Konguis En Marruecos II: Edición 10º Aniversario

17 Jun

Hubo un tiempo de mi vida creativa en lo que lo único que me importaba era no parar de hacer cosas, fueran lo que fueran y salieran como salieran. Como Woody Allen actualmente. Utilizo deliberadamente la palabra “cosas” porque es el término más preciso para abarcar mis distintas y eclécticas creaciones: Había dibujos, había proyectos de juegos de mesa, había relatos, cómics de ochenta páginas y hasta figuras de plastilina. Yo era lo que se conoce como un auténtico renacentista. No obstante, casi todo lo que hacía tenía un punto en común: siempre estaba protagonizado de un modo u otro por mi círculo de amistades, conocidos, profesores y figuras pueblerinas notorias. En última instancia mis creaciones casi siempre eran ficciones, a veces muy biográficas y a veces puramente hipotéticas, protagonizadas por los insultantes alter ego de la gente de mi entorno. Si habíamos ido a la feria, yo hacía un par de dibujos sumamente recargados ambientados en la feria; si habíamos estado viendo Battle Royale yo me sacaba de la manga un eterno cómic sin orden ni concierto en el que mis amigos y yo deambulábamos por una isla matándonos los unos a los otros.

Y si jugábamos una partida especialmente memorable del Serious Sam, hacía un dibujo en el que nos metíamos a repartir leña en el Serious Sam.

Estamos en un periodo inusitadamente turbulento de mi adolescencia, concretamente el año 48 después de James Cameron (o 2002, como prefieras), época en la que seguramente alcancé mis mayores cotas registradas de amoralidad, mezquindad, crueldad y falta de tacto. Mi especialidad era destacar y exagerar los defectos y los complejos de mis amigos en una serie de personajes descaradamente alusivos que componían el reparto más desasosegante que se pueda imaginar. Nadie se escapaba de aquella escabechina carente de toda ética. No obstante, lo que hacía no era más que plasmar en papel la realidad de mi instituto, que no era sino la realidad de todos los institutos: los niños son crueles y los motes rigen el statu quo, el orden social y, en general, la vida escolar. Tus compañeros se definen por sus miserias. Sus defectos físicos se convierten en su principal seña de identidad, y mentiras convertidas en hechos irrebatibles a fuerza de repetirse se rigen como auténticas reputaciones, casi siempre para mal. En términos generales, yo era una víctima del acoso escolar y de los matones. No hay otro destino para un niño gordo y feo de extrañas aficiones y tendencia a dar la nota. Pero al mismo tiempo también era un matón. No un matón físico, puesto que cualquier niña podía dejarme tieso de una torta, sino un matón psicológico. Una auténtica hiena que se aprovechaba de las desgracias sembradas por otros (motes, burlas establecidas como canon oficial o cualquier cosa que se te ocurra) para llevarlas a una dimensión superior de odio y mal karma generalizados a través de dibujos o relatos. Porque puede que fuera un niño gordo y feo, pero también era inteligente y tenía ingenio. Dediqué mi talento al mal, qué duda cabe; pero como suele ocurrir con los grandes villanos, fui creado por otros, y mi maldad no era sino mi forma de defenderme ante lo que de otro modo habría sido una depresión y un sentimiento de patetismo que me habría llevado a tirarme de una azotea, como aquel chico víctima del bullying al que Walker, Texas Ranger, no pudo salvar (“me llaman anormal”). Burlándome de los demás a escala artística lograba dos cosas: reírme de los que se reían de mí y ganarme el favor de esta misma lacra social que de otro modo sería una amenaza. Porque puedes ir al macarra de la clase y llamarle gilipollas en su cara y probablemente acabes con la cara del revés, pero enséñale una elaborada parodia de sí mismo dibujada con buen trazo y, aunque en última instancia le estés llamando igualmente gilipollas, es muy probable que se le vea encantado y exija otra sutil sátira de su miseria. O al menos así es como funcionaban las cosas en mi clase, según aprendí muy pronto. (“¡Al grano!”, ruge algún espectador)

Entre 2001 y 2004 dibujé tres cómics bastante largos protagonizados por mi patentado grupo de personajes basados en la gente de la clase. El primero, La paradoja, era un caos de viajes espaciotemporales en el que el supergenio Lupa (basado en nuestro nerd-por-imposición, Hempfreud) y el inseguro y salido Pollo (basado en el inseguro y salido Pollo) viajan al pasado para evitar el trágico suspenso en mates de Rose (el egocéntrico y megalómano simio que me representaba a mí) que acabaría desencadenando la destrucción total del instituto y el mundo occidental. El segundo, que pasó por diez títulos diferentes, era un sorprendentemente ingenioso mix entre El mundo está loco, loco, loco, Un cadáver a los postres y Psicosis en el que los personajes cada vez eran más patéticos e hirientes respecto a la gente a la que representaban. Y el tercero, que jamás llegué a acabar porque tras noventa páginas aquello no parecía apuntar hacia ningún final definido, era un Gran Hermano lleno de bromas sexuales tan burdas y una misoginia y un racismo tan brutalmente carentes de tacto que si los hermanos Wayans lo leyeran hipotecarían hasta su casa con tal de hacerse con los derechos cinematográficos. Estas tres locas aventuras, que empezaron con Hempfreud de asesor creativo hasta que poco a poco se fue desvinculando inteligentemente de mis despropósitos narrativos, definen bastante bien los roles que había férreamente establecidos en la clase. Por supuesto entre estos personajes hay viejos conocidos de mis batallitas en este blog aparte de Hempfreud y Pollo. Fernando (representado por el increíblemente exasperante e hiperactivo Palanca), Papi (en la piel de Papi Oso; grande, colérico, sagaz estratega y con importantes contactos gubernamentales), Maca y Nora (como un par de auténticos pendones que se pasan el día follando o calentando al personal; caricaturas que a ellas les encantaba)… Por no hablar de otros muchos compañeros de fatigas. No obstante, hubo un proyecto inconcluso, gestado en sincronía con el cerebro de Hempfreud, que superó a éstos en todos los sentidos. Nunca antes habíamos reunido a un reparto tan gigantesco y espectacular, nunca habíamos sido tan explícitos, vulgares e vejatorios en la descripción de los personajes, nunca nos habíamos preocupado tan poco por dar lugar a una trama coherente, o a una trama de cualquier tipo. Y ya desde el título prometíamos ingentes cantidades de burlas devastadoras, raciales y macabras: Konguis en Marruecos II.

Konguis en Marruecos II era, si hablamos propiamente, un enorme montón de humo. Supuestamente era la segunda parte de una saga épica de corrupción y honor a lo largo de varias generaciones vista desde los ojos de dos ciudadanos extranjeros llegados a un nuevo y rugiente mundo, los Estados Unidos. Pero lo cierto es que sobre el papel sólo teníamos un cúmulo de personajes absurdos en una enmarañada red de relaciones en cuyo centro había un negro y un moro.

¿Poner al atribulado profesor de tecnología forofo del Cádiz en pose chulesca a lo 2 Fast 2 Furious? ¡¿Por qué no?!

¿Quiénes eran este negro y este moro? Este negro y este moro, eran, cómo no, insultantes reflejos de dos queridos compañeros de clase. De uno ya he hablado en alguna ocasión: Menda, líder del grupo, as del balón, rápido como una bala, dos novias mensuales. Pero también tenía rasgos vaguísimamente arabescos. De ahí que le llamáramos Moro, Marroquí, Marro o Inmigrante De Mierda. Por supuesto, en mi universo alternativo vagaba por ahí con una túnica decorada con el símbolo de la bandera turca y un grotesco turbante. El segundo compañero era Lucas. Lucas era su apellido, no su nombre. Llegado de lejanas tierras ecuatorianas con un marcado acento, no tardó en ser aceptado calurosamente en nuestra comunidad escolar, primero a través de imitaciones de su forma de hablar y finalmente ganándose su alter ego a bolígrafo: un aborigen negro de gigantescos labios y un hueso en la cabeza. ¿Su nombre? Kongo, el negro. Hergé estaría orgulloso de mí.

De modo que Marro el Inmigrante de Mierda y Kongo el negro fueron escogidos para protagonizar nuestra obra de marcado contenido social y explícito título. Lo cierto es que el título no tenía demasiado sentido, puesto que aunque nunca llegamos a delimitar claramente el emplazamiento geográfico de Konguis en Marruecos II los detalles respecto a las vivencias de los personajes apuntaban claramente a una feroz ciudad norteamericana regida por las supercorporaciones (con puntuales viajes alrededor del globo). ¿Qué hacían exactamente Marro y Kongo en esta historia? No estábamos muy seguros. El subtítulo nos da una pista: El kongo vuelve a su casa. Pero de lo que estábamos muy seguros era que ellos dos eran el epicentro de un relato marcadamente coral en el que todo el mundo tenía su papel bien asignado y, cosa curiosa, su destino elegido. Pero por favor, no me creáis a mí. Creed al documento original, fechado en 2002 (pese a las engañosas pistas que pueden leerse en el mismo) y cuidadosamente escaneado para la ocasión:

Pinchar para entrar en una nueva dimensión.

Vamos a diseccionar paso a paso este extraordinario testimonio descubierto en el fondo de una roñosa carpeta de cartón que un día fue azul. El lector ajeno a nuestro extraño mundo encontrará las descripciones desconcertantes y los comentarios añadidos totalmente carentes de sentido, y por eso es necesaria una ardua explicación. ¿Qué podemos encontrar a simple vista en este viejo papel, arrancado de lo que fue concebido como un cuaderno de dibujo en el que plasmar bellos sentimientos en forma de trazos? En la mitad izquierda se desglosa el amplio reparto, a la derecha hay una exhaustiva lista de agradecimientos, y en toda la parte de abajo hay créditos adicionales.

Como no podía ser de otra manera, el reparto es la parte más interesante; aunque recuerdo perfectamente que ese trozo lo escribimos después de los agradecimientos. Si ya con la ausencia de trama estábamos ante un auténtico caso de empezar la casa por el tejado, ahora la sensación se acentúa aún más. Tampoco parece que empezáramos a escribir el reparto con las ideas muy claras en mente. Sólo así se explica que en la primera columna incluyésemos a los actores junto con el papel que desempeñaban sus personajes en el argumento y en una columna aparte el nombre del personaje. Lo más llamativo de todo es desde luego la inaudita columna final, en el que detallábamos algo tan increíblemente determinante como el destino de cada personaje. IMDb debería tomar nota de nuestro sistema de organización de las fichas de reparto.

Como el relato era coral, decidimos seguir la máxima de Woody Allen de ordenar a los actores alfabéticamente (práctica extendida entre los directores-actores cuyo apellido empieza por la A). Y éste es el verdadero meollo de la cuestión, pues todo nuestro universo estaba recogido en esta dantesca lista, tan llena de odio y mala hostia como un enano encerrado en un horno (sí, es que el otro día fui a ver Project X), o como yo tras comprobar la lista de las series más vistas en series.ly. Por si la descripción de estos vistosos personajes no fuera suficientemente denigrante, muchos de ellos contaron con rudimentarios concept-art, no fuera a ser que alguien se los imaginase con un aspecto más dignificante de lo conveniente. Concept-art que, por su fuera poco, también hemos podido rescatar de las ruinas de la Carpeta Azul.

Anoréxica interpreta a Sylvie LaFlaqué, camarera del Titanic. Anoréxica, era, como cabía esperar, una chica extremadamente delgada y feúcha de la clase a la cual no teníamos ningún problema en insultar por ello. El nombre de su personaje alude directamente a dicha cuestión, por si habías pasado por alto la sutileza. No hemos pasado del primer personaje y ya nos sentimos desconcertados por su rol en la película. En un extraño homenaje a Bigas Luna, Anoréxica interpreta a una camarera en el Titanic, que no sabemos si aparece en un dramático flashback relatado por un anciano Marro (Inmigrante De Mierda) o si en realidad no es sino un lujoso transatlántico bautizado en agorero homenaje a la legendaria nave. Lo que sí sabemos es que el paso de Sylvie LaFlaqué por la película debe ser similar al de Sharon Stone por Casino o el de Amy Winehouse por la vida real, puesto que las circunstancias la llevan a morir totalmente alcoholizada. En el mundo real, Anoréxica desapareció de nuestra vida tras la ESO, pero cuando un día mucho después me la crucé por la calle, lo que antes eran defectos la habían convertido en una criatura indeciblemente atractiva, lo cual contrasta con la decadencia de las que un día fueron las tías buenas oficiales de la clase.

Barra interpreta a Prudencia Barroca, camarera #2. Toda camarera del Titanic, sobre todo las que se ven envueltas en complicadas tramas de espionaje, necesitan una confidente. En este caso, Sylvie LaFlaqué encontró en Prudencia Barroca esa consejera ideal. Prudencia está interpretada por una buena chica a la que por entonces llamábamos Barra. Soy incapaz de recordar por qué, pero puedo aseguraros que sería ofensivo de algún modo. Pese a su papel de relleno, Prudencia cuenta con una muerte espectacular, literalmente según nuestras notas, atropellada por un portaviones. Esta extravagante circunstancia sólo alcanzo a explicarla como un homenaje al final de Speed 2, puesto que es difícil atropellar nada si no es en tierra firme, por mucho que hablemos de un portaviones. ¿Sería este portaviones el misterioso Titanic? ¿Teníamos Hempfreud y yo la intención de arrasar una ciudad portuaria con un gigantesco barco militar? Y si es así, ¿los portaaviones cuentan con servicio de limpieza? Nunca lo sabremos.

Blas interpreta a Dios, que como puede observarse en el documento original, no necesita más descripción. Los tintes teológicos impregnan Konguis en Marruecos II y convierten su trama en un dostoievskiano tablero de ajedrez en el que en última instancia todo está regido por una férrea voluntad divina. Dado que Hempfreud y yo somos firmes detractores de la provocación barata, cuando llega el final de la historia Dios no muere ni es violado, sino que continúa siendo el jefe. Y como extraño apunte que no alcanzo a explicar, está interpretado por Blas, nuestro profesor de Dibujo Técnico.

Bros interpreta a Jimmy Podopoulos, hombre rico. No puedo resistirme a la candidez que se desprende de la descripción de este personaje. Podríamos haberlo descrito como “próspero hombre de negocios” o “magnate millonario”, pero en vez de eso optamos por un simple, directo y sencillo “hombre rico”. El pomposo apellido nos evocaba la figura un codicioso banquero de orígenes griegos, papel que asignamos a Bros, auténtico troglodita de primitivos conocimientos mecánicos y bruscas maneras de nombre real Mario (lo cual explica el mote). Como podremos descubrir por la descripción de otros personajes, Jimmy Podopoulos es un hombre poderoso y de éxito, pero eso no le salvará, según parece, de acabar en la bancarrota.

Chulián interpreta a San Rogelio, arcángel. Viendo a personajes como éste me pregunto si acaso Hempfreud y yo nos adelantamos diez años a la moda de las películas de ejércitos de ángeles vengadores, aplicando la fórmula a un relato que ya suma banqueros de turbias intenciones y un portaviones desbocado lleno de camareras de oscuro pasado. San Rogelio, el arcángel que la Biblia omitió por no sabemos qué oscuras razones, juega un rol desconocido en nuestra historia, puesto que su destino es cuanto menos vago: no le pasa ná. Siguiendo la lógica que nos llevó a contratar al profesor de Dibujo Técnico para interpretar a Dios, dimos el codiciado papel de San Rogelio a nuestro profesor de Tecnología, rodeado de un explicable aura brillante, de… Sí, vale, es que era calvo.

Conso interpreta a Pamela Podopoulos, mujer de Jimmy Podopoulos. Efectivamente, Jimmy Podopoulos, el grosero hombre de negocios interpretado por Bros, está casado con una mujer atractiva e irresistible, cualidades que optamos por transmitir poniéndole un nombre de puta. Te preguntarás si la intérprete estaba a la altura de las exigencias (exclusivamente físicas) del papel. Bien, pues debo decir que todos estábamos enamorados de la joven profesora de música sustituta. Consolación, o Conso, como le gustaba que la llamáramos, era un ángel en la Tierra venido para enseñarnos a tocar la flauta y por tanto permitirnos hacer innumerables chistes de lo más inconveniente. En la ficción también demuestra su pureza de corazón abandonando al señor Podopoulos por un tal Rudy, al que ya conoceremos. Y cuando lo hagamos descubrirás que tuvo que ser por fuerza un acto de amor desinteresado.

Dormi interpreta a Modorro Durmish, capitán de la patera. Veamos. Supongamos que el portaviones y el Titanic son naves diferentes, porque de no ser así no habríamos dicho sencillamente “el portaviones”. En ese caso con la patera ya llevamos tres barcos diferentes. Se trata de una película muy naval, como podemos observar. Y como no podía ser de otra manera ésta es una patera de lo más peculiar, porque cuenta con un capitán. Modorro Durmish, noble oficial que un día comandó naves de primera categoría, se ve obligado a capitanear una sucia patera. ¿Qué motivó esta espectacular caída? Nuestro hombre remite desde el nombre a un grave problema narcoléptico que a su vez hacía referencia al tipo que le interpretaba, Dormi. Le conocéis, en su día le describí como un baboso de aspecto soñoliento y nula inteligencia que intentaba en vano formar parte de los bullys guays de la clase. No sé muy bien qué decir del extraño destino de su personaje, muerto por culpa de un bajón de sueño.

Edo-Pedo interpreta a Edward Magarralpish, vendedor de pañales. Edo-Pedo era un ser singular. Tan singular que seguíamos recurriendo a su figura aun habiendo huido a otra ciudad durante quinto o sexto de primaria. Las principales burlas hacia su persona iban dirigidas a su pinta de angelote, con esa cara roja y esos pelos rubios, a su facilidad para llorar y a un totalmente infundado problema de retención de orina. Esto último justifica su humillante papel en Konguis en Marruecos II, aunque doy por hecho que este vendedor de pañales (con un apellido que homenajea al Mundial 78 de Mortadelo y Filemón, si no recuerdo mal) es un engranaje clave en la gigantesca conspiración corporativa en la que se ven enredados Marro y Kongo. ¿Su destino? Como el de Elle Driver (AKA Crótalo de California), un gran interrogante.

Estefanía interpreta a la Mujer Invisible. Nada de esto tiene sentido más allá de la circunstancia de que nos estábamos burlando de una chica que vino a clase el primer día y luego nunca más. Con el tiempo, a la hora de pasar lista las risillas iban in crescendo según se acercaba el momento de nombrarla a ella, y llegado un punto la pobre era una broma en sí misma. La Ausente, el Interrogante, la Mujer Invisible. En aquella clase éramos capaces de reducir a la categoría de parodia patética incluso a una persona que ni aparecía por allí. ¿Cómo encajaba una mujer con semejantes poderes sobrenaturales en Konguis en Marruecos II (a la que, por cierto, tiendo a imaginar rodada en un estilo a lo Michael Mann)?. Qué más daba.

Iberia interpreta a Paolo Aleroni, el hombre del radar. Seguimos avanzando en el misterio de la trama de Konguis en Marruecos II, puesto que la presencia de un hombre del radar evoca, o hace pensar al menos en el cine de catástrofes en aeropuertos de los setenta, o por qué no, a Aterriza como puedas. Desconocemos si Paolo Aleroni es un alivio cómico que se dedica a enchufar y desenchufar las luces de la pista de aterrizaje para entretenerse (“qué putada”) o si por el contrario es otro de tantos personajes nobles que pueblan esta épica fílmica, pero sí podemos decir que tras ese misterioso seudónimo de Iberia se esconde nada menos que Cop, Yosemery Cop, aún años antes de adquirir su mote más carismático. Recordemos que Cop era un tipo al que torturábamos por un caso bastante acentuado de orejas de soplillo, lo cual derivó en todo tipo de motes de tipo aéreo hasta llegar al que se consolidó durante más tiempo, Iberia. Como se puede ver, no reparábamos en gastos a la hora de colocar motes, nada de compañías low cost de pacotilla. Evidentemente, Hempfreud y yo no podíamos dejar pasar una oportunidad como ésta y le colocamos al frente de la seguridad de todo un aeropuerto, interpretando a un bravo italiano que en algún momento de la película siente el impulso de hacer una heroicidad poniéndose al frente de un boing que acaba por estrellarse, quizá sobre una ciudad entera, lo que sumaría ya dos catástrofes urbanas si consideramos que el portaviones de antes realmente arrasó descontroladamente una ciudad costera. En cualquier caso, triste destino para un heroico napolitano de grandes orejas.

K-Po interpreta a Yamoto Caperochi, mafioso japonés. K-Po era, como su nombre indica, un tipo aficionado a la capoeira. Sin embargo, como no podía ser de otra manera tratándose de un cani de filosofía de vida estrictamente poligonera, tan fascinante baile brasileño se convertía en manos de este tipo en una danza de la muerte destinada a golpear y dar patadas a cualquier elemento débil que se pusiese por medio, como por ejemplo yo. Era un tipo peligroso este K-Po; de ahí que su granito de arena a la cada vez más pintoresca fauna que puebla Konguis en Marruecos II fuese un letal miembro de la yakuza, quizá contratado por el despiadado Jimmy Podopoulos para liquidar limpiamente a Marro y Kongo, o quizá a Sylvie LaFlaqué, o al hombre de los pañales. La experiencia, no obstante, debió ser traumática y fuente de reflexión para el sanguinario experto en artes marciales, puesto que Yamoto Caperochi acaba ingresando en un convento franciscano.

Kongo interpreta a Mimombo Cucufate, nativo de color. Por fin llegamos a uno de los protagonistas indiscutibles de nuestro relato, y llama la atención la sensibilidad étnica que demostramos repentinamente Hempfreud y yo calificándole de “nativo de color” tras otorgarle un nombre tan humillante como Mimombo Cucufate y describirlo de forma tan grosera. Poco podemos añadir de su intérprete, Kongo, a lo ya explicado anteriormente, y poco podemos dilucidar acerca del bueno de Mimombo, salvo que su apellido suena a homenaje a Fray Cucufate (el del chocolate) en Fray Perico y su borrico. Tras una intensa aventura a lo largo y ancho del planeta (suponemos) luchando contra todo tipo de peligros (suponemos) y sobreviviendo a la explosión de varios transportes gigantescos (suponemos), nuestro héroe de color sale triunfante, e incluso aprende americano internacional. No inglés, no, americano. E internacional; es decir, que es un americano que se entiende todo el mundo. Como Johnny 5, Mimombo se convierte en un auténtico ciudadano y cumple el sueño americano; dotando a Konguis en Marruecos II de una sana moralina totalmente en concordancia con los ideales de la América de Reagan.

Lolo interpreta a Alonso De La Cruz, banquero. Aquí tengo que hacer una aclaración, puesto que esto es uno de los pocos detalles que recuerdo claramente del proyecto original. Lolo, nuestro entrañable Goofy, el payaso de la clase contra su voluntad, el saco de arena humano y fuente oficial de diversión de la clase, no interpretaba realmente a un banquero. Interpretaba al encargado de la ventanilla de uno de los bancos de Jimmy Podopoulos. En una película de talante abiertamente xenófobo y reaccionario como ésta no hay lugar para un latino que ha alcanzado la prosperidad económica por medios no relacionados con el tráfico de drogas. Alonso De La Cruz (Alounso De Le Crussss, tal y como se oye en la versión original) es el hombre de confianza del señor Podopoulos (que, cada vez más, se perfila como el auténtico villano de la función). Sin embargo, algo noble debe latir en el fondo de Alonso, puesto que elegimos para él un destino no mortífero: se hace una liposucción. Quizá tú no tuvieras noticias de que Alonso De La Cruz tuviera un serio complejo con su aspecto físico, pero lo cierto es que si había una sola cosa por la que en el mundo real atacábamos sin piedad a Lolo, esto era un lunar muy visible en su mejilla. Podríamos haberle llamado Robert DeNiro, pero en vez de eso le llamábamos Verruga, Verruguete y demás variantes. De ahí la tan ansiada liposucción, aunque está claro que en segundo de ESO teníamos problemas para distinguir las funciones de los diferentes tratamientos quirúrgicos que puede atravesar una persona.

Maca interpreta a Melanie Condom, lesbiana prostisensual #1. No sé por dónde empezar ante tan inenarrable material. Konguis en Marruecos II es una película sórdida, que presenta un retrato sin tapujos ni paños calientes de los bajos fondos y sus miserias. En pocas palabras, que salen putas. Y como no podía ser de otra manera, a la puta más importante de la trama la interpretaba Maca, sex symbol oficial de la clase. Perdón, puta no: LESBIANA PROSTISENSUAL. Es puta, es lesbiana y es sensual. Es prostisensual. No obstante, aquel extraordinario término no parecía satisfacer del todo a los cerebros del proyecto, que veían necesario algún detalle adicional para transmitir satisfactoriamente la sucia sensualidad del personaje. La solución fue ponerle el nombre más de puta que se nos ocurrió. Melanie sonaba a experta tragasables más que cualquier otro nombre, y por si quedaban dudas, la apellidamos Condom. Al final de la película, Melanie se despide sexualmente de Jennifer (a la que conoceremos luego) y se casa con… ¿Con quién? El documento es ilegible en esta parte, pero yo sé la respuesta. La revelaré a su debido tiempo. Limitémonos a dirigir nuestra atención al hincapié que se hace en la despedida sexual. Podría despedirse sin más de la tal Jennifer, pero nosotros queríamos que fuese una despedida se-xu-al. Con razón hubo gritos en la sala de montaje de Miramax.

Menda interpreta a Mohamed Kememoho, protagonista. Hay que decir que Menda sale bien parado en todo este asunto. Podríamos habernos referido a él como Marro, pero en lugar de eso utilizamos el más digno mote de “Menda”. Podríamos haberle descrito como “inmigrante ilegal de mierda”, pero en lugar de eso le presentamos como “Protagonista”. Por desgracia, el burdo nombre escogido para su personaje, posiblemente extraído de un libro infantil de chistes racistas (Ciento cincuenta chistes y mil risas, o algo así), arruina todo lo logrado hasta el momento en tema de derechos humanos. Eso sin mencionar su diseño, una de las cosas más ofensivas que he tenido el honor de dibujar en mi vida. Observa esa boca mellada y babeante, esa cara mongólica y esa túnica sucia. No obstante, Mohamed tiene, al igual que su compañero de fatigas Mimombo, una recompensa en forma de certificado de ciudadanía, puesto que se hace ciudadano legal. ¿Pero esto no iba de kongos que vuelven a su casa? ¿O acaso el mensaje que subyace debajo de todo esto es que al final el único hogar posible para un hombre digno es América?

Nora interpreta a Jennifer Orgasmee, lesbiana prostisensual #2. Y aquí tenemos a Jennifer, que como era de esperar no es sino otra lesbiana prostisensual (por alguna razón no puedo dejar de oírlo con la voz de Zapp Brannigan). Amante de Melanie, tiene un apellido incluso más tosco que el de su compañera sexual (pese al hilarante juego de palabras con el Smee del capitán Garfio). Nora, la segunda sex symbol oficial de la clase es reducida aquí a puta barata, y en comparación con Melanie sale perdiendo por muchos puntos. Mientras que Melanie se redime y deja atrás la prostitución casándose, Jennifer acaba haciendo autostop desnuda en la carretera comarcal. Ya no es sólo que se vea reducida a algo así, es que los creadores consideran que esto es una forma adecuada de despedirse de un personaje en pantalla. El personaje con destino más patético hasta el momento, y con honores.

Palanca interpreta a Fran LeTableau, contramaestre. Palanca es en realidad Fernando; un mote tan ingenioso provenía de que su apellido era Polanco, JA, JA, JA. Y creo que es importante hacer hincapié en que la idea era no era ponerle de contramaestre cualquiera, sino que de contramaestre DE LA PATERA. De modo que la patera en la que vinieron Kongo y Marro es la patera más lujosa y jerarquizada de la Historia, puesto que cuenta con un capitán (recordemos, Modorro Durmish) y hasta con un contramaestre. Un concepto totalmente irreal de lo que son las pateras que no estoy muy seguro de si tenía algún tipo de carácter irónico o simplemente no lo pensamos mucho. En cualquier caso no puedo evitar plantearme una pregunta: ¿qué motivo podíamos tener para poner a Fernando en una posición tan humillante como la de contramaestre de una patera gobernada por Dormi? Quién sabe, quizá se trataba de alguna forma explícita de ponerle en ridículo. Al final, Fran LeTableau (quizá canadiense, visionario guiño a una pasión por David Cronenberg que Fernando no desarrollaría hasta muchos años después) abre muchas sucursales de su tienda. Eh… ¿qué?

Papi Oso intepreta a Papaosen Cruzcampen, guardabosques de la Gestapo. Desde que vi Sucker Punch suelo hablar de ella como “la película que es todas las películas”. Mentira. ÉSTA es la película que es todas las películas. Es en Konguis en Marruecos donde puedes encontrar absolutamente de todo. Papi, nuestro inefable Papi (estratega político, experto en apariciones efectistas, maestro del disfraz) se lleva el que es sin duda el mejor y más hilarante papel de toda la película. Es el puto guardabosques de la Gestapo, un brutal y genocida defensor de los árboles y las flores que no alcanzo a imaginar qué rol juega en la trama de Konguis en Marruecos II, pero que ya sólo por su cargo se merece una película para él solo. No existen muchas películas sobre la turbulenta vida de los guardabosques de la Gestapo. Sin duda Papaosen Cruzcampen sería el representante más idóneo del gremio para centrar la historia de este hipotético estudio fílmico, sobre todo por ese trágico final en el que se vuelve loco, quema el bosque y luego se suicida.

Peregrino hace las veces de stunt doble. ¿Quién es Peregrino? Peregrino era un vagabundo extraño de aspecto correoso que vino un día al instituto a contarnos historias de su vida. Por algún motivo su visita era lo suficientemente importante como para que las clases se cortaran y nos llevaran a todos al salón de actos para escuchar sus gestas. No recuerdo ninguna de ellas, pero en el salón de actos se montó un considerable circo lo suficientemente llamativo y memorable como para que Hempfreud y yo nos esforzásemos en buscarle un hueco al sorprendente visitante del Espacio Exterior. Por supuesto, las hazañas físicas que nos relató (estoy empezando a recordar cosas conforme escribo, entre ellas una caída desde lo alto de un andamio en un décimo piso, con milagroso desenlace) le convertían en el más idóneo para ejecutar las complicadas acrobacias de acción de los protagonistas y de Jimmy Podopoulos, de ahí Like a Virgin. Las coreografías de peleas que habíamos ideado habrían dejado en pañales a John Woo.

Pitu interpreta a Rudy Equisele, pequeño amigo. Pitu era la cosa más triste de la clase. Tenía nuestra edad, pero era pequeño, muy pequeño. No bajito, pequeño. Se movía por la clase con gesto triste y cargado con una mochila más grande que él, cual hobbit en plena excursión al Monte del Destino; y sus blandas maneras transmitían una inexplicable desazón. ¿Qué se debía sentir estando en su piel? No tenía una personalidad muy marcada ni aptitudes visibles, simplemente era un gnomo triste, del que un día Bros alcanzó a reflexionar “yo soy el Pitu y me harto de llorar en mi casa”. No creo que haya que explicar el origen de su apodo; ni tampoco su hilarante (por hiriente) nombre en la elaborada ficción que hoy nos ocupa. Sin duda, sabíamos cómo dar en la llaga. Pese a que la descripción del personaje es en este caso bastante vaga, puedo imaginarme perfectamente un rol similar al que desempeñaba en la clase: moverse por la trama con gesto triste y cargado con una mochila más grande que él, cual hobbit en plena excursión al Monte del Destino. Quizá por lo entrañable de esta pobre criatura, Heps y yo optamos por darle un final justo y satisfactorio, puesto que es él el misterioso individuo del que antes hablé y que acabó casándose con Pamela. Como caballero con su brioso corcel, la subió al asiento trasero de su ridículo triciclo y cabalgaron juntos hacia la puesta de sol.

Plus intepreta a Engordeta Ganapeso, conserje. La pobre Plus era una chica que si podía presumir de un logro en aquel mundo ingrato que era nuestra clase, ése era contar con el mote más anómalo de cuantos pudieron idearse en semejante hervidero de maldad. Plus no era sino una abreviación del mote completo, Canal Plus. Exacto, llamábamos Canal Plus a una persona. ¿Motivos? ¿Quién los necesita? Esta chica no es que estuviera excesivamente gorda, pero en un momento de baja creatividad en el departamento creativo de Konguis en Marruecos II lo único potable que salió para dar nombre a su personaje fue esto. Y si Plus interpreta a una conserje es porque en clase, siempre que alguien llamaba a la puerta, era ella quien debía abrir. Al principio era simplemente porque su pupitre era el que estaba junto a la puerta, pero cómo no, aquello derivó en chiste recurrente incluso cuando empezó a sentarse al fondo de la clase. Sonaba la puerta y comenzaba la cantinela: “¿Plus? ¡Plus! ¿Plus? ¿Plus?”. Y la puerta era todo lo que Engordeta Ganapeso tenía. Al final, se le oxidan las bisagras y se queda en el paro. El de Konguis en Marruecos II es un universo brutal en el que los conserjes tienen en sus manos la responsabilidad de todo lo que rodee a su trabajo, incluyendo el buen estado de la puerta que se les ha encomendado.

Pollo interpreta a Plumífero de la Kresta, co-starring. De Pollo se pueden decir muchas cosas. Que era un inmaduro caprichoso, que era un salido, que era irritante, que era un pijo inseguro, que era un guarro y un acosador. Pero también se puede decir que era un auténtico plasta. Sí, soy consciente de que este tipo de estrategias literarias se usan cuando vas a decir algo bueno. Pero es que Pollo era muy plasta, hasta el punto de que era capaz de imponer su voluntad en un proyecto en el que no tenía una participación ni remota. Le recuerdo perfectamente asomando la cabeza una y otra vez, molestando, señalando, preguntado y exigiendo mientras Hempfreud y yo tratábamos de escribir. Desde el momento en el que se enteró de lo que nos traíamos entre manos, su única preocupación fue salir bien parado en el proyecto, y quiso asegurarse de ello estando encima de nosotros todo el tiempo. Exigió protagonismo, absolutamente frustrado por haber escogido a Menda como cabeza de cartel (“parece que estáis enamorados de él”, solía decir en estas ocasiones), exigió un nombre no peyorativo y exigió un destino que le gustase. Y el pequeño bastardo lo consiguió; porque con Pollo así es como solíamos funcionar: “mira, vamos a darle lo que quiere para que se calle”. De este modo, su co-starring (que podría ser un proxeneta drogadicto, pero eso era secundario para él) adquirió el poco polémico nombre de Plumífero de la Kresta (“ooooh, claaaaro, porque todo el mundo me llama Pollo, ¡cómo sois! ¡Qué terriiiiibles y destructiiiiivos!”), y le dimos un final a la altura de sus expectativas… Se casa con Melanie y la viola chupando y follfdherhfdnffdg. Esto constituye lo que para Pollo era un final satisfactorio. Se casa con una prostituta interpretada por Maca y lo celebra violándola incluso dentro de lo que teóricamente es una institución en la que el sexo se da de mutuo acuerdo. Por no hablar de las innecesarias especificaciones, que puedo imaginarme perfectamente como exigencias adicionales del pequeño pervertido. Como un productor de cine mascapuros que tras ver el copión dice “sí, bueno, pero añadid más explosiones. MÁS EXPLOSIONES.” Sí, estaba un poco enfermo.

Quijotex interpreta a Don Quijote Del Manchurrón, ingenioso hidalgo. Teníamos un profesor de mates al que llamábamos Quijote. En esta ocasión el mote estaba ahí cuando llegamos, uno de esos casos de tendencias recogidas de generaciones pasadas y que cuando eres mayor te hacen sonreír al comprobar que, efectivamente, los que vinieron después de ti perpetuaron la tradición. Como la calvicie del señor Strickland. Tiro la toalla en lo que se refiere a entender la X adicional que recibe el mote en nuestro documento milenario (acercar los personajes de siempre a las nuevas generaciones) y a entender la presencia de un hidalgo loco en Konguis en Marruecos II. Se agradece en cualquier caso la cuota parodíco-hiperviolenta que implica su grotesco final, decapitado por un molino. Se me ocurren, por tanto, dos posibles localizaciones a añadir a la exótica lista con la que ya contamos: Holanda o una España burdamente estereotipada y anclada en la Edad Media. Por cierto, este profesor en cuestión me hizo un día salir a la pizarra y me dijo que quitara los paréntesis de una sencilla ecuación de la pizarra. Así que cogí el borrador y los quité. Me mandó fuera de la clase.

Super-Gloria interpreta a Joanna Smith/Super Gloria, superheroína. El día que Peregrino dio su espectacular conferencia y nos juró que tras su espectacular caída sólo se rompió un dedo (sigo recordando cosas), hubo una voz que se alzó de entre el público acusando al Sabio Errante de cuentista. Era Gloria, o mejor dicho, Super-Gloria, profesora de inglés durante el día y, por lo visto, desenmascaradora de farsantes durante… eh, uh, durante horas concretas del día. Aquella mujer dijo lo que todos esperábamos oír, no porque pensásemos necesariamente lo mismo que ella, si no porque aquella irregularidad era la excusa perfecta para comenzar el desmadre estudiantil que pondría solución al mal del culo inquieto que empezaba a afectarnos tras media hora sentados. Gritos, risas, abucheos, aplausos. Yo decía Buarns. Aquella hazaña nos hizo ver a la humilde profesora de inglés desde una nueva perspectiva, y cuando surgió Konguis en Marruecos II, Hempfreud y yo no dudamos en ofrecerle un jugoso papel. ¿Una superheroína? ¿Por qué no? Ya teníamos inmigrantes, hombres de negocios, yakuzas, prostitutas, pilotos, vendedores de pañales, guardabosques de la Gestapo… Incluso Dios se había apuntado a la fiesta. En este punto no tenía sentido ponerse exquisitos respecto a la credibilidad de la presencia de una superheroína. Y ningún espectador podría anticipar su final. ¿Quién adivinaría que la superpoderosa justiciera de los débiles terminaría buscándose un trabajo en un McDonalds?

Víctor interpreta a Luigi Worwhies, cocinero. Este tal Víctor era una presencia tan inane en la clase que ni nos molestamos en ponerle un mote. Ni en escribir correctamente su apellido en lo que debía ser un homenaje a Jason Voorhees. Este cocinero ¿italiano? tiene un nombre tan estrafalario como intrigante es su destino. Va a la cárcel incriminado por Engordeta. ¿Incriminado? ¿Qué tenía que perder Engordeta Ganapeso, la aparentemente limpia conserje, para mandar a este humilde y gesticulante chef a prisión? Los tintes culebronescos de la película alcanzan en este punto su nivel máximo.

Zoe Pelota interpreta a Patheticus Medapena, vendedor de kebabs. Zoe Pelota. Es normal que con un nombre que empieza por Z resulte el último actor reseñado. Aunque también existe la posibilidad de que nos olvidáramos de él cuando íbamos por la P de Pelota y lo metiéramos al final de cualquier manera, sacándonos de la manga un primer nombre desconocido hasta el momento. Este tipo era un espécimen especialmente irritante, un melindroso aspirante a estudiante modelo que inevitablemente se ganó el mote de Pelota, uno de los menos imaginativos de aquella generación. Tampoco conviene ignorar la considerable cantidad de burlas homófobas que le dedicamos a lo largo de aquellos primeros años de instituto, básicamente las que se busca un chaval de comportamiento vagamente amanerado y amistades principalmente femeninas en ciertos entornos hostiles. Como anécdota personal, recuerdo que Pelota fue quien me prestó el primer libro de Harry Potter en el lejano año 2000. Volviendo a Konguis en Marruecos II, la aparición de Zoe (no, es que jamás nadie le llamó así) en los créditos destila humillación por todos los poros. Desde su nombre, Patheticus Medapena, pasando por su insustancial colaboración en la trama hasta la iracunda descripción de su destino: lo coge la Gestapo y lo torturan hasta morir. Ah, entonces quizá su rol no era tan testimonial como creíamos. Mucho debía saber el vendedor de kebabs para que la Gestapo lo pusiera en manos de su torturador más cruel, Papaosen Cruzcampen.

¡Qué gran guión pudo salir de semejante collage de personajes y situaciones! ¡Y qué refrescante es encontrarse con un guion que no incluye a un personaje femenino descrito como “una mujer fuerte e independiente que lucha por sus objetivos de forma autosuficiente”! Sin embargo, lo que debió ser El Padrino del nuevo siglo (debidamente acercado a las nuevas generaciones con una insólita puesta en escena a medio camino entre Michael Mann y John Woo) pasó por innombrables problemas presupuestarios que la estancaron en lo que el estudio llamó una pausa temporal para mejorar aspectos del guion. Y ahí se quedó, en el mismo limbo en el que descansan proyectos del calibre del remake de Los Pájaros y la película de Red Sonja.

El documento recuperado y conservado nos deja unos cuantos detalles más, incluyendo una muy respetuosa dedicatoria al padre recientemente muerto de uno de nuestros profesores y una pintoresca lista de agradecimientos que, por supuesto, no era sino una excusa para seguir acumulando chascarrillos sobre la gente de la clase y demás fauna. Más allá de las grandes frases memorables (“A Pitu por su estatura”, “A Lolo por su verruga”, “A Papi Oso por prevenir los incendios forestales”) llama la atención que agradezcamos a Menda exclusivamente la escena de la patera. Su colaboración en el resto de la película por lo visto es digna de escupir sobre ella. Por no hablar de las afirmaciones más desconcertantes (“A Blas por hacer la pesadilla realidad”) y las que no podríamos calificar de otra forma que -encojan los hombros y dediquen a la cámara una sonrisa canalla- ¡Incorregiiiibleeeees! “A Conso por sus poderes excitantes y por su aroma” y “A Maca y Nora, por ayudar a levantar la ‘moral’ del personal”. ¡Qué sutil!

5 comentarios to “Konguis En Marruecos II: Edición 10º Aniversario”

  1. El Tipo de la Brocha 17/06/2012 a 12:49 #

    En su día, hace ya muchos años, yo también introduje a mis conocidos y a servidor mismo no solo en tebeos, sino también en videojuegos de cosecha propia cargados de humor chabacano. Sin embargo, no me veo capaz de hacer un análisis retrospectivo de semejantes esperpentos creativos.

    Tampoco me extraña ver la influencia de Francisco Ibánez en esos dibujos, porque yo pasé por una fase similar.

    Muchas coincidencias y demasiado bien lo comprendo todo.

    • Miguel Roselló 17/06/2012 a 14:28 #

      ¿No te ves capaz por pura vergüenza o por imposibilidad de acceder al material? Porque si lo que insinúas es que me ha sido fácil compartir esta mierda aquí, te equivocas de medio a medio. DUELE.

      Por otra parte, y como bonita reflexión, en el fondo todos estamos hecho de la misma pasta de mierda.

      • El Tipo de la Brocha 17/06/2012 a 16:24 #

        El material es poco accesible y reconozco que también hay un poco de vergüenza. Pero todos tenemos un pasado. De mierda.

  2. Uno al que solían gustarle los posts sobre animación 29/06/2012 a 10:31 #

    Eeeeeh… Vale. Borrando blog de lista de favoritos… Hecho. Que usted lo pase bien, abuelito Cebolleta.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: