Roselló Rant: Sobre los Goya

8 Feb

Aquí en The R Lounge no me gusta hablar de cosas tan coyunturales como las galas de premios, ni tampoco suelo escribir entradas cortas. Hoy voy a hacer las dos cosas, porque anoche me llamaron la atención tantas cosas, mejor dicho, tantos síntomas, que tengo el deber moral de compartir mis valiosas impresiones contigo, amigo lector. La isla mínima arrasó, El niño pudo destacar en los premios técnicos, Magical Girl perdió, el presentador de la gala se llevó un premio gordo –y un Goya también, you know what I mean– y Mortadelo y Filemón vencieron a Ratatoing y su secuela. Pero más allá de todo eso, la gala de anoche de los premios Goya fue una gala en la que hay que destacar:

¡Gorrión!

¡Gorrión!

1) Una apertura que fue, literamente, una sarta de datos económicos sobre el estupendo año que ha tenido el cine español. Son datos históricos y dignos de celebrar, sí, y me parece normal que se mencionen en algún momento, pero abrir una gala en la que teóricamente se premia el buen arte del cine con una retahíla más propia de la sala de juntas del Corte Inglés me resulta patético. Al igual que insistir una y otra vez en que el cine español ya se ha librado de los localismos y es capaz de haber cualquier película. Año tras año. Gala tras gala. Señores: eso es verdad. YA es una realidad, y desde hace tiempo. ¿Dejamos de una vez de portarnos como una panda de niños acomplejados y de utilizar la calidad de las películas como baremo de algo más? Se trata de felicitar a las personas que han hecho posible cada película individualmente, desde directores y guionistas hasta carpinteros –como mencionó el bueno de Banderas–, no de dar las gracias a una especie de deidad imprecisa que por arte de magia ha puesto a todo el mundo de acuerdo para levantar al cine español como si fuera una responsabilidad social.

2) Un discurso del presidente de la Academia que jamás había dejado tan en evidencia a la industria del cine español, y que debería haber incluido las siguientes palabras literales: “La piratería en 2014 fue un año más en ascenso, y pese a todo los espectadores han dejado en taquilla la histórica cifra de 123 millones de euros. Quizá el problema estuviera en otra parte”. En los años que llevo viendo los Goya el Director de la Academia de turno jamás se había saltado la mención obligatoria al torrent, pero de pronto es como si semejante cosa jamás hubiera existido, como si ante la evidencia de que las descargas ilegales no eran después de todo el origen de todos los males del cine español fuera mejor fingir que no estuvimos años y años lloriqueando “por su culpa”. La culpa no era de las descargas; pero tampoco de la calidad de las películas. El éxito y fracaso del cine español depende de otros aspectos, y son aspectos fáciles de identificar. Se trata de invertir adecuadamente en distribución para que Magical Girl tenga la oportunidad de cosechar un éxito que se le negó desde un principio con un número irrisorio de copias para exhibición. Se trata de acabar de una puñetera vez con esa inexplicable actitud snob contra la publicidad y la adecuada promoción de las películas, se trata de perder el miedo a caer en la presunta vulgaridad de los métodos de Santiago Segura, quien, pese a dirigir Torrentes cada vez peores –el último un poco mejor–, es el auténtico visionario del cine español. Se trata de recordar que una película es un producto, y que como tal hay que venderlo a los consumidores. Ellos encontrarán, si quieren, el arte que atesora el producto. González Macho debería tomar nota, aunque sólo sea para que alguna vez le salga un discurso que no sea ridículo.

4) Una realización que destacó por la nulidad técnica -había un operador que en al menos dos ocasiones pareció estar tan borracho que se había agarrado a la cámara y se habían caído los dos al suelo-, pero peor aún, que nos recordaba que esta gala, estos premios, los emite una cadena que cada día se parece más al canal oficial de un estado policial descrito por Alan Moore. Sólo así se explica que ante un Almodóvar que se refirió a los amigos de la cultura excluyendo serenamente a Wert ni una sola cámara captase la reacción del ministro de educación y cultura. Ni siquiera el cámara borracho, que de haberlo hecho habría terminado seguramente así:

5) Una labor por parte del presentador tan previsiblemente nula como siempre. Dani Rovira se pasó la noche batallando con chistes de aficionado que volvían y se repetían como si hubieran tenido gracia al menos la primera vez, y teniendo que confiar exclusivamente en su simpatía para sacar adelante unas intervenciones guionizadas que, oh, Dios, recurría al terrible “si somos incapaces de sacar chistes buenos hagamos chistes de ésos tan malos que lo que pasa es que ahí está la gracia, en lo malos que son” tan del gusto de Zapeando y el 95% de programas de humor de este país. Más vergüenza daba aún si cabe que en una gala como esta los chistes sobre las películas nominadas fueran de ésos que te haría cualquier gracioso en el bar sin haber visto las películas. Nada de referencias específicas en este supuesto contexto de amantes del cine, ningún guiño cómplice. Un “cruce entre una película de Alberto Rodríguez y una de Martínez Lázaro” era, en esta dimensión paralela, mezclar los títulos de La isla mínima y Ocho apellidos vascos en uno nuevo. ¿Y Loreak? “Porque yo lo valgo”. Probablemente Rovira ni supiera de qué coño iba Loreak. Es imposible que un amante del arte de hacer reir apruebe estos monólogos de fiesta de Catequesis que atentan contra la esencia misma de la comedia. Yo sufro. Dani Rovira no me hizo reír ni una sola vez, y tratar de dar color con su (*suspiro*) gracia andaluza al chiste del coche de segunda mano de las narices no ayudó precisamente. De hecho Karra Elejalde le dio un buen baño al continuar el mismo chiste cuando recogió su premio. Él y Banderas fueron los únicos que consiguieron que soltara una carcajada en mi casa, y tuvo mucho que ver con la espontaneidad auténtica que demostraron. ¿Qué culpa tiene Rovira de esto? Pues posiblemente su única culpa sea la de no poder sacar adelante convincentemente el material con el que le han obligado a trabajar. Y es que da igual quién sea el elegido, llámese Hache, llámese Corbacho o llámese Rovira. Mientras que Hugh Jackman, Seth MacFarlane o Neil Patrick Harris trabajan con su propio material, diseñado para que sea imposible imaginar a otro en ese número, en España las intervenciones del presentador son intercambiables hasta el mal gusto y están confeccionadas por un grupo de negros que trabajan bajo la estricta vigilancia de una jauría de ejecutas del gobierno que borran, cambian y tachan todo lo que se acerque a algo parecido a morder la mano que supuestamente te da de comer. Hasta la última coma de las intervenciones del presentador está medida para resultar lo más inofensivas posibles, en transformar unos premios que por cuestiones forzosas tienen un cariz político inevitable en pura alienación. No es que me guste el exhibicionismo ideológico en este tipo de galas, de hecho me parece lo peor y que habría que empezar a currarse de verdad buenos chistes SOBRE CINE; pero cuando el motivo de los premios está tan directamente relacionado con la cuestión de la cultura, que a su vez está tan ligada al Estado, estas menciones o salen solas de forma natural o directamente huele a podrido por su ausencia. Leí en twitter que Carlos Areces había rechazado presentar un premio porque le obligaban a comprometerse por escrito a seguir el guion hasta la última coma. Si ni siquiera los presentadores de premios pueden aportar nada propio, ¿qué más da quién presente la gala de los Goya este año, o el siguiente o el siguiente?

6) Un ninguneo absoluto a los guionistas en los discursos que evidencia aún más la de pajaritos que hay en la cabeza de esta industria. Que el nombre de Borja Cobeaga no saliera ni una puñetera vez en toda la gala –porque no creo que la principal responsable de que casi toda España se haya partido de risa con Ocho apellidos vascos haya sido la dirección ultratelevisiva de Martínez Lázaro– me parece demencial. Me sorprendí de que se acordaran de entregar los dos premios a guion.

Macarena Gómez resume el sentir general.

Macarena Gómez resume el sentir general.

Hay cosas que me gustaron. Banderas dio un discurso que era pura clase y sinceridad. Karra Elejalde consiguió con su espontaneidad, como ya dije antes, que olvidara que yo no le habría dado ese premio estando ahí José Sacristán. Bárbara Lennie recibió una justa recompensa por un papel arriesgadísimo. Penénope Cruz sigue su metamorfosis hacia Sofía Loren II. Y la victoria de Alberto Rodríguez me alegró muchísimo, no sólo porque La isla mínima fuera una justa ganadora, sino también por una cuestión un poco más personal. Conocí a Alberto Rodríguez cuando fue mi profesor en la facultad –su película más reciente entonces era After–. Se mostró inteligente, humilde y visiblemente frustrado por el tiempo y material mínimo que la facultad le había dado para impartir la asignatura en condiciones. Su siguiente película fue Grupo 7, y la fui a ver principalmente por él. Le deseo muchos años de gran cine.

Pero en general, la gala fue terrible. Como todos los años, y lo seguirá siendo hasta que nadie caiga en que el origen de los graves problemas de estos premios está en la raíz misma y no se van a solucionar cambiando al presentador, reduciendo el tiempo de los discursos de agradecimiento o diciéndole a Alex O’Dogherty que el año que viene se quede en su puta casa recreando escenas de Twin Peaks con el Langui. La gala de los Goya lanza una inquietante perspectiva sobre la forma en la que España está manejada, quizá más clara que cualquier medio informativo. No soy quien para soltar aseveraciones sobre este tema, lo de hacerme el exaltado no se me da muy bien, pero esto no me gusta, y especialmente no me gusta cómo la mecánica de subvenciones, que debería ser constructiva para el cine y para todo lo que suponga su celebración, adquiere en España tintes dignos de Fausto. Bien, terminemos ya, quiero ser fiel a mi palabra.

Una última idea que me ronda por la cabeza. Magical Girl fue la perdedora de la noche; pero no es algo de lo que lamentarse. Todo lo contrario. Que una película excelente como esta pierda de forma justa y digna frente a una competidora como La isla mínima, y que hubiera sido igual de haber sido Relatos salvajes la ganadora no he visto aún Loreak–, no hace más que demostrar el inconcebible nivel que ha dado la España de 2014 en cuanto a cine. La gala, una mierda, pero lo importante, que es el cine, ha volado altísimo.

Pd.: Robo a Pancho.

4 comentarios to “Roselló Rant: Sobre los Goya”

  1. C.C Baxter 08/02/2015 a 18:30 #

    Clara Lago no pudo estar más adorable. La única del cuarteto protagonista de 8 apellidos vascos a la que no nominan, y casi que se mostró más radiante y feliz que cada uno de sus tres compañeros galardonados (para colmo de males). Me gustó esa camaradería, me parecieron gestos espontáneos por su parte. Y qué fuerte lo del Goya a la Machi…

    La isla mínima es una película inmensa, compleja y prácticamente sobresaliente. Aunque dos de esos diez premios no creo que sean del todo merecidos: guión original (¡Magical Girl, por Dios!) y actriz revelación. Nerea Barros está estupenda, pero sus intervenciones son escasas y no del todo trascendentes. Sea como sea, un thriller crepuscular de esos que no se olvidan. Más que a True Detective, me remite al Fincher más entonado.

    Macarena Gómez: FAP FAP FAP.

    • Miguel Roselló 08/02/2015 a 19:54 #

      Una cosa que me gustó del premio a Machi (que me pareció de locos) fue una cosa muy maja que dijo al recogerlo: “un premio… ¡por hacer reir!”.

      Salvo la flipada con los premios a Ocho apellidos vascos creo que no hubo nada fuera de lugar, es lo que pasa cuando el nivel general está tan igualado. ¡Y al alza encima! Mi favorita era Juegos Salvajes, pero creo que tanto La isla mínima como Magical Girl eran igualmente dignas de vencer (no tanto El niño, y Loreak no la he visto, la pusieron en dos salas y media).

      Macarena Gómez iba raruna con ese vestido, eh.

  2. C.C Baxter 09/02/2015 a 2:44 #

    Bueno, Relatos salvajes ha barrido en su país y se ha llevado el Goya a mejor película iberoamericana. Que, dicho sea de paso, lo más coherente hubiese sido que solo disputase esa categoría. Por mucha co-producción almodovariana que tenga detrás. España para los españoles, ¡viva Cristo Rey!

    Macarena es raruna de por sí. Parece un dibujo de Tim Burton.

    • Miguel Roselló 09/02/2015 a 9:59 #

      Ojito, que a mí Macarena me gusta mucho también, desde que la conocí en Sexykiller años ha. Desde el primer momento la etiqueté como nuestra Christina Ricci particular.

      De acuerdito con lo de Relatos Salvajes, estas movidas raras para colar a una película en dos categorías principales con tecnicismos no me convencen nada. Como con Up en los Oscar.

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