Chicas… ¿al poder?

15 Mar

Hace no mucho un amigo (el Consigliere) y yo estábamos enzarzados en una discusión bastante interesante sobre las diferencias que hay entre Joan y Betty, de Mad Men. Son personajes muy complejos ambos, de modo que se puede debatir mucho acerca de su personalidad, de su forma de afrontar su condición de mujer en un mundo masculino, de sus psicologías y su comportamiento, bla, bla, bla. Not funny business, vaya. Y obviamente en algún momento salió el tema de cuál de las dos está más buena. ¿Por qué no? Estábamos hablando de todo lo que respectaba a los personajes. Sin embargo, aquello fue suficiente para provocar la indignación de una persona que ignoró por completo el resto de la conversación y que sólo supo ver un asqueroso comentario machista rodeado de palabrería que se podía omitir convenientemente. No había ningún motivo lógico para sentirse ofendido, pero ocurrió.

Y ahora, entremos en harina. Harina de amasar. De hacer pasteles. Cosas de mujeres, unga, unga.

Por si no quedaba claro, TEAM JOAN.

Se habla mucho de igualdad. Igualdad. Pero qué es eso de la igualdad. La igualdad es una utopía. Una utopía inalcanzable, amigos. Estamos perdiendo el tiempo y nuestras energías intentando conseguir algo imposible y sin ninguna utilidad, y todo por una desastrosa confusión entre conceptos. Hombre y mujeres, al igual que blancos y negros (¿y amarillos? ¿es racista decir “amarillos”?), no somos iguales ni lo seremos nunca. Diría que las diferencias saltan a la vista, ¿verdad? No creo que haga falta retroceder a ese momento crucial en el que el puro infante pregunta a sus padres por el asunto de la colita ausente en mamá. ¿Quiénes son iguales? Las Olsen lo son. Pero los demás no lo somos. Lo que no significa… que no podamos acceder a los mismos derechos. “Aaah”, dice el lector, viéndose librado de la confusión, “no seas picajoso, Roselló, es que es A ESO a lo que nos referimos cuando hablamos de igualdad”. No, lector. Eso no es verdad. Crees que sí, pero no es cierto. No hay más que levantar la vista del portátil y observar alrededor. Se va más allá de la búsqueda del “los mismos derechos para todos”, da la impresión de que se intenta enterrar las diferencias objetivas e indiscutibles entre hombres y mujeres bajo una pesada manta de escombros de negación y omisión. Vale, una metáfora un tanto caótica. Con palabras más claras: un tabú. Yo me he visto en la increíble situación de tener que defenderme ante críticas por comentar que en términos generales la mujer es físicamente más débil que el hombre. Es decir, yo puedo afirmar que el macho elefante suele ser mayor que la hembra elefante, o que el Tyrannosaurus Rex hembra es más fuerte y grande que el T. Rex macho, es un hecho científico; pero no puedo hacer este tipo de comparaciones en torno a nuestra jodida especie, pese a la objetividad científica. Es de locos.

De locos, pero cierto. Parece que está permitido ser estúpido e irracional en una conversación que gire en torno a diferencias de género, porque defender a la mujer está bien, y eso va antes que cualquier otra cosa. Una persona centrada e inteligente sabe que afirmar que el hombre es por lo general más fuerte que la mujer no conlleva omitir casos particulares en los que una mujer pueda ser más fuerte que un hombre, o más alta, o lo que sea. Es obvio que estamos hablando en términos generales, y en cualquier otro caso tu interlocutor lo entendería así. Pero cuando hablamos de hombres y mujeres las normas son otras. En este caso al interlocutor se le permite (se le obliga, se le exige) olvidar toda la habilidad conversacional y de comprensión que ha ido entrenando desde que salió cubierto de sangre del útero de su madre y decir con evidente indignación: HAY MUJERES QUE SON MÁS FUERTES QUE OTROS HOMBRES.

Esta es la base de lo que me gusta llamar Feminismo Estúpido e Irracional, o en su versión resumida, feminismo. A fin de cuentas, lingüísticamente el término “feminismo” es equivalente al término “machismo” pero desde la perspectiva contraria. En lo que a mí respecta, feminismo implica una serie de errores que ya cometieron los hombres durante siglos y que ahora las mujeres quieren empezar a cometer para ponerse a la altura. No tengo que decir que el estandarte de ese feminismo atroz que ahora marca tendencia como la marca cualquier abrigo (y que se lleva con la misma frivolidad) es Sexo en Nueva York, esa serie en la que cuatro tipejas se empeñan en demostrar que la mujer moderna dueña de sí misma ha de ser una inútil que no sabe ni freír un huevo. ¡Pero ojo! ¡Son independientes! ¡Son unas inútiles pero son independientes! ¡Somos como los hombres de los cincuenta… pero hoy! Pensemos en esa abnegada ama de casa de los cincuenta. Pensemos en lo fuerte que debe ser esa mujer que se sabe en una injusta situación de inferioridad social respecto al hombre pero que pese a todo tiene los recursos para mantenerle. Cocina, teje, limpia, tiene recursos. Hostias, como un día estas mujeres se den cuenta de que además pueden hacer otras cosas y empiecen a hacerse un hueco en nuestro mundo de hombres, nos van a dar CIEN VUELTAS. Las mujeres del siglo XXI van a ser lo puto mejor y ellas solas van a sacar adelante el mundo. Pero entonces llega Carrie Bradshaw y con un sonoro QUE COCINEN ELLOS se va a comprar zapatos y reivindica la estupidez absoluta en la mujer. ¿Los hombres han sido durante siglos unos paletos incapaces de enhebrar una aguja? Pues ahora NOSOTRAS vamos a ser ésas inútiles. ¡Mujeres al poder!

“A mí no me preguntes, sólo soy una chica del siglo XXI. ¡Jijijijiji!”

Otro aspecto más bien triste de esta extraña sociedad ideológicamente deforme es que parece haber un consenso general por el que cualquier alegato a favor de la mujer debe ser tomado sin excepción como una respetable verdad a la que hay que asentir con cara de convicción, de “qué bien habla” (u “ole ahí”, lo que más os guste), por poco sentido que tenga. Os voy a poner un ejemplo verídico: vuestro anfitrión está compartiendo alegremente con sus amigos (y unos cuantos amigos de amigos a los que no se quiere ni molestar en conocer) sus torpes y cómicos intentos de cortejo de una chica en cuestión, y a la frase “y bueno, ya que no hubo suerte…”, salta una voz femenina que grita “¿cómo que ‘ya que no hubo suerte’? A ver si os enteráis, que las mujeres no somos un trozo de carne”. A una salida como ésta uno sólo puede reaccionar con un silencio desconcertado, o como mucho con un torpe balbuceo que, por supuesto, la amable interlocutora toma como la prueba irrebatible de que te ha puesto en tu sitio. Tengo la impresión de que en ese momento yo podría haber dicho “este zapato me está haciendo una rozadura en el tobillo” y ella igualmente habría replicado “¿cómo que ‘una rozadura’? A ver si os enteráis, que las mujeres no somos un trozo de carne”. Sin embargo, hay un aspecto de esta anécdota que pasaron por alto todos los presentes (incluido yo) y que sin duda vosotros también. Nadie ha advertido que si en esta situación hay alguien que ha sido víctima de los prejuicios de género he sido yo, el hombre, y no ella, la mujer.

Tratar a los hombres como auténtica escoria es una práctica peligrosa, análoga a la misoginia más arcaica en todos los aspectos. Incluido el no cuestionamiento de la misma. Es obvio que con lo que voy a decir ahora no me refiero a todas las mujeres del universo, pero no cabe duda de que bajo cada comentario degradante hacia los hombres (y hay muchísimos más de lo que se cree) suele haber una intención vengativa, por todos esos años de injusticia social. Y esa mujer que insulta al hombre pretende reivindicarse al estilo Carrie, el cual no tiene nada que ver con usar poderes telequinésicos para asesinar brutalmente a todos los presentes en el baile de fin de curso, sino con cambiar papeles en el peor de los sentidos de la expresión. Es exactamente el mismo comportamiento arrogante de los hombres machistas del pasado, pero con la peligrosa (y falsa) legitimación que otorga la idea del ajuste de cuentas. Y por cada hombre que quizá se lo merezca, hay otro que pese a no merecerlo va igualmente a escuchar comentarios degradantes hacia él. Pongamos que soy ese hombre (lo soy, a mí que no me jodan). ¿Cómo debo sentirme? A mí mis padres me enseñaron desde pequeño a tratar a todo el mundo por igual y a no adoptar un comportamiento tontamente machista, y así he seguido hasta hoy (con oscuros bajones adolescentes de los que no me siento orgulloso). Pero igualmente tengo que aguantar que se presupongan cosas sobre mí sólo por ser un tío y parece que no hay nada que pueda hacer para evitarlo. Y aquí entran auténticas chorradas, algunos de los prejuicios más ridículos e hilarantes del mundo. “Bueno, a ti los musicales no te gustan, ¿no? Como eres un tío…”. Por supuesto yo tengo que encogerme de hombros y preguntarme en silencio cómo es posible que esta chica que no me conoce de nada haya sacado tan extraña conclusión. Ni siquiera parece haberse fijado en la camiseta de West Side Story que llevo puesta.

En casos como éste me pregunto hasta qué punto se ha nublado nuestra percepción de la realidad. Dejemos de lado a esa mujer de la que he estado hablando. Hablemos ahora de TODOS nosotros. Reflexiono y empiezo a caer en comportamientos, comentarios, gestos, que aceptamos por consenso como misóginos pero que no tienen ninguna base lógica para ser calificados como tal. El caso más claro es el de hablar de las tetas de una chica. Hablar de sus tetas es degradarla. Hablar de sus tetas es cosificarla. Es humillarla, despreciarla, frivolizarla como ser humano digno. Alto, alto, alto. ¿Lo es? Es decir, ¿realmente lo es? ¿En serio hablar del físico de alguien es insultante e implica necesaria e irreversiblemente despreciar cualquier otra característica del sujeto del que se habla? Dicho así, explícitamente, suena estúpido, pero no más estúpido de lo que es en realidad. Sin embargo ahí sigue ese tópico tan falso como nocivo, que va camino de convertirse en un penoso tabú sobre el físico de las personas. ¿Por qué? Porque seguimos empeñados en traer la igualdad absoluta al mundo, cosa que sólo se puede lograr fingiendo que somos nubes invisibles de energía dando vueltas por ahí. Y no somos nubes invisibles de energía, somos personas, y más aún, somos hombres y mujeres, y somos… sexuales. A los hombres nos gustan las mujeres. A las mujeres les gustan los hombres. Eh, y sí, también hay gays y lesbianas y demás alternativas a cada cual más inquietante. El físico, ese físico que nos diferencia a hombres de mujeres, está ahí y es un aspecto crucial de nuestro día a día, algo que no es ni para bien ni para mal. Y podemos hablar de ello y no por ello despojar a nadie de su dignidad. Obviamente hay límites para todo, no defiendo al parroquiano de taberna que ejemplifica de forma excesivamente gráfica lo que le haría a la chica del abastecimiento de cerveza que viene los lunes, pero hay un nivel asombrosamente alto de personas (hombres, mujeres) que se ofenden simplemente porque se mencione el culo de una mujer, como si ello nos diese un exacto mapa de todo cuanto ese tío ha podido decir en su vida cuando se ha referido a una mujer. Triste, ofensivo para el tipo en cuestión, pero nadie parece notarlo.

Hablando claro, hoy día se busca paridad. Al igual que por cada hombre empleado debes emplear a una mujer, o por cada blanco un negro, por cada referencia al físico has de hacer una al intelecto. Como ya imaginaréis, la paridad en todas sus formas me parece una gilipollez, y ésta no es una excepción. Observemos mis propios dibujos. Dibujo incesantemente chicas haciendo el tonto que no tienen nada mejor que ofrecer que su cuerpo. No las vemos diciendo cosas inteligentes, de hecho no las vemos diciendo nada. Y aún con todo esto, me gustaría que alguien me explicase de qué forma pueden esos dibujos dar una mínima pista de cómo trato a las mujeres en el mundo real. Yo puedo hacer lo que me de la gana con mis personajes femeninos, nadie tiene derecho ni motivos para calificarme de misógino siempre y cuando no trate de forma ofensiva a una mujer en mi día a día. No, no me vale lo de que hacer dibujos como ése ya es ofender a las mujeres, porque ni siquiera eso es verdad. Mis dibujos (y los de casi cualquiera que se dedique al arte pin up) no hacen apología de un trato concreto hacia nadie, sino que pretenden remitir a un tipo de arte que sí lo hacía, pero que de todos modos es lo suficientemente válido artísticamente como para que no deba ser despreciado por su contenido ideológico o social. La representación por sí misma nunca es ofensiva, la intención es lo que puede serlo. Otro aspecto muy importante, y esto se deriva de una conversación que tuve hace unos días, es que la mayoría de los que nos dedicamos a dibujar pin ups hacemos referencia a una misoginia tan anacrónica y pasada de moda que hoy día no puede pasar por un sentimiento real. Hay quien dice que sí que puede, pero esas personas tienen una noción muy equivocada del mundo que les rodea, la percepción artística atrofiada y una molesta tendencia a ignorar que a veces el problema está en uno y no en lo que le ofende. El caso es que puedo dibujar a una chica guapísima encadenada a sus tacones mientras cocina tartas para complacer a su marido, y a la vez respirar tranquilo porque sé que nadie va a creer que alguien pueda tener esta visión de la mujer a estas alturas de la vida. Y si pongo a una de mis chicas en una situación que provoque dudas (conduciendo, por ejemplo, que aún tenemos esa chorrada de que las mujeres conducen peor que nosotros), procuraré hacerlo cuanto más exagerado mejor, para evitar cualquier posibilidad de tomarlo en serio. Exacto: cuanto más misógino, menos lo será en realidad.

Concluyendo, diré que dado que tenemos un historial de misoginia histórica más largo que mi brazo y no podemos cambiarlo, lo menos que podemos hacer es explotarlo y burlarnos de él hasta que se convierta en lo que ya debería ser: un vestigio ridículo del pasado sin validez alguna, carne de comedia que no debería asustar a nadie. Porque es muy diferente un chiste misógino que un chiste sobre misoginia. Todo esto es fácil de entender en realidad, pero claro, hay que querer entenderlo.

Fuck off.

7 comentarios to “Chicas… ¿al poder?”

  1. El Tipo de la Brocha 15/03/2012 a 21:00 #

    Bravo. Ojalá la gente pensase por sí misma y fuera capaz de darse cuenta de estas verdades en lugar de seguir las pautas marcadas por otros. La sociedad daría un salto enorme hacia delante.

  2. sotemaister 16/03/2012 a 12:17 #

    Olé, olé y olé. El dibujo final sublime.
    Es cierto el planteamiento que muestras. Muchas veces en la actualidad, se tacha a los hombres como escoria machista pero a veces solemos ser victimas sutiles.
    Esto me recuerda a un capítulo de Los Simpson (que situación no habrán hecho ya… ),
    creo que era de la temporada 16 en el que Marge y Homer están en una conferencia de mujeres y ven por la tele como su amiga periodista Chloe y su hija Lisa están atrapadas ante la erupción del volcán. En ese instante Marge decide ir a rescatarlas y Homer sugiere acompañar a Marge porque teme que la pase algo. Ahí entonces, las feministas abuchean a Homer por creer que Marge, por ser mujer, no puede encargarse sola .
    Entonces Homer decide quedarse en la conferencia y dejar que Marge vaya sola, por lo que las feministas vuelven a abuchearle por tener los huevos de dejar a su pobre mujer ante el peligro. Ahí entonces grita: ¿Pero qué es lo qué quieren las mujeres?.
    …………………

    Este tipo de situaciones donde el odio precede para anular todo tipo de causa por muy buena intención que esta tenga.
    Pero como bien ha comentado Rosello, también abarca otras diferencias como es el de las razas. No solo se le acusa a la gente de ser machista sino por ejemplo también de ser racista por realizar conductas que su condición distan de ellas.
    Un ejemplo es la película de Tiana y el Sapo, que durante la producción ya tuvo los primeros detractores acusandola de racista y oportunista por hacer la primera princesa negra durante la “era Obama”. Que siguió con las siguientes quejas sobre disparates sin sentido.
    Al principio la película se iba a llamar “The Frog Princess” (la princesa Rana) pero entraron en polémica porque el título eran racista. Aunque la peli trate de una tía que se convierte en rana , valga la redundancia. La trama iba a consistir en una joven afroamericana llamada Maddie que hacía un trato con el vudú para poder conquistar a un principe.
    Las criticas fueron apoteosicas en plan que Maddie era nombre de esclava, por lo que lo cambiaron por Tiana, el título se cambio por The Princess and the Frog y la trama también, ya que dijeron que era racista porque Disney planteaba que una negra no podía llegar a ser princesa a no ser que usará brujería.

    Y ya pulida la trama plantearon hacer el príncipe blanco (pero dijeron que era racista ya que planteaban que una negra solo podía obtener poder si estaba con un blanco),
    luego plantearon hacerle negro al príncipe (pero también criticaron que era racista que solo los negros pudieran casarse entre ellos y no con blancos) …Por lo que hasta los co***es de las criticas, al final plantearon que el príncipe sería mestizo del ficticio reino de Maldonia para no levantar más criticas de su procedencia.

    Lo dicho. Al igual que el cuento de “El viejo, el niño y la mula”, la gente va a criticar por criticar con tal de llevar razón en su argumento.

  3. lauramihon 21/03/2012 a 0:55 #

    Pensaba contestarte por privado, pero he pensado que sería más útil contestarte por aquí. Me da pena que mi primera intervención en tu blog sea para rebatirte una entrada que no me ha gustado en vez de haber comentado antes en las miles que sí lo han hecho…Pero weno! Allá voy.

    Has escogido un tema delicado, del que hay que estar bien informado para no meter la pata. Que sí, que eres libre para opinar sobre cualquier cosa, pero ¿a que no opinas sobre física cuántica si no tienes el bagaje necesario? Quiero dejar claro que no pienso que hayas tratado nunca mal a una mujer, y que sé que este post solo es fruto de tu desconocimiento sobre el feminismo.

    En primer lugar tienes que saber que cometes un error al tratar al movimiento feminista como algo unitario…hay muchas corrientes, de las más moderadas a las más radicales, y que no puedes ponerte en contra del feminismo en general, dado que creo que no existe como tal. A parte de eso, una mujer feminista no tiene por qué representar al colectivo total de feministas…si una tía te ha echado la bronca injustamente sin conocerte no significa que todo el movimiento feminista sea injusto y poco razonable (así como un hombre machista no puede representar al colectivo de hombres).

    Por otro lado, eso de que “lingüísticamente” el feminismo es equivalente del machismo, es una tontería, Rose. En ningún tipo de estudio del lenguaje el feminismo es equivalente del machismo…¿en qué te basas? ¿En que acaba en -ismo? No puedes cambiar el significado de la palabra feminismo a tu antojo, y encima usarlo como argumento. El feminismo es “una ideología y un conjunto de movimientos políticos, culturales y económicos que tienen como objetivo la igualdad de derechos entre hombres y mujeres” (sí, lo he copiado de la wikipedia…jeje)

    Y te quería preguntar..¿crees que ahora mismo estamos en una sociedad igualitaria en la que la consideración de la mujer es igual a la del hombre? Espero que no sea necesario tener que pararme a explicar que no es así…Por lo tanto, ¿crees que no es necesario que haya movimientos feministas con el fin de conseguir esa igualdad de derechos y de consideración? Entiendo que puedas estar en contra de ciertas actitudes agresivas (yo también lo estoy) pero ¿niegas la necesidad de estudios y movimientos sociales en este sentido? (lo pongo todo en modo pregunta para que contestes, no para que el discurso quede mejor) Esto me remite a lo de que no existe una misoginia tan anacrónica hoy en día…Rose, en serio, tú no sabes lo que hay por ahí, si piensas eso. De todas maneras, creo que lo peor no son esos casos extremos (que no son pocos, repito), si no los más sutiles, que son los que hacen más daño (este tema da para mucho) (de hecho por eso me da coraje que lo trates de manera tan superficial)

    Hablemos de los dibujos y las representaciones. Dices que por tus dibujos no se puede saber cómo tratas a las mujeres. Y es cierto, son solo representaciones, pero no puedes olvidar que mediante estas representaciones construyes o reproduces imaginarios. Creo que no tengo que insistir mucho en el hecho de que nuestras expresiones culturales no son solamente representaciones de nuestra realidad, sino constructoras de esa realidad (o sí debo insistir?). Así pues no se trata de cómo tratas a las mujeres en “la vida real” (lo pongo entre comillas porque para mí nuestras expresiones culturales tienen tanto o más de realidad que la realidad misma, pues son las que la dotan de sentido) sino de los valores que transmites. De todas maneras, yo salvo tus dibujos por el hecho de remitir a las pin ups y sobre todo por la burla y la sátira (de lo que hablaré más tarde). Sin embargo considero que siempre hay una responsabilidad social, sobre todo cuanto más alcance tengas (o no crees que debe tenerse en cuenta la responsabilidad social de lo que transmiten los medios? Vamos, tu todavía no eres un “medio”, pero algún día lo serás, lo sé :P).

    En el mismo orden de ideas, definitivamente no estoy de acuerdo con lo de que todo lo “artísticamente” válido está exento de una crítica al contenido. De hecho destaco lo de “artísticamente” porque pienso que precisamente lo artístico no es sólo forma, sino también contenido, y ese contenido puede ser nocivo o no. Y volvemos a lo de la responsabilidad social.

    Para acabar con mi crítica, quería hablar un poco de lo de los comentarios sobre el físico de las mujeres. El problema de eso es que desde siempre las cualidades atribuidas a la mujer se han reducido a su físico, y es una tendencia todavía muy muy presente. Sólo hay que echarle un vistazo a cualquier medio. Por eso hay cierta sensibilidad respecto a ese tema, no por una negación de la diferencia, o del cuerpo humano. No se nos ocurriría hablar del físico de un hombre cuando estamos tratando por ejemplo un tema profesional, sin embargo no dejo de encontrarme referencias al físico de las mujeres que no vienen a cuento, como la “hermosa directora de orquesta” (ya que hay una directora de orquesta habla de su trabajo, coño, no de si es guapa o no. Jamás se le ocurriría a alguien decir, “el apuesto director de orquesta” o similar), o referencias a la manera de vestir de las políticas. El problema no es que hables de una chica que te ha gustado y nombres partes de su cuerpo. El problema es la tendencia general (sí, general!) de hablar de la mujer como de un objeto de decoración, aunque no venga a cuento.

    Y ya por último, algo bueno! Estoy totalmente de acuerdo contigo en lo que dices de la burla y la sátira. Me gustó que por el día de la mujer colgaras ese dibujo y veo una manera legitimísima, y de hecho muy efectiva, luchar contra los estereotipos mediante el humor.

    Perdona por el tostón, pero lo tuyo también lo era y necesitaba una respuesta a medida!! De hecho el tema da para más…

    Un beso, Rous!!!

  4. colossusBlog 18/06/2012 a 14:42 #

    Empezaré felicitándote por el blog y decirte que seguiré leyendo tus aventuras por WordPress, porque me ha gustado la temática del mismo.
    En una mujer y en un hombre hay diferencias psicológicas, hay diferencias físicas y ya fuera de la educación que nos den, el que niegue que hay diferencia está para encerrar en una jaula y alimentarlo a base de whiskas.
    Hace poco escribí sobre la estupidez que se esconde tras la ley de la igualdad y de como muchas mujeres, por poner un ejemplo, se quejaban de un trato vejatorio hacia ellas cuando se hablan de sus cuerpos pero cuando ellas mismas lo exponen en fotos (sabemos todos que para el halago fácil) ya no es tan malo. Quieren igualdad pero no se quejan si entran gratis a una discoteca y ahí es donde yo me quejo, aun siendo mujer.
    Pero, cuando el ser humano consigue lo que quiere ya no le importa, que consiguiéndolo joda a otros, porque ya tiene lo que quiere y muchas mujeres, que son abanderadas de la igualdad han olvidado que los hombres a nivel legal, ahora mismo en la actualidad, tienen mucho menos respaldo legal que ellas y eso nadie lo dice, ni los conoce.
    Sexo en Nueva York como tú bien dices es una prueba de “Dios mío, soy una mujer innovadora de este siglo pero, sigo teniendo las mismas putas inseguridades que cualquier mujer y encima, suelto las mismas frases tópicas sobre los hombres” y yo, como mujer, odio esa puta serie, que además es abono televisivo.
    La censura en los anuncios nos cuenta que el instituto de la mujer mete mano para que no seamos objetos sexuales o exista cierto grado de sexismo, sin embargo hay muchos anuncios donde al hombre se le denigra y ¡Voilá! el instituto de la mujer cruza el armario de Narnia ya tomar por culo, porque lo que es quejándose por la igualdad, no está.
    Me hace gracia el concepto “Objeto sexual” y hace tiempo leí en un blog que en una discoteca regalaban consoladores a todas las chicas y dicho acto enfureció a las feminazis, que afirmaban a su vez que era insultante para las mujeres porque se las trataba con el concepto anteriormente dicho. ¡Menuda pollada! si regalasen placas base dirían que las tratan como “Objetos informáticos” y si les regalasen un libro dirían que les tratan como “Objetos literarios” ¿Alguien entiende la idea de la expresión en si? ¿Soy yo la gilipollas?. Una tía puede coger el consolador y meterlo en el bolso, acto seguido puede charlar sobre el principio de Arquímedes o irse a sodomizar monjas pero, en cualquier caso, cualquier excusa es buena para denunciar sexismo…..

    Y yo que siendo mujer tengo esas ideas, recibo mil palos de otras mujeres porque defendiendo la idea de algunos hombres soy una “machista simpatizante del maltrato/asesinato de mujeres” en fin …. ¡Qué majas son algunas! XD

    • Miguel Roselló 18/06/2012 a 16:55 #

      En cualquier caso agradecería una respuesta tan calurosa como la tuya, pero dado el tema en cuestión y que eres mujer, me resulta aún más satisfactorio. Me resulta muy alentador que haya quien pueda separar el estúpido orgullo de género (hay mucho de eso) de la razón, sobre todo dentro del grupo de los afectados por el tema en cuestión. Bravo por ti.

      Hace poco una amiga que estudia psicología me utilizó como conejillo de indias para un trabajo sobre la percepción social acerca del maltrato, y me hizo una serie de preguntas que me llevaron a entender una terrible realidad. Soy suficientemente inteligente como para rechazar la primera idea que por prejuicios o educación social se me pueda venir a la mente, de hecho es lo que hice; pero me inquetó que mi primer pensamiento ante la pregunta “¿cómo reaccionarías si vieras a una mujer maltratando a un hombre?” fuese “DEFENSA”. Porque yo puedo rechazar ese pensamiento, pero ¿puede todo el mundo? Me di cuenta de que la concepción del maltrato está fuertemente arraigada a una noción de inferioridad por parte de la mujer ante la brutalidad del hombre, incluso en los casos de maltrato “inverso”, en los que instantáneamente asumimos esta violencia como respuesta a otra anterior. Y me pareció bastante preocupante. Porque puede que el maltrato hacia las mujeres exista, pero también existen campañas de concienciación que para el maltrato “a la inversa” son LITERALMENTE inexistentes.

      Es un ejemplo concreto que ilustra lo que tú misma describes.

      Pd.: Me hace gracia que menciones “la temática de mi blog”, porque ni yo estoy seguro de que tenga alguna más allá de “yo y todo de lo que me gusta hablar”. Pero adelante, adelante, como en tu casa, hay un montón de chorradas, egocentrismo y temas interesantes para entretenerte. Y eh, ¡gracias again!

      • colossusBlog 18/06/2012 a 17:47 #

        Hablo de temática en general y me gusta (cara de monger) y si, este es un caso un poco delicado.
        Si nosotros viésemos un caso de maltrato hacia el hombre pensaríamos que él se lo ha buscado, que le ha sido infiel y demás. La sociedad asume como maltrato el del hombre y menosprecia el daño que pueda hacer una mujer, porque nos han educado para pensar que somos más débiles en todo las mujeres.
        Una hostia es una hostia venga de donde venga, que luego la fuerza sea diferente porque uno tiene más o menos, eso ya entra en otros temas.
        El gesto, la hostia, es lo que hay que asumir porque realmente nos perdemos en lo grande sin mirar detalles y otra cuestión muy importante: el maltrato verbal.
        La palabra en si indica un trato inadecuado sin medir cómo se usa y es curioso porque la gente solo asumo que el maltrato va desde un insulto hasta un golpe y, hay muchísimas maneras de joder a alguien que no son tan perceptibles por la gente, pero que siguen estando ahí.
        Yo empecé mi guerra, por así decirlo, porque tras ser maltratada pues me metí como voluntaria a un centro de mujeres y a los años de colaborar, llegaron par de chicos a los que habían rechazado ayudar porque en esta ley de “Igualdad” y “Paridad” solo existe el maltrato de cara a la mujer y decidí abandonar el centro, porque no me parecía justo.
        Yo he sido maltratada y no me cuesta decirlo, ya enterré el pasado y con él mis miedos pero, eso no significa que pida la cabeza de los hombres por los actos ajenos y es lo que están pidiendo muchas ¿A donde hemos llegado?.
        Incluso el día de la mujer trabajadora me parece una gilipollez y me lo parecería el del hombre trabajador si existiese (espero que no exista porque yo lo desconozco XD) parece que nos tienen que aplaudir a las mujeres por currar, como si fuera un orgullo.
        Es una ocupación que debemos tener para poder sobrevivir en este mundo y punto, no sé, no me hagas caso pero no entiendo miles de cosas que suceden y porque suceden así que igual, reconozco que soy muy radical en mis opiniones.
        Gracias por responder, de corazón :)

      • colossusBlog 18/06/2012 a 18:06 #

        Perdón, tengo que decir también (discúlpame por mis biblias, un día te mandaré un barril de fría cerveza para compensar XD) que es curioso que las mujeres se quejan del machismo pero ¿Quien ha educado a toda la generación de machistas? normalmente el hombre sale a trabajar y en el matrimonio se asume como responsabilidad femenina la educación de los chicos. ¿No es machista cuando una mujer califica a otra de “Puta” cuando disfruta del sexo? ¿Soy la única que veo cantidades industriales de machismo en las mujeres?
        PD. Si es así, se llama delirio y lo sufro jajaja.

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