The Dog Who Saved Christmas (Michael Feifer, 2009)

5 Ene

Un hombre vestido de negro surge de detrás de los arbustos del jardín de una agradable casa californiana. Lleva la cara cubierta con un pasamontañas, y sus intenciones parecen más que dudosas. Zeus, el perro guardián de la casa y el héroe de nuestra historia, le divisa desde detrás de las puertas de cristal de la casa, y se huele las malas intenciones del intruso. El ladrón ve a Zeus y saca de la bolsa que lleva consigo un filete y se lo muestra al perro. Zeus, dividido entre el deber y el deseo, acaba cediendo a la tentación y ataca al filete, ignorando por completo la intrusión y dejando al malhechor vía libre para entrar y empezar a meter objetos de la casa en su saco. Entonces, el ladrón se quita el pasamontañas y llama al matrimonio dueño de la casa, apesadumbrado por la facilidad con la que Zeus ha olvidado su deber en cuanto ha visto el filete. “Es un caso grave. Ni siquiera ha pasado la prueba del filete, no puedo hacer nada por él”. No es más que una de las muchas muestras que podemos encontrar en The Dog Who Saved Christmas de la teoría de Hitchcock sobre la tendencia del espectador a tratar de adelantarse a los hechos que ocurren en una película y el deber del director de traicionar estas expectativas dirigiendo la atención del público hacia lugares falsos.

La familia Bannister se prepara para la Navidad, pero antes de ir a casa de la abuela durante estas fechas tan señaladas, consideran comprar un perro guardián para que vigile la casa mientras ellos están fueras. George, el padre, va a una surrealista perrera gobernada por un funcionario negro de divertidos aspavientos que le muestra a un grupo de perros abandonados. George se decide por un antiguo K9, un auténtico ex perro policía llamado Zeus (¿cómo sabía todo esto el funcionario? ¿se lo dijo el perro?). Sin embargo, lo que George no sabe es que Zeus no ladra, trauma provocado por una mala experiencia durante los días en el cuerpo policial y que se nos revelará conforme avance la trama. Los niños, Ben y Kara, están encantados con Zeus, pero Belinda, la hot mom, se desespera al descubrir que se han hecho con un perro guardián que no ladra y que ni siquiera reacciona cuando fingen que un ladrón ha entrado en casa. Como no hay tiempo para devolverle a la perrera, la familia decide irse a casa de la abuela y resolver el asunto de Zeus a la vuelta. Sin embargo, cuando los Bannister se marchan, dos ladrones en la mejor tradición de los Harry y Marv de Solo en casa entran en acción, y Zeus tendrá que hacerles frente con todas las armas que tenga a su alcance… y enfrentarse a los fantasmas de su pasado. Como en Solo en casa. En la trama también hay lugar para una hosca vecina de la que se dice que manda a la perrera a todos los perros que encuentra (otra vez ecos de Solo en casa), para unos policías incompetentes que huelen los pedos incluso con una gruesa puerta de madera por medio, un váter que habla en la perturbada mente de Zeus (como la caldera de Solo en casa) y para dos de los ratones parlantes de Babe, desesperados por mantener a flote su carrera. Por supuesto, el protagonista es Zeus, cuyos pensamientos oiremos a lo largo de toda la película ¡como si hablara!

Belinda parece haberse divorciado. Interesante.

Estamos ante, posiblemente, la película peor planificada visualmente de la Historia. Con el encargado de controlar el raccord de vacaciones y la total ausencia de alguien que domine las reglas más básicas de direccionalidad visual, The Dog Who Saved Christmas no podía ser otra cosa que un relato confuso y difícil de seguir en el que nos da la impresión de que los personajes están hablándose a la nuca cuando en realidad están uno frente a otro, y en el que algunas caras son enfocadas únicamente con primerísimos planos no acompañados de alguna otra referencia visual más general, por lo que podrían estar en el salón o en el espacio exterior. Otra de las grandes lacras de la película son los graves problemas que parece tener el equipo para integrar a los perros y a los humanos en el mismo encuadre. Da la impresión de que grabaron las escenas de los perros los días pares del mes y las de los humanos los días impares, para luego empalmarlas de cualquier manera. Esto se materializa, como no podía ser de otra manera, en una total ausencia de interacción entre unos y otros. El director, Michael Feifer (posiblemente un latino que trató de americanizar su nombre robándole el suyo a Michelle Pfeiffer y escribiéndolo en el registro tal y como sonaba en voz alta) usa y abusa de las elipsis visuales, recurriendo a elegantes planos generales de la casa cada vez que Zeus hace alguna travesura de las suyas, y acompañándolos de explicativos gritos de los afectados (“Zeus, nooooo”). Otros encontronazos entre los perros y la familia, o el perro y los ladrones, o los ladrones y las lámparas de la casa, son resueltos con mucha menos fortuna, enfocando justo en el lugar más alejado de la acción para que el resultado sea lo más confuso posible. ¿Para qué hacer caer una costosa lámpara de araña (en realidad un par de candelabros) del techo cuando se puede hacer un zoom hacia ella desde abajo? ¿Para qué mostrar cómo Zeus empuja a George mientras éste lleva una tarta consigo cuando se puede mostrar simplemente un plano del perro entrando en la cocina y otro de la tarta cayendo al suelo desde una altura indeterminada? Economía cinematográfica en todo su esplendor. Por supuesto, los perros no mueven la boca gracias a sofisticados trucos animatrónicos a lo Babe o a efectos digitales de última generación tipo Un chihuahua en Beverly Hills, sino que aquí la cosa se limita a enfocar la cara de los perros conforme van hablando en off. Por fortuna la mayoría del metraje solo vemos a un perro, porque la escena inicial en la perrera, llena de planos generales con más de un perro en cuadro, resulta muy confusa en cuanto a qué chucho está hablando ahora.

Ahora también ha caido el hermano mayor. Esto es una plaga.

En el reparto encontramos, como cabeza de cartel, al legendario Dean Cain. El hombre que con su interpretación del Hombre de Acero en Lois y Clark, las nuevas aventuras de Superman consiguió que olvidásemos para siempre a Christopher Reeve, interpreta aquí al cabecilla de la pareja de sanguinarios ladrones que pretenden entrar en casa de los Bannister y robarles la Navidad. Su caracterización, con una barba de tres días y cara de malote, es perfecta, y logra lo que poquísimos actores que alcanzaron la fama por un personaje han logrado: huir del encasillamiento y lograr que nos olvidemos de su memorable Superman. A su lado está Joey Diaz interpretando a su sicario Stewey, con el que Cain mantiene una química irresistible y el cual tiene el honor de decir una de las frases más míticas de la cinta: Funny bussiness. En el lado de los buenos tenemos a la familia Bannister, entre los cuales destaca Elisa Donovan (Morgan en las últimas temporadas de Sabrina, cosas de brujas) interpretando a Belinda, la madre, con encanto irresistiblemente MILF, y Mindy Sterling, la Frau Kaput de Austin Powers, como la excéntrica abuela. Los amantes de la versión original podrán disfrutar de la inigualable chispa Mario López, el archifamoso Sleiter de Salvados por la campana, dándole voz a Zeus; e incluso de Paris Hilton en un pequeño papel muy peludo. Demos gracias a The Dog Who Saved Christmas por salvar, si no la Navidad, la carrera de Sleiter, y alejarle del vórtice de porno gay en el que Screech se hundió sin remisión tras el fin de las andanzas de Zack Morris.

Uno de los dúos más entrañables del cine.

Pero si bien Mario López interpreta el papel de su vida como voz de Zeus, la contratación de Lana para hacer de Zeus en carne y hueso se revela como uno de los mayores errores de casting de la Historia del Cine reciente. A años luz de cualquier perro carismático de la pantalla, desde Air Bud hasta Eddie (de Frasier), Zeus es el perro con menos registros, vitalidad o habilidades del mundo occidental, incluso por detrás de Droopy. El elemento dramático del guión acerca del trauma que le lleva a no querer ladrar no hace sino empeorar la situación, por lo que tenemos que ver durante hora y media el triste e inexpresivo rostro de Zeus, que solo transmite desinterés por el rodaje en el que le ha metido su agente. Los pocos momentos en los que ha de expresar algo se resuelven con ingeniosísimos trucos que revelan la larga experiencia de Michael Feifer en la Perrera Munisipal Mexicana. Aplausos merece ese instante en el que Zeus, por fin, ladra amenazadoramente a los ladrones que han entrado en la casa: Zeus está estratégicamente colocado tras la espesa baranda de madera de la escalera, de este modo podemos ver cómo se nos trata de ocultar en vano el rostro de perpetua tristeza del perro, mientras un gruñido perruno metido en postproducción dota de magia a la escena. Mención merecen también los poquísimos momentos en los que el perro muestra alguna iniciativa en lo que respecta a detener a los inofensivos ladrones, resueltos con unas manos con guantes de perro que entran en cuadro para tirar algún bote de caramelos (un plano seguido de otro con el bote cayendo al suelo y el perro huyendo asustado por el ruido en vez de coger algún caramelo). De hecho, las medidas que toma Zeus para detener a los cacos se limitan a lanzarle unas bolas de árbol de navidad desde el balcón (primero dos y luego, de algún modo, trescientas, a la vez y a lo largo de todo el balcón) y un paquete de harina. Por supuesto, nada de esto se nos muestra, tan solo vemos a Dean Cain recibiendo la bola y llevándose la mano a la cabeza con gesto de insoportable dolor. El resto de divertidos accidentes que sufren los ladrones se los provocan ellos solos: se tropiezan en la puerta (en off), caen por la escalera en un plano que pasará a la Historia del Cine (y que podéis ver tras este párrafo) y comen mortadela en mal estado, a tenor de la flatulencia posterior del desdichado ladrón gordo.

Por lo que se puede ver en las tomas falsas del final, por el plató de The Dog Who Saved Christmas corrieron ríos de alcohol y coca, y tal vez sea ahí donde resida su magia y capacidad de absorción. La diversión de los implicados se transmite maravillosamente al espectador, por lo que no es de extrañar que fuera un éxito en su estreno en la ABC en las navidades de 2009 (siendo líder de la franja de las 20:00-22:00) y recibiera calurosas críticas de varias webs de entretenimiento familiar sano. Tampoco es de extrañar que tras este éxito sin precedentes la ABC encargase inmediatamente a Michael Feifer una secuela para las navidades de 2010 llamada The Dog Who Saved Christmas Vacation, en la que la familia Bannister emprende un alocado viaje navideño con Zeus, como no podría ser de otra manera. A partir del tráiler podemos sacar varias conclusiones. La primera, que la primera parte de la saga no ahondó en el proceso de benjaminbuttonización que sufren los hijos, con lo que podemos deducir que Michael Feifer se guardó varios ases en la manga al rodar aquella. La segunda, que los ladrones eran unos tíos más peligrosos de lo que en un principio parecía, porque son capaces de perseguir a los Bannister hasta el rincón más ignoto de la Tierra con tal de vengarse. Y la tercera, que tendremos locuras de los Bannister para rato, pues la secuela demuestra que la saga, lejos de agotarse, tiene aún cuerda para rato, suficiente para que próximas secuelas sigan superándose a sí mismas en risas, diversión y espantosos fallos de raccord. Nótese que he mencionado las locuras de los Bannister y no de Zeus, porque las siguientes entregas prosiguen la línea de la primera parte, Zeus no hará absolutamente nada. ¡Wuff!

5 comentarios to “The Dog Who Saved Christmas (Michael Feifer, 2009)”

  1. Señor E 05/01/2011 a 18:19 #

    El trailer de la secuela es gigantesco. No hay nada mejor que ver a Joey Diaz (su cara de póker es increíble) pretendiendo caerse por las escaleras. ¿Has visto los comentarios del vídeo? Hasta dicen qué perro estaría mejor con la caniche que dobla la heredera de los hoteles esos.

    • Miguel Roselló 06/01/2011 a 0:49 #

      Pues si ves la primera peli podrás disfrutar de cómo finge (penosamente) caerse encima de Dean Cain. Oro. Oro en barras.

  2. Illuminatus 05/01/2011 a 21:47 #

    No me puedo creer que te hayas analizado en serio una película navideña de animales. Es… es como el anverso luminoso del cine Viru.

    • Miguel Roselló 06/01/2011 a 0:48 #

      ¡Jajajajaja! Mira, si me parara (si nos paráramos cualquiera de las veinte mil personas que seguimos Viruete y escribimos en intenné) a pensar si “esto que voy a publicar se parece demasiado a Viruete”, ¡la mitad de las cosas jamás llegarían a ver la luz! Esto es algo que sencillamente amo hacer, sobre todo si pienso en que los cuatro que vieron la película conmigo van a leerlo. Y para mayor shock, estoy preparando un diseño de camiseta con el “this is no funny business” grabado, para todos nosotros.

      Michael Feifer ha de ser NECESARIAMENTE el equivalente no sindicado de Columbus. No me lo explico de otra forma.

      Y lo del anverso luminoso de Viru me ha encantado. Sencillamente.

  3. Illuminatus 05/01/2011 a 21:48 #

    Por cierto, ¿sería Michael Feifer el equivalente mexicano no sindicado de Chris Columbus?

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