Otra entrada sobre Los Simpson

6 Nov

Aquella entrada sobre las temporadas 10 y 11 de Los Simpson que escribí hace tiempo me quedo un poco sosa, y evidentemente daba para mucho más. El tema de la evolución de Los Simpson (no sólo su decadencia) es francamente apasionante, y mucho más complejo que la simplista separación entre “los buenos” y “los malos”. Más allá del socorrido “de la temporada 1 a la 10, serie buena; de la 11 en adelante, basura” hay más, y si estudiamos la línea evolutiva de Los Simpson se pueden descubrir significativas diferencias entre un periodo de la serie y otro. Tratar de delimitar una línea evolutiva en el engendro en el que se convirtió la serie de la temporada 11 en adelante (la 20 y la 21 han dejado el pavo atrás y han recuperado cierto interés otoñal) no nos daría más que dolores de cabeza. Sin embargo, estudiar los cambios en la primera mitad de la serie es fascinante. Yo tomaría tres puntos clave en la evolución de la serie, en forma de tres temporadas diferentes, siendo las demás eslabones intermedios, aunque con entidad propia. Estas tres temporadas serían la segunda, la cuarta y la octava.

Tras una balbuceante primera temporada, esta serie en busca de su identidad entró en un segundo bloque de episodios que perfiló aspectos que ya se intuían previamente. La segunda temporada fue una continua prueba ética para la familia Simpson, puesta episodio tras episodio, de forma individual o colectiva, entre la espada y la pared. Es cierto que en futuros episodios los Simpson tuvieron que enfrentarse en más de una ocasión a cuestiones de índole ética que les pusieron a prueba, pero nunca de forma tan persistente. Éste fue el primer foco de interés definido de Matt Groening  y su equipo a la hora de abordar su serie. El resultado fue una tanda de episodios de guión de hierro, como pocas veces se ha visto en temporadas futuras, en las que el humor queda relegado a un papel complementario pero necesario, a tenor de la teórica gravedad de algunas de las tramas, como Bart en el día de Acción de Gracias o el del seminario para matrimonios del lago Siluro (cuando el episodio sea difícil de identificar por su título, como éste La guerra de los Simpson, mejor los nombraré en plan Friends). En lo que se refiere a los “guiones de hierro”, basta con ver episodios como el de cuando Bart dona sangre al señor Burns (Sangrienta enemistad), en el que los acontecimientos y los giros fluyen con una contundencia pasmosa a partir de una premisa tan familiar y picapiedresca como “el empleado hace algo por su jefe pero se ofusca al no recibir nada a cambio”, viéndose los personajes obligados a tomar decisiones y a reflexionar (incluso a Smithers, en uno de sus mejores momentos de la serie) y desembocando en un final, en palabras de Marge, “qué-más-da”, tan ambiguo y carente de moraleja como la vida misma. No es mi episodio favorito, pero sin duda creo que cuenta con el mejor de los cuatrocientos cincuenta guiones que ha parido la serie y que se yergue como la primera de las muchas obras maestras de veinte minutos que ésta nos ha dado.

Mejor que el pezón de Sabrina.

No es el único episodio que ejemplifica las líneas maestras de la temporada. El primero de los veintidós capítulos que la componen, Bart en suspenso, contiene una gran frase de Lisa que me ahorra cantidad de explicaciones. Bart, desesperado por evitar el examen del día siguiente, reza a Dios para que haga algo para concederle un día más de estudio. A la mañana siguiente ha nevado tanto que el colegio está cerrado, y, qué sorpresa, con tanta nieve y posibilidades de diversión Bart no parece tener muchas intenciones de ponerse a estudiar. Entonces aparece Lisa: “Anoche te oí rezar… No estoy seguro de qué o quién es Dios, pero sé que es más poderoso que mamá y papá juntos y que ahora tú le debes cantidad”. Rasca, Pica y Marge pone a Marge en la difícil situación de sopesar la legitimidad de sus ataques contra Rasca y Pica tras darse cuenta de que ella misma ve injustificadas las protestas contra el desnudo del David de Miguel Ángel. Introspección, perspectiva y humildad. Un coche atropella a Bart es un título engañoso que parece dar más importancia al detonante que a la que es la verdadera cuestión principal: ¿qué precio tiene el matrimonio de Homer y Marge? No recuerdo un momento tan grave entre la pareja que esa confesión llena de miedo de Homer, que ni se atreve a mirar a su esposa a los ojos: “no estoy seguro de seguir queriéndote”. Marge, más movida por la moral que por su ética personal, se convierte en un obstáculo en el camino hacia el adiós a los problemas financieros de la familia, y Homer se ha dado de bruces contra un muro emocional al comprender que la mujer a la que ama acaba de hacer su vida más dura en lugar de más llevadera. Y ya sin mi ayuda, no olvidéis otros episodios de la temporada como el de la televisión por cable robada (el primer enfrentamiento ideológico entre Lisa y Homer), el del profesor Bergstrom y el de Guiñitos.

El segundo punto culminante de la serie es la cuarta temporada, cuando la serie completó un periodo de su evolución antes de embarcarse en otro. A lo largo de la tercera temporada, la profundidad psicológica y ética de la segunda (presente aún en La familia va a Washington o El pony de Lisa) se vio paulatinamente supeditada a un humor cada vez más presente y marcado (Homer Bateador, Burns vende la central), lo cual cristalizaría en la temporada más desenfrenada y puramente humorística de la serie. Muchos de los episodios de este temporada son una ametralladora de chistes en el que ni uno solo tiene desperdicio, prodigios humorísticos sin parangón. Aquí es obligatoria la mención del episodio de la huelga en la Central Nuclear (y el aparato de Lisa, MUY IMPORTANTE), en el que los personajes están en estado de gracia y las situaciones descacharrantes se suceden a una velocidad vertiginosa. Hablamos de un episodio en el que gracias única y exclusivamente al nivel del humor, todo funciona perfectamente. Un episodio sin una sola flaqueza. El Episodio Perfecto. Por otro lado, el del bypass de Homer podría ser el episodio con el récord de más chistes por minuto de toda la serie. Desde el minuto 1, con el hilarante Bad Cops, Bad Cops! el episodio avanza triunfando en cada una de sus frases jocosas y momentos divertidos. Yo llego a llorar de risa con este episodio. Dejemos el recordatorio de chistes para el fan medio de la serie, ése cuya percepción de lo que es una conversación interesante sobre Los Simpson consiste en repetir una y otra vez “seguro dental, Lisa necesita un aparato” o “el aliento de mi gato huele a comida de gato”. A fin de cuentas, si estáis leyendo esto significa que podéis recitar de memoria todos los chistes del episodio y no necesitáis un cansino recordatorio; y si no podéis, ya sabéis donde está la puerta.

No por divertida deja ésta etapa de la serie de ser igualmente certera en su descripción de los conflictos. La cuarta podría muy bien ser la temporada más frívola de la etapa clásica, pero eso no implica necesariamente un distanciamiento de cuestiones graves. Pese a la abismal diferencia en el tratamiento del tema (lo cual es más que esclarecedor sobre el tono de la temporada), el ya nombrado episodio del bypass podría ser muy bien el reverso absurdo de aquél del pez fugu de la segunda, al estar ambos centrados en la amenaza de la muerte inminente de Homer. No obstante, ahí está la genial contradicción del episodio, al ser uno de los más divertidos de toda la serie. Esta tónica continuó en mayor o menor medida durante las siguientes tres temporadas, siendo la quinta muy similar a la cuarta, siendo la séptima ya mucho más cercana a lo que representa la octava y estando la sexta en un punto intermedio. En la quinta se observa otro gran ejemplo en la evolución humorística de los episodios, concretamente en aquél en el que Mindy, recién contratada por la central nuclear, le tira los tejos a Homer. Volvemos al tema de la posibilidad de que Homer engañe a Marge con una mujer más atractiva, que se nos presentó por primera vez en Coronel Homer, con la inolvidable Lurleen. Pero mientras el de la tercera temporada era un episodio emocionalmente intenso como pocos se han visto (aparte del único escrito por Groening), el de la quinta es un carrusel de humor como otros tantos de la época. Es una sencilla evolución en la forma de abordar los temas.

Para celebrar el 20 aniversario de la serie, lanzaremos cinco sellos con cada miembro de la familia en su estado más representativo. Ergo, Homer saldrá gritando como un psicópata.

La sexta y la séptima temporada, ambas de transición, exploran los lazos familiares de los personajes y comienza a cargar las tintas en la sátira social más agresiva. Aquí se encuadra uno de los episodios más certeramente críticos de la serie, una de mis joyas de la corona, Homer hombre malo, o como vosotros lo conocéis, el de la Venus de gominola. No he visto tan brutal y a la vez acertada crítica a la manipulación mediática en mi vida, y dudo que lo haga algún día. Humorísticamente, este episodio es sintomático de la etapa de transición en la que se encuentra. Los chistes se están refinando para servir, como ocurría en la segunda temporada, a las intenciones cada vez más ambiciosas de los episodios. La diferencia radica en que esta vez el humor no queda relegado a un segundo plano, sino que pese a actuar de apoyo, sigue siendo un fin en sí mismo. La séptima temporada oscila entre la sátira (la peli de Radioactivo Man, el de la demanda de plagio contra Rasca y Pica) y la emotividad (la madre de Homer, la orden de alejamiento entre Homer y Marge y los niños), amén de episodios altamente reflexivos (Lisa la vegetariana, un episodio absolutamente necesario hoy día, cuando es habitual en la sociedad demonizar a una de dos facciones enfrentadas). Una temporada riquísima y polivalente que serviría de preludio a lo que sería la etapa de madurez y refinamiento total de la serie: la octava temporada.

En la octava temporada se dan cita todas las virtudes que hasta el momento había cultivado la serie: el humor, la sátira, la indagación en la psicológica de los personajes, la parodia y la banalidad. A todo esto hay que sumar una cualidad inédita que ya comenzaba a vislumbrarse en la anterior temporada: la autorreflexión. La serie, por primera vez, da muestras integradas en la trama de los propios episodios de introspección, de consciencia de su importancia en el plano televisivo. Hago hincapié en lo de “integradas” para diferenciar este aspecto de episodios especiales como aquel Espectacular Nº 138 en el que Troy McClure rompía la cuarta pared para presentar una antología de momentos memorables de la serie. Un episodio como Rasca, Pica y Poochie multiplica su calidad por diez cuando observamos que la integración de un nuevo personaje en la serie del gato y el ratón para mantenerla fresca tras tantos años no es más que un acto de introspección por parte del equipo de Los Simpson, no casualmente a través del episodio que la convirtió en la serie animada más longeva de cuantas se han realizado. El episodio de Poochie está lleno de guiños a la larga vida de la serie y a su futuro, así como a la persistencia de su statu quo (irónicamente en la temporada en la que empezaron a darse cambios permanentes en los personajes), y como cualquier espectador con dos dedos de frente podría intuir, el equipo de guionistas que trabaja para Roger Meyers no es más que la versión caricaturizada del equipo de guionistas de Los Simpson.

La octava temporada es la que aprovechó mejor el potencial de la parodia. En este bloque hay un número inusitado de capítulos basados de forma explícita en películas y series, desde el de Mulder y Scully (que todos odiaríamos si fuese de una temporada nueva, pero como no lo es, nos encanta) hasta el de Hank Scorpio, un capítulo a lo Bond que es de obligatorio top 10. Shary Bobbins también es de esta temporada. Y por favor, no nos olvidemos de que por fin se dio a Bob lo que pedía a gritos desde el principio de la serie: un episodio-parodia de Frasier. Ya sabéis todos, enchufaros las once temporadas de Frasier y cuando bajéis del cielo os ponéis de nuevo este capítulo y a disfrutar de las versiones psicopáticas y amarillas de Frasier y Niles.

Grandes capítulos de esta temporada habrían sido fracasos totales en nuevas temporadas, por el mero hecho de que parten de premisas más bien inverosímiles. Pero el talento del equipo supo sacar una descacharrante parodia de la Ley Seca del capítulo del Barón de la Birra, y una interesantísima disección del statu quo de la familia y de la serie a partir de una parodia de Mary Poppins a priori fuera de lugar. Ya en la siguiente temporada, la novena, la cosa empieza a flaquear. Los episodios no son necesariamente peores (aunque aparecen los primeros puntos negros aislados), pero la elegancia que alcanzó el humor en la octava temporada evolucionó, coherente pero desafortunadamente, hacia algo cercano a la invisibilidad en la novena. Episodios que deberían ser enormes como el del esqueleto de ángel o el de los genes Simpson se quedan a las puertas del éxito absoluto porque el humor aparece demasiado soterrado. Pocas risas para unos episodios que no por complejos habrían dejado de arrancar un buen puñado de buenas carcajadas en el pasado.

La décima supone el salto del tiburón de la serie. La cosa aún se pondría peor en el futuro, y hay que decir que esta temporada aún contiene un par de episodios inconmensurables; pero la saturación de estrellas invitadas (más de cuarenta en un bloque de veintipocos episodios), los primeros coletazos visibles del Homer histriónico y las tramas pasadas de rosca son una losa demasiado pesada como para ignorarla. Pero qué voy a contaros que no os haya dicho ya aquí. Entre las temporadas 11 y 20 (nueve años, que se dice pronto) la serie se mantiene en el mismo nivel bajo, con ligeras subidas hacia lo mediocre y bajadas hacia lo peor imaginable. Y ya en la 20, por motivos que no logro descifrar, Los Simpson levantan un ligerísimo vuelo que dura hasta hoy, en el que no hay lugar para el entusiasmo de los buenos tiempos pero tampoco para la vergüenza ajena. Excepciones siempre hay, y al igual que la etapa clásica contiene unos pocos episodios que pinchan inexplicablemente, la etapa decadente cuenta con pequeños chispazos de inspiración. Estos son los episodios clásicos que no me gustan demasiado, dejando fuera la primera por ser iniciática y la décima y decimoprimera por estar a caballo entre ambas etapas:

Homer el bailón (T2): Por su tono gris que por experimental que quiera ser resulta impropio de la serie. La idea de que la historia esté narrada por un melancólico Homer en la taberna de Moe tampoco me convence en absoluto.

Cuando Flanders fracasó (T3): Por una actitud demasiado malintencionada por parte de Homer, que realmente disfruta (y no con la inocente ignorancia de otros casos) con la miseria de Flanders una vez su Zurditorium fracasa.

Yo amo a Lisa (T4): Por descaracterizar a Ralph hasta límites insospechados, y enamorarlo de Lisa una forma impropia de él. Aunque cabe recordar que en esta capítulo fue cuando a los guionistas se les ocurrió la genialidad de hacer de Wiggum y Ralph padre e hijo (y aquel tipo que alguna vez vimos de fondo y parecía una versión adulta de Ralph desaparece para siempre).

Marge encadenada (T4): Por un guión muy flojo, al estilo de las nuevas temporadas. A lleva a B y B lleva a C, tomándose demasiado tiempo para ambas cosas y de una forma muy traída por los pelos, dejando una sensación de que no se ha ahondado en nada.

Otro refrito de Los Simpson (T6): Porque hasta los episodios recopilatorios se pueden hacer muy bien o muy mal, y éste es de los segundos. El hilo conductor muy flojo (el romanticismo), pero especialmente choca que el episodio en sí (no los clips de episodios anteriores) esté compuesto de pedazos usados aleatorios de la familia en el sofá o en la cocina, con los diálogos cambiados y las inevitables incoherencias en el aspecto de la familia de un plano a otro (ahora parecen de la segunda temporada, ahora de la quinta…).

Huracán Neddy (T8): Por hacer que un buen punto de partida, explorar la psicología de Ned, se convirtiese en una cosa bastante pasada de rosca desde el momento en el que Flanders decide ingresar en un hospital psiquiátrico. Mención especial para Homer, bastante insoportable por momentos.

Mi hermana, mi canguro (T8): Por írsele la mano con el Bart desobediente hasta extremos incómodos, al menos para mí.

El director y el pillo (T9): Es el episodio de Armin Tanzariam. Sobran las explicaciones.

Las dos señoras Nahasaapemapetilan (T9): Por ser uno de los episodios más vergonzosamente sitcómicos de la serie, con ese argumento de “fingir que Apu vive aquí y que está casado con Marge mientras su madre de está de visita”. Sin contar con los primeros y molestos síntomas de que Homer y Marge meten las narices en asuntos en los que no pintan nada.

Y estos son los postclásicos (de la doce en adelante) que me gustan, o al menos me agradan más que la media:

Marge Agridulce (T13): Porque la absurda trama de la prohibición de azúcar está llevada con muchísimo humor, e incluso da lugar a un desenlace genial en el puerto de Springfield.

Historias del dominio público (T13): Porque de entre los episodios de tres historias no-Halloweenescas, cada vez más habituales, éste (con sus segmentos dedicados a Juana de Arco, Ulises y Hamlet) supera con mucho a la media habitual, mirándose cara a cara con uno tan genial como el de las historias bíblicas.

Estoy verde de rabia (T13): Por ser un auténtico homenaje al mundo del cómic, por hacer divertido algo tan a priori temible como Homer convertido en Hulk, y por la presencia de Stan Lee en la mejor aparición estelar de las últimas once temporadas.

Disculpa mientras extraño el cielo (T14): Porque la desolación de Lisa ante la contaminación lumínica está mostrada de una forma realista y no histriónica, porque la preocupación de Homer por los ideales de Lisa resulta enternecedora, porque sale Frink gritando “contaminación lumínica” repetidas veces.

Moe y el blues del bebé (T14): Porque de algún modo, una de esas estúpidas mezclas de personajes tan habituales últimamente (en este caso Moe + Maggie) funciona a la perfección y nos deja un capítulo entrañable y más que memorable.

Marge contra solteros, ancianos, parejas sin hijos, adolescentes y gays (T15): Por su inteligente crítica hacia el desprecio absoluto hacia una ocupación tan respetable y sacrificada como la del ama de casa.

El pase desespiadoso de Homer y Ned (T16): Porque aunque choque un poco con la naturaleza mojigata de Flanders, la parodia de Mel Gibson y sus películas bíblicas ultraviolentas funciona; así como la perfecta unión entre las dos tramas paralelas del episodio, ésta y la de Homer como coreógrafo de la Super Bowl.

El soplón vive arriba (T16): Porque la estupidez y absoluta falta de planificación de Springfield al levantar un auditorio deforme finalmente transformado en la cárcel más ineficaz de la Historia remite al mejor Springfield paleto de los viejos tiempos, el que aceptó construir un ruinoso monorraíl en el centro de la ciudad (y un rascacielos de palillos, y la escalera mecánica que no llevaba a ninguna parte…).

Las chicas sólo quieren sumar (T17): Por su vitriólica sátira del postfeminismo nazi, y por esa genial escuela primaria dividida entre una idílica mitad para chicas regida por una enseñanza new age y absolutamente inútil y una mitad postapocalíptica en la que los chicos parecen sacados de Mad Max.

El cocinero, el bribón, la mujer y su Homer (T18): Por su parodia de El padrino con Tony el Gordo y su hijo Michael (al que vemos por primera vez tras ser mencionado alguna vez).

No quiero saber por qué canta el pájaro enjaulado (T19): Porque el regreso de Steve Buscemi como voz invitada se salda por fin con el éxito que su anterior y ridícula aparición jamás mereció. El chalado que interpreta Buscemi es genial y salva él solo un episodio que sin él sería olvidable del todo.

Un dindón de la maya mayita (T20): Por devolvernos la capacidad de enternecimiento que creíamos que la serie había perdido para siempre, a través de un guión que además vierte una interesante reflexión sobre los prejuicios y la corrección política.

To Surveil With Love (T21): Por su naturaleza coral, al basarse en un montón de cámaras vigilando a los ciudadanos de Springfield, y su sorprendente final (o lo habría sido si la imagen promocional del episodio no la destripase estúpidamente), con una frase autorreferencial absolutamente genial.

Sí, Los Simpson dan muchísimo juego, y lugar a toneladas de reflexiones. Y como estoy convencido de que no sólo no estáis cansados de entradas dedicadas a la serie amarilla sino que incluso estáis hambrientos de más, os prometo muchas más tribulaciones de Los Simpson, cada vez más sesudas, densas e imposibles de digerir en próximas entradas.

5 comentarios to “Otra entrada sobre Los Simpson”

  1. Hempfreud 06/11/2010 a 15:15 #

    creo que te ha salido el mejor artículo del blog. muy bueno!

  2. Illuminatus 06/11/2010 a 23:11 #

    Para mí, aparte del de Sólo te mudas Dos Veces, uno de los mejores de la etapa clásica es Simpson Tide. La primera vez que lo vi, rodaba por el suelo de la risa: sus momentos estelares son el capitán con lo de “Homer, no sé si será el agua salada de mis venas o las burbujas de nitrógeno en mi cerebro…” (que utilizo de cuando en cuando) y la momia de Lenin alzándose en su mausoleo (el mejor resumen de la paranoia anticomunista jamás hecho).

    • Miguel Roselló 07/11/2010 a 1:55 #

      Ese episodio en concreto siempre me ha parecido inusual. Gran parte de sus gags remiten más a los extremos surrealistas de, pongamos, una temporada 13 antes de de la novena a la que pertenece. El momento “In The Navy” y todo lo de la URSS destapándose está pasadísimo de rosca, pero también es descojonante. Como un episodio de la temporada 13 pero en bueno. Ahora, lo de “era mi primer día” en pingüinés no me hace ni puta gracia, y eso sí me parece un mal chiste de la temporada 13.

  3. José 05/04/2011 a 18:18 #

    No se si leeras mi comentario ya que no se de cuando es el post pero ya me pasare a ver que tal. Estoy contigo al 100%. Soy fan de los Simpson y estoy hundido en una gran tristeza al ver el rumbo que ha tomado la serie hace ya muchos años. Los episodios nuevos directamente no los veo. Algunos los he visto enteros y me ha costado.

    También me considero alguien con amplios conocimientos de los Simpson en sus primeras 10/11 temporadas y de Futurama, de esos que nos sabemos los capitulos de memoria.

    Particularmente me gusta mucho la mención que has hecho a los capítulos en los que Homer se encuntra en una dificil situación con Marge “Coronel Homer” (3×20) y “La última tentación de Homer” (5×09). Me encanta el tema que se trata en estos dos episodios. Ya se que no va con la tonica del post pero estos dos episodios son de mis favoritos (precisamente por el problema que abordan). También me ha entristecido mucho como han asesinado a Lurleen Lumpkin en las nuevas temporadas (19×16) y si lees más abajo mi opinión entenderas porqué. Te pongo mi analisis personal.

    En “Coronel Homer”, tras una discusión con Marge en el cine Homer se va muy enfado y se pasa la noche conduciendo sin un rumbo fijo. En su viaje por la carretera encuentra un bar sureño y decide parar a tomarse una cerbeza “Fudd”. Entonces la camarera del bar Lurleen canta una preciosa canción cuyo mensaje es la misma situación de Homer. La canción parece no impresionarle a nadie excepto a Homer que enseguida se acerca a Lurleen para felicitarla.

    Homer que no puede dejar de pensar en la canción de Lurleen vuelve al “Royal King Park” donde vive Lurleen en una caravana para pedirle un disco con su canción. Lurleen le dice que ella no graba su musica, toda la improvisa. Homer la lleva a un centro comercial donde graban su canción por 25 centavos y se la prestan a un hombre para que la emita en la radio local. La canción es todo un exito y Marge empieza a preocuparse de que Homer pase tanto tiempo con otra mujer.

    Cuando Homer vuelve a visitar a Lurleen esta está encantada por la ayuda desinteresada de Homer confesandole “Ningun hombre ha sido tan amable conmigo sin… ya sabes, sin pedir algo acambio” En ese momento se ve claramente que Lurleen empieza a sentirse atraida por el y le propone a Homer ser su manager.

    Más tarde Homer lleva a su familia a un estudio con Lurleen para grabar una nueva canción. Marge se siente tremendamente furiosa al ver llegar a Lurleen y como esta besa la mejilla de Homer. “Me dijiste que estaba gorda” le reprocha a Homer. La cosa es aun peor cuando la nueva canción que Lurleen canta es una canción de amor dirigida a Homer.

    El nuevo disco es todo un exito y una noche mientras Homer está con Lurleen en su carabana esta, mediante una preciosa canción, incita a Homer a pasar la noche con ella, que se enamore de ella. Sinceramente, este es uno de los momentos más emotivos y dulces de toda la serie. Homer sorprendido se marcha inmediatamente “Bueno, tendre que pensarlo”

    En la parte final Lurllen actua en la televisión cantando dos canciones. Homer comenta con ella el exito “Les ha encantado”. Lurleen cierra la puerta del vestuario y empieza a besar a Homer. Este revive todos los acontecimientos amorosos de su vida y recuerda que Marge fue la primera mujer que le quiso de verdad así que finalmente se despide de Lurleen porque no quiere perder a su familia y vuelve con Marge. Mientras están en su dormitorio ambos ven a Lurleen cantando por la tele lo afortunada que es Marge por estar casada con un hombre como Homer.

    (Si, ya se que me enrrollo más que una persiana)

    En “La última tentación de Homer” (voy a intentar ser mucho más resumido ya que al final voy a analizar a las tres mujeres) llega a la central nuclear una nueva trabajadora llamada Mindy Simmons. Homer se sientre instantaneamente atraido por ella. Tanto que trata de evitarla siendo inmejorable la escena del acensor “Dare al boton del estimulador, digo del ascensor”, “Piensa en cosas no eroticas, piensa en cosas no eroticas…”

    Homer y Mindy son un calco el uno del otro, la pareja perfecta y son llevados a una convención nuclear en Capital City donde ganan una cena en Madame Chao “el restaurante chino más erotico de Capital City”. Homer y Mindy pasan una noche maravillosa y regresan a su hotel. Alli Homer le confiesa a Mindy que se siente culpable diciendo entre sollozos “Vamos a hacer el amor”. Mindy confiesa que ama a Homer pero le aconseja mirar en su corazón para que decida lo que el en el fondo desea (mostrandose así la nobleza de Mindy). Se dan un beso de despedida y Homer se reune con Marge en el hotel donde pasan una romantica noche juntos, siendo esa la elección definitiva de Homer.

    He recordado los capítulos porqué es un tema que aunque no está muy relacionado con el post a mí me parece muy interesante, daria para unas 20 paginas llenas en un foro de debate. Primero por la tematica tan adulta que contienen los dos episodios, algo que no llegas a ver en las temporadas “nuevas”. Personalmente a mi me fascina porque te hace reflexionar mucho. Primero por lo injusta que Marge es a veces con Homer, no sabe valorarlo totalmente. Te hace pensar en lo fragil que es su matrimonio y en que culaquiera de las otras dos, tanto Lurleen como Mindy (sobretodo Mindy aunque mi favorita sea Lurleen), son mujeres mucho más indicadas para Homer, acordaros de la visión del angel.

    Por un lado Lurleen es una persona dulce y de gran corazón que sin ninguna maldad se ve irremediablemente atraida por el desinteres de Homer. Si se mira el capitulo con detenimiento Lurleen es una cantante de gran talento atrapada como camarera sin ninguna oportunidad y despega gracias a la ayuda de Homer, aunque vive más o menos acomodada. Vive rodeada de hombres rudos y vulgares que solo eran amables con ella por puro interes y ella lo sabia perfectamente. Es precisamente por eso que Lurleen sabe apreciar más a Homer que Marge y es más indicada para él ya que tiene un perspectiva distinta.

    Por otro lado esta Mindy que es la versión feminina de Homer. Simpatica, amante de las rosquillas y las siestas. La mujer 10 para Homer y ella también lo ama. Pero lo que hace entrañable y es la moraleja de estos episodios es que Homer no se queda con la que es más apropiada para el, se queda con la que el ama, que es Marge.

    Para terminar decir que en mi humilde opinión estos episodios resaltan el peligro de que una vez una persona “X” se ha casado, aparezca una persona mucho más indicada para el y se encuentra en la dificil situación de decidir lo que puede llevar a destrozar un matrimonio. Una tematica tan adulta y elaborada ya hace miles de años que no se encuentra en los Simpson. Piensen en ello.

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