The Big Five: una historia visual (e inusual) (3)

28 Abr

Ahoy, intrépido navegante, si vienes del lugar correcto acabas de bucear por la segunda parte del épico repaso a la historia visual de los emblemas de los estudios de Hollywood. De esos cinco ya hemos desgranado cuatro, y de este modo terminamos con un rápido y nostálgico recuerdo del único difunto, la única baja registrada entre los cinco gigantes del Hollywood clásico. ¡Qué entre King Kong! ¡Que entre la RKO!

RKO

Triste es la prematura muerte del que fuera mecenas de más famoso simio del séptimo arte –y apostar por simios siempre está bien, desde Kong hasta Dunston–, pero más triste es cuando recordamos que dos de las películas más importantes de la historia del cine vieron la luz gracias a la RKO. La primera es aquel proyecto suicida por el que nadie en su sano juicio habría arriesgado su dinero: el VHS, el DVD y el bluray negaron su importantísima contribución sustituyéndolo por el castillo de Buena Vista, pero es justo recordar el bien merecido lugar que tuvo el logo de RKO al comienzo de Blancanieves y los siete enanitos. La segunda es la, digamos, Oficialmente Mejor Película de la Historia, Ciudadano Kane. Todo cambió cuando Orson Welles sacó adelante su película como absoluto dueño y señor de la misma y puso patas arriba la noción de autoría; y fue la RKO quien se lo permitió.

Pese a todos estos impresionantes logros yo sigo asociando la torreta del logo de la RKO a El hotel de los líos, de los hermanos Marx. Desde luego habrá más de uno la asociará antes a The Rocky Horror Picture Show, donde aparecía como símbolo definitivo del culto a la cultura pop. En un giro aún más loco supongo que también habrá quien se acuerde de Las ventajas de ser un marginado, donde se recreaba precisamente la escena de Rocky Horror en la que aparecía proyectado el logo de la RKO. Como una especie de giro meta-meta-lingüístico o un sueño en cajas rusas a lo Inception o algo.

A día de hoy este aparatoso emblema ha quedado bastante desfasado, con su entrañable planeta Tierra de cartón piedra y la sencilla animación de las ondas de radio; pero esto, lejos de restar efectividad al logo lo contextualiza en una época en la que el cine era un verdadero evento, una cuestión de gala, una celebración del espectáculo en su máxima expresión. Dudo mucho que esta fuerza hubiese sobrevivido en una sofisticada versión digital con focos, panorámicas espectaculares y destellos hiperrealistas, del mismo modo que el logo actual de la Warner no posee la arrebatadora potencia de su homónimo decó de los años treinta.

No estoy seguro de si la variante estática del triángulo invertido cruzado por un rayo reemplazó a la torreta en algún momento o convivió con ésta como versión a modo de “The End”, puesto que sólo soy capaz de recordar introducciones de películas presididas por la torreta giratoria mientras que el otro logo sólo me viene a la mente como cierre, salvo en el caso de las películas Disney. En cualquier caso es una variante muy potente pese a su sencillez, que en muchas ocasiones se vio potenciada por la iconografía decó propia de la época.

No está de más destacar el potencial que extrajo Walt Disney del emblema estático, alzándose el triángulo invertido de la RKO como pionero en cuestión de variantes temáticas en producciones como Dumbo, Pinocho o Bambi.

Como ocurrió a todos sus competidores, RKO sufrió en los años cincuenta la creciente crisis del sistema de estudios, pero a diferencia de los demás, la compañía que dio luz a Ciudadano Kane no sobrevivió a la diezma. En 1959, tras mucho boquear, RKO estrenó su última producción y murió. Aunque, por supuesto, todo es relativo. RKO General, una subsidiaria del estudio original cuyo campo de acción era la televisión y la radio, comenzó tímidamente en los ochenta a producir contenidos para televisión y cine a pequeña escala, casi como si el espíritu de la difunta major hubiera poseído a la pequeña compañía. Desde entonces, esta especie de hija bastarda ha continuado el legado de su compañía madre, y habiendo heredado el nombre de ésta es como si la RKO nunca hubiese muerto y hubiese sencillamente mutado en otra cosa. ¿Y qué diferencia hay entre esto y el caso del resto de grandes estudios, comprados, recomprados, despedazados y luego vuelto a recomponer con trozos de parkings y lavanderías? Es un hecho que ninguno de los estudios de los años dorados de Hollywood sobreviven hoy; en su lugar tenemos engendros endogámicos como ese perro que se come su propio vómito y luego lo transforma en una reluciente mierda; fragmentos pequeñísimos de conglomerados de comunicaciones gigantes que reciben el nombre de un antepasado muy lejano por cuestiones de mero marketing.

Y con esta oscura nota, terminamos por hoy… o bueno, quizá haya sitio para una cosilla más… De acuerdo. Sé lo que dije. Que habíamos terminado. Que con RKO cerrábamos por hoy y podíamos irnos a cocinar, ver la tele o experimentar con nuestros cuerpos. O pintar una valla. O dibujar una línea en la acera. Pero no podría terminar este repaso sin rendir justicia a un estudio más. Sólo uno. Reconozco que he mentido, esto no ha sido una idea de última hora. Cuando dije “uno más y acabamos” estaba mintiendo como un cochino. I’m full of shit.

Bonus y ya sí que sí nos vamos a casa: Universal Studios

Hoy es difícil de concebir un pensamiento así dado que muchas de las imágenes cinéfilas que mejor tenemos grabadas en el cerebro nos llegaron de la mano del estudio de la bola del mundo, pero Universal Studios no jugó en la liga de las grandes en la era dorada de los estudios. The Big Five, como tradicionalmente se les llama, son los cinco estudios que ya hemos visto, y la Universal pudo haber estado a la misma altura si hubiera sabido mantener entre sus filas a ese genio de instinto prodigioso para el cine llamado Irving G. Thalberg, figura mítica donde las haya que en su meteórica carrera –murió a los treinta y seis años– puso a la Metro Goldwyn Mayer a una altura que ni siquiera se habría atrevido a soñar. También fue el responsable de domesticar y de algún modo destruir la esencia del cine de los hermanos Marx cuando les convenció para hacer “películas de verdad” con el estudio del león, pero esa es otra historia.

Sin Thalberg, la Universal se mantuvo durante décadas un escalón por debajo, formando parte junto a Columbia Pictures y United Artists de un triunvirato de segundones; pero la condición de mito que a la postre adquirieron muchas de sus producciones, sobre todo de los setenta para acá, justifican su presencia simbólica en esta élite. Aparte, la evolución de su emblema es de las más pintorescas de esta lista, lo cual, si me apuras, excusa más su presencia aquí que la de la Fox.

Como anuncia la intro de los blurays de Universal, “it began with one man’s dream”, probablemente otro sucio judío, y su historia promete ser tan larga e interesante como la de aquellos dos hermanos y cinco hombres más que cogieron un almacén abandonado y lo convirtieron en una próspera fábrica de cajas. “El sueño de un hombre”, Carl Laemmle, era concretamente no tener que pagar a Thomas Edison ni un penique por la proyección de películas en su nickelodeon, así que el siguiente paso lógico fue ponerse a producir sus propias películas. Esto ocurrió en 1912, y el estudio, llamado Universal Pictures, pronto tomó forma. A finales de la década siguiente Universal se probó imbatible en el terreno de decisiones penosas respecto a sus aliados cuando, no conforme con haber dejado ir a Thalberg, decidió quedarse para sí los derechos del conejo Oswald y echar a su creador, un sujeto de aspecto desaconsejablemente latino llamado Walt Disney. Oswald triunfó y se convirtió en un fenómeno cultural y de masas, mientras que Walt Disney desapareció en la bruma y hoy su nombre no dice nada apenas a nadie.

Fue más o menos por aquellos años cuando Universal estrenó su primer logo digno de ser recordado. Hasta el momento, el glamouroso corral de hacer películas de Laemmle había contado con una serie de emblemas que habrían sido la envidia de cualquier pescadería local:

Sin embargo, el elemento definitorio del estudio ya estaba ahí: la bola del mundo. Quizá esté siendo demasiado generoso, dejémoslo en “el círculo”. Fue en 1924 cuando Universal presentó su primer logo animado, un intento de corta vida –tres años apenas– que no obstante terminaría de definir esa identidad corporativa basada en un planeta Tierra giratorio, por ahora con un avión rodeándolo. El letrero, que aparece en forma de adorable nube de humo de avión animada, reza “Universal Pictures”.

En 1927 aparece una nueva versión, indudablemente más famosa y de recorrido más largo. El avión rodea una versión más convincente del planeta giratorio de cartón piedra, envuelto en dramáticas sombras, y a su paso, el pequeño aeroplano hace aparecer un sobrio “A Universal Picture” en la ya obligatoria tipografía decó:

Nueve años dura este logo, hasta que en 1936 irrumpe una nueva y espectacular versión. El “Universal Pictures”, en relieve y en una elegante tipografía a lo night club, gira en perspectiva alrededor del planeta como si se tratase del anillo de Saturno, e incluso se ve reflejado sobre éste, que parece hecho de cristal o algo. Es un logo resplandeciente y con mucha clase, algo muy en la línea de lao que en aquellos buenos tiempos representaba la idea de cine. Lujo, oropel, sofisticación, vida nocturna. Parafraseando al sabio cantante del opening de El séquito, oh yeah.

Como cabía esperar, la consagración definitiva del color en el cine trajo consigo la necesidad de un nuevo emblema, cosa que en el caso que nos ocupa tardó un poco más en ocurrir. Recordemos que Universal era un estudio bastante más humilde que el resto, y sólo en 1946 pudo permitirse un compromiso completo con el nuevo sistema. Al mismo tiempo, un convulso intento de fusión entre el estudio y varios terceros desembocó en la reencarnación del estudio en Universal-International. Y de ahí el nuevo logo:

Este logo definió toda la década de los cincuenta del prostituido estudio. Por supuesto, dejando el color aparte, la variante más llamativa es el cambio de nombre del estudio, ese “Universal International” que vuelve a mostrarse estático frente al infatigable planeta, en dos líneas y cubriendo casi toda la superficie del globo. El efecto es interesante, como si el nombre del estudio desbordase una suerte de marco circular.

Dieciséis años presidió este logo las películas del estudio, hasta que 1963 ocurrió lo inevitable. ¿Cómo va a estar a la moda un estudio en los sesenta si no se deja absorber dócilmente por un todopoderoso conglomerado corporativo? Fue MCA quien se llevó el gato al agua en esta ocasión, y rebautizado con su antiguo nombre, Universal Studios estrenó un logo que recordaba a los desdichados trabajadores a quién pertenecían sus almas ahora.

Pero no sé por qué, a veces los amos y señores se mostraron magnánimos y permitieron que su nombre no apareciera en el emblema:

A este logo –que tuvo una carrera de nada menos que veintisiete años y que fue testigo de la auténtica explosión del estudio gracias a Tiburón, E.T. y Regreso al futuro entre bastantes otras– podríamos calificarlo como el padre del logo moderno. Será éste, con distintas variantes y operaciones de bótox de más, el que abrirá las producciones del estudio de aquí en adelante. Éste en concreto es muy bueno. La Tierra aparece entre brumas a través de un sutil zoom, girando mansamente en el espacio, y entonces aparece el letrero sobreimpreso, reducido a un “Universal” de palo grueso. Si no me equivoco, este logo rara vez contó con una música que lo acompañara.

Funny fact: esta variante tuvo un breve resurgir en 2009 cuando Tarantino y Sam Raimi se pusieron de acuerdo –aparentemente– para abrir con ella sus películas de aquel año, Malditos bastardos el uno y Arrástrame al infierno el otro. Por lo que se ve, Tarantino le cogió el gusto a lo de usar variantes pasadas de moda, porque volvió a hacer lo mismo con Columbia en Django.

No sería hasta ¡1990! cuando el logo brumoso se vio sustituido por una variante más sofisticada, que no es sino mi favorita de todas, sobre todo cuando tenían a bien de silenciar la cursilona sintonía que le endosaron. Obviamente en Universal no iban a dejar pasar la oportunidad de explotar las nuevas tecnologías del momento, y se sacaron la chistera esta virguería digital con el horizonte curvo de la Tierra dejando entrever un destello de sol antes de mostrarse en todo su giratorio esplendor. El logo adquiere por fin la elegantísima fuente Media Gothic –o prima hermana– que ya es indisociable de éste, y aparece desde detrás del planeta mostrando una elegante textura envejecida en relieve. Sexy.

Durante sus primeras apariciones el nuevo logo formó parte de una variante recopilatoria que celebraba los setenta y cinco años que habían pasado desde que Carl Laemmle soltó a Edison su célebre exabrupto “las comisiones de proyección las va a pagar TU PUTA MADRE”. Así, varias de las versiones –pero no todas– del planeta giratorio que alguna vez se habían usado se sucedían en pantalla al ritmo de la que sería la nueva sintonía de cabecera del estudio durante los próximos siete años.

Exacto, siete años, puesto que en 1997 la radiación de las guerras atómicas había convertido a la Tierra en una bola luminosa inhabitable. El nuevo logo, que apostaría mi mano a que hizo su entrada con El mundo perdido de Spielberg, se hizo eco del problema presentando una Tierra más brillante que el colapso simultáneo de cuatro supernovas.

Frente al buen gusto de los dos logos inmediatamente anteriores, la versión del 97 rechaza los colores oscuros y las texturas en favor de los cuatro primeros tonos de la paleta RGB, dando como resultado una Tierra chillona, desagradablemente digital, y peor aún, muy deshonesta con el paisaje de pesadilla nuclear que sin duda mostraría en un vistazo más cercano. De hecho, la panorámica sobre la superficie del planeta impide vislumbrar a un solo mutante devorador de carne humana, lo cual es altamente dudoso en vista de los rayos gamma que despide el planeta. El consabido “Universal” aparece más aparatoso que nunca, con un borde remachado en oro radiactivo y doble relieve, y la nueva y superlativa sintonía ha sonado tantos millones de veces en el DVD de mi casa que los catorce años de vigencia del logo parecen más bien ciento cuarenta.

Pero todo ha de terminar. Los tiempos cambian, la vegetación vuelve a crecer, la civilización emprende un nuevo comienzo… Y así, a finales de 2012 y coincidiendo con el centenario de la pelea a puñetazos entre Laemmle y Edison, Los miserables nos presentó la última versión hasta el momento del popular planeta rotatorio, esta vez sí, precioso y resplandeciente –resplandeciente en el buen sentido, no en el de la radiación mortífera–:

Una panorámica aérea sobre un planeta que no parece tener fin, texturas metalizadas sutilmente iluminadas, y… ¡oh, mira! EJPAÑA, EJPAÑA, UEEEE, YO SOY ESPAÑOL, ESPAÑOL. El planeta Tierra hace su gloriosa aparición dando un protagonismo insólito a la Tierra de la Pandereta, donde el consumo energético está desbocado, como puede observarse por la de luces que se han quedado encendidas. Las compañías eléctricas van a hacer su agosto, desde luego. En realidad es un consuelo ver a España tan llena de vida, tras la guerra nuclear habría apostado a que la península ibérica quedaría como vertedero auxiliar para las nuevas generaciones de dinosauroides superinteligentes.

Se trata de un logo que con los años ha ido ganando en peso y volumen. El nuevo “Universal” no sólo ha sustituido los oros del logo anterior –posiblemente diseñado a varias manos entre canis y proxenetas– por una nota de lujo más estética y moderada, sino que aparece inflado y más vertical que nunca, y se mueve sobre la Tierra con la mansa aparatosidad de un crucero imperial. Sin embargo, el sabio manejo de los efectos visuales hace que el cuadro no se vea excesivo en ningún momento; ni siquiera cuando la reorquestación MÁS GRANDE QUE LA VIDA de la sintonía parece anunciar la segunda venida de Jesucristo, con coros y todo. Me acuerdo de aquel jingle que compuso Frasier para su programa de radio.

Como pasó con el logo del 75 aniversario, las primeras apariciones del nuevo emblema recordaban el evento centenario, pero en este caso la variante se limitaba a un tímido “100th Anniversary” bajo el gigantesco “Universal”. Hablando del tema, lo cierto es que no ha sido un logo muy dado a variantes temáticas, pero ha tenido sus momentos. No hasta los extremos de la Warner, desde luego, pero sí más que las encorsetadísimas Metro y Fox.

Y ahora sí me retiro. Aunque… quizá hay tiempo para alguna cosilla más. ¿Que no? Bueno, vale, vale, ya me voy.

Una respuesta to “The Big Five: una historia visual (e inusual) (3)”

  1. Shorzen 18/06/2014 a 1:53 #

    Interesante repaso, y largo como las grandes entradas de este blog. No estaría mal un bonus con los de los estudios de animación, me gustaría saber cuando empezó a usarse la intro de Disney con fondo azul que aparecía en todas las de los 80 y los 90 (y bastante mejor que la recargada de ahora), o las que se usaban para los lanzamientos en vídeo, aún habría bastante variedad. En otros como Pixar o Dreamworks, la verdad es que ha sido casi siempre igual.

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