Lo que importa es la anchura

7 Jul

Hay quien me dice que estoy obsesionado con el asunto del formato de las películas. No, no me refiero a si te has bajado un flamante mkv o un cutre mpg. Me refiero a la proporción de la imagen. Números que para el lector medio de este blog no son más que un barullo incomprensible son para mí la causa de noches en vela, de búsquedas interminables en imdb y en definitiva, de sufrimiento. No comprendo como un elemento tan determinante en la composición visual de la imagen e incluso en el impacto psicológico que produce la película en el espectador pasa tan desapercibido o es directamente desdeñado. Pasa desapercibido para el público que no se detiene a fijarse si lo que está viendo es una imagen prácticamente cuadrada o un rectángulo tan ancho como su campo de visión, y es desdeñado por los programadores de las cadenas de televisión, a los que no les tiembla el pulso en cortar media película por los lados para evitar esas franjas negras arriba y abajo que por lo visto deben costarles la mitad del share, porque si no, no se entiende esta costumbre tan atroz. O quizá sí. En realidad, a la gente el formato se la repampinfla, a la gente lo que le importa es que no se vean bandas negras que interfieran en su visionado (se trata de un público exigente y sofisticado). Si a Antena 3 no le ha dado por mutilar Indiana Jones y la última cruzada por los lados para que ocupe toda la pantalla y dar lugar a una película protagonizada mayormente por narices flotantes, siempre habrá alguien en alguna parte del globo que, cerveza en mano y pies en alto, gruñirá “niño, quita las rayas negras”. Da igual que para ello haya que estirar la imagen por arriba y por abajo hasta que parezca que todos han sido absorbidos por el poder del Arca de la Alianza, la cuestión es que las bandas no molesten. Nuestros nuevos y flamantes televisores anchos nos permiten disfrutar de los formatos cinematográficos conservando toda su amplitud, pero el 95% de los hogares (gracias a Estadísticas Inventadas S.L. por los datos) tiene el suyo configurado para que todo contenido rodado en el desfasado formato cuadrado 1.33:1 aparezca estirado por los lados para ocupar toda la pantalla. Homer jamás se había visto tan gordo.

That's the way -aha aha- I like it -aha aha-...

Ciertamente, el letterboxing (bandas arriba para formatos anchos) está socialmente más aceptado que el pillarboxing (bandas a los lados para formatos cuadrados). Ver a Lawrence de Arabia caminar por el desierto al amparo de un techo y un subsuelo negros es algo que la gente asume más o menos, pero las columnas negras a los lados son algo así como el demonio, y nuestro entrañable Joe, el average man, busca desesperado el mando para estirar la imagen y frenar esa aberración de Satán. ¿Qué soluciones hay para este asesinato en primer grado? Algunos canales (casi todos de Digital+) se han percatado del asunto y cuando emiten contenido rodado en 1.33:1, lo que emiten en realidad es un híbrido del programa en sí y dos bandas negras a los lados ya incorporadas en lugar de un vacío negro que permitiría estirar la imagen. O sea, que emiten una imagen en 1.85:1, que equivale a 16:9 y que no es nada menos que el formato exacto de nuestros preciosos televisores de LCD. El bluray trabaja también en una proporción invariable de 16:9, así que las bandas a los lados en Dumbo, por ejemplo, son parte de la imagen y no se pueden eliminar así como así. Precisamente en Disney se han sacado de la chistera una solución de lo más pintoresca para contentar a Joe el average man: llenar los huecos de los lados con una especie de marco pintado con motivos artísticos que según la contraportada del bluray, es una auténtica “nueva forma de experimentar el visionado”. Y como muestra de que el letterboxing es más tolerado que el pillarboxing, La bella durmiente (rodada en anchísimo 2.55:1) preserva sus bandas negras arriba y abajo sin pijadas de ningún tipo. ¿Vamos bien por ahora? Espero que sí, porque no tengo ningún gráfico a mano.

Con esto vamos tirando.

En la tele en abierto actual encontramos grandes dosis de comedia en lo que se refiere a los formatos. La mayoría de cadenas se niegan a aceptar que las teles de tubo ya son poco más que bellas motas aquí y allá en el paisaje de los vertederos, así que en un caso de clarísima negación, siguen emitiendo como si los receptores fuesen aparatosos trastos en formato 4:3 (el cuadrado, vaya). ¿Qué ocurre? Que lo que hacen algunos canales de pago con los programas en “cuadrado”, añadir bandas a los lados para que la imagen encaje perfectamente con nuestras teles nuevas, lo hacen los canales en abierto pero al revés. Es decir, que cogen programas en “ancho” y les plantan bandas arriba y abajo, para que la imagen encaje perfectamente con el televisor de tu bisabuela. Así pues tenemos un programa en 1.85:1 (ancho) contenido en una imagen en 1.33:1, con las consiguientes bandas arriba y abajo. Porque lo de arriba y abajo no es un vacío de imagen. Es imagen negra. Si esta imagen en 1.33:1 se emite en mi televisor de pantalla ancha, debidamente configurado para emitir cada formato de forma correcta, éste entenderá que tenemos una imagen cuadrada que debe encajarse en el centro de la pantalla. Así que ¿qué tenemos?

¡Exacto! Un bonito marco. Sin duda podría corregirlo fácilmente con la tecla de ZOOM del mando, pero no hay que ser un genio para adivinar que un zoom rara vez beneficia a la calidad de la imagen. Pero aún más surrealista es recurrir a estirar la imagen por los lados. No hay nada mejor que ver un programa en 1.85:1 en un televisor de formato 1.85:1… ¡Achatado por arriba y por abajo para que entren las bandas! En un inesperado e irónico giro de los acontecimientos, las denostadas bandas se convierten en fin último.

Pero este tema va más allá de los destrozos que cometen las cadenas día sí y día también con nuestros espacios de porno favoritos. El formato, como la iluminación y la música, es un elemento determinante para sentar ciertas bases psicológicas en una película. ¿Qué lleva a un director a rodar su próximo proyecto en un fastuoso y anchísimo 2.35:1 en lugar de un más discreto y estandarizado 1.85:1? Y lo que es más importante, ¿por qué debería importarnos un pimiento a nosotros? Debería importarnos porque el formato equivale a la visión, ni más ni menos. El formato incide directamente en nuestro modo de ver esta suerte de realidad enmarcada, y dependiendo del ancho del marco la afrontaremos de un modo u otro, aunque no nos demos cuenta de forma consciente.

Podemos hablar de tres formatos, o ratios, más o menos estandarizados, aunque hay ejemplos intermedios: 1.33:1, 1.85:1 y 2.35:1. La unidad, el “:1”, equivale a la vertical de la pantalla, y el otro número expresa la horizontal de la pantalla respecto a la vertical. El primero, 1.33:1, es el formato cuadrado de toda la vida y que gracias al Hacedor ya está extinto. Hasta los años cincuenta, el grueso de la producción cinematográfica estaba rodado en ese ratio cuadrado tan feo que obligaba a dejar incongruentes vacíos arriba y abajo si querías meter a muchas personas en el plano. Entonces llegaron los anchísimos formatos panorámicos, en 2.35:1 o incuso más, con vistas a jubilar el viejo formato cuadrado y luchar de este modo contra la incipiente televisión. Entre ambos está, muy discreto él, el formato 1.85:1, considerado el más natural de los tres, frente a la estrechez del 1.33:1 y la grotesca anchura del 2.35:1; y que además es el ratio estándar de los contenidos audiovisuales actualmente. Pero si me preguntáis a mí, diría que el formato más natural no es el 1.85:1, sino el anchísimo 2.35:1. La pantalla de cine ha de asemejarse a un campo de visión, el humano, que se extiende horizontalmente dado que no tenemos los ojos puestos uno encima de otro, sino uno a cada lado. El 2.35:1 es el único que hace justicia a cómo percibimos la realidad. Por eso aceptamos estéticamente un plano ancho en el que un rostro en primer plano está rodeado de vacío a los lados, mientras que ese plano en 1.33:1 lleno de gente que dije antes nos resulta tan feo y antinatural por el espacio vacío que queda por encima y debajo.

En pocas palabras: si por mi fuera, casi todo estaría rodado en 2.35:1. Se asemeja a la vista humana, evita toda sensación de opresión, conlleva una gran maniobrabilidad y es muy versátil en cuanto a la gente que quieres que entre en cuadro. El corto que rodé hace poco, Desconociendo a Sonia (por cierto, está aquí y tal) fue concebido para el Formato Glorioso, y lucía de escándalo en las pruebas… Pero una mala planificación en un par de encuadres me lo mandó todo al traste y hubo que dejarlo en un rancio 1.85:1.

Así tendría que haber quedado el corto. Cagoentó.

Da la impresión de que escupo en cualquier formato que no sea el 2.35:1, pero esto no es verdad del todo. De acuerdo, no sólo escupo, sino que bailo sobre la tumba del 1.33:1, y salvo que haya algún tipo de homenaje al cine clásico de por medio (como quería hacer Burton con Sleepy Hollow y el cine de terror de la Universal), su uso me parece poco menos que absurdo. Pero el 1.85:1 permite un juego emocional muy interesante que han aprovechado directores como Wilder y Tarantino, fans del 2.35:1 que puntualmente optaron por el formato un poco más estrecho. ¿Por qué rodó Wilder ¿Qué ocurrió entre mi padre y tu madre? en 1.85:1 tras doce años optando de forma ininterrumpida por el más ancho? Para evocar el intimismo de un cine más europeo a través de un encuadre más acogedor. ¿Y Jackie Brown? Destaca en la filmografía del amigo Quentin por ser la única película no rodada en pantalla ancha. Simplemente adaptó el formato a las necesidades de la película, cargada de una sensibilidad y una sutileza bastante superior a la del resto de su cine.

Otros casos me desconciertan. James Cameron rodó Avatar en 1.85:1, lo cual ya es bastante desconcertante de por sí, dada la magnitud del proyecto y su carácter espectacular; pero el caso es que para las proyecciones en 3D (sólo para éstas) JC cortó la película por arriba y por debajo para convertirla a 2.35:1. Y siguiendo con Cameron, es curioso que un tío tan dado a la desmesura haya rodado un considerable porcentaje de sus películas de acción en el íntimo 1.85:1: los dos Terminators, Avatar y sobre todo Aliens, que se carga la unidad de la cuadrilogía. Creo que en el DVD explicaba el porqué de su extraña decisión (y cómo despidió a todo el que le cuestionó), pero ahora no me acuerdo.

El 2.35:1 propició en los sesenta comedias protagonizadas por montones de gente descontrolada. ¡Dios salve al 2.35:1!

Se sobreentiende por mis comentarios que soy especialmente insistente en lo del ratio cuando hablamos de cine de acción. Cine de acción, 2.35:1. No admito otra cosa. No le veo sentido a otra cosa. Una película de acción requiere espectacularidad, es un ingrediente esencial, y eso no se puede conseguir con ningún otro formato. Y esto lo aplico también al cine de animación. El trabajo de los animadores y de los dibujantes de escenarios sólo puede alcanzar todo su potencial en un formato anchísimo de pantalla, como demuestran delicias visuales como La bella durmiente, pero son muy pocas las películas de animación que optan por este camino. El 1.85:1, que por alguna razón acentúa su carácter opresivo cuando estamos ante dibujos animados, sigue siendo el más utilizado en el medio. En el cine de animación digital, no obstante, parece estar popularizándose el 2.35:1, siempre con excelentes resultados. Dreamworks parece haber abandonado definitivamente el 1.85:1, y Pixar… Hablemos un poco de Pixar.

Toy Story es visualmente muy neutra en todos los aspectos. La funcionalidad de la iluminación, unida a un aburrido 1.85:1, no suponía ningún aliciente. Puede que fuera para compensar de algún modo las limitaciones técnicas en cuanto a iluminación por lo que Bichos se convirtiera en la primera película de animación digital realizada en 2.35:1. El resultado fue magnífico, pero Toy Story 2 volvió al 1.85:1 para guardar la coherencia en la saga. Una pena que Monstruos S.A. y Buscando a Nemo no volvieran al esplendoroso 2.35:1 que tan buen aspecto dio a Bichos. Tuvo que llegar el megaproyecto de acción de Brad Bird, Los increíbles, para que el 2.35:1 volviera (con resultados orgásmicos) para quedarse durante varias películas seguidas. Cars y Ratatouille siguieron la senda de Los increíbles, y Wall-E llevó la importancia del ratio un paso más allá al erguirse como elemento clave del homenaje que la película hacía al cine de ciencia ficción setentero rodado en 70mm y con grandes angulares. Y entonces no sé qué puñetas pasó, que a Pete Docter se le ocurrió que la historia de un abuelo que viaja en una casa llevada por globos hasta inmensos paisajes sudamericanos debía ser rodada en 1.85:1. Craso error. El salvaje escenario de la película y sus escenas aéreas de acción no alcanzan todo su potencial por culpa de un encuadre rácano, cuando la pantalla anchísima habría servido de forma inmejorable a estos elementos. Toy Story 3 está en 1.85:1, como era de esperar; Cars 2 vuelve al 2.35:1 por aquello de la coherencia, y por lo que se puede ver por el tráiler (¡hurra!) la épica medieval escocesa de Brave también nos llegará en majestuoso formato ancho.

¡Es un tema muy interesante! ¡Lo juro!

Es una pena que viendo los excelentes resultados que dio el formato ancho en La dama y el vagabundo, La bella durmiente, Taron y el caldero mágico y Atlantis, Disney no lo haya utilizado en más películas. La dama y el vagabundo en realidad fue dibujada sobre negativos en formato 1.33:1, pero se hizo con vistas a recortar los extremos superior e inferior y proyectar así la película en 2.35:1. Es por eso que la auténtica pionera fue La bella durmiente, en la que los artistas se encontraron dibujando en planchas anchísimas para maximizar el potencial artístico del estilo escogido para la película, y sobre todo, de los bellísimos fondos de Eyvind Earle. Un trabajo agotador, pero también satisfactorio para los animadores, que estuvieron más cerca que nunca de los pintores barrocos y sus enormes lienzos. Posiblemente por esto, porque un fotograma el doble de ancho de lo normal se llena en el doble de tiempo y cuesta el doble de pasta, Disney no ha recurrido al 2.35:1 más que en cuatro ocasiones. El fracaso económico de La bella durmiente, no por el rechazo del público sino por los inamortizables gastos de producción, es suficientemente conocido, y temo que escarmentó a Walt Disney lo suficiente como para no volver a intentar algo así durante el resto de su vida. Cuando Taron llegó a las pantallas, Walt ya llevaba casi veinte años bajo tierra.

Todos los dibujos animados en este formato YA.

Hay quien dice que estoy obsesionado con el asunto del formato de las películas. Dicen: “Oh, Miguel Roselló, eres un gran tipo, no sé si perfecto, pero si hay algo que te aleja de la perfección es esa obsesión tuya por el formato de las películas. Pero quizá esa imperfección y tu consciencia de ello son lo que te hace perfecto”. Yo trato de responder de la forma más humilde posible.  El lector versado en el tema (es decir, el que no es el habitual) sabrá que un tema tan apasionante como el del formato cinematográfico se puede tocar ahondando mucho más de lo que yo he hecho. Diré lo que siempre digo en estos casos: si queréis información sólida cuya fiabilidad se basa únicamente en la cantidad de gente que acude a ella, largo de aquí y abrid la Wikipedia. Esto no es más que un reflejo escrito de mis propias inquietudes. Al fin y al cabo, ¿de qué va este blog si no es sobre MÍ? Yo, Miguel Roselló; mi nombre está junto al título. Esto no va sobre formatos, va sobre Miguel Roselló, el magnífico, hablando de formatos. De los que le da la gana, para más señas, porque formatos intermedios como el 1.78:1 o el 1.66:1 los paso por alto porque me parecen absurdos. ¿Para qué sirve en 1.66:1? Es prácticamente formato cuadrado, señor Kubrick, para eso ruede directamente en 1.33:1 y así me da más razones para rajar de su filmografía.

Para terminar, una imagen de La conquista del Oeste, rodada en un formato tan ancho que hasta a mí me parece grotesco. Sí, está claro que lucha contra la televisión sí que fue una obsesión.

2.75:1, nena.

  Pd.: Esta entrada se la dedico a Jaime Mougán, un tipo al que los formatos se la traen floja no, lo siguiente.

8 comentarios to “Lo que importa es la anchura”

  1. L. Norton 10/07/2011 a 15:57 #

    Como en el fondo soy una damisela, esta entrada escapa a mi comprensión. Pero tienes un nuevo fan: mi padre, que suscribe y aplaude todo lo que escribiste, jajajaja!

    • Miguel Roselló 11/07/2011 a 8:32 #

      ¡Anda, no me digas! Estos padres, no se me resisten, qué le voy a hacer.

      Resumido para tu limitado intelecto femenino: no todas las películas tienen la misma proporción. Observarás que algunas películas tienen bandas por arriba y otras que no. Películas anchas: guay; películas no anchas, buuuuuu.

      • L. Norton 11/07/2011 a 19:41 #

        Bueno, hasta ahí llegaba, no por nada soy una mujer curtida en mil batallas…

      • Miguel Roselló 11/07/2011 a 23:15 #

        Nunca se sabe, vieja amiga, nunca se sabe…

  2. Ezequiel Camacho 11/07/2011 a 20:34 #

    A falta de leer el artículo completo debo decir OH YEAH. Ahora me siento menos sólo en mi lucha contra la desproporción de aspecto (aunque he contagiado a algunos amigos tras mis constantes quejas y ahora también sufren al ver a sus padres viendo Gordos TV). En fin, que voy a seguir leyendo alegre y contento.

    • Miguel Roselló 11/07/2011 a 23:14 #

      Adelante, adelante, pero observo errores de bulto que he cometido por escribir con demasiada alegría y hablar de memoria todo el tiempo. Por ejemplo, TERMINATOR 2 (tras comprobación imdbesca posterior) sí estaba en formato ancho (aunque no exactamente 2.35:1).

      Y ahora veo imperdonable ni haber mencionado el baile de formatos entre la parte animada de ENCANTADA y el resto de la película.

  3. angel 13/08/2011 a 4:10 #

    Dios mio.. como dieron antes, por fin dejo de sentirme solo! OH YEAH! es que no soporto de ninguna manera, ir a casa de algun familar y ver algo en 4:3 estirado a 16:9 pff me dan escalofrios solo de pensarlo, y la gente puede vivir asi tan tranquila! jajaja :) me encantó el articulo!

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