noventa con los libros de Pesadillas. Espero tu próxima entrega noventera dedicada a alguna que otra serie, libro, película, juguete, etc. Por lo menos eres más legible (¿esa es la palabra?) que las palabras repipi-filosóficas de Adrián Massanet.

    Saludos.

    Ostras, L. Norton por aquí.

  3. Miguel Roselló 22/06/2010 a 10:40 #

    Oh, bueno, el caso es que si escribo sobre PESADILLAS no lo hago movido por un impulso de noventerismo consciente, sino porque me da la gana. ¿Que luego en retrospectiva, tras mil entradas más, resulta que mi blog tiene un carácter noventero? Al menos no habrá sido porque así lo he buscado, que es lo que detesto de ciertos (muchos) blogs. De ahí que en la columna de la derecha no haya categorías por décadas, sino sólo por temas.

    Y es un honor tener a L por aquí, sobre todo a sabiendas de que como aquí mando yo puedo tratarla como un trapo si me apetece.

    Pd.: Por aquello de los dinosaurios, tema sobre el que volveré, éste también puede considerarse un blog hacesesentaycincomillonesdeañero, ¿no?

  4. L'Ange de Montparnasse 22/06/2010 a 12:16 #

    Thriller y yo nacímos en los 80. Definitivamente, eso los convierte en los años a reverenciar. Fin de la discusión. Cafe*

  5. Miguel Roselló 22/06/2010 a 12:44 #

    Los ochenta son la década de Indy, de PREGRESO AL FUTURO y de la mejor película de LA GUERRA DE LAS GALAXIAS, cosas maravillosa haylas. Pero una cosa no quita la otra, cariño.

    Caaaaafé.

  6. Miguel Roselló 22/06/2010 a 12:46 #

    ¿Y de dónde has sacado ese poder para zanjar discusiones en MI BLOG?

  7. L'Ange de Montparnasse 22/06/2010 a 13:46 #

    Que no te quejes tanto y disfrutes de la ola ochentera hasta que el mundo la aguante. Cuando te canses de los noventa, vendrás llorando. Cafe*
    Que de dónde saco el poder, dice…

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