Side-kick Ass

16 Jul

Hay momentos en los que te das asco a ti mismo. Esta desagradable sensación te envuelve cuando en la tele ponen un manipulador anuncio de apadrinar a niños desnutridos de Senegal y, en lugar de cambiar incómodo de canal como haría cualquier persona civilizada, te sale una inesperada carcajada. También surge cuando vas por la calle, un mendigo te pide lastimeramente una moneda y tú miras a otro lado, concretamente a un perro que parece que sí podrías lanzar al tejado más cercano de una patada, porque a la tercera va la vencida. Y también surge cuando por algún motivo empiezas a pensar en la entrañable figura del sidekick de dibujos animados y sólo te vienen a la mente ejemplos sacados de películas Disney. En estos momentos uno se pregunta “¿tan asquerosamente pequeño es mi mundo?”. Me paro a pensar un momento y me doy cuenta de que muchos, muchísimos dibujos animados de los que la mayoría de mis amigos veían de pequeños para mí eran poco más que un desagradable entretenimiento lleno de violencia aburrida y un poco gay. No me gustaba Bola de dragón, no me gustaban los Masters del Universo, y Oliver y Benji me importaban un pimiento. Quizá la única excepción dentro de este universo de héroes atléticos e indiscutiblemente anabolizados eran las Tortugas Ninja (a mí me molaba Rafael), pero era eso, una excepción. No es de extrañar, por lo tanto, que mi repaso mental no saliese del amable y reconfortante mundo Disney y el submundo del Disneyxploit, el el que estoy tristemente versado también (esos animalejos decadentes de La princesa cisne…). Si tuviera que ganarme a los votantes presumiendo de conocimientos en materia de sicarios memorables, sería un digno heredero de Nixon, sudando y farfullando abotargado. “Ehm, uh, yo también quiero expresar mi cariño por ese… uhm, sicario en particular”.

Le pusieron Orko porque la letra O permitía reutilizar las mismas animaciones reflejadas sin que la letra se viera invertida. ¡Filmation, eres incorregible!

Pero independientemente de mi desalentadora incultura en ciertos ámbitos, la subespecie del sicario cómico, o sidekick, me fascina como a cualquiera. Aunque a mí lo de “sidekick” me suena más al segundón del bando de los buenos, y “sicario” sería más el sidekick del malo. ¿A qué se debe esa obsesión de los dibujos animados por colocarle al bueno o al malo de turno un colega graciosillo que no sólo no parece ser de gran ayuda a su compañero, sino que acaba absorbiendo mucha más atención de la que debería? Estos frustrantes segundones parecen venir de un planeta totalmente diferente al de los demás personajes, en vista de su actitud totalmente fuera de lugar en contraste con las de los otros. Si la película o la serie en cuestión es seria, nuestro amigo se empeñará en dar la nota con chistes a destiempo para “aliviar el drama”. Si es cómica, el sidekick será… exactamente igual que en el drama, pero histriónico hasta límites demenciales, porque incluso en una comedia hay que delimitar claramente quién es el sicario cómico. En un plano teórico, el sicario cómico es, por lo tanto, un recurso barato y aborrecible. Pero a veces, sólo a veces, por una razón u otra, nos roban el corazón. Y lo curioso de todo esto, y aquí está el meollo de la cuestión, es que he observado que los sicarios del bando malvado suelen ganar por goleada a los del bando de los buenos (aunque claro, con honrosas excepciones). Como establecer un patrón que explique tan curiosa revelación sería una práctica fútil e insatisfactoria, he preferido poner varios ejemplos prácticos de unos y otros, todos ellos argumentados, y dejar que el lector saque sus propias conclusiones generales. Me he resignado a limitar el espectro de la muestra a las pelis Disney, porque si lo único que puedo decir de Orko es la tontería de la O de su túnica más me vale callarme.

Sicarios malvados… que molan.

Pena y Pánico:

Por sus características, Pena y Pánico resultarían la cosa más cargante de la Tierra en una película Disney convencional. Son los sicarios del malo, y sorpresa: son torpes hasta el hartazgo, apenas son capaces de cumplir a derechas una sencilla orden, tienen tontas discusiones entre ellos y tienen una actitud tan inofensiva que uno se pregunta cómo serían los aspirantes rechazados para el puesto de sicario. Pero eso sería en una película Disney convencional. Pero Hércules no lo es. Aunque sólo sea por su ritmo desenfrenado y su comedia pasa de vueltas, Hércules se aleja sensiblemente del tono equilibrado del Disney más estándar, y sobre todo contrasta con la película cronológicamente anterior, la muy muy muy seria y muy malencarada El jorobado de Notre Dame. Hércules es como una Aladdin dopada. Y en este universo de pura comedia, héroes bobalicones y villanos desmesurados, Pena y Pánico están perfectamente integrados. No sólo eso, sino que con su estupidez se da pie a que se explote la colérica personalidad de Hades, cosa que no ocurriría con otros villanos de maneras más calmadas (ojos en blanco, suspiros y todo eso). Su aspecto es otra muestra de la imaginativa dirección artística de la película, son dos bichos infernales repulsivos pero con una pinta perfectamente definida que resulta inconfudible hasta cuando se transforman en animalejos de todo tipo. Por si fuera poco, cuentan con momentos hilarantes, como cuando sucumben al merchandising de Herc, y al final de la película demuestran un fondo bastante mezquino. Por cierto, genios traductores, “Pain” no se traduce como “Pena”, sino como “Dolor”.

Creeper:

Sí, ya lo sé. No te suena de nada. Supongo que hay que pasar inevitablemente por esto cada vez que se menciona cualquier cosa referente a Taron y el caldero mágico. Pues bien, Creeper es el sicario del Rey del Mal (ya lo conoces, a éste sí, si prestaste atención). Creeper es un duende feo y jorobado que se mueve a trompicones, y sus constantes muestras de histriónica y forzada pleitesía a su cornudo amo y señor deberían ser cansinas por la de veces que nos hemos topado antes con un personaje de esta calaña. Pero no sé, quizá sea precisamente por lo exageradísimo de su comportamiento y el evidente pánico que despierta en él el Rey del Mal, pero el caso es que el bastardo me cae simpático. Resulta entrañablemente patético cuando se agarra a una buena noticia que darle a su amo como a un clavo ardiendo, y cómicamente ridículo cuando intenta reivindicar penosamente su posición de autoridad por encima de los matones que pueblan el castillo del brujo. Tiene el trabajo más sucio e ingrato imaginable en un mundo como el de Prydain. El señorito Taron se queja de su trabajo de porquero, pero ¿ha pensado alguna vez lo miserable y potencialmente peligroso que es ser el mensajero del Rey del Mal? Taron baña a cerdos mágicos en una granja en medio de un apacible claro; Creeper teme por su vida cada vez que algo no sale como al Rey del Mal le hubiera gustado, tenga o no él la culpa. Si el porquero se escapa de su mazmorra y se lleva con él a la princesa Helena y a Fausto (¿qué planes tendría el Rey del Mal para este tío?), Creeper teme por su vida. Si el aterrador ejército de no muertos invocado por el Caldero se desvanece, Creeper teme por su vida. Si el Rey del Mal lee en Mubis que George Lucas no incluirá las versiones originales de La guerra de las galaxias en el bluray, Creeper teme por su vida. Es un currito explotado hasta las últimas consecuencias, deforme y resentido, y que, en un alarde de justicia poética, recibe la libertad cuando su maltrecho amo es convertido en tapioca polvorienta por la ira del Caldero y emprende lo que parece ser una nueva y desenfrenada etapa de su vida, llena de juergas, putas y meta azul.

Iago:

A la hora de hablar de los personajes secundarios de Aladdin (que le pese a quien le pese son los que levantan una película con protagonistas demasiado planos y un guion peligrosamente formulario) es el Genio el que se lleva toda la gloria. ¡Jajaja, mira, se ha transformado en Pinocho! ¡Aah, ahora se disfraza de Schwarzenneger! ¡Oh, mira, mira, ahora está imitando al popular presentador de los cincuenta Ed Sullivan! ¡Ja, ja, ja! El Genio es suficientemente ruidoso y llamativo como para eclipsar al resto de secundarios, de forma injusta en el caso de algunos de ellos. Abú no es lo que llamaríamos un sidekick memorable, pero el Sultán es un personaje mucho más ingenioso y original de lo que puede parecer en un primer momento, y sobre todo clama al cielo que el Genio oscurezca al único e inimitable Iago. Iago es EL MEJOR sicario que jamás ha podido tener villano alguno en una película Disney. Creo que dije eso mismo hace poco de las hienas, pero… whatever. Normalmente, el sicario de turno del villano Disney suele ser torpón, y suficientemente entrañable como para que nos preguntemos cómo ha podido meterse en semejante berenjenal aliándose con un villano buscado en cuarenta y siete estados; o bien provisto de una maldad que apenas llega a gamberrismo urbano, con lo que la pregunta que nos viene a la mente es ¿no tenía este villano a nadie más malvado a quien elegir como sicario? Iago no es torpón ni es un buenazo, ni se le ve menos motivado para la maldad que a su amo. Este loro es el ser más irritable y malhumorado de todo el universo de los dibujos animados, como un Donald atrapado ad infinitum en un atasco con la radio bloqueada en una emisora de autoayuda y alguien soplándole en una oreja. Amenaza, agita las alas, se tira de las plumas y sobre todo grita, grita mucho. El maravilloso contraste que surge entre su incontrolada ira y las exageradamente sinuosas maneras de Jafar es, sin duda, lo mejor de Aladdin, y siendo Jafar un villano excelente, resulta aún mejor acompañado por su colérico loro. Estamos ante un caso inaudito en el que el sicario MEJORA al villano. Obviamente Iago no sería lo que es sin la inconmensurable aportación de Gilbert Gottfried, a quien sin duda conocéis como el director del cole de Este chico es un demonio (“de ti, que pareces gilipollas”). Robin Williams hizo mucho por el Genio al darle voz, qué duda cabe, pero lo cierto es que sus continuas improvisaciones me ponen bastante de los nervios. Gottfried hace suyo a Iago con mucho menos esfuerzo y sin tratar de acaparar el show de una forma tan descarada como Williams. A su favor tiene esa voz, esa voz de sistro (como diría Esautomátix) tan reconocible como improbable en un ser humano normal y corriente, porque oír hablar a Gilbert Gottfried con voz normal es como ver a Barragán sin sus pintas de mendigo, casi imposible y de todos modos no quieres. En boca de Gottfried cada frase de Iago es puro oro cómico, y sin duda tuvo que ser complicadísimo encontrar una réplica a la altura en la versión española. De hecho, para conservar lo que sin duda era lo mejor de Iago, Antonio Lara (el director de doblaje) recurrió a un actor de doblaje latinomericano, Javier Pontón, que tuvo el gran acierto de conservar un deje latino en su interpretación y que logró un calco casi perfecto del original. En las secuelas y la serie de televisión el encargado de doblar a Iago ya fue el más familiar Alberto Mieza (Ross, Steve Carrell, etc, etc), que hizo un trabajo digno de mención pero un poco inferior. En cualquier caso, y aparcando ya el inciso doblajístico, el de las secuelas fue ya un Iago light, despojado de su maldad por mucho que se le quisiera preservar cierta ambigüedad al pasarse al bando de los buenos. Lástima que Iago no contaba que en el mundo de los héroes Disney el comportamiento colérico y mezquino sólo es una ruda máscara que esconde una naturaleza bondadosa y un secreto deseo de ser amado que sólo expresarías con una introspectiva canción en la soledad de tu habitación.

Smee:

Smee es posiblemente el padre de todos los sicarios cómicos. En 1953, año en el que se estrenó Peter Pan, el largometraje animado era aún terreno exclusivamente Disney, con lo cual es sencillo rastrear precedentes. Y nos encontramos con que lo más parecido a un sicario cómico son Drizella y Anastasia, que no pueden considerarse como tal debido a la norma no escrita de que un sidekick malvado debe recibir algún tipo de compensación económica por sus servicios para ser considerado como tal. ¿O acaso pagaba Lady Tremaine a sus dos horrendas hijas para hacerle la vida imposible a Cenicienta? ¿No pagaba a la criada pero sí a sus hijas para que hicieran la vida imposible a la criada? Ni el mismísimo Chernabog habría alcanzado estos niveles de mezquindad de ser cierto. En cualquier caso, Cenicienta 3, qué pasaría si… nos muestra a una Anastasia más humana y amable, lo cual la descarta como verdadera sicaria vocacional (no así Drizella). Pero estoy divagando. El caso es que la ausencia de personalidad en el cuervo de la Reina de Blancanieves le excluye como auténtico sidekick, y por fortuna, el Hombre de Bambi no contaba con una alocada zarigüeya o cualquier otro bicho atolondrado en su maligna empresa matricida. De modo que Smee se alza como el primer sicario cómico memorable del bando de los malos, consecuencia natural del nacimiento del villano abiertamente cómico que marcó el capitán Garfio. Garfio y Smee tienen el honor de protagonizar algunas de las escenas con las que más me he reído (en voz alta y todo) de toda la filmografía Disney. En la Cueva de la Calavera Smee da un verdadero recital de savoir faire cómico, sin caer en excesos ni tener que ser extremadamente idiota. Le basta con dejarse confundir por Peter Pan (el puto Peter Pan, que ya va siendo hora de que alguien lo diga, ese niñato debería estar en un reformatorio) primero y tratar de salvar a su paranoico capitán del ataque del cocodrilo después, con un insuperable palazo accidental en la cabeza incluido. Con sus andares de pato, sus chancletas, su gorrito, su camiseta demasiado corta, sus amaneramientos, su inimitable talento como barbero animal y su sincero aprecio por su superior (pocos sicarios comparten esta ¿virtud?), Smee es una figura cómica inconmensurable.

Kronk:

En ocasiones no hay una gran diferencia entre la estupidez y la incompetencia del villano y del sicario, y da la impresión de que el rol le ha tocado a cada uno a dedo como podría haberle tocado el otro. Es el caso de Yzma y Kronk. Todo funciona en esa brillante comedia que es El emperador y sus locuras, pero lo mejor de toda la película no es la quijotesca asociación entre Kuzco y Pacha, sino la patética pareja de malvados que forman Yzma y Kronk. Kronk es prototípico en su rol de sicario hasta decir basta, pero al verse llevado a un extremo prácticamente metarreferencial en lo que respecta a la milenaria figura del ayudante del malo, se convierte en un personaje simplemente genial. Ni él sabe muy bien por qué está al mando de una bruja traicionera; lo cierto es que, en la línea desmitificadora de la película, no pocos comentarios de Yzma apuntan a una más que probable explicación relacionada con un cartel de “se busca sicario” clavado en un tablón. En cualquier otro sicario idiota su proverbial torpeza daría lugar a perezosos golpes cómicos que apenas provocarían otra cosa que bostezos. Pero Kronk, con su economía expresiva y su parsimonia (y sus buñuelos de apio) hace que cada estupidez que comete sea para enmarcarla, y ni siquiera el trillado recurso del angelito y el diablillo de la conciencia aburre, de hecho sus apariciones en escena nos brindan momentos verdaderamente gloriosos. ¿A qué se debe esta posición privilegiada, que parece que a Kronk no le afectan las lacras de otros sicarios del mismo corte? Quizá sea porque durante toda la película parece ni enterarse del fregado de traición y asesinato en el que está metido, preocupándose más por sacar fotos de pájaros y acordarse de los cumpleaños de la gente que por encontrar y asesinar a Kuzco. Quizá sea porque, como pasa con Pena y Pánico, estar rodeado de personajes igualmente cómicos hace que su condición de payaso de la función no se vea tan forzada o fuera de lugar. O quizá sea porque, al reducirse prácticamente todo el guion a los vaivenes de cuatro personajes, no puede darse eso tan habitual (y que tan poco me gusta) de que el sicario parezca invisible a los ojos de los personajes principales, demasiado ocupados en dirigir su atención al villano principal. Kuzco y Pacha no pasan por alto ni la presencia ni la estupidez de este tipo, y hasta se permiten el lujo de comentarlo, otra vez más entre sutiles guiños metarreferenciales. Es irónico, pero Kronk es, posiblemente, el único monitor Scout al que confiaría mi vida. ¡Ardi, ardi, ardillen!

Shego:

Puede que Shego sea la personificación del perfecto sidekick, y por eso la incluyo a modo de mención de honor junto con los otros cinco sicarios, pese a su naturaleza televisiva. También es verdad que no hay muchos sicarios femeninos memorables rondando por ahí, lo cual hace que no me pueda resistir a reivindicar a la letal ayudante del Doctor Drakken, un grandísimo personaje que pertenece a la subespecie de sidekick listo que sirve a un villano estúpido, ese sidekick que en una realidad paralela en la que la palabra “justicia” significase algo cambiaría roles con su superior (cosa que de hecho ocurre en un episodio… ehm, uh, de Kim Possible, por si aún no sabes de qué serie estoy hablando). Ex miembro de un equipo familiar de superhéroes, su paso al reverso tenebroso no viene dada por un evento traumático, una horrible desfiguración o la pérdida de un ser amado, como tantas veces hemos visto, sino que, atentos, sus hermanos se le empezaron a hacer tan molestos con su afición al bien que, ni corta ni perezosa, decidió pasarse al otro bando como quien decide que ya no le gusta El señor de los anillos porque todo el mundo está empezando a flipar demasiado con las tonterías de Frodo y Tom Bombadil. Ojo, que a Shego le gustaba el mal antes de que se hiciera la película. Así pues, al grito de “too mainstream!” Shego se pasa al crimen y la villanía y tiene el mal ojo de asociarse con un inepto con el que ni siquiera combina en colores (pero que nadie malinterprete mis palabras, Team Drakken a tope). Shego es malvada, auténticamente malvada, y aunque en otras circunstancias habría sido la perfecta hermana mayor y consejera de Kim Possible, no tiene otra opción que ser su enemiga. Su principal enemiga, de hecho. Juntos, Drakken y Shego forman una pareja insuperable, pero individualmente Shego es un personaje muchísimo más interesante que Drakken, no sólo por su pasado y sus motivaciones, sino también por la frustrante situación en la que se encuentra: se sabe más válida para el rol de supervillano que el incompetente al que sirve, y también sabe que su don para la maldad está siendo vilmente desaprovechado cuando ella solita podría quitar de circulación a Kim si Drakken la dejara a su aire. Es tan egocéntrica como su jefe, pero a diferencia de él, Shego tiene motivos. Y la última temporada de la serie demuestra lo que todos sabíamos ya: Drakken sin Shego no es nada, pero Shego sin Drakken es más Shego que nunca.

Sicarios buenos… que no molan.

Las gárgolas:

El jorobado de Notre Dame. Quasimodo, encerrado en el campanario de la catedral desde que puede recordar, vive en perpetua soledad. Desde entonces y para evitar la monotonía e incluso la locura, ha ido dotando de personalidad a las gárgolas que lo rodean. En su imaginación ellas le responden, dando pie a hermosos soliloquios que en realidad no son tal, pues Quasimodo ha orquestado una conversación virtual con lo que en realidad son trozos de piedra tallados y sin alma. Algo así habría encajado con el tono adulto y sombrío que se buscaba para la adaptación de la novela de Víctor Hugo, pero en el último momento se determinó que lo que realmente encajaba con el tono adulto y sombrío buscado era que las gárgolas estuvieran vivas de verdad, que se peleasen entre ellas por sus personalidades desopilantemente opuestas, que cantasen y que se tirasen pedos. Si el lector opina que quizá la escena hipotética que he descrito es demasiado críptica para una película destinada al espectador infantil, puedo ofrecerles un sinnúmero de variantes que no recurren a la gárgola ligona y guarrindonga que canta canciones en pleno ARQUEO DE CEJAS, recurre a sus fluidos corporales cada vez que requiere un arma arrojadiza y se traviste por el bien de la comedia. Una: los espectadores podríamos oír voces indefinidas que brotan en momentos puntuales de las inanimadas criaturas para dar la réplica a ciertos pensamientos de Quasi. Dos: las gárgolas son personajes animados dependiendo del momento, pero no interactúan con absolutamente nadie aparte que con Quasimodo, y de forma limitada por su condición de seres imaginarios. Por supuesto, están totalmente incapacitadas para colaborar en la resistencia contra el asedio de la catedral al final de la película. Tres: Supresión del rol de verdaderos personajes, pero con ampliación del chiste en el que Hugo cobra vida durante un segundo para burlarse furtivamente de la cabra de Esmeralda. Es decir: las gárgolas son bichos de piedra inanimados y no parlantes, pero en momentos puntuales parecen revivir a espaldas de los personajes para hacer alguna chorrada sin abrir la boca. Cualquiera de estas opciones habría valido, pero supongo que resultaba más atractivo convertir a las gárgolas en el sidekick graciosete estándar, pero multiplicado por tres. Si nada que aportar salvo una absurda referencia en los nombres: la primera se llama Víctor, la segunda Hugo, y la tercera… ¿Laverne? En honor a una de las tres Andrew Sisters, por lo visto. Aaah. ¿No habría sido menos estúpido reducir el número de gárgolas a dos? ¿Y ya puestos quitarles las canciones y privarles de ciertos desagradables procesos fisiológicos exclusivamente humanos? El jorobado de Notre Dame no es una buena película, pero las gárgolas son sin duda lo peor con diferencia.

Miko y Flito:

En realidad el colibrí se llama Flit, pero aún estoy consternado desde que el otro día me compré Pocahontas en bluray y en la contracarátula hablaban de “Pocahontas y sus divertidos amigos Miko y Flito”. Ahí había al menos dos cosas que estaban mal, pero es lo que ocurre cuando pones a un simio piojoso a aporrear sinopsis en una máquina de escribir. En una película de talante tan sobrio como Pocahontas no hay cabida para animalejos atolondrados que no hacen más que tonterías. La excusa de que hay que meter personajes atractivos para los niños me da que pensar en una grave falta de recursos creativos en la Disney. ¿No es más armónico un tono equilibrado entre el drama y la comedia antes que tirar por una historia descaradamente dramática y meterle pegotes de humor chusquero aquí y allá? Parece ser que no. De hecho, es este razonamiento increíblemente lógico el que explica la personalidad de personajes como las gárgolas de Quasimodo. Pocahontas es seria, así que los animalejos deben ser unos payasos. El jorobado de Notre Dame es muy seria, así que los sidekicks deben ser aún más payasos, incluso flatulentos. Todo sea por preservar el equilibrio en la Fuerza. Lo más divertido de todo esto es la evidente preocupación de los directores de Pocahontas por preservar el tono serio y creíble, que en un momento de la producción decidieron que los animalitos que hacían tonterías cómicas para destruir la atmósfera solemne de la película… no debían hablar. ¡Bravo! Todo resuelto. Miko usa a Flito como espada para luchar a esgrima contra Percy, pero mientras no hablen estará bien. Rebuscando encuentro datos acerca de un personaje que no pasó de los primeros tratamientos de la historia, un pavo gordo y alocado que acompañaría a Pocahontas a todas partes y que tendría la voz de John Candy. Empiezo a percibir la prematura muerte de Candy como un noble sacrificio por el bien de la película; lástima que al final sirviera de poco. Miko y Flito no llegan a los límites de irritabilidad de las gárgolas (no escupen, ya es algo), pero igualmente son un pegote innecesario y molesto que no aportan absolutamente nada a la historia. Ah, no, espera, que Miko atrae la atención de John Smith robándole las galletas y así el capitán encuentra a Pocahontas. PERDÓN.

Los putos pájaros de Tod y Toby:

No me voy a molestar ni en mirar sus nombres. En lo que a mí respecta no merecen otra denominación que la que yo les doy. Ni gifs tienen en internet. En una película mediocre donde las haya, estos dos bichos ponen la guinda al despropósito cargándose cualquier atisbo de solidez en un guion que no se preocupa por introducir un recurso tan infame y propio de una teleserie como es… la SUBTRAMA. Partamos de que considero la subtrama un recurso inmundo por naturaleza, independientemente del medio. ¿Para qué sirve? ¿Para rellenar minutos? Mal, entonces. ¿Para descansar un poco de la trama principal? Peor aún, no dice gran cosa de la trama principal. Y aunque en televisión he asumido que es una práctica habitual (en Padre Made In Usa se usa de forma sistemática episodio tras episodio), ver algo así en una película se me hace tan estomagante como leer el Focoforo durante veinte minutos. Estos dos ¿divertidos? pájaros y su eterna persecución de un ¿simpático? gusano representan la desidia creativa absoluta. Su absurda contienda ni siquiera está mínimamente relacionada con la trama principal, si no contamos con esos paupérrimos hilos de conexión que son los personajes principales diciendo cosas como “¿ya están otra vez esos dos armando lío?” antes de cambiar el foco de atención. Es inevitable recordar en este momento a Scrat en Ice Age. ¿No es la misma idea? Bueno, a priori sí. Pero existen dos diferencias. La primera, que Scrat es lo mejor de Ice Age, lo cual de algún modo excusa pasar por alto el tema de la subtrama inconexa. La segunda, más importante, es que la ruptura con la trama principal en Ice Age tiene un carácter más experimental, un punto de deliberada ruptura con las estructuras narrativas habituales que busca atraer la atención sobre esa condición peculiar dentro del conjunto. En Tod y Toby, en cambio, la motivación parece provenir de una escena que muy bien podría haber transcurrido así: “Bueno, la película está ya terminada; ha sido un camino largo y penoso pero por fin está lista”. “Oye… ¿Este contador está bien? ¿La película dura cincuenta y cuatro minutos?”. “Eeeeh… Oh, mierda. ¿Cómo puede ser? Hemos invertido cuatro días enteros en esta película. ¿Cómo puede haber quedado tan corta?”. “¿Qué hacemos ahora? ¡Tenemos que entregarla en dos horas y no puede bajar de sesenta minutos!”. “Espera, ya sé, vuelvo en una hora”. Una hora después, tenemos una flamante versión parcheada de Tod y Toby, que nos relata la conmovedora historia de la difícil amistad entre un zorro y un perro… ¡y las hilarantes locuras de dos pájaros muy patosos en su interminable persecución de un gusano más listo de lo que ellos creían! ¡Jo, jo, jo! Era esto o un mono que hace skate.

Mate:

No tiene Pixar, por suerte, una larga tradición de sidekicks, ni en el bando de los buenos ni en de los malos. Esto se debe a que las premisas de Pixar suelen estar basadas en la idea de la amistad entre dos personajes, y como estos dos personajes suelen compartir el mismo nivel de protagonismo, rara vez hay sitio para paquetes que hagan de alivio cómico. Personajes como Dory, Russell y Mike Wazowsky no son exactamente sidekicks, o al menos son sidekicks y algo más. Son un pilar esencial del guion. Pero a veces apetece hacer trampa. A veces te apetece coger a este más-que-sidekick y aplastarlo vilmente. O como mínimo, reducirlo a simple sidekick para incluirlo en una lista de sidekick irritantes y ponerlo de vuelta y media. Es el caso de Mate, el personaje más odioso y cansino de cuantos han salido del estudio del flexo, y que curiosamente es descrito por John Lasseter como “el mejor personaje de la historia de Pixar”. Disiento educadamente. Hasta P. T. Pulga es mejor personaje que Mate. La grúa paleta de Cars es tan desesperante en su machacona reivindicación de la amistad y la importancia de una actitud sencilla ante la vida que nos gustaría lanzarla de cabeza por el mismo despeñadero por el que se cayó la tapa de su radiador. Y no es todo. Otros sicarios que tuvieron la oportunidad de ascender al rango de protagonistas, demostraron cierta compostura y discreción al hacerlo en humildes producciones directas a vídeo. Ahí está Bartok, ahí están Timón y Pumba. Mate, en cambio, como va por la vida aprovechándose de su acusado retraso mental para conseguir lo que quiere, no tiene ningún reparo en ponerse al frente de Cars 2 para espanto de unos espectadores que sabían que aquel año 2011 el hueco del verano reservado para Pixar pertenecía legítimamente a un tritón azul en peligro de extinción cuya película fue injustamente cancelada. ¡No se vaya, todavía hay más! Mate, ya definitivamente despojado de esa falsa máscara de sencillez pueblerina, exprime su contrato al máximo con una serie de cortos centrados exclusivamente en su figura, en los que sigue explotando esa imagen de paleto bonachón que le está reportando más beneficios que la red de narcotráfico que tiene desplegada por todo Radiador Springs.

Creo que queda bastante demostrado qué bando es el que se lo monta mejor en lo que se refiere a segundones cómicos. ¿Alguna conclusión? Mientras escribía, algo se me ha ido haciendo más evidente por momentos: el sicario malvado sí tiene un motivo por el que justificar su existencia. ¡Los villanos necesitan hacerse oír! Los buenos no sueltan soliloquios rimbombantes, si exceptuamos las peroratas morales que puedan soltarle al malo para explicarles por qué han perdido, pero ¿los villanos? Los villanos aman recrearse en sus malvados planes en voz alta, y un puñado de matones descerebrados e impersonales, todos con el mismo uniforme, no son un oyente satisfactorio. Necesitan a ése número 2 que les aguante todas las tonterías y los raptos megalómanos y que, en momentos puntuales de incertidumbre, actúe como inhibidor moral que le diga lo que quiere oír y le convenza de que sus motivos para hacer el mal son legítimos. Eso sin mencionar que teóricamente un héroe no necesita a nadie que le haga trabajos sucios, porque un héroe no se mezcla con trabajos sucios. No es el caso del villano.

Como colofón, y para compensar estas divagaciones deshilachadas que he compartido contigo, querido visitante accidental que llegaste aquí mientras buscabas pornografía mujer/caballo, qué mejor que hacer un breve repaso nostálgico por otros sicarios animados, buenos y malos, Disney y no Disney, que un día se ganaron (o no) mi cariño.

8 comentarios to “Side-kick Ass”

  1. L. Norton 17/07/2012 a 2:54 #

    Ya me había descojonado bastante con la bilis contra la gárgolas, con Flito y con la ODIOSA Tod y Toby, pero ha sido ver a G.J. y hasta me he emocionado. Qué grandes los T-Rex.

  2. El Tipo de la Brocha 17/07/2012 a 19:56 #

    Iago y Kronk son dos de mis sicarios favoritos. El primero era mi personaje preferido incluso en la descafeinada serie de animación, y el segundo me sorprendió muy gratamente en una película que me esperaba que fuera mala y luego me encantó.

    Del bueno de Orko podría hablar largo y tendido, pero mejor lo dejo para otra ocasión, que dentro de poco publicaré unos cuantos artículos sobre los Masters y no hay que abusar.

  3. Nombre (requerido) 19/07/2012 a 21:28 #

    Lo de Pain=Pena de Hércules parece hecho para mantener el juego sonoro con la doble P…

  4. colossusBlog 23/07/2012 a 19:56 #

    Kronk me gusta más que los demás y si, yo tampoco soy muy fanática de la factoría Disney. Quizás por el empeño en endulzar todo de una manera mágica y gilipollas o de poner imágenes casi escondidas de tías con buenos melones en escenas rápidas (mentira, eso me encantó). Dejando atrás los particulares topicazos de Disney, diré que la penúltima foto se parece a la escena donde los Flanders, entierran a su conejo y Homer es ministro de sanidad. El conejo emerge de las profundidades, para descojone mío personal.
    Snoopy nunca me gusto, me aburría como pocos…

    • Miguel Roselló 24/07/2012 a 18:12 #

      ¡Pero yo sí soy un GRAN fan de Disney! Entradas pasadas y comentarios esporádicos lo corroboran.

      • colossusBlog 25/07/2012 a 1:01 #

        ¡No lo he terminado de leer! tengo mucho curro ains.. Pero lo haré. Me he leído el artículo completo pero seguro que me he despistado y he dado un significado erróneo a tus palabras, de lo cual me disculpo.
        Seguiré leyendo cuando pueda y tenga menos curro, con el fin de poder interpretar tus artículos mejor :P ¡Gracias por la corrección!

  5. Usted 11/06/2013 a 7:53 #

    Me falta Lefú en esta lista de estúpidos ayudantes pero deacuerdo en todo lo demás, (menos que el Jorobado es una mala película,las gárgolas son lo único negativo porque no encajaban en una pelicula de tono tan tan tan serio, el mas siniestro en argumento de disney)
    De los buenos secundarios graciosillos destaco al genio por encima de todos aunque en realidad el genio tiene tanta presencia que puede considerarse el amo y señor de la película…mmm entonces paso directamente al segundo escalafón que son el trío de Candelabro/reloj/tetera de la bella y la bestia que si logran darle equilibrio al tono mas romantico de la historia.Depués están Arquímides,Mushu,Sebastián,…..y metería a pepito grillo pero al igual que el genio tiene tanta presencia que se convierte en principal.

    Y sí, realmente Kronk es un personaje metarreferencial del ayundate estúpido del malo,supera a todo lo que he visto dentro y fuera de Disney, Hace que una película de 5 sea de 6 y medio o 7.
    Smí para es el mas tierno, no se como ese cacho pan que te roba el corazón puede ser la mano derecha del capitán garfio, mítica la regañina que le da cuando le “afeita” en plan abuela consejera o los chismes mientras le echa agua caliente. De el descienden los demás estúpidos ayudantes de demás produciones incluso fuera de la Disney o al menos con un prototipo clonico.

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