La Pantera Rosa, a través de sus créditos

25 Jun

Tengo una debilidad especial por Blake Edwards. Siempre le he visto como un genio infravalorado por el mero hecho de que mientras que otros igualmente geniales como Hitchcock o Wilder experimentaban con los elementos mejor considerados de lo que llamaríamos cine de primera clase, él se especializó en los resortes de algo tan sencillo y puro como la comedia física. Y con la comedia física Edwards hacía arte. Como no he visto Operación Pacífico, no tengo más remedio que situar las primeras muestras de su amor por el slapstick en Desayuno con diamantes, donde no pudo resistirse a dejar caer unas cuantas gotas experimentales de comedia física, destacando por encima de todo la secuencia de la fiesta. Esta idea sería magnificada y perfeccionada en esa película sin argumento más allá de “un patoso en una fiesta” que Edwards rodaría en 1968: El guateque, el tratado definitivo de anatomía de la comedia. Antes de ésta Edwards rodó la entretenida ¿Qué hiciste en la guerra, Papi?, y antes de ésta, la descomunal, maravillosa y estrafalaria La carrera del siglo, con una dedicatoria inicial que es toda una declaración de intenciones: “A Laurel y Hardy”. El fracaso de La carrera del siglo contrastó fuertemente con el éxito de su anterior película, una comedia ambientada en esos entornos llenos de clase que a Edwards le gustaba dinamitar a la vez que se rendía ante ellos, en el que un patoso agente de policía francés perseguía al ladrón de un valioso diamante. Clouseau se llamaba el inspector que con sus payasadas de dibujo animado se introducía en un mundo real en el que en absoluto encajaba, y La pantera rosa era el nombre de la película. Para levantar este proyecto, Edwards contó por primera vez con Peter Sellers, que venía de interpretar al doctor Strangelove, y con Henry Mancini, que ya le había dado más de una alegría con la gloriosa partitura de Desayuno con diamantes.

Podía hacer reír a todos... salvo a sí mismo.

Aparte de Sellers y Mancini, Edwards contaba con un tercer aliado: el propio diamante, la Pantera Rosa, personificado en una pantera de dibujos animados que daría vida a los créditos iniciales de la película… y que haría historia. La pantera rosa tuvo un éxito desmesurado y daría pie a una saga en la que varios elementos se convertirían en constante: los desastres de Clouseau, el descenso a la locura del genial inspector jefe Dreyfus, y las secuencias de créditos, a través de las cuales repasaremos la saga en la entrada de hoy. Esto también me sirve para rendir homenaje a la genialidad del más grande entre los grandes compositores de música para cine, Henry Mancini (sí, ya casi estoy convencido de que es superior a Williams), pues estos créditos no serían lo que son sin The Pink Panther Theme. Hey, ho, let’s go.

La pantera rosa: A día de hoy, los créditos iniciales de La pantera rosa siguen siendo tan originales e innovadores como cuando aparecieron por primera vez en las pantallas en 1964. El que esté familiarizado con la Pantera Rosa que aparece en todo el merchandising que corre por ahí podrá comprobar cómo esta Pantera difiere sensiblemente de la que conoces a través estuches, mochilas, camisetas y tangas (¡yum!). Efectivamente, cuando DePatie-Frelenz (como Hanna-Barbera, que no es una mujer sino dos hombres) creó al personaje, le dio el un aspecto refinado y sofisticado acorde al tono cocktail de la película. Y apenas antropomórfico. La costumbre de haber visto repetidamente a la pantera de entregas futuras haciendo tonterías hace extraña a esta pantera que se rasca la espalda contra el nombre de Capucine como un gato corriente y moliente. Atentos a la esporádica aparición de Clouseau, en un indicio de su categoría de personaje secundario… por el momento.

El nuevo caso del inspector Clouseau: La rareza. En la primera secuela de La pantera rosa, Edwards aún no veía la necesidad de incluir al felino en la ecuación para mantener la cohesión en la saga, y cargó todas las tintas en el inspector, tanto en la película como en la secuencia de créditos. De la misma forma, al ni siquiera mencionarse el diamante rosa en la película, Mancini compuso un nuevo tema, A Shot In The Dark, de inspiración totalmente gangsteriana y descendiente directo de su composición para Peter Gunn. Fue la única vez que una película de la saga no contó con el famoso tema principal, pero aún así su genialidad no queda diluida por su condición excepcional. El caso que da nombre a la película (en español) es más oscuro que el de su predecesora al haber una cadena de asesinatos de por medio, y la música de Mancini se adapta en consecuencia. La secuencia en sí es bastante curiosa por el uso de una animación feísta, alejada de la estilización de la primera entrega (otro punto de deliberada ruptura) y con mucho collage de por medio, algo muy acorde con el tema policíaco, los secuestros y demás. Clouseau cambia su diseño por otro más propio de un dibujo animado, con el que se va a acercando al que mantendrá desde la siguiente película hasta la llegada de… ay… Steve Martin. Corramos un tupido velo y pasemos a cosas más alegres.

El regreso de la pantera rosa: Me cuesta decidir cuál es mi secuencia favorita, la de La pantera rosa ataca de nuevo o ésta. ¿Por qué dudo entre estas dos? La respuesta es un nombre, y un nombre en mayúsculas: RICHARD WILLIAMS. Durante dos entregas, fue él, con su estudio, el encargado de dar vida a la Pantera Rosa de los créditos iniciales, y en estas dos entregas subió el listón para futuras secuencias hasta niveles estratosféricos. Richard Williams es algo así como el James Cameron del mundo de la animación, aunque con la suerte de Terry Gilliam; un megalómano que se pasó treinta años trabajando en una espectacular película de animación, The Thief And The Cobbler, que tras un desarrollo tortuoso y accidentado, fue comprada por Disney en 1992 para sabotearla y dejar vía libre en los cines a Aladdin, de temática y estética sospechosamente parecida. Los méritos estéticos de The Thief And The Cobbler se presentan condensados en esta secuencia de animación. Ponedla. Observad. Todo está hecho a mano. Los reflejos en el título de la película están hechos a mano. Los luminosos con los nombres de los actores están hechos a mano. El cortocircuito eléctrico psicodélico hacia el final está hecho a mano. Son aspectos que parecen estar ahí sólo para demostrar el ilimitado poder creador y evocador de la animación, algo en lo que Williams, obviamente, creía firmemente. Observad atentamente la animación. ¿No notáis nada raro? ¿Y esa extraña fluidez en los movimientos de los personajes, muy evidente en la Pantera girando sobre la cabeza de Clouseau al principio? Es el prodigioso y refinado resultado que sólo se consigue con la animación del ordenador, pero el caso es que estamos en 1974, y la animación por ordenador aún no nos ha dado ni siquiera a Luxo Jr. Veréis, eso de que la animación consiste en dibujar personajes en 24 fotogramas por cada segundo es una trola. Lo cierto es que en animación se dibuja en uno de cada dos fotogramas, es decir, en doce por segundo, y los restantes son un encadenado que otorga fluidez a los movimientos (un poco como lo que en acción real se llama go-motion). Sigue siendo un trabajo de chinos, pero el caso es que mientras que lo habitual en la animación es dibujar en 12 de cada 24 fotogramas, Richard Williams y sus animadores hacían un dibujo por cada uno de los 24 malditos fotogramas. Sólo así se consigue la extraordinaria calidad que se puede ver en esta secuencia, sólo así se puede integrar a Roger y Jessica Rabbit con Bob Hoskins de una forma tan convincente, y sólo así se puede crear una película tan hipnótica como The Thief And The Cobbler. Pero volvamos a la secuencia, que hay mucho que decir aún. Esta película supone el regreso de la Pantera Rosa (ah, claro, el título ya lo dice…) tras su ausencia en los créditos de la segunda película, y vuelve cambiada. Ahora es totalmente antropomórfica, casi exclusivamente bípeda y mucho más expresiva. Lo que es la Pantera Rosa del merchandising, vaya. Y ya ha desarrollado su afición a tomarle el pelo a Clouseau, que, por cierto, ha vuelto a cambiar de aspecto para no volver a hacerlo más de aquí en adelante. Las chanzas de la pantera y de Clouseau están perfectamente integradas con la presentación de los créditos, y es que a fin de cuentas esto sigue siendo ante nada una secuencia de créditos, cosa que entregas después empezaría a olvidárseles a sus responsables. Por lo tanto, no se hace pesada, no se alarga demasiado y no deja de ser divertida en ningún momento. The Pink Panther Theme ha sido reorquestado por Mancini para la ocasión con una calidad superior a la de la primera película, con una instrumentación más lujosa y con más presencia, y con pequeñas variantes muy suculentas (la mejor, la de la parte de las puertas). Sigue siendo la versión estándar del tema, pero aumentada y mejorada. Aquí os podéis bajar íntegros el tema original y el de El regreso para compararlos, pero no en esos cochinos altavoces de portátil que me gastáis.

La pantera rosa ataca de nuevo: Esta es la otra candidata a favorita en lo que a mí respecta. A diferencia de en El regreso, Richard Williams se esfuerza en crear algo realmente imaginativo más que en demostrar proezas de la animación, y lo consigue con creces. La calidad, creatividad y capacidad de sorpresa de los créditos de La pantera rosa llegarían a su límite aquí, en esta cuarta película (la mejor de todas). Clouseau, siguiendo a la Pantera Rosa, entra en un cine y atraviesa accidentalmente la pantalla, a lo La rosa púrpura de El Cairo. A partir de aquí, la secuencia es un festival de referencias: Batman, Sonrisas y lágrimas, King Kong, The Big Spender y una de Buster Keaton cuyo nombre se me escapa; entre otras. Aquí Mancini está grandísimo, abriendo con el tema principal de la película, versión El regreso, pero pronto, y sin previo aviso, corta para encadenar con inusitada facilidad los temas de las películas parodiadas que van apareciendo en pantalla, para finalmente cerrar el círculo volviendo a los últimos acordes de The Pink Panther Theme. Gigantesco el momento Hitchcock, porque de hecho es una sorpresa inesperada. Una pequeña obra maestra de la animación. Por cierto, es divertido comprobar cómo Herbert Lom, en su papel de Dreyfus, ha ido subiendo de categoría en los créditos con el paso de las entregas, hasta aparecer el primero tras Sellers (e incluso debería ir antes, ya que él es el absoluto protagonista).

La venganza de la pantera rosa: Comienza la decadencia, y esto es extrapolable a las películas en sí. Todo flojea en esta secuencia. La animación ya no corre a cargo de Richard Williams, sino al estudio DePatie-Frelenz, y por lo tanto baja el extraordinario nivel de las anteriores dos películas. La integración entre los créditos y la animación no queda bien resuelta, se comienza a ver ese desequilibrio que se acentuaría en futuras entregas y que arrastra una excesiva recreación en las payasadas de Clouseau y la Pantera. Resultado: el ritmo de aparición de cada crédito se ralentiza y, por lo tanto, la secuencia se hace interminable. Os daréis cuenta de que entre el Incluso Mancini baja de nivel, porque esa versión setentera Bee Gee del tema principal yo no la pondría precisamente entre mis favoritas. Siempre he agradecido el talante vanguardista de Mancini, pero esto es algo que preferiría no tener que volver a sufrir. La película en sí es recordada entre los fans por saltarse a la torera el final de la anterior, donde Dreyfus era desintegrado por su propio rayo láser destructor de países. En lugar de eso, nos encontramos a un Dreyfus supuestamente curado de su locura y recién salido del manicomio, por lo que muchos la afrontan, más que como una Pantera Rosa 5, como una cuarta parte alternativa. Es decir, que no sólo se conforma con ser el inicio de la decadencia, sino que además insinúa que la mejor entrega de la saga nunca ocurrió. Estupendo.

Tras la pista de la pantera rosa: ¿Habéis visto esta película? ¿No? Bien, pues para que os hagáis una idea de la poca vergüenza que tienen algunos: el proyecto de una sexta película de La pantera rosa quedó truncado por la muerte en 1980 de un cuarentón Peter Sellers, tras como doscientos ataques al corazón seguidos. Así que ya sabéis niños, no toméis drogas. Blake Edwards, demasiado aburguesado por culpa de una carrera en los setenta totalmente inexistente más allá de sucesivas secuelas de La pantera rosa, no vio en la muerte del protagonista absoluto de la saga un impedimento para hacer más. Así que se sacó de la manga lo que llamó con considerable poca vergüenza una “película homenaje” a Sellers, que en realidad consiste en una ristra de descartes de películas anteriores encadenados de cualquier manera (incluso se repiten escenas ya vistas) que, una vez agotados tras tres cuartos de hora de película, dan paso a un insólito giro del guión para salvar el obstáculo: la súbita desaparición en el mar de Clouseau y la investigación del caso por parte de una periodista sin nada mejor que hacer. Esto se traduce en aburridas entrevistas a personajes de otras entregas de la saga por motivos supuestamente nostálgicos, entre ellos un matusalénico David Niven, humor nefasto y un 0% de acción. Un desastre. La secuencia de créditos no le va a la zaga. Es larga, tediosa y aburrida. Uno no ve con la misma disposición un corto animado y una secuencia de créditos, así que los interludios con la Pantera y Clouseau en los que no aparece un maldito crédito que nos acerque un poco más a la película son difíciles de tragar. Animación rutinaria, chistes rutinarios, música rutinaria. Ah, y el gag de la pseudo-meada es de un mal gusto que tira de espaldas. Lo odio. Evidentemente, aquel lejano 1982 Edwards volcó todo el talento que le quedaba en Victor o Victoria y dejó que su mono tomase las riendas de este engendro.

La maldición de la pantera rosa: Cuesta creerlo, pero esta película es aún peor que la anterior. ¿Cómo se puede hacer una película peor que una compilación de retales unidos mediante escupitajos? Fácil, si los retales eran buen material. Aquí el protagonismo recae sobre un payaso al que le encargan encontrar al desaparecido Clouseau, dejando por el camino una ristra tan lamentable de gags visuales (por supuesto, el tipo éste es tan inútil y propenso al desastre como Clouseau, pero con la milésima parte de carisma) que serían más tolerables si no fuese por ese infame colofón con Roger Moore que no revelaré por respeto a los que no la hayan visto (pero antes reventé el final de una de las secuelas buenas). La secuencia de introducción es rutinaria y potencia los defectos de la anterior: si no, basta con observar la parte en la que la pantera se pelea con el superordenador de los ochenta, en la que ciertos animadores se olvidan de que si no se muestran los créditos no tiene sentido hacer una secuencia de créditos. Nótese que el tipejo que protagoniza la peli es tan condenadamente soso que los responsables de la secuencia vieron que poner a una triste chaqueta con gafas y zapatos en su lugar sería más jugoso. ¡Y acertaron! Como se puede oír por los sintetizadores a lo Giorgio Moroder, Mancini ha entrado de cabeza en los ochenta, y no con muy buena fortuna.

El hijo de la pantera rosa: La saga sólo podía ir hacia arriba una vez La maldición superó todas las expectativas siendo PEOR que Tras la pista. Menos mal que no apostamos nada, porque lo de El hijo de la pantera rosa es como para pegarle fuego a la casa de Blake Edwards (y cómo me duele decir esto). Cada vez estoy hablando más de las películas y menos de los créditos, ¿pero yo que le hago, si las secuencias son cada vez más sosas y las películas cada vez más tentadoramente nefastas? Pero hagamos un esfuerzo, dejemos de lado la execrable película (atentos: Claudia Cardinale regresa tras la primera película de la saga, pero no lo hace con su personaje de ésta, sino con el que hizo Elke Sommers en la segunda) y centrémonos en los créditos, que esta vez sí suponen una ligera remontada. Por primera vez, son éstos los que abren la película, en lugar de una secuencia introductoria, y por primera vez desde La pantera rosa ataca de nuevo nos encontramos con un estilo diferente y el fin de esa sosa fuente que ya era casi un identificativo de los créditos de la saga. Y por primera vez, los desmanes de Clouseau (Clouseau hijo, en este caso) traen por el camino de la desdicha a la pantera, y no a sí mismo, en un tono muy a lo Mortadelo y Filemón. La animación ha mejorado, jamás hasta alcanzar los niveles de Richard Williams, pero sí hasta resultar aceptable para los estándares de 1993, coloreado digital incluido. Y aunque sea un poquito, emociona ver a Henry Mancini pasar la batuta a la Pantera, poco antes de su muerte ese mismo año, dejando al cine sin una de sus figuras más creativas y geniales, si no la que más. Pasemos elegantemente por alto la surrealista versión de Bobby McFerrin del tema principal, por el bien de todos.

La pantera rosa (2006) y La pantera rosa 2: No voy a dedicar más de unas pocas palabras a estos abortos cinematográficos con Steve Martin usurpando un personaje que sin Sellers sólo Steve Carell habría podido sacar adelante con moderada dignidad. Las secuencias son grises cual profesor sustituto de religión, y las reorquestaciones del tema principal están muertas, tan muertas como Mancini, cuyo nombre se ve sustituido en las funciones de compositor por el horrible Christophe Beck. Atentos al pésimo intento de la primera de las dos secuencias de reproducir el arranque de la gloriosa intro de El regreso.

A día de hoy, no ha habido más Panteras Rosas, y por el bien de todos, mejor que sea así durante mucho tiempo. Antes de terminar por hoy, echemos un vistazo a un par de homenajes a tan legendarios créditos por parte de dos películas muy diferentes. El primero me gusta mucho y cuenta con un estupendo trabajo de animación, tan deudor de La pantera rosa como de Saul Bass; el segundo, que me recuerda al estilo de la intro de El nuevo caso, no me gusta tanto, pese a la música de los reyes del lounge, Combustible Edison.

[http://www.youtube.com/watch?v=BmEo-0zvGq0]

Y para terminar con los bonus, tenemos también los créditos finales de La pantera rosa ataca de nuevo

…el opening del Show de la Pantera Rosa

…y a los Petersellers dándolo todo.

Seeeed bueeeeeeeenos.

Una respuesta to “La Pantera Rosa, a través de sus créditos”

  1. Hempreud 25/06/2010 a 18:38 #

    a mi me gusta mas esta jojojo

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