El último horrocrux

20 Jun

Harry se despertó sobresaltado. Se tocó la cicatriz con un gesto de dolor; hacía semanas que no le dolía tanto.  Al principio no reconoció el lugar en el que estaba, pero pronto reconoció la tela de la tienda de campaña en la que dormía y los dos bultos entre los que se encontraba. Aún no entendía el extraño enfado de Hermione y de Ron cuando Harry decidió que le apetecía dormir entre los dos aquella noche. Les miró con cierto resentimiento. ¿Acaso se habían olvidado de que sus padres habían muerto trágicamente? ¿De que aquello le legitimaba para hacer lo que quisiera exactamente cuando quisiera? Era Harry Potter. Y ellos, al menos ahora, sólo dos bultos que roncaban y que en algún momento de la noche debieron cogerse de la mano, pues así seguían aún estando dormidos, justo encima de la entrepierna de Harry, para más señas. Suspiró y, a oscuras, decidió que por muchas ganas de mear que tuviese, el bosque estaba demasiado húmedo y hacía demasiado frío, sin contar con que a fin de cuentas el saco de dormir de Ron ya estaba mojado de Beedle el Bardo sabe qué. Tras aliviarse disimuladamente, rebuscó en su cartera una vieja foto en movimiento. La miró con cariño. Mostraba a su padrino Sirius cayendo despatarrado una y otra vez por el agujero tras el velo, en un bucle infinito. Aquella foto impedía que Harry olvidase lo que siempre hizo especial a su padrino: su capacidad para provocar los mayores desastres imaginables y acabar cómicamente herido. Inevitablemente, la mente de Harry comenzó a viajar hacia otros instantes de su vida posterior al momento en el que descubrió que era mago. Por un momento, Harry tuvo la impresión de que no fue ni hacía una semana que el sombrero seleccionador lo mandó a Gryffindor tras un sustancioso soborno con el dinero que robó al confiado Hagrid durante el viaje en barca hacia el castillo.

Graduación de Gryffindor (promoción de 2007).

Veía en su mente el Gran Comedor con una nitidez cristalina. Las largas mesas reservadas para la gente de Gryffindor y Slytherin. Los tablones carcomidos sobre caballetes que se improvisaron para sentar a los alumnos de Hufflepuff y Ravenclaw cerca de los malolientes servicios. La sospechosa ausencia general de personas de color. Pero sobre todo, recordaba a Dumbledore, de pie tras la mesa de los profesores, carraspeando antes de comenzar su discurso de bienvenida.

—Bienvenidos, alumnos de primero. Hoy comenzáis una nueva etapa de vuestra vida, pues vais a emprender el periodo de aprendizaje que os llevará a dominar todos los secretos de la magia… A convertiros en magos experimentados. No os mentiré. Es un proceso largo y duro. No para los alumnos con ínfulas de estrella, que podrán avanzar cursos de forma totalmente injustificada, sin hacer un solo examen y aún así hacerse con puestos de trabajo determinantes para la sociedad mágica que sería una irresponsabilidad asignar a cualquiera que no sea un profesional altamente cualificado. Pero la mayoría de vosotros tendréis que estudiar duro y sobre todo, pagar ingentes cantidades de dinero de forma mensual. Esta noche, el Sombrero Seleccionador os asignará a cada uno de vosotros un lugar en Hogwarts. Durante los próximos siete años, perteneceréis a una de las cuatro casas que componen esta escuela de magia y que gozan de salones de comodidad variable: Gryffindor, Slytherin o cualquiera de las otras dos. ¿A cuál seréis destinados? Eso depende de vosotros, de vuestro espíritu y del nivel de desprecio con el que miréis a los demás —sonrió, y desde la mesa guiñó un ojo a Harry de un modo que incomodó al chico—. Pero creo que ya está bien de escuchar los aburridos discursos de un viejo como yo, ¿no os parece? —fingió bromear, reprimiendo un llanto senil—. Es el momento de asignar las casas. Ahora, queridos alumnos, iréis subiendo al estrado uno a uno, por orden de importancia en la trama. ¡Harry Potter!

Harry recordaba cómo había subido al estrado, se había encasquetado el viejo sombrero y éste había gritado “SLYTHERIN NO, ¿EH?” con una indiscreción muy lejos de lo que podríamos llamar conveniente. Los Slytherin de última curso seguro que le pegaban una paliza luego. Harry no fue capaz de recordar si al final se la dieron o no. Supuso que eso significaba que al final no lo hicieron. O que se pasaron con los puñetazos. Y en estos pensamientos estaba inmerso el Niño que Vivió cuando una luz fuera de la tienda le distrajo.

Era un destello plateado, casi celestial. Como sus delicados intentos por quitar de su entrepierna las manos de sus amigos no estaba sino provocándole una erección involuntaria, decidió olvidar las sutilezas y levantarse directamente, pisoteando a Ron por el camino. Salió a duras penas de la tienda y vio asombrado un destello plateado con forma de chucho repugnante. Harry no podía confirmarlo, pero recordaba haber leído en harrylatino.com que el patronus de Sirius era un perro. ¿Era posible? El fantasmagórico chucho miró a Harry y se internó con pasos lentos y torpes en el bosque. Ignorando la humedad, Harry siguió al patronus con la certeza de que había sido enviado para guiarle hasta el siguiente horrocrux. Se sujetó con un escalofrío el guardapelo que aún colgaba de su cuello: aún no había sido capaz de abrirlo y destruirlo.

Tomada desde el Xperia Mágico de Ron, ¡ahora con fotos en movimiento!

El destello plateado se desvanecía a la orilla de un lago oculto entre los árboles. Harry miró las heladas y oscuras aguas, tratando de divisar el fondo. Y cuando lo hizo, sus ojos se abrieron como platos, incapaces de creer lo que estaban viendo. Allí estaba, en el fondo del lago, la espada de Godric Gryffindor. Harry se vio embargado por una emoción que seguramente no habría existido de saber que pocos minutos antes la espada reposaba sobre una roca seca junto a la orilla a la que se podía acceder sin grandes dificultades, y no en el fondo de aquel agua helada hasta límites demenciales donde había ido a parar por un torpe empujón del patoso perro-patronus de Sirius. Harry observó la cristalina superficie del lago. ¡Parecía tan frío…! Ojalá hubiese tenido allí a Dobby para mandarle hacer el trabajo sucio. Pero no estaba. Harry respiró hondo, consciente de lo que tenía que hacer. Viendo en esto una espléndida oportunidad para demostrar su madurez como actor y su falta de complejos, Harry se desnudó para tirarse al agua.

El agua estaba mucho más fría de lo que había imaginado. Harry trató de apartar de su mente la creciente punzada de dolor y el entumecimiento que su cuerpo estaba experimentando mientras nadaba febrilmente hacia el fondo. Ya casi podía tocar la espada con los dedos… Estaba tan cerca que casi era suya… Y justo en ese momento Harry empezó a perder la conciencia. El frío era demasiado intenso, y apenas le quedaban fuerza en las extremidades o aire en los pulmones. Harry comenzó a vislumbrar imágenes de su vida que pasaban frente a sus ojos. Las visitas al despacho de Dumbledore, durante las cuales el viejo no dejaba pasar una oportunidad de hacerse el enrollado ofreciendo caramelos pasados de moda. El día en el que Lockhart hizo desaparecer accidentalmente los huesos de su brazo, permitiéndole una horas de inusual onanismo. Lo horrorosa que sonaba la voz de Ron durante el segundo curso en Hogwarts. La nublada mente de Harry sólo le permitió darse cuenta de que quedaban pocos segundos para que el agua inundase sus pulmones, y así habría sido de no ser porque Ron… le debía una considerable cantidad de galeones de la última botellona de cerveza de mantequilla y que se libraría de pagar si él moría allí. Con nuevas fuerzas derivadas de la satisfacción de poder cobrarle mucho dinero a un cuasimendigo que heredaba jerseys dados de sí tras pasar por cinco hermanos más, Harry cogió la espada con ambas manos y nadó hacia la superficie sirviéndose de sus piernas. Cuando salió a la superficie y por fin pudo respirar, se dejó caer en la hierba, agotado y con la espada en la mano. Frente a él estaba Ron, vestido con un pijama heredado de Ginny, lo cual confirmaba que el pelirrojo estaba bajando aún más posiciones en su familia.

—¿Qué… qué haces aquí? —logró articular Harry entre jadeos.

—Hermione se despertó con sed y he venido a llenar la cantimplora.

Pese a arderle todo el cuerpo, Harry sacó un resquicio de energía para hacer con el brazo un misógino gesto de latigazo.

—¿Eso es la espada de Gryffindor?

—Sí, con ella destruiremos el horrocrux —y al decir esto, Harry se quitó el guardapelo del cuello y lo tiró sobre la hierba. Agotado, se incorporó, lo cual resultó bastante violento para ambos dada la explícita desnudez de Harry. Harry corrió a vestirse detrás de un tronco de árbol. Ron miró la espada y el guardapelo, y supo lo que tenía que hacer. Con firmeza, empuñó la espada, la levantó y… arremetió con ella contra el guardapelo. Al quinto intento acertó en el pequeño objeto metálico y no en la hierba. Del guardapelo surgió un grito desgarrador, como de un millón de quintapeds o cualquier otra criatura que sólo podrás conocer comprando el Libro de Animales fantásticos y dónde encontrarlos de J. K. Rowling, y una monstruosa nube luminosa brotó de su interior y envolvió a Ron. Los aterrorizados ojos de Ron pudieron ver como las tinieblas conformaban una imagen de Harry acercándose por la espalda de Hermione, rodeándole con los brazos y besándola en el cuello. Una voz ronca comenzó a resonar en todo el bosque, en un siseo infernal:

-¿No lo ves? Se han confabulado contra ti… Te han despreciado, ella asiste a todo tipo de galas y es alabada por su exquisito gusto al vestir y sus cortes de pelo a lo garçon, y él enseña su varita en obras de teatro alternativas. ¿Pero tú qué? Te han dejado atrás y no les importa, se lo pasan mejor que nunca sin ti. Es más, han adoptado juntos a un niño camboyano.

El rostro de Ron estaba desencajado por el terror, incapaz de apartar la mirada de la fantasmagórica imagen frente a él, cada vez más sexualmente explícita. La frustración comenzó a apoderarse de él. ¿De qué servía que Scorsese alabase sus cualidades interpretativas si luego no le llamaba para salir en su próxima película? ¿Por qué Paul Dano estaba construyendo una carrera en base a papeles que él podría haber interpretado perfectamente? La ira, la envidia. Ron sentía cómo se apoderaban de él. Sus sentimientos por Hermione… Harry pasaba por encima de ellos. Y él no tendría otro remedio que casarse con Ginny, siguiendo la sureña tradición de endogamia descontrolada de su familia. Tampoco era tan terrible, Ginny no estaba tan mal, y el pelo rojo le daba un aspecto un tanto vicioso. Al oírse pensar estas cosas, Ron reaccionó y salió del influjo del guardapelo y sus malignas aunque no obstante excitantes imágenes. Miró a Harry, que se había hecho a un lado y, con un gemido, gritó:

—¡No pienso ceder! ¡El guardapelo me quiere poner en vuestra contra con imágenes falsas de Hermione y tú! —Harry apartó la mirada, sospechosamente inquieto.— ¡Pero no lo permitiré! ¡Los tres estamos juntos en esto!

Y lanzó la espada contra el guardapelo, clavándola en su mismísimo centro. De pronto, las imágenes se desvanecieron en un aterrador rugido y el guardapelo cayó al suelo. El bosque quedó en silencio, salvo por los entrecortados jadeos de Ron, que había caido de rodillas en la hierba. Harry no lo podía creer. El horrocrux había sido destruido… y no por él. Con el corazón latiendo cada vez más fuerte por la sed de venganza y de ser el centro de atención, planeó volver donde Hermione para mostrarle la auténtica magia que yacía en el interior de Harry Potter, quisiera o no. Sin embargo, Ron, que seguía arrodillado en el suelo, habló y le hizo olvidar tan perturbadoras ideas.

—Harry… ¿Qué va a pasar ahora?

—No te entiendo, Ron.

—Ya sabes. Una vez hemos destruido el último horrocrux… ¿Voldemort no es vulnerable? ¿No deberíamos ir a matarle?

Una idea repentina surgió en la mente vengativa de Harry.

—Ron… ¿Quién ha dicho que éste fuera el último horrocrux? El último horrocrux eres tú. Y hay que terminar el trabajo.

5 comentarios to “El último horrocrux”

  1. El Tipo de la Brocha 20/06/2011 a 6:39 #

    Los libros de Harry Potter deberían haber sido así. Mucho mejor, dónde va a parar. Pero, claro, de haberse escrito de otra manera, esto no tendría gracia… No, supongo que los libros están bien como están y esto también. Todos contentos.

  2. L. Norton 20/06/2011 a 13:51 #

    Con la última imagen casi me provocas la muerte. Dios, qué manera de leer entre líneas…

  3. Nancy Callahan 01/07/2011 a 0:39 #

    Simplemente me ha encantado xD

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: