El Opinador

24 Feb

Pongámonos en situación. Estás navegando por la red como un zombi, buscando cualquier chorrada interesante que justifique el retrasar un día más la próxima entrada de tu célebre blog porque te sientes tan vago que te das asco a ti mismo. Entras en un foro en el que nunca escribes, pero en el que siempre sabes que encontrarás algo nuevo que leer y publicar en otro lugar sin mencionar las fuentes, quedando así como una especie de sabio hechicero al que la información le llega por inspiración divina. Y como todo el mundo anda bastante entusiasmado últimamente con la última princesada de Disney, Rapunzel (que le den por saco al título real), raro es el día en el que un forero no cuelga una crítica que ha encontrado por ahí, para compartirla con los demás usuarios. Hay a quien le gusta la película, y hay a quien no. Y hay críticas bien escritas y las hay que no. Y entonces me topo con esto, que un alegre usuario con ganas de marcha ha tenido ganas de linkear y que me da una perfecta excusa para hablar de algo que me ronda por la cabeza desde hace un tiempo:

Sí, muy bonita, pero no me refería a esto. Seguid leyendo, leches.

Enredados (sinopsis y valoración personal de la película)

El pasado jueves 17, a pesar de estar en semana de recuperaciones (me habían quedado 5 asignaturas), salí por la tarde para poder ver al fin “Enredados”, la nueva película de Disney Pixar. Bueno, la verdad es que la cosa no empezó muy bien, porque llegamos tarde a la sesión y pillamos la película cuando ya había empezado (y encima, sin palomitas…ver una película de Pixar sin palomitas es como una cerveza sin espuma; ni tiene sentido ni sienta nada bien. Pero bueno, nos las apañamos con chuches).

Sinopsis: “Enredados” es la historia de la popular princesa Rapunzel, que en el cuento tradicional es una chica con el pelo muy largo que vive en una torre muy alta y debe utilizar su cabello como soga cuando venga un príncipe azul a rescatarla. En esta nueva versión de Pixar, Rapunzel está presa en una torre porque una bruja llamada Gothel utiliza su pelo con fines rejuvenecedores (otra novedad de la película: la melena de Rapunzel tiene poderes varios), aunque oculta a la chica el verdadero motivo de que no la deje salir nunca al mundo exterior y la trata como una hija. Un día, Rapunzel se decide a pedirle a su supuesta madre que la deje salir de la torre para poder ir a ver unas “luces” que son lanzadas una vez al año, y que coinciden con la fecha de su cumpleaños. Evidentemente, la mujer se niega y la chica se pone muy triste. Pero ese mismo día, mientras la bruja está ausente, se cuela en la torre de Rapunzel un joven ladrón llamado Flynn Ryder que busca refugio porque ha robado la corona real. Rapunzel le secuestra, y al final, ambos hacen un trato: ella le devoverá la corona si él accede a sacarla de la torre y llevarla a ver las “luces”. A partir de ahí, ambos se embarcarán, en compañía del camaleón Pascal y del caballo de guardia real Máximus, en un viaje donde les sucederán todo tipo de aventuras bastante descabelladas (expresión que viene “al pelo” para definir esta película), a cuál más divertida.

Valoración personal: Fui a ver la película principalmente por ser de Pixar y, como fan incondicional suya, no podía perder la oportunidad de verla cuando todavía estaba en los cines. Lo que más me gustó de la película fue la personalidad de Rapunzel: inquieta, curiosa y con un gusto marcado por el dibujo y la pintura (¡como yo!(^3^)). Aunque a primera vista parezca mucho más joven que el resto de princesas de Disney, la chica tiene 17 años (y quiere ir a ver las “luces” por su cumpleaños número 18). El resto de personajes también son muy graciosos:Pascal (el camaleón-mascota de Rapunzel), Flynn (cuyo verdadero nombre es Eugene), el caballo Máximus (apodado “Max”, enemigo acérrimo de Flynn, cuya rivalidad con el ladrón da lugar a situaciones muy entretenidas)…Incluso Gothel tiene algo de atrayente en su diseño, aunque no por eso deja de caernos mal (por algo es la mala de la película, literalmente).

Respecto al doblaje en español, yo fui a ver la película preparada para escuchar la voz de alguien popular doblando a Rapunzel, y así es: su dobladora es Elena Palacios, conocida por poner la voz a Hanon Houshou en la serie de anime shojo Pichipichipitch . Tardé un poco en darme cuenta, porque su voz es muy alegre y bastante femenina, pero haciendo de Rapunzel no forzaba tanto el tono de voz y no se notaba demasiado que era ella. Respecto a la dobladora que canta las canciones, creo que es la misma que dobla a Hanon cuando se transforma en princesa sirena y canta: María de Juan. Elena y ella tienen unas voces muy parecidas, así que quedan muy bien doblando a los mismos personajes (^^) .

Si hubiera que ponerle una pega a la película, sería esta: está llena de “clichés”. Es decir, que tiene momentos en los diálogos y en las situaciones que ya están muy vistos, o tan repetidos que sabes lo que va a suceder a continuación. Por ejemplo, los animales humanizados (Máximus o Pascal), algunas conversaciones entre Rapunzel y Flynn (no os pongo ejemplos, porque os explotaría la película), etc. Así que, en el fondo, es “un poco lo de siempre”. ¿Se estará quedando Pixar sin ideas, ya que parece ser que sus futuros proyectos son principalmente segundas partes de sus películas “Cars” y “Monstruos S.A.”? ¿Ya está todo lo imaginable llevado al cine, y poco queda por inventar? No. Yo creo que no. Es simplemente que la compañía “Disney Pixar” ha querido hacer honor a su nombre, y ha fusionado un cuento tradicional de una princesa de Disney con la increíble animación digital de Pixar. El resultado es una comedia para gente de todas las edades, muy entretenida y realmente bien hecha. Si queréis pasar un buen rato en el cine, no dudéis en ir a verla.

*  *  *

Dejemos de lado las evidentes limitaciones expresivas de tan entusiasta cronista. Dejemos de lado sus chistes de parvulario, sus atrocidades gramaticales y ortográficas, el relato de sus apasionantes aventuras antes de entrar a la sala y sus extraños símbolos para transmitir la emoción que le provoca saber que a Rapunzel le gusta dibujar. Dejemos todo eso de lado, al menos por hoy (aunque ya es suficiente para alejarla de internet de por vida). Centrémonos en la inusitada frecuencia con la que aparece la palabra “Pixar” en la crítica de una película en la que Pixar tiene poco que ver, por no decir nada. Frase tras frase, nuestra amiga insiste en el buen trabajo de Pixar a la hora de animar a los personajes, en la posible falta de ideas que se vislumbra en los proyectos de Pixar posteriores de Rapunzel y en lo duro que es ver una película de Pixar sin palomitas. Como todos sabemos, cada una de estas frases es una estupidez, más aún si antes de empezar a equivocarse una y otra vez, la escritora deja claro que es una fan acérrima del estudio de John Lassetter. Tampoco le tiembla el pulso al mencionar a Elena Palacios como voz de Rapunzel, mencionando trabajos pasados de la susodicha y describiendo detalladamente sus registros vocales como si eso hiciera menos cierto que en realidad a Rapunzel la dobla Carmen López. Pero a ella nada de esto le preocupa. No, porque nuestra intrépida gacetillera ha hecho un primer movimiento maestro que le ha otorgado INMUNIDAD DIPLOMÁTICA para decir exactamente lo que le da la gana sin que nadie pueda refutarle: ha comenzado escribiendo, grande y claro, Enredados (sinopsis y valoración personal de la película). Muy hábil, sí señor. Ella ha elegido la palabra “valoración”, pero a todos los efectos es lo mismo; sin escribirla literalmente se está escudando tras uno de los vocablos más nocivos de nuestro lenguaje (y de cualquiera): opinión.

Vivimos en un mundo extraño. Desde hace un tiempo parece que términos como “autoridad en la materia” son tabú. Al ciudadano de a pie del siglo XXI le incomoda que se insinúe que pueda haber alguien que sepa más que él de cualquier asunto, y se vuelve abiertamente hostil en cuanto el otro despliega sus conocimientos de una forma que podría (o no, “pero a mí me lo parece”) oler a autoridad. Él es el Opinador. Partiendo de un filosófico “¿tú que te crees, que sabes más que yo?” cuyo subtexto es “¿tú que te crees, mejor que yo?”, el Opinador sitúa a todo el mundo en el mismo nivel cultural. “Mi opinión tiene tanto valor como la tuya”. Gracias al Opinador, en el siglo XXI todos somos iguales, y no hay nadie mejor ni peor. Si un viajero temporal del siglo XIX aterrizase con su máquina del tiempo a vapor en nuestra sociedad, querría conocer, maravillado, el secreto que ha permitido erradicar de un plumazo las diferencias que nos hacían mejores o peores, más sabios o más tontos, en una época más triste de la humanidad. Y le explicaríamos que descubrimos una poción secreta que en realidad estuvo siempre dentro de todos nosotros, como en Space Jam: la opinión. Con la opinión nadie tiene el conocimiento absoluto, ya que el más lerdo puede anular a un catedrático armado de libros y datos contrastados con una sencilla reivindicación del punto de vista personal.

El Opinador puede encontrarse en cualquier contexto más o menos cotidiano, pero es en internet donde existe una mayor concentración de estos individuos. En internet, todo el que comenta en un blog, postea en un foro o escribe en estado ajeno de Facebook aspira a ser el Salomón del mundo contemporáneo y el ejemplo de educación al que en el mundo real ni siquiera intentan acercarse lo más mínimo. Esto es algo aplicable al mundo real, pero es sobre todo en la red donde existe esa falsa creencia de que escudarse tras un “en mi opinión…” antes de emprender la aventura de comentar en un foro te legitima para soltar impunemente las mayores burradas del universo. Es el equivalente al doctorado del mundo real.

El Opinador medio entiende, incluso, que su frase mágica le sitúa por obra y gracia divina en un nivel moral superior a ese otro tipo que escribe algo mil veces más sensato pero que sin embargo no se molesta en recordar al público cada dos palabras que lo que sale de su boca no es más que una visión personal. Partiendo del hecho de que, datos y cifras aparte, el 99’9999999999% de las cosas que salen de la boca de un ser humano son de un modo u otro opiniones (y no digo 100% porque da como miedo ser tan absolutista), yo diría que podemos obviar tan molesta coletilla salvo cuando sea estrictamente necesario remarcarlo. Y no sólo por eso. La experiencia nos dice que los comentarios blogueros que comienzan con un “en mi opinión” (y que incluso a veces remata con un “esto es, claro, mi opinión” en una hermosa composición cíclica) tienen más papeletas de resultar bochornosos que ésos otros tan maleducados que obvian que están dando su perspectiva personal sobre el asunto de turno.

Hay, efectivamente, opiniones tan respetables como una lapidación por adulterio; pero el Opinador piensa que todo lo que sale de su boca ha de ser respetado y tomado como ejemplo de pragmatismo y buen hacer. Cuando esto no ocurre (por ejemplo, porque ha dicho que Walt Disney sólo hacía películas de princesas cuando el total asciende a tres, o porque su comentario de que Brad Pitt sólo hace papeles de guapete hace intuir que dejó de seguir la carrera del señor Jolie hace diez años) y alguien pone en evidencia la de tonterías que ha dicho en un solo párrafo, el Opinador pilla entonces un berrinche de proporciones cósmicas y, desesperado por ser el portador de la razón aún cuando sus datos son totalmente erróneos, apela a su buena educación frente a las supuestas malas maneras del otro, que normalmente se reducen a haberle contradicho. “¡EN MI OPINIÓN!”, grita, como Quasimodo cuando creaba un campo de fuerza alrededor de la iglesia al berrear “¡ESTÁ EN SAGRADOOOOOOO!” No dudo de que será el caso de la genial autora de la crítica de Rapunzel que habéis tenido el placer de leer. Cuando lea la vorágine de comentarios iracundos que le sacan de sus múltiples errores, desde lo de Pixar a lo de Elena Palacios recurrirá sin duda a los reproches hacia las malas maneras de los comentaristas, en lugar de hacer lo que debería hacer, es decir, callarse y sentarse en un rincón a reflexionar sobre si realmente es tan fan de un estudio del que no tiene ni idea de las películas que hace o deja de hacer.

Por cosas como ésta, debemos entender que, por mucho que el Opinador se queje, hay opiniones que no son tan respetables como otras. A veces, la opinión surge de una experiencia previa o de un conjunto de ellas, y el tiempo las pule poco a poco mediante nuevas vivencias, otorgándoles más solidez de la que podría tener otra más infundada. Sí, ya, el símil está muy sobado, pero creo que si nos dan a escoger entre un diamante en bruto y uno pulido es obvio cuál elegiríamos, ¿no? (Aquí que los fans de Aladdin se abstengan de contestar). Y concluido esto, sólo me queda decirle una última cosa a la Opinadora de Rapunzel: HA SIDO REVOCADA.

16 comentarios to “El Opinador”

  1. dr.indy 24/02/2011 a 18:39 #

    en mi opinion (XD), un articulo cojonudo. has dicho lo que muchos no se atreven a decir, que si un forero suelta, por ejemplo, “marlon brando es, en mi opinion, el peor actor de la historia”, ese forero es casi con total seguridad, tonto de remate, y su opinion no merece tenerse en cuenta.
    leere tu blog a menudo. pasate por el mio si quieres… y si no, tambien.

  2. Hempfreud 24/02/2011 a 20:26 #

    A mi me puso malo el otro día ésto.

    http://legendsk.com/juegos-sobrevalorados-vagrant-story

    La palabra opinión y la excusa ya se encuentran en el primer parrafo. No puede ser. Me pongo malo todavía cuando la leo.

  3. SkullBoarder 24/02/2011 a 21:14 #

    Ejem, ejem. Bueno, allá voy (crujida de dedos, me sacudo las manos, y a teclear) EN MI OPINIÓN…

    Que va, realmente te aplaudo por escribir sobre un fenómeno tan extendido gracias a internet, y más que las opiniones tan absolutistas y gratuitas que empiezan a abundar, yo creo que estamos ante la pérdida de la humildad que tiene la gente, o como mínimo, manifestar abiertamente, y con todo el orgullo del mundo, la carencia de humildad, un valor muy importante, y que parece que “molas más” no tenerla e ir de guay.

    Pero no estoy seguro de si el ejemplo acaba de ser bueno, y lo digo porque subrayas mucho el hecho de que dice que la peli es de Pixar y que la actriz de doblaje es Elena Palacios, y esto no es su opinión, es que la tía es tonta y ni se informa. No está manifestando su opinión con eso, si no que habla sin saber. Claro que a partir de esos datos sí que empieza a lanzar sus estupendas opiniones, y vale, conforme escribo esto creo entender un poco porqué has elegido este ejemplo. Supongo que por el hecho de dárselas ahí de cinéfila, atreviéndose a valorar aspectos que ya de primeras demuestra no tener ni idea de lo que habla.

    Parece que la gente no sabe quedarse en un simple “me ha gustado” o “no me ha gustado” si no tiene nada más que decir al respecto. Le cuesta muy poco soltar la verborrea sin saber moverse en el tema en el que trata. Es lo que tú dices, que las opiniones de todo el mundo son válidas siempre y cuando los argumentos que las sostienen sean sólidos, pero parece que ahora eso ya no es necesario y todo vale.

    Pero eh, ¡que es mi opinión y tú no vas a saber más que yo! ¡hombre ya!

    • Miguel Roselló 24/02/2011 a 22:47 #

      Esto no me lo esperaba… ¡Pensaba que ibas a poner la entrada de vuelta y media, y llamarme nazi, y…!

      El ejemplo puede que no sea el mejor del mundo, pero es el que me ha impulsado finalmente a escribir la entrada, y además, como bien lo has pillado, ejemplifica perfectamente cómo una opinión puede perder todo su valor si va rodeada de paridas como las que se pueden leer ahí arriba.

      • SkullBoarder 25/02/2011 a 16:15 #

        Acabo de pensar en que hay algo todavía peor que los que escriben artículos como el que has usado como ejemplo, y es la proliferación de vídeos en YouTube de chavales que se graban a si mismos con la webcam, dando una disertación sobre el tema que sea. Insufrible. Debe de ser de esta gente que les encanta hablar y, sobretodo, escucharse a si mismos. De esos en mi carrera hay muchos, por eso me enerva tanto.

      • Miguel Roselló 25/02/2011 a 16:24 #

        La defensora de Justin Bieber, por ejemplo. Gran personaje.

        Los arquitectos sois unos pedantes por definición.

  4. Manu 24/02/2011 a 21:22 #

    El doctor Jones acaba de pisarme las primeras palabras de mi comentario, pero intentaré sobreponerme…
    “Yo creo” que Internet ha hecho que todo bocazas se escude en sus opiniones y ha sido como un jarro de agua fría sobre Gizmo.
    Vamos, que suscribo lo que dice este post; máxime cuando está clarísimo que quien lleva siempre razón soy yo.

    • Miguel Roselló 25/02/2011 a 16:25 #

      Coño, ése es el espíritu. Aquí no se opina, SE AFIRMA. A no ser, claro, que se afirme en mi contra. En ese caso, baneo al canto.

  5. El Tipo de la Brocha 24/02/2011 a 22:02 #

    Eres demasiado duro, Mr. T. Eso de meterse con los “tontitos”, como les diría Villalobos, está muy feo. ¿No ves que le han quedado cinco asignaturas? Con el mal trago que estará pasando la pobre criatura y tú, tú… Ay, no puedo decirlo.

    En serio, tampoco es para tanto. Y esto lo dice una autoridad en la materia. Que nadie pregunte qué materia.

    • Miguel Roselló 24/02/2011 a 22:45 #

      Reconozco que me he pasado un poquiiiito (siendo consciente de ello mientras escribía), pero he pensado “qué cuernos, es la hora del mal karma”.

  6. Illuminatus 25/02/2011 a 22:58 #

    Pues cuando hay que darte la razón se te da la razón. Resumiendo: el pueblo es sabio, el pueblo es sabio… ¡Mis cojones! El pueblo es soberano, que es diferente.

  7. manolo 28/02/2011 a 19:44 #

    La chica que escribió su opinión sobre la película de Rapunzel, imagino que para sus amigos, en algún foro o en su blog, estaba seguramente lejos de imaginar que ibas a utilizar su comentario como excusa para destilar mala uva por leer opiniones mal documentadas o con las que no coincides o que simplemente no te interesan.

    Escribiste:
    “Dejemos de lado las evidentes limitaciones expresivas de tan entusiasta cronista. Dejemos de lado sus chistes de parvulario, sus atrocidades gramaticales y ortográficas, el relato de sus apasionantes aventuras antes de entrar a la sala y sus extraños símbolos para transmitir la emoción que le provoca saber que a Rapunzel le gusta dibujar. Dejemos todo eso de lado, al menos por hoy (aunque ya es suficiente para alejarla de internet de por vida).”

    En internet escribimos y leemos todos muy deprisa, pero no he encontrado en el texto que criticas excesivas limitaciones expresivas ni chistes de parvulario ni atrocidades gramaticales ni ortográficas. Por cierto, dudo que tu comentario sobre ti mismo en tu blog pase a la historia de las autobiografías, pero quizá podrías poner alguna tilde que falta. Nadie me obliga a leer tu blog, y no te lo hubiese hecho notar si no hubieses “revocado” (¿?), no sé exactamente investido de qué autoridad (en qué materia?), a la “Opinadora de Rapunzel”.

    Cuando uno se equivoca, muchas veces puede rectificar, y espero que esta chica pueda leerte y que aprenda las dos grandes lecciones para la vida que creo que contiene tu comentario:
    1. Enredados es de Disney y no de Disney Pixar
    2. La dobladora era Carmen López y no Elena Palacio

    Espero también que siga opinando.
    Saludos

    • Miguel Roselló 01/03/2011 a 14:18 #

      Este es el comentario que llevaba esperando desde el principio.

      La crítica ésa de RAPUNZEL es sólo la excusa para hablar de lo que a mí me interesaba. Sí, podría haber escogido un ejemplo más adecuado en vez de desproporcionar los fallos del texto éste, pero… a veces escribo con esa mala leche y ya está. No excluyo la posibilidad de que otros blogueros reflexionen sobre tipos como yo (como todos, respondo a un perfil), llenos de mala hostia por momentos; y se ceben conmigo. Yo lo hago, así que… es lo justo.

      • Manolo 01/03/2011 a 23:31 #

        Oye, no iba de cebarme contigo. Ni sé cómo di con tu blog ayer, y leí de pasada tu comentario casi por el dibujo, porque mis sobrinos quieren ver Enredados y quizá me toque llevarlos a mí (espero que no) este fin de semana.
        Lo que pasa es que me gustó más lo que escribió la chica que había ido a ver la película que tu comentario a lo que ella decía, que me sonó, como dices, excesivo y escrito con muy mala leche, muy estridente y con poca base.
        El cupo de intercambio de opiniones (más o menos documentadas) en internet es muy pequeño en relación con los exabruptos. Las faltas ortográficas (ja, ja, ja), forman parte del paisaje y, sobre todo, resultan en general aburridísimos los que escriben en posesión de la verdad. Para alguien que dice “en mi opinión” y no destroza el idioma, casi habría que aplaudir. O como mínimo no entrar a matar.
        Creo que no he entendido muy bien de qué te interesaba hablar: ¿acceso a internet sólo para gente cabreada? ¿Que se dedica a intentar excluir a los demás, por pequeños, débiles, faltos de tiempo, sinceros, sin titulación universitaria, poco o mal documentados?
        Es lo que pasa ya, no te preocupes, pero es absurdo y estamos perdiendo un (otro más) punto de intercambio. Es injusto, aunque digas que lo justo es lo que haces y dices tú que estás de mala hostia.
        Es mi opinión

      • Miguel Roselló 02/03/2011 a 9:01 #

        Tranquilo, ya sé que no vienes a cebarte. Aquí estamos en un ambiente distendido y de relax. Pero para responder a todo lo que me dices y a los aspectos que cuestionas de mi escrito, te voy a contar un secreto: no es ni de coña mi mejor entrada.

        Con un poco de suerte te tocará ir a ver RAPUNZEL, que es genial, ¡por Dios!

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