Men At (Dream)Work: ¡Ahora con más Soylent Green!

15 Dic

Esta entrada fue inicialmente escrita en el lejano y retrofuturista año 2010, aquel añorado tiempo en el que veíamos Patoaventuras antes de irnos al cole, merendábamos pan con nocilla, rebobinábamos cintas de casette con la ayuda de un boli Bic y cuidábamos a nuestros tamagotchis con mimo y tesón. Entonces no lo sabíamos, pero Pixar acababa de poner punto y final con Toy Story 3 a su espectacular racha de éxitos artísticos para adentrarse en una era incierta que todos esperamos que termine con el estreno en 2015 de Inside Out. Entre tanto, la Disney experimentaba lo opuesto al comenzar una escalada de éxitos comerciales que culminaría en las pornográficas cantidades de dinero amasadas por Frozen retitulada en The R Lounge como Las aventuras de Anna y Elsa en función de los Estudios de Mercado–; la audacia de estudios como Sony Animation y Laika permitió el florecimiento de propuestas animadas de calidad surgidas de competidores insospechados –una versión corregida y aumentada de las penosas maniobras financieras que en la década anterior trataban de robar un trozo del pastel de los estudios más poderosos con Ant Bully y porquerías por el estilo–; y la domesticación del perro siguió inalterable su curso.

¿Pero qué ha pasado con DreamWorks en estos años? Todo y nada. ¿Todo? Sí, porque han adquirido un ritmo frenético de estrenos que ha llevado a que entre lo más reciente que reseñé en esta entrada en 2010 –Cómo entrenar a tu dragón– y el momento presente han sacado nueve películas, diez si publico esto después del estreno de Los Pingüinos de Madagascar, once si tengo un accidente relacionado con la asfixia autoerótica, paso un par de meses en observación y salgo una vez se haya estrenado Home. ¿Nada? También, porque la irregularidad de estas nuevas películas ya ha dejado suficientemente claro que aquellos atisbos de autoexigencia que empezaban a distinguirse conforme terminaba la década no fue más que un espejismo y que en DreamWorks se conforman con tener algo en los cines con lo que cubrir cada temporada de fiestas, y si sale bien estupendo. Ah, no, una cosa más: DreamWorks está en la ruina.

Somos balleneros y llevamos arpones, más como en la luna no hay ballenas cantamos canciones.

Pero es pronto para detallar este sórdido asunto. Principalmente estoy aquí para presentar la Edición Especial de Men At (Dream)Work. ¿Te encantan los libros sobre sagas de películas que salen justo antes de la siguiente película de la saga para aprovechar el tirón comercial y que por lo tanto no incluye esta película y está obsoleto incluso antes de comprarlo? ¡A mí también! Así que déjame tentarte, amigo lector, con un ranking pseudoactualizado que sale al mismo tiempo que Los pingüinos de Madagascar pero que no incluye Los pingüinos de Madagascar; y en el que he incorporado las nueve películas que se han estrenado desde la publicación original de la entrada, así como nuevos e hilarantes comentarios sobre algunas de las anteriores. Temo que no seas lo suficientemente avispado para averiguar que el material nuevo está acotado entre corchetes o lleva colores diferentes, de modo que también he puesto avisos en negrita para que no te pierdas. Oh, casi lo olvido. Esta nueva edición cuenta con un jugoso valor añadido para los amantes del diseño: todas las secuencias de créditos finales que he logrado encontrar, que en muchos casos son auténticas joyas. En otros no, pero eso lo explicaré en la nota añadida y convenientemente señalada de Bee Movie. Y por si aún fuera poco, la remasterización que estás a punto de presenciar viene repleta de nuevos y asombrosos efectos especiales que darán por fin al artículo el aspecto exacto que imaginé en 1977, perdón, 2010. Al turrón.

* * *

Ahora que se ha estrenado Toy Story 3, vamos a hablar de DreamWorks. Sí, ya sabéis, esa compañía que nació a mediados de los noventa, nos metió por el gaznate su cursi logo en una machacona campaña promocional para ponerse al nivel de una Universal o una Walt Disney Pictures en dos semanas y pronto se lió a hacer dibujos animados que en cuestión de pocos años degradaron hacia la peor subespecie de animación del mercado, la misma que inexplicablemente tomaron como modelo las compañías que surgieron después, como si Pixar no existiese. Esta es la historia de tres hombres y un bebé. El bebé es DreamWorks, y los hombres son Steven Spielberg, fabricante de sueños judío; Jeffrey Katzenberg, productor cinematográfico judío; y David Geffen, productor musical judío. Estamos a mediados de los noventa y Steven Spielberg se ha pasado lo que lleva de década dándole dinero a Universal con películas entre las que destaca una con dinosaurios que a lo mejor os suena. Cansado de depender de Universal, Spielberg se asoció con los dos primeros empresarios que encontró al sabbath siguiente en la sinagoga para levantar un imperio cinematográfico con una subsidiaria de animación que en realidad era lo de menos. De nombre le pusieron DreamWorks SKG (las iniciales de los apellidos de nuestros hebreos protagonistas en un orden bastante revelador), y Spielberg, empeñado en darle una imagen inequívocamente familiar, se inventó el logo del niño pescando en la luna y encargó a John Williams (Who else but Joooohnny?) la ñoña sintonía que debía convertirse en la nueva “fanfarria de la Fox”. Mientras la sección principal de DreamWorks producía todo tipo de películas entre las que se incluyeron los proyectos inmediatamente posteriores de Spielberg, El pacificador, Un ratoncito duro de roer y varias películas de Woody Allen, su departamento animado conoció el éxito instantáneo con su primera película, El príncipe de Egipto, y se superó a sí mismo en la taquilla con Shrek. No mucho después Spielberg mandó DreamWorks a la porra, quizá debido al colorido cuadro que mostraba a un grupo de judíos desnutridos pasándoselo en grande en un campo de concentración que Geffen se empeñó en colgar en el vestíbulo, y se desvinculó del estudio, que siguió adelante con Katzenberg como capitán del navío.

“…y recuerden que ya expliqué al principio de la conferencia lo de mi pelo”.

Katzenberg es el responsable de que asociemos a DreamWorks al tipo de animación a la que lo asociamos. Los chistecitos graciosetes, los personajes muy gamberros y las canciones poperas, todo nace de él. Pero a Katzenberg hay que contemplarle como a esos villanos que son lo que son no porque lo hayan elegido, sino porque fueron víctimas de una injusticia en el pasado, como el Pingüino o el doctor Drakken. Katzenberg era un buen hombre, un director ejecutivo competente que a finales de los ochenta sacó a la Walt Disney Company del letargo en el que estaba sumida y la devolvió al lugar privilegiado al que perteneció en el pasado al impulsar el regreso a los cuentos de hadas que tan buenos resultados dieron en un pasado lejano. Él fue quien apostó por La sirenita, La Bella y la bestia y Aladdin. Pero Katzenberg era ambicioso. Sus compañeros temían sus enloquecidos experimentos, temían su ambición desmedida y temían que algún día esa ambición convirtiese a Katzenberg en un monstruo. En 1994 sus temores se vieron confirmados, cuando ocurrieron dos cosas. La primera: El rey león no fue nominada al óscar a la mejor película, así que Katzenberg bajó al laboratorio para crear una película tan dramática, tan conmovedora, tan adulta y tan poderosa que ningún premio se le resistiría. “¡El mundo recordará mi nombre!”, gritaba mientras descendía la escalera de piedra que conducía al laboratorio secreto. Más rayos, más electricidad. “¡Accione el TERCER interruptor!”, gritó Katzenberg a Igor, cegado por la codicia desmedida, cuando el tercer interruptor no ha de accionarse jamás, eso lo sabe cualquiera. La criatura se llamó Pocahontas, y nació para ser tan dramática, tan conmovedora, tan adulta y tan poderosa… que se quedó en una película fría e insignificante. Fue el principio del fin de la nueva Disney.

“La segunda cosa” fue el golpe definitivo que convirtió a Katzenberg en el supervillano desfigurado que todos conocemos. En 1994, el triunvirato que controlaba Disney formado por Jeffrey Katzenberg, Michael Eisner y el número 1 que servía de mediación entre sus dos ambiciosos socios, Frank Wells, se rompió con la muerte de éste último en un accidente de helicóptero. El heredero natural de la silla de presidente era Katzenberg, y habría bastado con que Michael Eisner le asignara como tal. Sin embargo, Eisner, viendo peligrar su influencia en las decisiones del estudio con un tío tan eficaz como había probado ser Katzenberg, le traicionó y dio el puesto a otro tío para asegurarse un considerable margen de poder (acto seguido corrió a esconder el manual de sabotaje de helicópteros que tenía en su mesa). Sediento de venganza, Katzenberg se marchó no sin antes prometer que Eisner lo lamentaría. Había nacido el malvado doctor Katzenberg, resentido y convertido en un monstruo a su pesar.

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Fue entonces cuando aparecieron Spielberg y Geffen. El doctor Katzenberg vio en ésta asociación la vía para destruir a la compañía que le había traicionado, y de hecho llegó a interponer desde DreamWorks una demanda a la Disney por su contribución al resurgir del estudio. A Spielberg no le gustó que el doctor Katzenberg utilizase a DreamWorks para atacar a Disney, y tal vez ahí resida el sentido de la marcha de Spielberg. Es como cuando en Las chicas Gilmore Dean dejó a Rory porque ésta no paraba se quejarse de lo idiota que era Jess. Viéndose al mando de DreamWorks, el doctor Katzenberg renegó de los principios que le habían llevado a buscar el éxito artístico en Disney y concentró su ambición en hacer películas que diesen dinero, mucho dinero. Así que cuando Shrek dio en la diana, nuestro supervillano utilizó esta fórmula mágica para hacer más y más dinero, sin preocuparse por la decreciente calidad de sus películas. Cerró el departamento de animación tradicional porque no hacía tanto dinero como el de animación digital, y en un rapto de codicia extrema, arrasó con todo DreamWorks, dejando en pie nada más que el departamento de animación digital. DreamWorks SKG se había convertido en DreamWorks Animation Studios. Hoy, cuando ya se vislumbra el agotamiento de la fórmula mágica incluso en la taquilla, Katzenberg está planteándose incluso seguir el camino de Spielberg y mandar a tomar viento al estudio de animación, no se sabe si largándose o hundiéndolo hasta los cimientos.

Esta es la historia de DreamWorks. Este tormentoso relato, que se extiende a lo largo de quince años, ha dado como resultado una filmografía irregular pero más larga de lo que parece, que incluye películas de animación tradicional y digital. Hoy vamos a repasarlos todos en un emocionante ranking ascendente, de la peor a la mejor. Se trata de un ranking que comprende exclusivamente las películas producidas en el seno del estudio, así que se quedan fuera, por ejemplo, los proyectos en plastilina producidos por Aardman y apadrinados por DreamWorks. También he ignorado baratas secuelas directas a vídeo que no hay por donde cogerlas, como Joseph, rey de los sueños. “En la tradición de relatos bíblicos inaugurada por El príncipe de Egipto, nos llega una cosa parecida pero más chapucera”. El reparto, muy revelador, cuenta con las voces de Ben Affleck y Dan Castellaneta. Dejemos la charla y comencemos, pardiez.

Me ha costado mucho decidirme entre tres películas en concreto para el puesto de honor de peor película de DreamWorks, así que me ha sacado de la manga un anti-top 3 sin orden concreto (pese a la numeración), con los tres peores proyectos del estudio. Tapáos las narices.

[Realmente en este día del Señor de diciembre de 2014 el orden del ranking me parece un tanto cuestionable en algunos puntos, de modo que lo he trastocado sutilmente dando pie a incongruencias que trataré de subsanar a la desesperada sobre la marcha.]

26. Shrek Tercero
(Chris Miller y Raman Hui; 2007)

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Dentro de la discreta filmografía de la compañía, esta tercera entrega de Shrek es un punto bajísimo incluso para sus estándares. Uno se pregunta, en frío, si hay realmente tanta diferencia entre Shrek Tercero y sus dos predecesoras cuando se basa en la misma fórmula de lugares comunes, referencias pop, anacronismos culturales y chistes gamberretes. Si la respuesta es sí, entonces hay que culpar al pobrísimo guión, que si bien no era el punto fuerte de Shrek 1 y 2, si eran lo suficientemente sólidos como para que los chistes fluyeran a buen ritmo y fuera fácil entrar en el juego y reírse de buena gana. Si la respuesta es no, entonces hay que plantearse el por qué, si cuenta con los mismos ingredientes. Para valorar Shrek hay que ver más allá de su condición de compendio de chistes irreverentes, es decir, hay que tener en cuenta el contexto en el que se estrenó. En 2001 el público estaba cansado de la fórmula Disney, y Shrek llegó con una propuesta tan sencilla como original, dando la vuelta a los clichés de la compañía (tampoco tanto como parece, que conste) y revelándose como una propuesta rompedora dentro del panorama animado. Y por supuesto, las propuestas rompedoras marcan tendencia. Si Shrek quería mantener su carácter transgresor debía renovarse continuamente en sus posibles secuelas para diferenciarse de sus “consecuencias”. Pero no fue así. Y Shrek Tercero llega como una más dentro de una tendencia tan consolidada como rancia, la misma que contribuyó a crear y que tan cargante ha demostrado que puede llegar a ser. Personajes que se han convertido en caricaturas de sí mismos en una trama que ya empieza a parecer la del episodio de una telecomedia, con el conflicto del día: “en el episodio de hoy, Shrek está preocupado por su inminente paternidad”. Si a esto le sumamos un creciente protagonismo de los personajes equivocados (las princesas Disney, que funcionaban perfectamente como cameos de chiste único) y la aparición de otros nuevos increíblemente sosos (véase Arturo y Merlín), el resultado es desastroso. Y somos más estrictos porque las anteriores Shrek son buenas.

25. El espantatiburones
(Vicky Jenson, Bibo Bergeron y Rob Letterman; 2004)

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Esta cosa, para la que se barajó el título de DreamWorks Goes Gangsta, marca abruptamente el principio de la degradación de la fórmula DreamWorks de personajes graciosetes + referencias pop + guión de mierda. Poco antes, Shrek 2 supuso un agradable pero premonitorio punto intermedio entre la aventura memorable y la chorrada olvidable, pero con El espantatiburones en DreamWorks perdieron la mesura y se entregaron por completo a la fórmula facilona, barata y, cómo no, rentable. ¿Qué importa que el espectador se olvide de la película diez minutos después de salir del cine si el dinero que se ha dejado en la taquilla (aún sin incremento por 3D, ¿os acordáis de cuando no había?) no va a desaparecer? La película ésta también supuso el principio de la sobreexplotación del reclamo de las voces famosas en el reparto. No, amigos, no miréis a la versión doblada, dirigid la mirada hacia la versión original, en la que apenas había sitio en el cartel para los nombres de Will Smith, DeNiro, Zellweger, Angelina Jolie, Jack Black, Scorsese, Kevin Pollack, Michael Imperioli y Audrey sabe cuántos más. Hay que añadir que, aunque abusivo, el reparto es ingenioso, y algunos como Scorsese hacen un papelón, doblemente gracioso ya que su personaje es clavado a él. El espantatiburones es una película con alma de blockbuster revientataquillas, así que el reparto debía verse por alguna parte, como pasaría con cualquier megaproyecto de acción real. Solución: los personajes son versiones escamosas de sus respectivos actores. Y eso es todo. Detrás de eso no hay más. La parodia de la Cosa Nostra es taaaan obvia. Y la macarrada perpetua es tan insoportable. Que no, que donde esté Nemo que se quite este besugo pastillero.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: Realmente la película nos lo pone, muy, muy difícil para sentir algún tipo de respeto por ella. Sin ningún tipo de escrúpulo trata de vendernos las sentimentales aspiraciones de Óscar de “ser algo más” como algo noble y digno de que simpaticemos con él. Aspiraciones que son, textualmente, vivir en la zona pija, ser famoso y tener, como decía Renton, un televisor grande que te cagas.]

24. Madagascar
(Eric Darnell y Tom McGrath; 2005)

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Madagascar posee una ligera, ligerísima ventaja sobre sus dos compañeras de anti-top 3, que hasta puede hacer olvidar las ganas que pudiéramos tener de apagar la tele a la mitad. Una dirección artística definida. ¿No os habéis dado cuenta de que las películas de animación digital de DreamWorks no tienen un estilo visual concreto? Sus personajes son muñecos más o menos fotorrealistas definidos por las limitaciones técnicas de la animación y sin ningún rasgo definitorio. Sus escenarios, tres cuartos de lo mismo, parecen plastificados. Madagascar es el primer intento de lograr algo visualmente definido y carismático, y el resultado, sin bien no es maravilloso, si sirve para que al menos podamos refugiarnos en algo mientras vemos esta infame película, que descansa más que nunca en el compendio de referencias cada vez más obvias (El planeta de los simios, fíjate tú), canciones trilladas a más no poder (tal vez estamos ante la peor banda sonora de DreamWorks) y personajes de ésos tan tristemente habituales que ya desde el cartel te advierten con un arqueo de cejas y una sonrisilla lo irreverentes que son. ¿Guión? Cero. Inexistente. Está claro que los directores de esta cosa (la única película 3D de Dreamworks que hay en mi estantería, y lo digo muy avergonzado) confiaban tan ciegamente en el gancho de sus personajes planos a más no poder que dejaron que “las situaciones fluyeran de ellos”. El resultado está a la vista. Premisa más de teleserie que nunca (“en el capítulo de hoy Marty echa de menos la jungla”; no es que esté repitiendo el chiste, es que es verdad) y humor de la peor calaña, salvo en el caso del rey Julian y los pingüinos, que tienen su gracia pese a que lo de I like movin’, sin ser nefasto, es la perfecta descripción resumida de todos los males de DreamWorks.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: En un revisionado reciente confirmé lo increíblemente burda que es la manera en la que se introduce el conflicto de la película. Es ciertamente lo mínimo que se despacha. Seguro que tú también recuerdas aquellos capítulos de Cosas de casa en los que Eddie entraba suspirando por un problema relacionado con algo que por lo que se ve le define como ser humano pero de lo que no hemos sabido absolutamente nada en seis temporadas y de lo que jamás volveremos a oír palabra durante las siete restantes. Pues aquí igual. Desde el principio de la película vemos a Marty con cara triste y suspirando por su crisis existencial de una forma tan artificial que su problema muy bien podría ser “no sé, Alex, estamos aquí, en una película de Dreamworks y nos quedan por delante ochenta minutos de trama… ¿Y si no somos lo suficientemente buenos como para llenarlos? ¿Y si no nos dan una secuela? *Suspiro*”.]

Una vez repasado el anti-top 3, pasemos al resto, ahora sí, en orden ascendente de calidad.

23. Bee Movie
(Simon J. Smith y Steve Hickner; 2007)

No todos los intentos por hacer algo diferente han de salir bien necesariamente por el mero hecho de serlo. Bee Movie es un bodriete, una película de suspenso, una cosa bastante chocante con una trama que busca ser excéntrica pero que sólo puede definirse como extraña y rebuscada. Una abeja con la voz de Arturo Valls… perdón, Jerry Seinfeld, emprende un proceso legal contra la especie humana por aprovecharse impunemente del trabajo de los pequeños himenópteros (eso son las abejas) y de su miel para hacer negocio. Durante su cruzada conoce a una humana con la que empieza una relación y que la apoya en su demanda. Las parodias a otras películas dejan al fin paso a otro tipo de chistes, pero igualmente referenciales y bastante chocantes además, como lo de la miel de Ray Liotta. Ninguno de los personajes, desde la abeja protagonista hasta la tía que dije antes, tiene el carisma necesario para salir en una película de dibujos animados, y ni siquiera se salvan los diseños. Las abejas, con sus caras de muñeco Ken, provocan rechazo, y los humanos tienen facciones demasiado histriónicas. Si es que hasta cuesta aguantar algunos primeros planos de los personajes sin sentir rechazo, especialmente de esa especie de Bruce Campbell que tiene la tía por noviete. Todo esto sin contar con la animación plasticosa marca de la casa, que alcanza en esta película su punto más bajo. Da la impresión de que mandaron esta película a los cines sin pasarlas antes por la fase de texturización e iluminación, dando lugar a una cosa llena de personajes fríos y luz neutra, muy a lo Video Brinquedo, con lo cual cuesta aguantarla ni siquiera por los méritos visuales. Las películas de animación o se hacen bien o no se hacen, que para algo el esfuerzo que hay detrás de ellas es el triple del que hay en el cine de acción real, y Bee Movie llegó en un momento en el que DreamWorks definitivamente parecía pasar totalmente de sus películas mientras tuviese algo que echar de comer a los cerdos, digo al mercado.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: Bee Movie puso punto final a un periodo muy específico y decadente de la filmografía del laboratorio del doctor Katzenberg. Con Kung Fu Panda comenzó a apreciarse un deseo de dar a las películas un acabado cuidado y con una personalidad acorde; pero contrariamente a lo que recordaba, Bee Movie fue la primera en abandonar la fea costumbre de cerrar cada película con unos créditos genéricos que daban a los estrenos de DreamWorks una sensación aún mayor de serie de televisión de gran presupuesto y ausencia total de identidad propia. Aparte, he de confesar que lo que califiqué en su día como un sentido del humor chocante y extraño en realidad es un soplo de aire fresco más bien leve pero aún así de agradecer. Sigo pensando que la película no acierta en casi nada de lo que se propone, pero su condición de rareza la hace digna de al menos un mínimo de simpatía. Su fracaso tuvo consecuencias positivas al hacer replantearse a DreamWorks su política y empezar a tomarse más en serio el arte y la belleza de la animación, pero al mismo tiempo amedrentó a la compañía lo suficiente como para quitarle todas las ganas de llevar a cabo un segundo intento, más pulido, de dar con la fórmula perfecta para un cine de animación moderno, ingenioso e inclasificable.]

22. Shrek, felices para siempre
(Mike Mitchell; 2010)

Se me hace muy cuesta arriba hablar de esta cuarta parte a la que es aplicable todo lo dicho respecto a la tercera. De acuerdo, está fuera del anti-top 3, así que algo tendrá que la diferencie. No sé que es, tal vez sean los ecos de Regreso al futuro 2 o ése Rumpelstikinstin que resulta mejor villano de lo que demostró ser Príncipe Encantador en solitario. Pero resulta triste ver cómo Shrek, aquella propuesta rompedora de DreamWorks, se ha quedado anclada en una tendencia rancia de la que el resto de producción es de la compañía ya se han alejado. Mientras Monstruos contra alienígenas y Como entrenar a tu dragón han dejado definitivamente atrás los odiosos guiños poperos y los personajes con el chistecito en la punta de la lengua, Shrek es como ese soltero cabezón que sigue yendo por ahí de farra mientras sus amigos se han buscado un trabajo y una vida estable. Aparece el flautista de Hamelín y empuña la flauta. En el año 2000 no sospecharíamos lo que viene a continuación, pero en 2010 apostaríamos la hipoteca de la casa a que el flautista va a empezar a tocar algo muy funky. ¡Pero eso es totalmente inapropiado en un mundo medieval! ¡Ja, ja! Dentro del castillo de Rumpelstikinstin (buen villano pero desaprovechado, que se me olvidó decirlo antes) hay montada una discoteca en la que las brujas bailan como adolescentes del siglo XXI. ¡Descacharrantemente anacrónico! Sin contar con la sobreexplotación de chistes del pasado. Ya no recuerdo el día en el que lo de los ojitos tiernos del gato con botas me hizo gracia. ¿Y por qué no reaparece Lord Farquaad? Por lo menos un cameo habría molado. Dejemos algo bueno para terminar: antes de que se desarrolle la trama del episodio de hoy, tenemos un comienzo que aparte de una estupenda metáfora de lo que sentimos volviendo al cine por cuarta vez para ver a Shrek es bastante divertido. Eso es lo que no tieneShrek 3. Un miserable momento salvable, un instante en el que puedes reírte de verdad. Pero por favor, dejad morir al ogro de una vez.

21. Spirit, el corcel indomable
(Kelly Asbury y Lorna Cook; 2002):

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Si hubiese ordenado estas películas en orden de pretenciosidad y no de peor a mejor, Spirit se llevaría el premio gordo de calle. Tras Shrek, la esquizofrénica DreamWorks produjo esta supuestamente minimalista historia en animación tradicional, un relato sobre “uno de los héroes de la conquista del Oeste más ignorados”: un caballo que entabló un vínculo espiritual con un nativo norteamericano. Si la película pretendía que el nombre de Spirit figurase con letras de oro en la Historia de los grandes héroes americanos, junto a Abraham Lincoln, Charles Lindbergh e Indiana Jones, fracasó. Si pretendía ser una historia de animación con corazón, también fracasó. Spirit, tras su pretencioso relato en voz en off cargado de emoción, amor por la naturaleza y bellos paisajes, está hueca. Es una película vacía del todo. De acuerdo, el intento es en parte loable; una propuesta animada en la que la única voz que escuchamos durante todo el metraje es la del yo omnisciente del caballo y en la que la acción propiamente dicha se ve sustituida por pasajes contemplativos es arriesgada. Pero las propuestas arriesgadas también fracasan. La hora y media que dura la película se hace cuesta arriba, en parte por culpa de la perpetua voz en off del caballo (Matt Damon) insistiendo en todo lo que ve, lo que cree, lo que siente y lo que hace mientras lo vemos. La ausencia de un verdadero guión (hasta las propuestas más minimalistas lo necesitan) pesa demasiado en una historia que no va a ninguna parte, y cuando finalmente hay algún momento de acción ya es demasiado tarde y parece fuera de lugar. La animación, por el contrario, es impecable. Es curioso que ese diseño de personajes 2D inconfundiblemente DreamWorks esté tan presente en los caballos mientras los humanos se ven tan… rotoscópicos. Pero la película se queda muy lejos de la excelencia visual por una razón bastante contundente: resulta incomprensible que una película que busca ser un espectáculo de apabullante belleza (la peli no está filmada en 2.35:1 por nada) resuelva las panorámicas sustituyendo los escenarios dibujados a mano por versiones patateras en 3D de los majestuosos cañones y praderas que pueblan Norteamérica. El resultado se acerca, más que a La bella durmiente, a un simulador de Isla Mágica. En pocas palabras, de las pocas producciones en animación tradicional de la casa, Spirit es la peor.

20. El gato con botas
(Chris Miller; 2011)

Shrek es la miseria de DreamWorks. No a la hora de hacer caja, desde luego, pero la degradación absoluta que sufrió la saga es tan contagiosa que ni en una época más feliz para los dibujos animados de la compañía es posible que la conexión con el ogro verde, por mínima que sea, pueda permitir algo parecido a una buena película. El gato con botas es un desastre artístico de dimensiones cósmicas que además demuestra que no existe progreso tecnológico capaz de salvar a una dirección artística digital con aspiraciones hiperrealistas de caer en un profundo y oscuro valle inexplicable. No es sólo que las largamente anticipadas aventuras del Gato con Botas –el proyecto llevaba dando vueltas desde 2004– sean aburridas y predecibles, sino que además son difíciles de ver sin una mueca de desagrado. Qué terrible, qué grimoso es ese Humpty Dumpty de suaves rasgos pseudohumanos, qué rechazo causan esos Jack y Jill de textura y proporciones fotorrealistas, qué pesadillas produce esa horrorosa oca mágica.

Nada de lo que cuenta esta película, que por cierto, está dirigida por el señor que se ocupó de dar (de)forma a Shrek 3, tiene la más mínima oportunidad de encontrar aceptación por parte del espectador en cuanto ese insalvable muro emocional aparece entre ambos. Sólo encontramos vagos motivos de celebración en los rabiosos temas musicales de Rodrigo y Gabriela y en un Gato tan chispeante como siempre, aunque ni Antonio Banderas puede disimular la evidencia de que donde mejor está el minino es entre los personajes secundarios.

19. Turbo
(Qué coño import… Ehr, David Soren; 2013)

Supongo que es motivo de celebración el que cosas como Turbo parezcan indignos pasos atrás en una filmografía en la que hace apenas un puñado de años habrían supuesto la tónica habitual. Este absurdo cruce entre Spiderman y Ratatouille con caracoles es lo más blandengue, aburrido y olvidable que ha salido de la factoría del doctor Katzenberg en mucho tiempo, si no contamos, claro está, los residuos de la Planta Shrek que aún gotean de vez en cuando. A diferencia de otras películas fallidas donde se observa un auténtico esfuerzo artístico, como puede ser El origen de los guardianes, Turbo nos retrotrae a tiempos en los que la desidia parecía ser la bandera identificativa de los proyectos del estudio fundado por el amigo Spielberg y donde cualquier noble aspiración artística estaba fuera de lugar.

Puede verse en Turbo esa extraña y contradictoria estrategia de autosabotaje por parte de la actual DreamWorks, que al tiempo que avanza con esfuerzo y tesón hacia algo parecido al reconocimiento crítico y el catálogo variado y estimulante de propuestas no se resiste a tratar de rellenar los tiempos muertos entre las películas ambiciosas con productos alimenticios que hagan dinero rápido y que no siempre funcionan. En esencia, en Dreamworks la cantidad sigue siendo aún hoy un factor clave para la buena marcha del estudio. De otro modo no se explicaría que mientras Pixar ha estrenado catorce películas en diecinueve años, DreamWorks ha parido exactamente el doble en tres años menos.

18. El origen de los guardianes
(Peter Ramsey; 2012)

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Si El origen de los guardianes fuese española y reuniese a todas las figuras notables de nuestras fiestas, ¿cómo sería? Veo un deprimente desfile de vírgenes llorosas y mártires unidos para luchar contra un enemigo común como podría ser cualquier festividad pagana que intente introducirse peligrosamente en el religioso bagaje cultural de los niños españoles e invitarles a divertirse sin el remordimiento de estar frivolizando el aniversario de la muerte de algún tío. Bajo este prisma, la película que nos dio DreamWorks en 2012 no está tan mal.

La DreamWorks actual, la cual podríamos decir que comienza con el cambio de década, es una auténtica lotería. Es un misterio si la siguiente película auspiciada por los subalternos de los subalternos de Katz será un entretenimiento más que notable o un bodrio deleznable que auspiciará una pentalogía “planeada así desde el principio”. En ocasiones la comedia sacacuartos de la temporada da exactamente lo que promete, es decir, absolutamente nada; y en ocasiones da lugar a una inesperada hora y media de diversión –las secuelas de Madagascar–. Lo mismo ocurre con los proyectos que nacen con aspiraciones más nobles: Cómo entrenar a tu dragón apuntaba a lugares más ambiciosos y cumplió con creces su objetivo, pero entonces llega algo como El origen de los guardianes y fracasa donde Hipo y Desdentao triunfaron dos años antes. La propuesta de Dreamworks para las navidades de 2012 fue una decepción en toda regla, un relato mágico de épica tan inflada e inerte como todos esos exploitations de Harry Potter prefabricados con un nutritivo 25% de iconografía tolkeniana que desde hace casi quince años y aún hoy asolan nuestras salas de cine. Es justo insistir en lo que comenté hace unas pocas líneas a propósito de Turbo; no es lo mismo la película definida por la desidia desde la mismísima preproducción y la que simplemente tropieza mientras busca ser algo memorable. El origen de los guardianes es así, es una película con potencial y cargada de buenas intenciones que fracasa por una letal combinación de diseños terriblemente feos –el hiperrealismo, siempre el hiperrealismo– y una caracterización demasiado plana de los protagonistas.

Confieso que me he planteado si la falta de empatía que me inspira esta película puede deberse a su dependencia de figuras míticas de la cultura norteamericana pero bastante menos conocidas fuera. El origen de los guardianes tiene un potencial comercial increíble en su país de origen. Esta película no es sino Los Vengadores de las leyendas infantiles; pero en territorios internacionales lo tenía complicado para triunfar. Le faltan unos cuantos santos de ésos que te miran siempre en las iglesias te pongas donde te pongas. Figuras recónditas para el español medio como el Hombre de Arena, Jack Frost –mal traducido aquí como Jack Escarcha, ¿es que nadie en este país vio aquel inmortal clásico navideño con Michael Keaton convertido en muñeco de nieve con corazón de oro?– y el Hada de los Dientes llevan el peso de la trama junto a un Santa Claus tatuado que jamás habría recibido la aprobación de Tim Allen, enfrentados todos ellos a un hombre del saco que parece salido directamente del gabinete del doctor Caligari. Menciono esto último porque es cierto que pueden apreciarse en la película verdaderos esfuerzos por lograr una puesta en escena memorable y rica, alimentada por referencias muy eclécticas; pero el resultado no se acerca nunca a lo que debería haber sido. Fuera de la saga Shrek, DreamWorks nunca había estado tan peligrosamente cerca del repulsivo pseudorrealismo estético de la saga del ogro. Se le puede conceder un uso muy superior y más equilibrado del ensemble cast al demostrado en Kung Fu Panda con los Cinco Furiosos, pero de poco sirve si está al servicio de una épica tan tediosa y atronadora como ésta. Lo único curioso que me apetece destacar de ella es la presencia espontánea de una clara descendiente de Eep Crood.

17. Vecinos invasores
(Tim Johnson y Karey Kirkpatrick; 2006)

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A ésta le pasa lo mismo que a Madagascar 2. Se deja ver, no tanto por la presencia de méritos destacables sino por la ausencia de deméritos. Pero es olvidable, muy olvidable, y de alguna manera lo sabes casi desde antes de verla. Tal vez la ausencia de un escenario exótico, llámese África o Muy Muy Lejano, sustituidas por un barrio suburbial deliberadamente del montón, tenga algo que ver. O quizá la falta de carisma de los personajes, incomprensible dado lo pintoresco de los interfectos. Por supuesto, parte de la culpa es del guión basado obligatoriamente y por enésima vez, en el conflicto de teleserie rancia. ¡Oh, no! ¡Me veo obligado a seguir mintiendo y manipulando a estos animalitos que tan bien se han portado conmigo sin conocerme! Memorable. La animación está en la línea de la compañía, lo que significa que es sosa, carente de rasgos estilísticos y con esa iluminación aséptica que iría aún más a peor con Bee Movie. Y para amenizar los oídos, la versión doblada cuenta con la participación de, entre otros, el que posiblemente es el actor con peor pronunciación de este país, Luis Merlo.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: Sí, llamar película a una cosa que apenas merece el calificativo de anécdota es ser muy benévolo, y sí, perturba aún más pensar en que hay por ahí sueltos desaprensivos que ponen en marcha la costosísima maquinaria que es la industria del cine de animación para producir algo que parece manufacturado para llenar el hueco entre dos bloques de programación del sábado. No obstante merece la pena rescatar de Vecinos invasores, primera película de DreamWorks distribuida por Paramount una vez DW Animation se separó de DreamWorks SKG, una escena realmente divertida y ácida que bordea la línea satírica que podría haber tenido toda la película de no volcarse tanto en las carreras y las chorradas infantiloides. Hablo de aquella en la que RJ describe a los crédulos animales del bosque todas las facilidades y aparatos supuestamente orientados a conseguir/disfrutar/multiplicar comida que tienen los seres humanos de los suburbios. No es que no sea cuestionable el hecho de que una película de valor nutritivo similar al de la comida rápida que asola los hogares de estas casas suburbiales plantee una sátira de la cultura del consumo, pero tampoco nos pongamos exquisitos. Wall-E no deja de ser una película de mensaje comunistoide orientada a amasar millones y vender menús de McDonalds, pero eso no la hace mala.]

16. Las aventuras de Sherman y el Sr. Peabody
(Rob Minkoff; 2014)

Sherman y el Sr. Peabody son dos de los muchos personajes que acompañaban a Rocky y Bullwinkle en aquel paquete de dibujos animados de la Guerra Fría que era El Show de Rocky, Bullwinkle y Compañía, valga la redundancia, y que nueve de cada diez twitteros chistosos conocen de un cameo en Los Simpson –el décimo no sabe quiénes son–. La relación del Show de Rocky y Bullwinkle con el cine comienza en 1999, año en el que Brendan Fraser saboreó las mieles del éxito con La momia, pero en el que también hizo el más doloroso de los ridículos en la espectacularmente paupérrima Dudley de la Montaña, la primera adaptación de uno de los seriales del programa. Al año siguiente, los personajes principales del show, una ardilla voladora y un alce famosos por llevar al KGB a desperdiciar millones de rublos en material explosivo, tuvieron su oportunidad… su trágicamente incomprendida, hilarante oportunidad. Catorce largos años después de que Rocky y Bullwinkle se encontraran con Keenan y Kel y con un Robert DeNiro que pedía a gritos su tercer Oscar, el perro sabio que enseñaba historia ¡mientras nos divertía! y su amigo preescolar saltan por primera vez a la gran pantalla por obra y gracia de una DreamWorks que se rumorea interesada en comprarte los derechos de tu desayuno de hoy para hacer una película.

Dirigida por Rob “El Rey León” Minkoff, la película de Sherman y el Sr. Peabody vuela bajito, pero de una forma diferente al de otras naderías como Vecinos invasores. Es de agradecer que el estudio de J. Katz no haya tratado de inflar hasta cotas épicas inimaginables lo que un día fue una serie pequeña de sanas intenciones y humor ligero, pero mantenerse en ese terreno es arriesgado. En un caso como este, equilibrar el respeto al espíritu humilde de la fuente original con un verdadero empaque que justifique los ocho pavos del cine y la experiencia en pantalla grande es complicado. Mentiría si dijera que Las aventuras de Sherman y el Sr. Peabody lo consigue. Es simpática, y si hay una película que merezca la versión más halagadora de la expresión “para niños” es ésta, pero sabe a muy poco. Lo que cuenta es poco más que una anécdota de corte un tanto episódico y notable falta de aliento aventurero, consecuencia directa de un manejo un poco torpe del respeto a esa falta de pretensiones de la serie del 59.

No hay nada que odie más que ese tópico condescendiente de “los críos se lo pasarán en grande” de la crítica profesional –salvo la gente que lo primero que hace cuando te conoce es preguntarte de dónde eres–, pero me temo que a esta película, aún teniendo en cuenta los guiños aquí y allá para los mayores, algunos de ellos muy ingeniosos y siempre alejados del obsoleto modelo Shrek, le viene al pelo. Ni siquiera la peliaguda maniobra de traducir a cristalina animación CGI los diseños feístas e increíblemente tercermundistas de la serie original traducidossin perder su identidad está lograda del todo; tampoco en este aspecto se alcanza la atractiva extravagancia visual que sí prometen, por ejemplo, los avances de la nueva película de Charlie Brown.

15. Los Crood
(Chris Sanders y Kirk DeMicco; 2013)

Los Crood, el segundo proyecto llevado a cabo por Chris Sanders bajo el acogedor techo del tío Katz tras Cómo entrenar a tu dragón, supuso un bajón importante después de su triunfante primera incursión fuera de la Disney. De hecho pocas veces me he acercado con verdaderas expectativas a ver una película de DreamWorks, y pocas veces me he sentido tan traicionado. De acuerdo, quizá decir “traicionado” es demasiado, pero sí es cierto que resultó muy frustrante encontrarme, tras mucho tiempo siguiendo la pista al nuevo proyecto de Chris “Lilo y Stitch” Sanders para DW, con una película entretenidilla, inofensiva y, horror, BONITA DE VER. Eso que dice tu madre, la mujer que te dio la vida y a la que le importan un pimiento las inconsistencias de la trama de una película y el nulo desarrollo de personajes mientras los paisajes sean de ensueño y la música agradable. Los Crood es así, es colorida y saca todo el potencial visual a su prehistoria regida por la fantasía y no por libros de paleontología, pero se va de la memoria suavemente con la brisa que te recibe a la salida del cine.

La sencillez de Los Crood es, como pasa con Sherman y el Sr. Peabody, su mayor virtud y defecto. No es habitual en el cine de animación encontrarse con una historia tan compacta como la de esta película, que prescinde de cualquier exceso de peso –en un momento hablaremos de este problema con respecto a otra película– y se construye en base a los mínimos elementos. Hay siete personajes, y de ellos sólo cinco tienen algo interesante que decir. Punto. Por si fuera poco, ninguno de ellos es un villano; se trata simplemente de una familia y un extraño con el que se encuentran y les guía por caminos inexplorados en más de un sentido –eso sonó menos sexual antes de redactarlo–. El resto es un entorno tan fascinante para ellos como hostil, y no hay en la película ningún peligro que no surja de la propia naturaleza. Si no contamos, claro, las primitivas ideas del pater familias del clan Crood, un pobre tipo demonizado por el guion de forma más bien poco sutil, teniendo que cargar con diálogos tan poco explícitos como “¡el miedo nos mantiene vivos!” o “¡la curiosidad es mala y cuanto menos sepamos mejor!”. Como premio nada despreciable, esta actitud tan negativa le lleva a atravesar el arco de desarrollo más claro de todos los personajes y, llegado un punto, convertirse en el auténtico protagonista de la historia, por encima de su increíblemente descocada hija Eep. Esa falda… es demasiado corta. Ni siquiera hace falta saltar, correr, revolcarse y escalar para que lo sea.

Lo sencillo no tiene por qué mezclarse con lo simple, pero aquí Los Crood no está muy ágil. Sherman y el Sr. Peabody jugaba un juego bastante complicado, el de permanecer fiel al espíritu liviano de unos dibujos animados de sábado por la mañana sin acabar siendo tan prescindible como su referente. No salió bien. Pero Los Crood no tiene que rendir cuentas a nada ni a nadie y sin embargo tiene tan poca garra como aquella. No es que tenga la obligación de ser tan intensa y espectacular como Cómo entrenar a tu dragón –de hecho parece que Sanders quiso involucrarse en un proyecto totalmente opuesto, lo cual le honra–, pero sí tiene la de manejar bien sus recursos para no caer en lo banal. O quizá ni eso: Los Crood, el primer proyecto de DreamWorks distribuido por la Fox tras la rescisión del longevo contrato con Paramount, fue un completo éxito de público, el último antes de la medicore racha iniciada por Turbo.

14. Kung Fu Panda
(John Stevenson y Mark Osborne; 2008)

Si Madagascar fue la primera muestra de interés por parte de DreamWorks en producir algo con un mínimo buen gusto visual, Kung Fu Panda demostró que la compañía podía hacerlo de nuevo, pero sin recurrir a una dirección artística exagerada. Kung Fu Panda es moderada en diseño, pero a la vez carismática. Tomando buena nota de Pixar, en esta película se aplicó una iluminación cálida y agradable a años luz de la inmediatamente anterior Bee Movie, que parecía hecha en Nickelodeon. El formato panorámico es ideal para reflejar la majestuosidad de la China milenaria, retratada con mucha belleza. Pero el premio gordo en diseño se lo llevan la secuencia inicial y los créditos finales, dibujadas en un precioso 2D en flash que recuerda sospechosamente a Samurai Jack. Todo muy bonito. Lástima que el resto no esté a la altura. Sí, de acuerdo, los guiños poperos y los personajes graciosetes  casi han desaparecido, pero el guión es demasiado pobre. Desde el protagonista, que de hecho es el peor personaje de la película, con ese deseo de “ser algo más en la vida” que Disney quemó en los noventa; empezamos mal. La historia carece de gancho y de momentos intensos (el combate final es demasiado soso), desaprovecha a unos personajes tan jugosos como los Cinco Furiosos (con el bombo que les dieron en la promoción de la película) y ni siquiera cuenta con un gran villano. Kung Fu Panda no es una mala película, pero está desaprovechadísima.

13. Madagascar 2
(Eric Darnell y Tom McGrath; 2008)

Gran sorpresa cuando vi esta película: no está mal. Se deja ver, es simpática y los cansinos guiños a películas se ven reducidos al mínimo, incrementando por el contrario su originalidad (En los límites de la realidad, y, sorpresa, no es lo del tío al que se le rompen las gafas). Es mejor que la primera, en consecuencia. No es que posea un gran guión, no se puede esperar algo así de una película que se compone únicamente de las correrías de los cuatro personajes cada uno por su lado y con los conflictos de… ¡Exacto! ¡Teleserie rancia! “¡Ay, Alex, no sabes distinguirme entre otras cebras exactamente iguales que yo! ¡Pues ahora me enfado!”. Las reflexiones del señor Ego en Ratatouille sobre el criterio y la perspectiva palidecen a su lado. No es que Madagascar 2 cuente con elementos memorables o grandes aciertos. Pero tampoco posee los aspectos más odiosos que caracterizan al cine de DreamWorks. Lo peor es que, como es costumbre en la compañía, en cuanto detectan un acierto (un chiste que hace gracia), lo cogen por banda y lo repiten, reciclan, machacan y queman hasta que resulta odioso. Madagascar 2 sufre las consecuencias de que la canción de la primera entrega (sabéis cuál) y la vieja armada con el paraguas resultaran graciosos. Se usa y se abusa de ellos hasta la náusea. Miedo ante la inminente Madagascar 3.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: Madagascar 2, al ser la primera secuela DW aparecida tras Kung Fu Panda, da fe de lo grande del salto cualitativo en la puesta en escena que supuso aquella. Incluso en una saga tan deudora del cartoon como es Madagascar puede observarse que, por primera vez, aspectos como la paleta de colores, las influencias artísticas y la ejecución visual de la acción están estudiados y manejados con conocimiento de causa. Madagascar fallaba al confundir dibujo animado con recursos mínimos; Madagascar 2 logra que el estilizado aspecto que caracteriza al mundo de Alex y compañía se integre limpiamente con un espléndido trabajo de ambientación y puesta en escena.]

12. Kung Fu Panda 2
(Jennifer Yuh Nelson; 2011)

He observado que en un rapto de fiebre de las montañas coloqué Kung Fu Panda por debajo de Madagascar 2 cuando organicé el ranking original. Tampoco es tan dramático, ambas me parecen muy parejas en calidad, pero nunca he sentido una verdadera simpatía por la saga de Po. Kung Fu Panda 2 es exactamente tan buena o tan mala como Kung Fu Panda; en algunos aspectos es muy superior y en otros ligeramente inferior –si no me falla mi domino de la media aritmética esto la hace en realidad un poco mejor–.

Un aspecto en el que es muy superior es el villano de la función, factor que suponía una de las mayores debilidades de la primera parte y quizá de la filmografía de DreamWorks en general. Frente al olvidable Tai Lung, el maestro Shen se alza como un villano aterrador y de fascinante perfil psicológico, situado en un perfecto y complicado punto medio entre el completo dominio de sí mismo y una inestabilidad emocional que en realidad es incapaz de camuflar. Es un malvado de corte esencialmente trágico, algo a priori difícil de asimilar en el desenfadado mundo de la saga, pero el virtuosismo con el que se le añaden ciertas pinceladas de histrionismo y algún que otro momento cómico logran una integración natural. El maestro Shen es uno de los mayores logros en el campo del tratamiento de personajes de la longeva filmografía de DreamWorks, y a su sublime configuración se suma una inspiradísima subversión de los tópicos que asocian a determinados animales a roles concretos. Es un personaje, que duda cabe, diseñado a la medida de Gary Oldman –no conviene perderse tampoco el espectacular trabajo que hace Gabriel “Lobezno” Jiménez en el doblaje castellano, un increíble giro de 360 grados respecto a cualquiera de sus registros conocidos–, que justifica por sí solo la hora y media que dura la película.

¿Y lo demás? Como ocurre con la primera parte, todo se mantiene en el terreno de lo aceptable y lo inofensivo, obviando la excelente dirección artística. El rol de Po sigue siendo tan predecible como siempre, pero como recurso para jugar con los clichés del cine épico resulta magnífico. Sorprende lo bien manejada que está la introducción de pequeños detalles desmitificadores en los momentos más intensos de la acción, evitando que la película llegue a tomarse demasiado en serio a sí misma pero sin arruinar su potencial dramático. Desgraciadamente, no todo está tan bien manejado. Junto a Po tenemos a unos Cinco Furiosos que definitivamente quedan en evidencia como un estorbo narrativo de los cuales sólo Tigresa encuentra su justo lugar como coprotagonista. Detalles como éste lastran la narrativa y me hacen preguntarme lo bien que podría funcionar la saga de Kung Fu Panda si sintetizase su universo a lo esencial y realmente eficaz en lugar de traicionarse a sí misma por una política de castings lo más grandes y llamativos posible  y reverencia y culto a la cantidad sobre la calidad. Pero ya se sabe, esto es DreamWorks.

11. Simbad, la leyenda de los siete mares
(Tim Johnson y Patrick Gilmore; 2003)

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Simbad, la última producción en animación tradicional de DreamWorks, recupera el espíritu aventurero de La ruta hacia El Dorado pero con menos fortuna. Como era de esperar de una película en la que el héroe es un guaperas que va de sobrado ante la heroína y ella le deja en ridículo en los momentos más peligrosos (¡pese a ser una mujer!), no hay quien trague a los protagonistas. La acción es más aparatosa que entretenida, y los más repugnantes personajes digitales del universo están presentes en estos noventa minutos, con ese calamar gigante ortopédico a la cabeza (una de las peores cosas que se han visto nunca en una película de dibujos animados, lo juro). Simbad fue un fracaso, y tras el éxito de Shrek 2 al año siguiente, Katzenberg sumó dos y dos y convirtió el departamento de animación tradicional en una cafetería para los miembros del departamento de animación digital.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: En realidad es más divertida de lo que parece desprenderse de mis comentarios de espectador gruñón. Pese a sus tópicos y sus protagonistas cortados en base al patrón más manido, sobado y sospechosamente pringoso de la guerra de sexos, es una película de aventuras muy aceptable que se desmarca un tanto de lo visto en La ruta hacia El Dorado al depender menos de la comedia y más de la acción. Eso sí, el Calamar Ortopédico se ve más horrible cada año.l

10. Monstruos contra alienígenas
(Conrad Vernon y Rob Letterman; 2009)

Una lástima. Tal vez la mejor premisa jamás salida de las entrañas de DreamWorks se queda a medias, de nuevo por un guión sin garra. Resulta incomprensible que con unos personajes tan llamativos y llenos de posibilidades el resultado no pase de simpático. Los defectos son los mismos que en Kung Fu Panda, pero Monstruos contra alienígenas cuenta con una premisa muchísimo más interesante y con mejores personajes rodeando a la poco interesante protagonista (de hecho la tal Susan es una excusa argumental y poco más). Las referencias a la conspiranoia de los cincuenta y al cine de monstruos radioactivos son divertidas, y distraen más o menos la atención del hecho de que conforme avanza, la historia se va convirtiendo más y más en una chorrada. Técnicamente está bastante bien, aunque me pregunto por qué desde Bee Movie todas las mujeres DreamWorks tienen ese mismo gesto desencajado de psicótica perturbada (mirad a la chica de la inminente Megamind, es otra vez la misma con otra peluca). También me pregunto por qué las campañas promocionales de DreamWorks se empeñan en vendernos con cada película a los mismos personajes graciosetes que poblaban sus películas en el pasado, cuando B.O.B, contrariamente a lo que se pensaría por los trailers, es bastante entrañable. Una última nota: contra todo pronóstico, los momentos realizados expresamente para que nos protejamos en las butacas del cine del espectacular peligro que sale de la pantalla por obra y gracia de las gafas 3D no cantan (salvo algún guiño simpático).

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: Releyéndome me sorprendo de lo duro que fui con esta película, que de hecho me pareció muy simpática, pero por lo que se ve preferí centrarme en los defectos. No hagas ni caso al Miguel Roselló del pasado; Monstruos contra alienígenas es una película simpatiquísima, en la que la influencia temática y estética del cine de monstruos de la época está medida al milímetro… aunque desde luego no le habría venido mal dejarse llevar más por la excentricidad. Otra virtud encomiable es lo simpáticos que caen todos los personajes importantes, especialmente el ultraentrañable BOB, pese al peligro potencial que supone en una película de DreamWorks la presencia de un grupo coral de protagonistas en el que todos tienen la tarea de ser graciosos. Y quizá Monstruos contra alienígenas es la película DreamWorks que más claramente demuestra lo importante que es la elección de una línea musical para afianzar la personalidad de la película. El sonido elegido por Henry Jackman –ese señor que se salió de su impersonalidad habitual para darle a Magneto el temazo que Michael Kamen y John Ottman le negaron– para dar acompañamiento musical a Susan y compañía entronca con la rama más electrónica de la música surf de los sesenta, con el famosísimo tema de Mancini para Peter Gunn y la genial Planet Claire de los B-52s como referencias absolutas. Es un acierto notable que da a la película una atmósfera retro muy especial, aunque ya sabemos cómo funciona esto, las imposiciones comerciales dan prioridad al sonido orquestal más estándar que suena en las escenas más espectaculares de la película. Oh, y los créditos finales, que puedes ver ahí encima, me fascinan.]

9. Madagascar 3
(Eric Darnell, Tom McGrath y Conrad Vernon; 2012)

Si aceptamos el hecho de que las aspiraciones de la saga de Madagascar no van mucho más lejos que las que puede tener una sitcom de usar y tirar –lo cual es en sí muy desalentador cuando piensas en el esfuerzo humano, el tiempo invertido y el dinero que hay detrás de una superproducción de animación CGI–, si asumimos que en estas películas algo parecido a un guion no es sino un molesto trámite necesario para poner a hacer payasadas a un grupo de personajes de personalidades al servicio de lo que un gag pide en un momento concreto, si en términos generales interiorizamos la absoluta pobreza de la saga Madagascar en cualquier aspecto vagamente analítico, sólo nos queda preguntarnos: bueno, ¿al menos son divertidas? Años después del texto original y no alterado digitalmente de esta entrada que estás leyendo, mi opinión acerca de la pestilencia que emana de la primera aventura de Alex, Marty, Melman y Gloria no ha cambiado un ápice. Es más, conforme el tiempo sigue pasando, películas como aquella empiezan a parecer un mal sueño, un vestigio cada vez más borroso de una era en la que los dibujos animados exhibían pornográficamente su despliegue tecnológico con el único fin de encadenar referencias cinéfilas de nivel preescolar con una banda sonora de ésas que aún consideran ingenioso poner a un tío guay entrar en escena a ritmo de I Feel Good. Ni siquiera en estos tiempos oscuros en los que la mística de la animación ha desaparecido en virtud de la producción masiva de productos basura que ven la luz con la aparente dificultad de pulsar un botón en el que pone “hacer película de dibujos animados” se ha alcanzado de nuevo ese grado de desvergüenza.

Madagascar 2 resultó una agradable mejora respecto a su infumable predecesora, y la tercera parte es la prueba definitiva de que la honestidad le sienta muy bien a la saga. Madagascar 3 es de esas secuelas que no tienen visibles reparos morales en explotar los hallazgos de sus predecesoras aunque no haya la más mínima lógica en traer de vuelta a tal personaje o repetir un momento mítico que tanto nos gustó en su momento. Madagascar 3 no ve problema alguno en dedicar subtramas a personajes robaescenas del pasado que de otro modo no tendrían absolutamente ninguna razón de ser en este nuevo contexto. Madagascar 3 no dedica ni un minuto a plantear motivos lógicos para que sus protagonistas se embarquen en un periplo europeo más allá de “¿por qué no hacemos una escapadita para visitar a los pingüinos?”. Madagascar 3 no invierte el más ligero esfuerzo en vender la idea de que esta aventura estaba hecha expresamente para estos personajes en lugar de ser una peripecia de stock que podrían haber colocado a Shrek o cualquier otra estrella en horas bajas que pasara por allí. Pero, hombre de poca fe, todos estos crímenes contra la dignidad del arte de la cinematografía se ven eximidos por un instinto para la diversión irreprochable y una serie de imágenes loquísimas que permanecerán en la retina del espectador durante décadas. Valga como ejemplo la visión de dos monos vestidos de Luis XIV tocando un gigantesco órgano de neón a cuatro manos, una experiencia tan surrealista que sólo podría describirse recurriendo a las imágenes más caleidoscópicas de 2001.

Dicho de otra manera, esta tercera parte exhibe ya sin vergüenza su naturaleza de serie de dibujos de saldo inflada de anabolizantes –insisto, cualquier historia vale para lanzar a la panda de Alex a hacer el mono por ahí–. Asumiendo que quizá su sitio en las salas de cine no es más que pura discriminación positiva, se relaja y trata de ser lo que debe ser un buen dibujo animado de la vieja escuela: lo más físico y divertido posible. Y lo consigue, aunque para ello se sirva de una batería de ruidos, movimientos y luces tan desbocada que posiblemente estemos ante la película menos aconsejable de la historia para entretener a un epiléptico. La prometida cuarta parte debe ser como mirar a un eclipse sin gafas.

8. Shrek 2
(Andrew Adamson, Kelly Asbury y Conrad Vernon; 2004)

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Tras el éxito superlativo de Shrek, en DreamWorks se olvidaron de sus principios transgresores en un tiempo récord. El concepto “alternativa a Disney” se vio sustituido por retahílas incoherentes de palabras relacionadas con dinero, y los proyectos de nuevas películas originales y refrescantes se cancelaron abruptamente para hacer ¡más Shreks! En todos los sentidos: secuelas de la película del ogro verde y otras que repitiesen sus esquemas punto por punto. La fórmula DreamWorks había nacido, y Shrek 2 fue la primera consecuencia. Afortunadamente, aún no se había caído en la falta de escrúpulos absoluta de la que haría gala el estudio en futuros proyectos (el siguiente, de hecho), así que Shrek 2 cuenta con una historia con gancho suficiente como para que los chistes, cada vez más ultrarreferenciales, entren con facilidad. Es más, muchos están muy bien traídos, como el de Cazafantasmas. Como secuela cumple de sobra, ya que amplía el universo de la película original con la incorporación del reino de Muy Muy Lejano (las dos siguientes se limitan a saltar de la ciénaga a Muy Muy Lejano y de Muy Muy Lejano otra vez a la ciénaga) y un puñado de personajes bastante buenos, sobre todo el Hada Madrina.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: En 2004, con el estreno más o menos seguido de Shrek 2 y El Espantatiburones, fui consciente por primera vez de la magnitud de los castings que gastaba DreamWorks. No es que antes no hubiera estado al tanto de los nombres rutilantes que daban color al reparto de Antz o Simbad, pero fue en 2004 cuando pensé por primera vez, Ford me perdone, que Pixar estaba en inferioridad respecto a DreamWorks en al menos un aspecto. Shrek 2 tenía a Mike Myers, Cameron Diaz, Eddie Murphy, John Cleese, Julie Andrews y al bueno de Antonio, y el marketing de DW se encargaba de que no hubiera manera de no saberlo. ¿A quién tenía el último bombazo de Pixar hasta el momento? A Albert Brooks, Ellen DeGeneres y un puñado de actores australianos famosos entre el sector demográfico de kiwis entre dos y cuatro años. ¿Por qué DreamWorks tiraba la casa por la ventana de aquella manera y Pixar racaneaba tanto como para ceder el protagonismo a alguna lesbiana histriónica de la tele? Sólo el tiempo me hizo comprender lo comprometidos que estaban en Pixar con la calidad intrínseca de la película en contraposición con la alegría con la que DreamWorks sometía cualquier valor a un puñado de estrellas que aseguraran la rentabilidad en taquilla de hasta el último Espantatiburones.]

7. Shrek
(Andrew Adamson y Vicky Jenson; 2001)

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Para no perder la costumbre, la segunda producción en animación digital de DreamWorks tras Antz traía ecos del estreno Pixar del momento, al ir las dos de monstruos que fingen ser más aterradores de lo que en realidad son. No vamos a entrar en infantiles comparaciones (Monstruos S.A. es mejor), Shrek tiene suficientes méritos como para que hablemos de ella sin nombrar a Pixar. Shrek sigue la estela de Antz al suponer una nueva transgresión del cine animado que se llevaba por aquel entonces. Pero si en aquella las armas eran guiños sociopolíticos en una parábola comunista bastante adulta, en ésta se utilizaron recursos más orientados al éxito de taquilla, aún siendo fiel a la idea inicial de transgresión de códigos. Sin duda el estudio habría seguido por este camino de no ser por el descomunal éxito de Shrek, que, por muy orientada a hacer pasta que estuviese la película, pilló desprevenido a todo el mundo. Shrek combinaba con acierto la burla de los cuentos de hadas (o mejor, de sus versiones Disney) con chistes deliberadamente burdos, los guiños paródicos con una banda sonora popera pero bien escogida, y por supuesto, dio con unos personajes realmente carismáticos. En consecuencia Shrek resulta muy divertida, aunque por su naturaleza no aguanta demasiado bien los sucesivos visionados. Sin embargo, el punto más flaco es la animación. Regla número 1: cuanto más fotorrealistas busques que sean tus personajes animados, más rechazo causarán (Zemekis no se ha aprendido ésta). Los seres humanos de Shrek (y esto es aplicable a toda la saga) son maniquíes sin vida que si ya resultaban inquietantes en 2001, el tiempo les ha sentado aún peor, y todo por el empeño en asemejarlos a seres humanos reales.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: Hay películas que sencillamente nunca son las mismas en nuestro recuerdo y mientras las vemos. Da igual cuántas veces vuelvas a verlas, al final siempre vuelves a tu inexplicable e infundada impresión equivocada. Un ejemplo aleatorio: con O Brother me pasa que siempre que pienso en ella la recuerdo mejor de lo que luego es, me quedo con todos los hallazgos y locuras maravillosas y se me olvida la dura realidad que sólo surge cuando me da por volver a verla, es decir, que es demasiado larga y que la estructura episódica es un lastre que se carga por completo el ritmo. Con Shrek, la primera, me pasa lo opuesto: en mi memoria persisten todos los clichés que a la larga hundieron la reputación de DreamWorks, los guiños trasnochados y la selección musical omnipresente, pero la veo y me doy cuenta de que, por primera y casi última vez, todo eso funcionó a la perfección. Son ingredientes que no tiene sentido negar que han jugado un terrible papel en lo que respecta al buen envejecimiento de la película, y sin embargo están alineados de la manera ideal para hacer de Shrek una película muy, muy divertida; más si la entendemos en su contexto. Hay cosas del pasado que hoy día nos cuesta aceptar. Que huyéramos de trenes proyectados. Que temiéramos por nuestras almas si nos sacaban una fotografía. Que nos riéramos con una parodia del bullet time de Matrix. Pero ah, amigo, son hechos. No los infravaloremos.]

6. Cómo entrenar a tu dragón 2
(Dean DeBlois; 2014)

Con su último estreno hasta el momento –ejem, ¿pingüinos? ¿Qué pingüinos? No chabemoch nada de pingüinoch– DreamWorks se arriesgaba a cargarse el legado de una de sus producciones mejor valoradas, si no la mejor. Cómo entrenar a tu dragón otorgó definitivamente al estudio el prestigio que llevaba persiguiendo como un ave de presa desde Kung Fu Panda pero que sólo consiguió siguiendo el tópico a rajatabla: la comedia no da respeto. Kung Fu Panda y Monstruos contra alienígenas fueron recibidas con mucha más benevolencia de lo acostumbrado –lógico si recordamos Vecinos invasores y Bee Movie, por no irnos más atrás–, pero hizo falta sacar la artillería pesada y la épica descomunal para triunfar plenamente tanto en taquilla como entre la crítica. Y como Pixar aquel año no tuvo nada mejor que estrenar que Cars 2, DreamWorks salió merecidamente triunfadora en los Oscar llevándose su primer premio desde Shrek. Tratándose del estudio del doctor Katzenberg, una secuela era cuestión de tiempo.

Todos dimos por hecho que cuando Chris Sanders se desentendió de la inevitable segunda parte para dirigir Los Crood el proyecto se había quedado sin la mitad fuerte de la pareja que parió la película original. Sin embargo, Los Crood no resultó tan impresionante como esperábamos y la mitad débil de la pareja, Dean DeBlois, resultó no ser tan débil. Cómo entrenar a tu dragón 2 es una película portentosa, que no sólo no degrada a la estupenda primera parte sino que amplía su universo con mil elementos apasionantes y precisa nueva información sobre el mundo y la biología de sus dragones, algo que debería ser obligatorio en toda saga que descanse en seres extraños y fantásticos –el paradigma y ejemplo a seguir en este sentido es Aliens, y Dragón 2 cumple con creces–. La película se arriesga a perderse en el lema de la secuela épica del “más, más, más”, no obstante triunfa. Es sin duda más grande, más espectacular, con más dragones y retos más intensos para Hipo y sus amigos, y no por ello se hunde en sus propias ambiciones. Hay unas pocas películas de DreamWorks que no he ido a ver al cine, pero ésta es con la que más lo he lamentado. La atmósfera y la ambientación es espectacular y acompañan a los acontecimientos sin devorarlos.

Si ya la primera película nos dejaba claro que no tenía miedo a adentrarse por ciertos terrenos que podrían considerarse tabú en el cine familiar –muy triste que lo que le ocurre a Hipo al final tenga que ser considerado una audacia–, esta segunda permanece fiel a esa filosofía y se limita a transcurrir por donde la historia lo va pidiendo según el instante, adentrándose en aguas pantanosas poco a poco hasta llegar a un momento culminante entre Desdentao y Estoico que dinamita por completo todos los principios impuestos por los manuales de guion acerca de la relación de empatía entre el espectador y el personaje y que por más que hago memoria no hallo nada que se le acerque en una película de estas características. Cómo entrenar a tu Dragón 2 es muy valiente. No exhibe su espíritu transgresor de forma gratuita ni tiene como objetivo principal dar la vuelta a una serie de tópicos, porque su transgresión es sutil, sincera y supeditada al corazón de la película, a lo que necesita para ser lo mejor posible.

5. Megamind
(Tom McGrath; 2011)

Megamind no es –ni fue en su estreno– una película muy popular, tampoco cosechó críticas especialmente notables, y fue un fracaso en taquilla, utilizando la definición del término que se ha acuñado en los últimos años, claro, es decir, dícese de la película que apenas ha triplicado su gigantesco presupuesto y por lo tanto no tendrá secuela. ¿Merecía este oscuro destino? Yo digo no. En vista de que estamos cerca de las alturas del ranking, no creo que te pille de sorpresa si digo que la considero de las más brillantes películas de DreamWorks en toda su historia. En su momento le tocó sufrir unas comparaciones completamente absurdas con Los increíbles. ¿Su crimen? Ser una película animada de superhéroes. Sin embargo no parece que Big Hero 6 haya sufrido esta injusticia.

Dirigida por la mitad de la pareja ¿creativa? detrás de la saga Madagascar, Megamind es una película muy inteligente que, tal vez consciente de la alargadísima sombra de la familia de súpers de Brad Bird, busca refugio en un género inédito para los personajes con superpoderes: la comedia romántica. Hay escenas de acción, explosiones y vuelos variados, claro, cuesta desprenderse de esa ridícula noción de que los dibujos animados siempre deben estar emparentados de algún modo con el cine de acción, pero la película podría pasar completamente sin ellos y descansar por completo en el dilema existencial de un villano muy, muy entrañable. Es una película de planteamiento insólito y desarrollo lo suficientemente original como para parecer incluso nuevo –al menos en este contexto superheróico–, en la que un puñado de arquetipos que nos son familiares desde los tiempos del Superman original de Siegel y Schuster intercambian roles una y otra vez y se portan ya no de forma opuesta a lo que cabría esperar de ellos, sino de una manera completamente impredecible. DreamWorks no destaca, ni siquiera en sus películas más ambiciosas, por un retrato complejo y profundo de sus personajes, quedándose siempre en caracterizaciones muy básicas que funcionan o no dependiendo del buen uso que dé de ellas el guionista de turno. Sin embargo, Megamind consigue con muy poco esfuerzo y unas pocas pinceladas certeras dotar tanto al propio Megamind como a su antagonista e ídolo de masas Metroman de humanidad, entidad y facilidad para lograr que el espectador empatice con sus crisis. Hablando de Metroman, la idea de caracterizar todo lo que rodea a su universo como un eco de la etapa más autoparódica de Elvis es puro genio; esta película juega la baza de las referencias culturales con una maestría que jamás habría creído posible en un estudio que se atrevió a soltar Madagascar en los cines.

Megamind no es perfecta. La factura visual y técnica, por ejemplo, queda muy afeada por ese error crónico de la animación CGI que es confundir calidad estética con exceso de detalles hiperrealistas. Pero con sus fallos de bulto y todo, es una película muy por encima de lo que se dijo en su momento y desde luego superior a muchas de las películas más populares del estudio. Su mayor mérito no es tanto ser novedosa e inesperada “en términos absolutos” como serlo al mezclar con éxito un puñado de tópicos de los dos subgéneros con los que juega –los malentendidos y las mentiras de la comedia romántica más fogueada superpuestos a todo lo que cabe esperar de una película de superhéroes– y potenciar a la vez el gancho que supone dar prioridad al punto de vista del supuesto villano. Megamind no tendrá segunda parte ni tercera ni spin off de Esbirro, y con cada secuela de la espantosa Gru se verá más y más relegada al olvido, pero qué más da. Eso no la hará peor.

4. La ruta hacia El Dorado
(Eric Bergeron y Don Paul; 2000)

La gran película de aventuras de DreamWorks, o al menos del DreamWorks en 2D. Tras la majestuosa seriedad de El príncipe de Egipto, la siguiente propuesta en animación tradicional del estudio fue una película mucho más desenfadada, una comedia de aventuras que seguía a dos pillastres españoles hasta las entrañas de la legendaria ciudad de oro, El Dorado. No gustó mucho en su estreno, y el tiempo no la ha puesto en un lugar más reconocible. Sin embargo, La ruta hacia El Dorado tiene todos los ingredientes de un entretenimiento de primera. Como película de aventuras cumple satisfactoriamente, y como comedia, también. De hecho, el nivel de los gags, casi todos visuales, es sorprendentemente alto. Tulio y Miguel, los protas, caen bastante bien para el tipo de personajes que son; y es que de sinvergüenzas graciosillos podrían acabar resultando odiosos. Estos dos están bastante bien rodeados por otros personajes. El caballo puede llegar a ser insufrible en algunos momentos, pero lo cierto es que tiene un par de momentos geniales (no se puede decir lo mismo del armadillo, en la mejor tradición de personajes molestos e inútiles de Disney como Miko y Flit). Tzekel-Kan y el jefe son interesantes personajes opuestos, y Chel… Ay, Chel. Cómo amo a Chel, una de las criaturas más bellas y condenadamente eróticas que ha dado el mundo de los dibujos animados en toda su historia. Olvidaos de la culturista dopada de Pocahontas, Chel ES la nativa americana más sexy jamás dibujada.

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: Ay, Chel. Hasta con la voz de Victoria Abril te comía VIVA. Ehrm, en realidad quería comentar algo en lo que no había pensado hasta volver a esta vieja entrada y releerla. Estamos en un oscuro momento de la historia de la humanidad en la que Disney se ha acomodado en una rentabilísima e irritante fórmula de abordar la comedia de aventuras en la que una chica Fuerte e Independiente y un chico Subordinado se unen muy a su pesar en un viaje en el que discutirán todo lo posible antes de enamorarse –tras Rapunzel y Anna y Elsa quieren que compres esta muñeca ya nos han confirmado que Moana será lo puto mismo otra vez–, y quizá por ello La ruta hacia El Dorado se me antoja mejor película que nunca. Es la prueba de que la comedia animada de aventuras puede ser diferente, puede introducir intereses amorosos de un modo un poco más original, puede librarse de las ataduras de la trangresión de escaparate de tienda de moda que practica la Disney con sus odiosos roles femeninos presuntamente modernos y en definitiva no someterse a ninguna fórmula que no sea la que ella misma haya creado.]

Dejemos a Chel a un lado, ya habrá tiempo de dedicarte una entrada anormalmente larga e injustificada en el futuro. Entremos de una vez en el pódium de nuestro ranking, donde nos esperan las tres mayores delicatessen de DreamWorks, tres películas totalmente alejadas las unas de las otras.

3. El príncipe de Egipto
(Brenda Chapman, Simon Wells y Steve Hickner; 1998)

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Reproducir los patrones del cine Disney no es fácil. Que se lo digan a Don Bluth, que hizo lo que pudo con Anastasia, y a Richard Rich, que fracasó miserablemente con La princesa cisne. El príncipe de Egipto, la primera película animada de DreamWorks, no es sólo una clase magistral de cómo seguir la fórmula de Disney con naturalidad y sin que cante por lo forzado de la situación, sino que me atrevería a decir que en algunos aspectos es incluso superior. Moisés, como protagonista, gana en complejidad y matices a cualquier protagonista Disney, incluso a Simba o a Bella. Desde sus circunstancias ya es infinitamente interesante: no se trata de un tipo que busca “un mundo ideal” para él, como hacen Hércules, Ariel, Bella o Aladdin (o el panda de Kung Fu Panda), sino de uno que ya vive en ese mundo ideal, hasta que descubre que no era tan estupendo como creía. Esa configuración de personaje ya merece el aplauso, pero es que hay más rupturas con lo habitual en este tipo de cine; ahí está esa boda del protagonista que se nos muestra como un acontecimiento más en el transcurso de la trama y no como el fin último ni el objetivo de la película. Luego está también la crudeza de muchas de las situaciones; la muerte del hijo de Ramsés o el descubrimiento por parte de Moisés del destino de los bebés hebreos son momentos duros que en lugar de resolverse de alguna forma burdamente transgresora, se tratan con una elegancia digna de encomio. Visualmente es estupenda, y, milagro, la animación por ordenador, que se puede identificar fácilmente, no sólo no molesta, sino que incluso ¡queda bonita en pantalla! De hecho, sirve como complemento perfecto de la animación tradicional en las escenas más complejas. Grandes canciones, una preciosa banda sonora de Zimmer y un tratamiento muy inteligente de un pasaje bíblico y por tanto socialmente peliagudo (cargando más las tintas en el hombre que en el creador) son otros de sus méritos. Un gran comienzo para una compañía a la que le quedaba mucho por recorrer y mucha basura que producir.

2. Cómo entrenar a tu dragón
(Chris Sanders y Dean DeBlois; 2010)

Cuando vi Monstruos contra alienígenas, teniendo en cuenta lo que había visto previously on Kung Fu Panda, auguré un buen futuro a DreamWorks si seguía limando sus peores vicios. Pero cuando se estrenó Cómo entrenar a tu dragón presencié asombrado que en vez de dar un nuevo pequeño paso en la mutación de la fórmula, DreamWorks había optado por alcanzar directamente la genialidad saliéndose del camino. La explicación tiene nombre propio: Chris Sanders. En una operación similar a la que llevó a cabo Pixar cuando contrató a Brad Bird para que desarrollara Los increíbles (PERFECTA, MAGISTRAL, lo digo y lo repito tantas veces como haga falta), la casa del ogro verde apadrinó a Sanders, estupendo ilustrador y director de Lilo y Stitch, para que dirigiera un proyecto bajo su techo. Y al venir de fuera, Sanders hizo una película totalmente ajena al sello de Dreamworks, una auténtica aventura de animación que por primera vez en la historia de la compañía no puede calificarse con la etiqueta de “comedia”. Es divertida, sí, pero porque es emocionante. La historia del joven vikingo que conoce e incluso domestica al dragón más peligroso y legendario de todos cuantos atacan la aldea en la que vive es fascinante a la par que sencilla, con ecos de Lilo y Stitch pero en otro tono totalmente distinto. Pese al irregular diseño en algunos personajes, para un amante de la animación es tremendamente disfrutable, especialmente en lo que respecta a los variopintos dragones que desfilan por la pantalla, de mil formas, tamaños y colores. Sin ir más lejos, Desdentao, el dragón que da nombre a la película, recuerda muchísimo a Stitch. Tristemente, tras este soplo de aire fresco, DreamWorks ha vuelto a las andadas con Shrek 4, y no parece haber señales de que vaya a retomar esta senda recién abierta (lo más parecido es el plan de hacer varias secuelas de los dragones, tiemblo con la idea).

[El viejo Miguel Roselló de 2014 dice: No sé si has tenido, querido lector, el placer de otear la inmunda serie de televisión basada en la película, llamada sucintamente ¡Dragones! –que no DragoneZ– pero bien merece la pena un breve y traumático contacto con ella. La animación tercermundista de la que hace gala, que ¿casualmente? no se aprecia del todo en ninguno de los vídeos que pululan por youtube, hace pensar en un fragmento de la película que se quedó en la fase de animática por culpa de un animador súbitamente muerto de un ataque al corazón frente al Mac. Por desgracia su sombra se puede dejar ver en los carteles de los nuevos proyectos de DreamWorks, que se ven anunciados como “de los creadores de los Dragones de DreamWorks”, lo cual depende de cómo lo interpretes puede ser la peor forma posible de promocionar una película de dibujos animados o bien hacer pensar en algún tipo de misteriosa entidad divina que suministra criaturas fantásticas al poco imaginativo departamento de arte del estudio.]

1. Antz
(Eric Darnell y Tim Johnson; 1998)

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Antz es la joya de la corona de la producción choricera de DreamWorks. Para su primera película de animación digital, la compañía apostó fuerte por una propuesta abiertamente alejada de la fórmula Disney, que en la segunda mitad de los 90 aún pisaba más o menos fuerte. Sí, cuesta creer que este viejo dinosaurio anclado en los convencionalismos que es DreamWorks fuese un día un joven lleno de ideas rompedoras e idealistas. Aún con Spielberg en la sombra y con un megareparto que sigue siendo a día de hoy el más impresionante jamás reunido en una película de animación, DreamWorks se lió la manta a la cabeza y, robando sin escrúpulos la premisa de la película que Pixar anda produciendo por aquel entonces, se lanzó a la producción de una sátira sociopolítica cruzada con una película de Woody Allen que tenía lugar en un hormiguero de Central Park. ¿A qué clase de niños sondearon para dar con la premisa? Vista hoy casi no parece de DreamWorks (tampoco de Pixar ni de Video Brinquedo), pero vista la primera (y brevísima) etapa de su filmografía en CGI resulta de lo más coherente, como ya he explicado en la parte de Shrek.

Pese a que el protagonista absoluto es Z, la neurótica hormiga a la que dobla Woody Allen, puede decirse que el reparto es coral, dada la importancia que tienen los demás personajes. Esto seguramente viene motivado por el renombre de los actores, que me resistía a enumerar, pero qué demonios, para que os hagáis una idea: aparte de Allen están Sharon Stone, Sylvester Stallone, Gene Hackman, Danny Glover, Jennifer Lopez, John Mahoney, Christopher Walken, Dan Akroyd, Anne Bancroft y vete tú a saber quién más se me olvida. Impresionante. Como estamos en una película pre-Shrek, los guiños poperos directamente no existen, y el humor parte de la alleniana personalidad de Z y de las referencias políticas, que alcanzan una dimensión absurda al situarse dentro del mundo de los insectos (la guerra preventiva contra las termitas y en general todo el plan del general Mandible están concebidos de forma muy ingeniosa). La película no deja pasar la oportunidad de dibujar paralelismos entre las distintas especies de insectos y las distintas clases sociales; no hay más que mirar al genial matrimonio de avispas. Técnicamente, Antz no ha envejecido nada mal, tal vez porque desde un principio su animación era extraña, igual que la iluminación y el diseño de los personajes. Un estreno en 3D no sería descabellado, diría que la película se presta a ello. Antz sigue siendo, huelga decirlo, la película más adulta de la compañía, y no sólo por su temática. Existe un aura de crudeza en este mundo de los insectos retratado por DreamWorks alejado del que se nos muestra en Bichos, mucho más complaciente. La organización militar de las hormigas en Antz es mucho más fría que la alegre cooperativa de Bichos, y la brutalidad de las muertes que presenciamos, fieles a lo que en realidad ocurre con los insectos, sorprende para lo que suele ser una película de dibujos animados (estos prejuicios…). La idea es chocante: una de las películas de DreamWorks más olvidadas, y no porque se lo merezca como otras como Vecinos invasores sino por ser anterior a Shrek, es sin duda alguna la mejor de todas ellas. Y a diferencia de Shrek, ésta no produce pereza por saturación. Chúpate ésa, ogro.

Y eso es todo, amigos. El futuro de DreamWorks es inquietante, sobre todo si tenemos en cuenta que tras Megamind, para la que queda poquito, nos llegan Madagascar 3, Kung Fu Panda 2, el spin-off de Shrek protagonizado por el gato con botas, quizá un Shrek 5 y muy probablemente una secuela de Cómo entrenar a tu dragón. Maravilloso panorama. Yo personalmente, paso. Me quedo con Pixar, que tras Toy Story 3 nos ha prometido un futuro halagüeño con Cars 2Monstruos S.A. 2 y… Oh, oh.

* * *

Un emotivo epílogo del viejo Roselló de 2014:

Año de su Graciosa Majestad de 2014. Una vez comprobado que cada año tengo mayores problemas para sintetizar información en párrafos cortos, volvamos a ese intrigante detalle con el que te dejé en vilo en el prólogo cual R. L. Stine. Lo de que DreamWorks, sí, amigo lector, está en la ruina. De acuerdo, quizá decir “ruina” sea sobreactuar un poco. Eso no quita que el estudio esté pasando por unos apuros económicos lo suficientemente graves, al menos, como para que Jeffrey Katzenberg, el hombre que se fue de Disney en 1994 prometiendo venganza para fundar su propio estudio de animación (*introduzca aquí este chiste de Futurama tan gracioso que nunca, jamás, nadie ha hecho cuando alguien decide irse por cuenta propia a montar su propio negocio*), esté a punto de vender su bebé al mejor postor. En este momento y por medio de una oferta milmillonaria, DreamWorks está a un paso de convertirse en propiedad de Hasbro, lo cual resulta tan desalentador como previsible. En un punto de su trayectoria, DW asumió que la manera más rápida de generar beneficios que además continuaran entrando de forma regular en sus arcas era producir el máximo número de películas posibles. No conozco los métodos de producción de DreamWorks, pero es cierto que a nivel cuantitativo el resultado es asombroso. La nueva película de los Pingüinos ha salido virtualmente de la nada, es un proyecto que aparenta haber requerido más o menos tres semanas entre su génesis -¿o era genisys, Arnold?– y su estreno y ni siquiera figura en el recomendable libro The Art Of DreamWorks, que de hecho cubre la cartera de largometrajes de DW hasta 2015, Home incluida.

DreamWorks ha comprado licencia tras licencia, por ignota que sea, para convertirlas en largometrajes millonarios a lo largo de los próximos diez o quince años, sin reparar en que este plan perfecto sólo funcionaría de encadenar éxito tras éxito… y aunque dudo que haya sido por saturación del espectador –el público objetivo de este cine no se cansa “de un estudio”–, el caso es que Turbo, Sherman y el Sr. Peabody y Cómo entrenar a tu dragón 2 se han quedado lejos de las expectativas económicas de los mandamases. Lo cual también es un problema per se. Las dos primeras apenas arañaron los trescientos millones, pero que Cómo entrenar a tu dragón 2, habiendo recaudado más de seiscientos hasta el momento, se califique de fracaso y que realmente haya llevado a las acciones del estudio al desplome y la consiguiente venta de toda la compañía a un tercero es un motivo de peso para que estos mandamases se sienten a pensar qué es lo que realmente va mal en su modelo de negocio.

Aunque reducir el ritmo de estrenos sería una opción muy beneficiosa, es poco probable que ocurra. Una lástima, porque dejando a un lado las cuestiones de pasta, una tradición de estrenos anuales en una época determinada –verano, por ejemplo– crea una potente imagen de película-evento muy positiva, que aporta tanto fidelidad como cierto prestigio. El público es muy dado a recibir con los brazos abiertos las tradiciones y la sensación de seguridad implícita en éstas, y a Pixar le ha funcionado muy bien desde que tomó carrerilla en 2003. Obviemos que Pixar está a punto de terminar con la tradición mediante su peligrosa doble apuesta para 2015.

En lugar de eso, DreamWorks planea recuperar terreno estrenando unos treinta proyectos para los próximos diez o quince años. Puesto que casualmente todas las películas de éxito de la compañía nacieron como primer episodio de una decalogía, nuevas secuelas de Cómo entrenar a tu dragón, Madagascar y Kung Fu Panda están en marcha, y a éstas se sumarían más aventuras del Gato con Botas y los Crood, el último éxito verdaderamente clamoroso de Katz. Si añadimos proyectos nuevos basados en licencias recientemente adquiridas –cómics, web series, dibujos animados de los años viente y esto– y otros más o menos originales ya tenemos diversión asegurada hasta, al menos, amenizar el largo viaje espacial en busca de otros mundos habitables cuando las tormentas de arena nos ahoguen. ¿No te parece suficiente? En ese caso hagamos mención a los descontrolados planes de expansión del estudio, que parece inmerso en los momentos más desesperados de una especie de partida gigante de Monopoly. Su futuro incluye la apertura de un canal de televisión a lo Disney Channel para 2015, una división editorial encargada de publicar tanto material físico como digital y, lo más llamativo, una subsidiaria en China que se encargará de producir películas propias para el mercado oriental e incluso participará parcialmente en la animación de proyectos venideros como Kung Fu Panda 3.

Dentro de cuatro años, ocho desde el ranking original, volveré para actualizarlo por segunda vez y descubriré con horror –una vez más– que por culpa de la hiperactividad de Katz y sus secuaces lo que consideraba un rápido parche para llenar el tiempo entre entrada y entrada me iba a dar más trabajo que una entrada nueva. ¿O no? Si la venta a Hasbro llega a concretarse, y quien dice Hasbro dice Grefusa o Pelucas Sheinhardt, muy bien podría darse a la larga a una reestructuración total de las entrañas de la compañía; y si Katzenberg llega a largarse–porque es del dominio público que lleva años harto del estudio– podría dar pie a la llegada de un nuevo CEO con una mente más en equilibrio entre los negocios y el arte, cancelar el 70% de los proyectos en marcha, redactar un convenio justo para los oompa loompas que tienen ahí encadenados fabricando películas a jornada completa y convertir a DreamWorks, por fin, en el gran estudio que por ahora ni siquiera sabemos si quiere ser. ¡Por Katz, por DreamWorks y por diez Kung Fu Pandas más!

9 comentarios to “Men At (Dream)Work: ¡Ahora con más Soylent Green!”

  1. inspectorholmez 15/12/2014 a 13:03 #

    Morirá usted por su baja consideración de Kung Fu Panda. Aunque estoy de acuerdo en que está algo desaprovechada (como el noventa por ciento de las películas de animación dicho sea de paso. Molaría que la tercera entrega se pareciera más argumentalmente a lo que presenta el sueño de Po al comienzo del primer filme).

    Los Pingüinos de Madagascar me gustó y es bastante Looneytunesca, aunque el final es un poco excesivo.

    Madagascar 3 no está mal pero no me acabó de flipar.

    • inspectorholmez 15/12/2014 a 13:21 #

      Ah, y recuerdo Bee Movie como bastante divertida. Si estuviera animada como, no sé, Bob Esponja, hasta podría haber molado.

    • Miguel Roselló 16/12/2014 a 9:20 #

      Caballero, ya sabía usted que mi simpatía por Kung Fu Panda es muy relativa. E insisto, la primera especialmente me parece muy floja e indigna de su popularidad, los clichés del “yo sé que aspiro a algo más” se pueden usar con ingenio o con piloto automático, y desde la primera vez que vi KFP me sonó a cantinela mecánica, no tienes ni idea de la pereza que me da. Y el malo y el peligro tienen una dimensión pequeñísima, no alcanzan ni de coña los mínimos exigibles. La segunda lo arregla ahí.

      Yo estaré muerto antes de que a DW se le ocurra hacer una película de KFP al estilo del prólogo.

  2. MightySquareRoot 15/12/2014 a 16:24 #

    Muy buena entrada, no creo que sea malo no sintetizar información en párrafos cortos, al menos en estos casos.

    Me sorprende ver Madagascar tan abajo, dentro de la tontería me parece entretenida y mejor que su segunda parte, aunque es cierto que la tercera es la mejor.

    También habría puesto Los Croods algo más arriba por el mismo motivo, aunque estoy de acuerdo en que podía haber dado tantísimo más a todos los niveles, que es normal la decepción.

    No he visto la cuarta de Shrek. Renegué de la saga después de la tercera, pero si mejora algo, pues bienvenido sea. Y también me apunto Megamind, que ni en su momento ni después me había llamado la atención.

    En cuanto al top 3, a mi me tentaría poner al Príncipe de Egipto la primera porque después de ver Exodus, todas sus virtudes me parecen aún más brutales.

    PD: estaba a punto de mandar el comentario cuando mi hermana me comenta que yo si qué vi la cuarta de Shrek con ella. Se ve que la impresión fue brutal.

    • Miguel Roselló 16/12/2014 a 9:15 #

      No admito devoluciones con Megamind, eh, yo ya he avisado que no está especialmente bien valorada.

      Shrek 4 no la veo desde que escribí el ranking original, o sea, cuando se estrenó. Tengo cero intenciones de volver a verla, me parece una época completamente superada. El príncipe de Egipto se merece la victoria, aunque yo prefiera alguna otra. Es una película impresionante.

      Lo de sintetizar yo… yo… yo no lo elijo. ¡No lo elijo! *Sollozos*

  3. doctorindy 15/12/2014 a 20:25 #

    Seguramente en breve deje un largo comentario elogiando tu trabajo y dejando mis impresiones de las pelis que nos ocupan. Pero por ahora, seré tocapelotas y señalaré que la primera entrega de Desdentao no compitió contra ‘Cars 2’ sino contra ‘Toy Story 3’, así que de Oscar nada. Injusto, si me lo preguntas…

    • Miguel Roselló 16/12/2014 a 9:10 #

      Anda, tienes razón. Se me ha ido completamente la olla, porque no confundí las fechas de estreno ni nada. Pues sí, una lástima, pero yo sí lo veo justo. Es decir, las veo parejas (un poco mejor TS3), así que ambas eran merecedoras.

      • doctorindy 16/12/2014 a 18:49 #

        A ver. “Injusto”. Ningún premio para TS3 es injusto. Pero con la perspectiva del tiempo, la de los dragones me parece más redonda y emocionante, y lo es por sí misma. Quiero decir, ‘Toy Story 3’, para alcanzar su objetivo al 100%, necesita que el espectador ya adore a los personajes y, si la edad acompaña, cosa muy probable, se sienta identificado con Andy.

        Y bueno, personalmente no soporto que Buzz se pase media película sin ser él mismo. Que es la última, hombre (o lo era…) déjame disfrutar del verdadero personaje.

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