¡Muertes X-tremas!

27 Ago

Yo era un niño muy perverso.

No es una referencia a Gabbo; es la verdad. Llevo viendo películas de forma sistemática desde que era muy pequeño, y desde que era muy pequeño desarrollé un malsano placer por la muerte ajena en el cine. Una película valía lo que valía la muerte del malo, o en su defecto, la muerte de cualquier personaje que pasara por allí. La diferencia entre una obra maestra y una mierda la marcaba el nivel de truculencia/extravagancia del destino del malo; ni que decir tiene que una ridícula amonestación tipo “y el malo acabó en la cárcel” o peor aún, “y el malo huyó de allí y no volvió a vérsele jamás” eran absolutamente inaceptables, especialmente en el segundo caso. ¿El malo huyó? Bien, ¿quién me asegura que no huyó para acabar dándose la gran vida en algún emirato árabe, rodeado de concubinas? ¿Alguien puede considerar satisfactorio un final en el que el terrible tigre que ha estado a punto de devorarte e incluso ha asesinado (o eso parece) a tu buen amigo oso huye sin más castigo que una rama ardiendo atada a la cola, que sin duda se apagará en dos minutos? ¿Es que a nadie le preocupa que la señorita Trunchbull haya encontrado trabajo como directora en otro colegio y esté torturando a los niños de un modo más cruel si cabe de lo que hacía con los compañeros de clase de Matilda? No, eso no nos incumbe. En lo que a nosotros respecta, a la señorita Trunchbull jamás se la volvió a ver por el colegio y punto.

La única no-muerte que me dejaba satisfecho, por ser el peor castigo en vida: COMER MIERDA.

De esta elocuente exposición se desprende una idea: los malos, mejor muertos. No me malinterpretéis, yo de pequeño iba siempre con los malos, hasta el punto de que una vez, en tercero de primaria, rellené la página del bloc de dibujo llamada “de mayor quiero ser…” con la palabra “nazi”, y dibujé un explícito dibujo de un soldado con el uniforme y la esvástica. Sin embargo, asumir que el malo nunca va a ganar te lleva a adoptar una filosófica postura, que podemos resumir en “bueno, si va a perder, que lo haga de la forma más grotesca y memorable posible”. Mis playmobil y legos siempre encontraban un precipicio en el clímax de sus aventuras, por el que los malos siempre acababan cayendo, golpeándose contra las paredes y aterrizando en un campo de pinchos inexplicablemente situado, derivados de las cientos de horas jugando al Prince Of Persia original de Mechner. Las defunciones “por dinosaurio” eran igualmente frecuentes, a veces incluso como complemento de la caída en los pinchos. Mis legos eran devorados, electrocutados, aplastados, despedazados y transformados en espíritus rápidamente asesinados en una inimaginable agonía del inframundo. Nunca por un disparo o una puñalada trapera, ridículas muertes que estaban bien para ñoñas películas tipo Acorralado II, pero no para mis truculentos juegos.

Todo esto no eran más que esforzados intentos de reproducir (y mejorar alargando las agonías durante horas de convulsiones) las muertes que había visto en un montón de películas. Aún hoy recuerdo la satisfacción que me producían algunos de los castigos fatales que veía en pantalla, y de los que voy a recordar algunos a continuación. Muertes X-TREMAS que me marcaron de crío y que se convirtieron en los momentos de sus respectivos VHS en los que la cinta estaba más deteriorada. En los vídeos muy largos he marcado el momento que nos interesa; y en aquellos casos en los que no he logrado encontrar la muerte en cuestión en youtube, el vídeo correspondiente se verá sustituido por un decepcionante poster de la película.

La novia de Koopa en Super Mario Bros (3:55): Aquella tía se caía en algún tipo de generador eléctrico y recibía una somanta de voltios que probablemente fue lo que después provocó que la energía de la… ehr… piedra ésa la dejara reducida a un ridículo esqueleto con los pelos de punta que por aquel entonces me impresionaba sobremanera. Alucinado frente a la pantalla, me preguntaba cómo era posible que una actriz llegase hasta el punto de dejarse matar así para que en la escena hubiese una escena tan guay. Sí, siendo muy pequeño creía que la gente moría de verdad en las películas; también creía que las películas en acción real eran dibujos animados perfectamente dibujados.

Dobson en Agárrame esos fantasmas (6:20): Patricia va a disparar a Frank Bannister en la cabeza, pero éste se escapa por un agujero del suelo. Así que Jeffrey Combs, que estaba detrás de Frank, paga el pato y le revientan la cabeza en primerísimo plano. A lo bestia. La cara de fantasma es un buen truco para no asustar demasiado a los críos con la cabeza reventada, pero a mí me habría dado igual.

Joan Cusack en La familia Addams II (3:40): Lo que más me alucinaba de que el bebé cambiase los cables de sitio y que la descarga eléctrica dejase a Joan Cusack convertida en un montón de cenizas con zapatos era que aquello parecía estar hecho a guasa. Aquella tía se había churruscado hasta la muerte y me lo contaban con coña.

El juez Doom en ¿Quién engañó a Roger Rabbit? (1:50): Ignoremos que luego se levantaba convertido en dibu. La cosa estaba en que Doom se quedaba pegado a la apisonadora y era aplastado lentamente. Los escalofriantes gritos de Christopher Lloyd siguen siendo un archivo íntegramente reproducible en mi cerebro. Y por si fuera poco, el encuadre escogido para tan magna escena permitía vislumbrar el cadáver convertido en alfombra bajo los rodillos.

Incluso Michael Bay puede hacer una película decente.

El secuaz loco de Ed Harris en La roca: Las bolitas verdes que derriten a la gente eran, en lo que a mí respectaba cuando tenía diez años, el mejor invento de la Historia del Cine, y me preguntaba por qué coño no aparecían en todas las películas del mundo. ¡Eran bolitas verdes que derretían a la gente! Causaban unos estragos impagables, y la película desperdiciaba incomprensiblemente la oportunidad de ser un festival de gente derritiéndose cada dos minutos. El premio de consolación por los largos minutos sin aterradoras descomposiciones era la escena en la que Nicolas Cage le rompía al secuaz loco de Ed Harris una de ellas en su sucia boca traidora a los Estados Unidos. Esta escena abría ante mí un universo de escalofriantes posibilidades. ¿Qué serían capaces de hacer las bolitas contigo si te las comes? Lástima que la cámara sólo nos muestra el principio de la agonía del tío, vomitando un géiser de ácido antes de morir.

Hopper en Bichos (7:35): A ver, no es que el pájaro se comiese a Hopper. Es que se lo llevaba a sus crías para que lo despedazaran. Increíble ver a Hopper gritando y suplicando penosamente antes de caer en la boca de uno de ellos.

La tipeja rapada de El secreto de la pirámide (5:05): Un caso parecido al de La roca. Ya sabíamos que los dardos podían hacerte ver terribles visiones si te los disparaban al brazo o al cuello. Pero ¿qué demonios pasaría si te los clavan en el fondo de la garganta? Eso es lo que le pasa a la tipeja rapada del templo: va a usar su cerbatana contra Sherlock Holmes, pero éste es más rápido y sopla por el otro extremo… Lástima que no podamos observar tranquilamente los efectos, pues la tía empieza a gritar y a correr como una loca hasta caer en una pira de fuego. Esta escena, por cierto, tiene homenaje en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.

El Emperador en El retorno del jedi: Tengo que reconocerlo. Aunque me gustaba muchísimo El retorno del jedi cuando tenía cinco años, la parte de Luke en la Estrella de la Muerte me aburría. Sólo cuando Palpatine se cansaba de hablar y comenzaba a torturarle con sus rayos me preparaba, porque lo bueno estaba a punto de llegar. Primer plano de Vader. Entonces se gira y sale del plano. Ya está. El emperador es levantado y arrojado al generador de energía de la estación. Un infrahumano alarido del emperador (luego descubrimos en la edición especial de El imperio contraataca que cuando Luke cae desde gran altura grita exactamente igual), reducido a una patética masa pataleante, y una explosión. Luego el Universo Expandido se encargó de fastidiármela al explicar que en realidad no había muerto. Bah.

Gennaro en Parque jurásico: Qusiera decir que la de Gennaro no es ni mucho menos la única muerte guay de la saga, pues en El mundo perdido Eddie era mordido por dos Tyrannosaurus Rex y partido en dos de cuajo. Pero es que Gennaro es mucho Gennaro, y además su muerte es la única que se muestra sin tapujos en toda la primera película. Devorado en un váter desmantelado. Maravilloso.

Donovan en Indiana Jones y la última cruzada: Los nazis derretidos del Arca tal vez den más miedo, y que Mola Ram se golpease diez veces contra la pared del acantilado antes de ser devorado por cocodrilos era algo inconcebiblemente truculento y guay para mi impresionable mente de cinco años, pero claro, La última cruzada fue la primera que vi, y fue la que más me impresionó. Donovan envejece en diez segundos hasta pudrirse, y aunque tenía que taparme medianamente los ojos con las manos, me encantaba ponerlo una y otra vez. Una de tantas muertes memorables en la saga de Indy, como el pobre diablo sacrificado a Kali, el nazi musculoso cortado a lonchas por la hélice de la avioneta o el porrazo que se pega Vogel con el tanque en el fondo del precipicio (ponedlo en pausa: hasta en el VHS se ve a Vogel aplastado por el tanque cuando éste llega al fondo y empieza a rodar),

Quint en Tiburón: El tiburón se ha vuelto loco pese a ser de plástico y ha saltado encima del barquito de pesca, provocando que éste comience a escorar y que todo lo que hay sobre la cubierta se deslice hacia la boca del gigantesco (y aún hoy bastante temible, la verdad) escualo de pega. Incluido Quint. Aún se me pone la carne de gallina al ver cómo el tiburón muerde a Robert Shaw en mitad del torso y éste empieza a sangrar por la boca profusamente. Y desaparece en el mar, arrastrado por los dientes de la bestia. Si cuando tenía ocho años tal vez me aburría un poco viendo la peli (en la Primera, siempre en la Primera), la promesa de esta truculenta muerte me animaba a quedarme frente al televisor. Hoy lo agradezco.

¿Drew Struzan no quiere hacerme a mí un póster y se ofrece para ESTO?

Risco en Los picapiedra: Terrible final el de Risco. Sin duda debió arrepentirse de haber dejado el FBI y el caso del asesinato de Laura Palmer para servir de empresario en la cantera de Piedradura, cuando una masa de cemento le cae encima y lo convierte en una estatua del gusto del señor Rajuela. Tal vez su final no sea para tanto (no hay sangre ni desmembramientos), pero la terrible evidencia de que Risco seguiría vivo bajo el cemento, consciente de que su final era cuestión de segundos hasta que la masa le penetrase en los pulmones y lo asesinase lentamente, me hacía removerme de horror/placer en el sofá.

El capitán Love y Don Rafael en La máscara del Zorro (6:40): Una de mis favoritas, por desproporcionada. Un vagón enorme, cargado de lingotes de oro, se dirige sin control y a toda velocidad hacia el final de una elevada estructura de madera, arrastrando consigo al anteriormente elegante y solemne Don Rafael, que ahora grita como un loco. En su monumental caída, el vagón aplasta tanto al pobre Don Rafael como al capitán Love, que por si no estuviese bastante agonizante con el florete clavado en el pecho, se ve condenado a ver cómo la colosal masa de madera y oro se precipita sobre él, prometiéndole la más brutal de las muertes. Hurra.

Jon Voight en Anaconda (6:00): La sutil ambigüedad del personaje de Jon Voight se revela como pura maldad cuando trata de asesinar a todos los demás miembros de la expedición por razones que sólo él alcanza a comprender (ni los guionistas lo sabían). Su racha de one-liners lapidarios termina de forma brusca cuando la saltarina anaconda digital, entre rugidos de dinosaurio, se lanza hacia él, le levanta en el aire y le envuelve y estruja en una sinfonía de crujir de huesos. En un desconcertante plano subjetivo de la garganta del reptil, vemos al saco de patatas que hace las veces de stunt double de Voight ser tragado sin más. Ahora debería pasar a otra muerte atroz, de no ser porque poco después de tragárselo, la serpiente da señas de no haberle sentado bien comerse al señor padre de Angelina Jolie, así que lo vomita a medio digerir. Increíblemente, el putrefacto cadáver mira a Jennifer Lopez y le guiña el ojo. Sí, los óscar del 97 fueron sumamente injustos.

Tommy Lee Jones en Alerta Máxima (7:20): [Para esta muerte cedo la palabra a SkullBoarder.] Cuando nuestro querido Steven Seagal se enfrenta al como siempre histriónico Tommy Lee Jones, este no es capaz ni siquiera de hacerle algo más que unos cortes en el traje. Pero cuando el cocinero ataca, pretenderá subir el listón tras matar a un pobre secuaz arrancándole la traquea de un tirón. Así­ que, echando mano de una imaginación sin precedentes, prepara la muerte en tres pasos: Le saca un ojo incrustandole su dedo pulgar en él, Le clava un cuchillo militar de 30 centí­metros en el centro del cráneo y, finalmente, agarra su maltrecho cadaver e incrusta su cabeza en uno de los monitores de la sala de control para el regocijo de los espectadores que ven como los restos del malo se sacuden en un mar de espasmos eléctricos. Luego todo son chispas y diversión.

Jafar en El retorno de Jafar: Justicia poética. El final de Aladdin me llevó casi a odiar la película. Jafar era demasiado malvado, había intentado matar a demasiada gente como para acabar… encerrado en una lámpara, con las quejas de Iago como mayor tormento. Yo le podría haber explicado un par de cosas a aquellos guionistas de pacotilla. El retorno de Jafar redime a la saga con ese final por todo lo alto. Justo cuando todo parece perdido, el agonizante Iago da una patada a la lámpara de Jafar, ésta cae en la lava y empieza a derretirse. Jafar, el Jafar-genio rojo gigantesco ultramusculado (muchísimo más que en su aparición final de Aladdin), grita, se desgañita de dolor mientras sufre una espantosa muerte eléctrica, todo ello acompañado de una estupenda pieza musical fusilada de la banda sonora de la primera Aladdin. Un paréntesis de genialidad en una barata secuela directa a vídeo.

Más tarde fui descubriendo más y más películas, y más y más muertes. Sé que si las hubiese visto de crío habría alucinado con ellas.

El líder de los terroristas de Mentiras arriesgadas: Schwarzenegger, subido a un caza, aprovecha que el malvado terrorista estereotipado que mata en nombre de Alá no ha escogido mejor lugar para sujetarse que el misil con el que viene equipado el avión. Así pues, con una genial frase (sobre todo en versión original), “You’re fired”, Chuache, ni corto ni perezoso, oprime el botón de lanzamiento y el misil, con terrorista y todo, se precipita hacia el helicóptero de sus malvados secuaces, dando como resultado una explosión de proporciones homéricas.

El chino de Golpe en la pequeña china: Dentro de una película de por sí delirante, el momento del chino explosivo es ya el acabose. No hay explicación aparente. El hombre se disgusta de tal modo al ver a su jefe muerto que reacciona como todos reaccionaríamos en una situación así. Empezaríamos a respirar cada vez más fuerte, furiosos, y luego nos hincharíamos como un globo hasta explotar.

Anne Ramsey en Amiga mortal: Un foro de doblaje puede abrirte las puertas a las cosas más inesperadas. Gracias a uno de los entrañables sujetos que por allí pululan, llamémosle Delage, y su avatar animado en un bucle constante, pude disfrutar de, así, de golpe, una de las mejores muertes jamás filmadas en una película. Kristy Swanson, alias la tía-robot, lanza una pelota de baloncesto a la cabeza de Anne Ramsey, cuyos gritos demuestran que, al contrario de los espectadores, tenía claro que la pelota iba a reventarle la cabeza sí o sí (y desaparecer misteriosamente).

El mano derecha de Clarence en Robocop: Absolutamente alucinante es su degradación física tras recibir un baño de resíduos tóxicos. Se derrite de un modo repulsivo (“a…ayúdame…”) y cuando el coche de Clarence le atropella, se desintegra en un charco verde.

La puta de Robocop 2 (2:10): El mayor criminal de Nueva Detroit ha muerto y su cerebro ha sido introducido en un feísimo robot heredero del ED, en una operación análoga a la que sufrió el agente Murphy en su día. El caso es que la puta personal del niño mafioso que ahora controla la droga de Nueva Detroit está enamorada del espíritu que mora dentro del armatoste robótico. Con tiernas palabras se le acerca, e incluso se pone melosa con la horrorosa cara del paleozoico digital que aparece en la pantalla. Y cuando parece que vamos a presenciar un polvo digno de Engendro mecáncio, al droide se le forma repentinamente una cara cabreada donde antes tenía la pantalla y, por obra y gracia del stop-motion, agarra a la puta del cuello, la levanta, se lo parte con un sonoro crujido y la tira por ahí. Todo en un segundo.

No encontré el vídeo, pero sí la foto.

Ronny Cox en Desafío total: El pobre malo de Robocop sufre un destino más agónico en Desafío total cuando cae a la superficie de Marte y se hincha hasta que se le salen los ojos, las encías y la lengua. Y explota, aunque esa parte Verhoeven nos la ahorra.

¡Se presenta el soldado Johnny Rico!

El general chiflado en Starship Troopers: Dentro de una película que es un continuo exceso, impresionante momento éste en el que los marines latinos de la Tierra llegan a un cuartel general devastado en el desierto de Klendathu y encuentran al que una vez fuera en general al mando convertido en una masa llorica escondida en un armario. El pobre hombre está enajenado, y ante la llegada de los arácnidos entra en estado de histeria, estado del que sólo logra salir cuando un insecto gigante volador es derribado a disparos y éste arrasa al pobre diablo brutalmente en su aterrizaje. Dejemos de una vez a Verhoeven (y secuelas de) a un lado y pasemos a otra cosa.

Andy Serkis en King Kong: No me refiero a su muerte en calidad de gorila digital. Me refiero a su muerte en calidad de sarnoso cocinero del barco. En la mejor escena de una película larga, tediosa e insoportable, la cuadrilla de aventureros cae al fondo de un precipicio donde la vegetación y la fauna se han desarrollado como si fueran el fruto de una pesadilla. Los insectos extraños y enormes atacan a los pobres tipos, pero el que se lleva la peor parte es Andy Serkis, que lucha en vano contra unas tenias gigantes que empiezan tragando sus brazos y piernas y cubriendo lentamente todo su cuerpo, hasta que una cubre su cabeza suavemente, como una manta.

Por supuesto que hay muchas más muertes gloriosas que recuerdo con cariño, pero creo que ya está bien por ahora. Entreteneos recordando vuestras muertes favoritas, y preguntaros por qué quedaba tan poco claro lo que le pasaba a Garfio al final de Hook (¿se lo comía… un cocodrilo disecado?), o por qué Sebulba salía indemne de tan impresionante accidente de podracer.

17 comentarios to “¡Muertes X-tremas!”

  1. Alejandro Candela Rodríguez 27/08/2010 a 16:00 #

    Miguel Roselló y su alarmante gusto por las electrocuciones XD Gran post, lo reservaré para los días que esté cabreado y desee ver gente sufrir.

    Me he acordado de la no-ejecución de Snake en Los Simpson, cuando está en la silla eléctrica solar.

  2. L. Norton 27/08/2010 a 17:39 #

    La muerte del chino es de lo mejorcito, sin duda.

    A mi de pequeña me dejaba flipada ésta (3:35):

    Escalofriante…

    • Miguel Roselló 27/08/2010 a 19:02 #

      Sí señorita, una muerte muy truculenta para los estándares del Disney de la época. Antes de esa sólo se me ocurre una comparable, la del Rey del Mal en TARON Y EL CALDERO, francamente agónica.

  3. Señor E 27/08/2010 a 20:16 #

    De verdad, siempre me han gustado las muertes de los malos y no que esos estúpidos y arrogantes villanos se salieran con la suya como dijo Guy Pearce en L.A. Confidential. Lo que hubiera dado por ver una muerte horrorosa para Thora Birch en The Hole.

    Fíjate que la muerte de Gennaro no me daba miedo de peque ni la de Eddie pero si me daba más miedo el dichoso Dilophosaurus. Cosas mías.

    Y una no-muerte (porque ya están muertos) que me gusta es de la misma AGÁRRAME ESOS FANTASMAS. Los dos asesinos ya muertos suben hacia el Cielo y Frank Bannister llega. Los dos asesinos se burlan y de repente el túnel se vuelve rojo y una especie de gusanos empiezan como a atravesarlos. Y dicen que los fantasmas no sienten dolor físico, toma esa puta Kayako Saeki. Bueno y después de eso el túnel rojo se transforma en un enorme gusano gigante que se los lleva al Infierno.

    Y doy mi opinión sobre la muerte de Hopper que si me sobrecogió algo. Si, la madre pájaro se lo lleva al nido para dárselo a sus polluelitos. Lo mejor de todo es que son polluelitos adorables amarillos de esos que si los ve una chica diría: Oooooh que cuquitos. ^o^ Pero en esa escena por muy cuquitos que sean se comen a un asustadísimo saltamontes que grita desesperado como si eso fuera una incineradora o la máquina donde acabó Buscemi en Fargo. Eso sin duda es una muerte muy dolorosa e irónica. Mejor aún, eso es en mi opinión humor muy negro.

    Deseo el día en el que Chucky, el cabrón que atormentó mi infancia, se merezca el juicio que nunca tuvo como dijo Sam Rockwell en Frost contra Nixon, una muerte como la de Hopper, la de Belloq o la de Jafar. Una profunda y horrible muerte para ver si un mierda de psicópata sabe sufrir como lo hicieron sus víctimas.

    Uff y disculpa haber soltado parrafadas con demasiados tacos pero es que cuando me pongo a criticar algo soy muy feroz, y más cuando los malos se salen con la suya. Soy como James Reston o Edmund Exley.

    • Miguel Roselló 27/08/2010 a 23:06 #

      ¡Maldición, olvidé la de Buscemi en FARGO! Me encanta. Esta tarde me acordé de alguna más, pero ya se me han olvidado…

      ¿Y quien ha dicho que estas muertes estuvieran aquí porque me daban miedo? Jeje.

      • Señor E 28/08/2010 a 0:31 #

        No, no. Lo de los miedos es cosa mía.

  4. SkullBoarder 28/08/2010 a 14:41 #

    Sencillamente, me ENCANTA el post, jajajaja, confieso que mientras leía iba pensando en muertes tremendas y al final las has sacado todas. Añadiría la del perro de El Gran Halcón, que también relaté en el foro. En realidad no es una muerte memorable, pero coincidirás conmigo en que es una parodia en si misma de las muertes extremas de malos. Puede que también la muerte de Audrey II de La Pequeña Tienda de los Horrores. No es que sea muy muy muy extrema, pero si que tiene un tremendo encanto verla electrocutándose, tanto ella como las pequeñas Audrey, y al final exclama, con la boca llena de relampagos, unas últimas palabras que de tan simples que son, son geniales: “¡Oh! ¡MIERDA!”.

    Por cierto, es todo un honor que me nombres y me cites textualmente. ^^

    • Miguel Roselló 28/08/2010 a 14:50 #

      Es que la tuya fue una aportación enorme que de otro modo se me habría pasado. Iba a poner la del perro de la de Willis, pero al no recordarla demasiado bien preferí dejarla fuera y no hacer trampas respecto a mis recuerdos. Pero la de Audrey II la habría incluido SIN DUDARLO si me hubiese acordado. Habrá secuela del tema, supongo.

      Atento (en realidad atentos todos) a esto: http://www.youtube.com/watch?v=j19sdBO8Ys8

  5. Delage 28/08/2010 a 17:17 #

    Honrado me siento de que me cites, Sr. Roselló. Curiosamente, a mi lo que más me impactó de la muerte de Anne Ramsey no fue el balonazo, sino el misterioso bulto móvil de su cadera izquierda cuando ya está descabezada. Eso, y el que tuviera las mejores piernas que he visto en una abuela xD.

    En fin, gran post, había muchas muertes que no conocía o que tenía olvidadas. Yo añadiría cualquiera de las muertes de La historia de Ricky, pero especialmente aquella en la que el malo intenta ahogarle con los intestinos despues de hacerse el harakiri. Colosal. http://www.youtube.com/watch?v=8vMKN1tYknE

    O esta otra, donde la asesina es de nuevo Kristy Swanson, ahorcando a su madre con el velo de su vestido de novia a ritmo de “cómete la galleta”: http://www.youtube.com/watch?v=JpeuOeMQ4XI&feature=related

    • Miguel Roselló 28/08/2010 a 18:00 #

      Madre santa, la de RICKY es instantáneamente legendaria (no suelo usar esta palabra, pero un día es un día). Te voy a adjuntar.

      El bulto de Anne Ramsey es claramente una larva alien mal parida. Sólo así se explican las convulsiones de la desdichada una vez muerta.

      (Tu comentario ha necesitado nada menos que mi aprobación personal como director ejecutivo de esta empresa, será cosa de los links.)

  6. Jose 29/08/2010 a 13:37 #

    No sé por qué, acabo de recordar la muerte de Apollo Creed en Rocky IV a manos de Ivan Drago. No es que sea una muerte memorable, pero me hace gracia como el ruso le suelta a Rocky, con toda la frialdad de que es capaz, eso de “Muerto. Está muerto”, tras un combate ridículo en el que se limita a dejar al americano bailar un rato antes de matarle en un ataque en que parece costarle tanto como hacer una pelota con un folio. No he encontrado un vídeo decente (todos con el audio bastante malo). Mención a parte sobre esa película merece el patético discurso que da Rocky cuando al final vence a Drago en Rusia, dirigiéndose al público más chaquetero de la historia del cine “Cuando ha empezado el combate, yo no os gustaba, y vosotros no me gustábais a mí tampoco…”.

    • Miguel Roselló 29/08/2010 a 16:10 #

      ROCKY 4, la mayor muestra de cine reaganiano-paranoico-anticommie que dio la década de las medias de rejilla. Ni las secuelas de RAMBO son tan ultrarrepublicanas.

  7. Señor E 30/08/2010 a 21:04 #

    Ostras, ahora me acuerdo de un par de muertes más pero de pelis recientes.

    La de Dovchenko en Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal.
    La del niño al principio de Arrástrame al Infierno.
    La de los dos niños en Mimic.

    Y otras cuantas de las secuelas de Jurassic Park: las de Dieter Stark y Carter el sudamericano en El Mundo Perdido, y la del pobre Michael Jeter en Jurassic Park III.

    Por si acaso sirven en una secuela de muertes X-TREMAS.

  8. L'Ange de Montparnasse 16/09/2010 a 17:39 #

    La muerte de Johnny Depp en Elm Treet. Mítico el cráter de sangre…

  9. calick 04/01/2012 a 20:15 #

    Todas las de Starship Troopers son extremas, pero sin duda me quedo con el momento en que el “insecto cerebro” le succiona las meninges al piloto xDDD

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