The R Disney

Queridas princesas Disney

Queridas princesas Disney: 

Me llamo Miguel y soy un gran admirador. O sois mi fan, como dicen las señoras. Sí, sé que quizá ahora estéis recibiendo muchas cartas que empiezan como ésta, porque estáis de actualidad y vuestros jefes os han enredado en una operación de relaciones públicas en la que no sé si habéis tenido voz, voto u opción de decir que no os interesaba participar. Yo soy fan vuestro desde hace mucho. De toda la vida, vaya. La primera película a la que mis padres me llevaron a ver al cine fue uno de vuestros trabajos, el de la más veterana de vosotros. Ni me acuerdo de todo aquello, lo sé porque mis padres me lo contaron. Y ahora que lo pienso, cuando termine con esta carta quizá deba ponerme a escribir otra a los pobres desgraciados a los que seguramente fastidié la película con mis llantos hasta que mis padres desistieron cuando lo de los árboles vivientes demoníacos y me sacaron de la sala. Me consuela pensar que esos otros espectadores pudieron seguir viendo la película y fumando en paz.

¿Sabéis esa fase en la que los niños se sienten de pronto demasiado mayores para seguir viendo películas de dibujos? ¿Películas de vuestros jefes, concretamente? Ya luego, cuando se les pasa la tontería y esos años tan malos quedan atrás, algunos hasta vuelven. Con suerte, empiezan a apreciar vuestro trabajo con otros ojos un poco más analíticos. Admito que por el motivo que sea, yo no pasé por esa fase. Nunca dejasteis de gustarme. Quizá se deba a que de pequeño me pasaba el día dibujando y, sin darme cuenta, los trazos y el color de vuestras películas capturaban mi imaginación y algo en el fondo de mi cerebro me decía que allí había algo que realmente merecía la pena. O tal vez se debiera a que en mi casa nunca reinó una de esas culturas de cabaña de leñador en las que se asocia la madurez con una especie de hipermasculinidad casposa y mis padres nunca cuestionaron que siguiese viendo películas para niños pequeños. Tampoco es que la noción de “película de niñas” fuese algo que se cultivara en Roselló Crest.

Lo que intento decir es que soy vuestro admirador desde hace mucho porque creo que siempre habéis sido dignas de tener admiradores. No sé cómo habrá afectado a vuestra seguridad en vosotras mismas el desdén masivo con el que se os ha tratado casi siempre y de forma especialmente intensa desde hace un tiempo, pero aquí tenéis a alguien que os sigue desde hace mucho y que intercederá por vosotras cada vez que alguien quien apenas sabe cómo os llamáis os ponga a caer de un burro por crímenes que sólo habéis cometido en su cabeza. Es decir, debe ser una mierda que todo el mundo a vuestro alrededor se ponga de acuerdo para ridiculizar hasta el último rasgo que os define y os obligue a incorporar a vuestra personalidad cualidades tradicionalmente asociadas a lo masculino como única posibilidad de convertiros en ejemplos a seguir o simplemente no ser carne de hoguera.

A ti, Blancanieves, por si no fuese suficientemente duro ser una niña que apenas está gestando una personalidad, se te encomendó la enorme tarea de ser la primera heroína ⏤o héroe de cualquier tipo⏤ en un mundo completamente desconocido, el de las películas de dibujos animados de larga duración. No me extraña que en última instancia delegaras tareas de protagonismo en otros personajes de carácter más vistoso. Tu belleza naturalista y tus proporciones más cercanas a lo que suele verse a este lado de la pantalla te hacían difícil de animar convincentemente, y tus jefes estaban más acostumbrados a que las emociones las transmitieran animalitos y otros personajes más elásticos y extremos. Por suerte, cuando eres el centro de atención demuestras estar hecha de buena madera. Si yo me librara de puñetera casualidad de que un cazador me arranque el corazón y pasase la noche en un bosque lleno de árboles infernales no me quedarían ganas para ponerme a limpiar una casa que ni es la mía, y yo tengo treinta años, no catorce.  Por cierto, hablando de eso, me gusta cómo en ningún momento cantas que limpiar y ordenar es cosa de chicas. Espero que muchos niños se hayan animado a echar una mano a sus padres en casa después de verte. Mientras no pierdan el tiempo tratando de obligar a una tortuga a que les ayude todo irá bien. Una última cosa: no sé si sabes que en mi mundo la gente no se enamora en diez segundos con una canción y un balcón de por medio, pero entiendo que tú vives en otro mundo diferente y que allí las cosas funcionan de otra manera. Entiendo las prisas cuando tu realidad está por colapsarse en ochenta minutos, y de todos modos no es que sea tan tonto como para tratar de aplicar la lógica de tu mundo al mío. No sé, tengo padres que me explicaban las cosas.

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Cenicienta, tú… Oh, Cenicienta, es que tú eres mi debilidad. No puedo esconderlo. No os ofendáis, chicas, es que es mi favorita. Supongo que en algo contribuye que tu película sea mi preferida de cuantas han hecho tus jefes ⏤la muestra del dominio absoluto que para finales de los cuarenta habían alcanzado de la caracterización, del timing cómico y de la habilidad para integrarlo en un contexto más dulce sin anularlo⏤, pero tú me gustas de verdad. Eres la segunda princesa, y no obstante ya comienzas a subvertir el modelo original. Blancanieves cantaba al agua del pozo, tu le cantas al agua sucia del cubo de fregar. Por seguir la comparación, te explico que con Blancanieves tengo cierta distancia emocional porque es frustrante verla degradada a poco menos que una esclava y que apenas sea consciente de ello ⏤tampoco cuestiono la lógica de la situación: es una niña y no sabe casi de nada⏤; tú, en cambio, eres más madura. Tú eras consciente de la injusticia que habían cometido tu madrastra y sus hijas contigo. Es fácil empatizar contigo, y no, para respetarte no necesitaba que fueras a pegarles cuatro gritos a esas perras y largarte de ese castillo decadente y su fachada de falso lujo, porque todos hemos tenido trabajos de mierda de los que no hemos sigo capaces de escaparnos aunque la puerta estuviera ahí. A todos nos asusta la incertidumbre de qué pasará después. I feel you, sis. Fuiste lo suficientemente fuerte como para no dejar que sometieran tu carácter o distorsionar la realidad hasta el punto de pensar que te merecías lo que tenías. Supiste apoyarte en tus amigos, aunque midieran centímetros, para no volverte loca. Me gusta tu lado sarcástico, el que te hace cuestionar por lo bajo todas las injusticias a las que estás sometida, y admiro aún más que seas capaz de compaginarlo con empatía y amabilidad. Pocos saben ser así. Yo no, desde luego.

Pero, ¿sabes cuál es el momento que realmente te separa de todas, el que te convirtió en leyenda instantánea? Vas a perdonarme que saque a colación el incidente, porque seguro que no te gusta demasiado recordarlo, pero cuando te derrumbaste, después de que tus hermanastras te destrozaran el vestido que te regalaron Gus, Jaq y los pajaritos te convertiste definitivamente en un personaje humano y tridimensional. “Ya no puedo creer en nada”, dijiste llorando, y se me parte el corazón. Representas un enorme paso adelante para los personajes animados realistas y verosímiles. Más aún: eres el primer triunfo en ese campo desde el nacimiento de los dibujos animados, lo que te convierte objetivamente en leyenda, en a quien Elsa y Moana y todas las que te miran con esa condescendencia tan asquerosa ⏤no me importa que me oigan, ya llevo tres vinos⏤ deben ir a presentar sus respetos y agradecimiento por todo lo que le deben. Y por qué no decirlo: me alegro de que cazaras al príncipe. No parece el tío más avispado del reino, y creo que deberías aconsejarle que modere un poco el colorete, pero no sería la primera vez que una primera dama con cualidades y entereza toma las riendas discretamente por detrás del monigote que sonríe y saluda. Yo te votaba, Cenicienta.

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Mis palabras para ti, Aurora, son un poco más ambiguas. Mira, voy a dejar claro desde el principio que me pareces la más guapa y elegante de todas tus amigas. Eres, por obra y gracia del lápiz superdotado de Marc Davis, puro diseño. Rectas y curvas en armonía sin igual; y si me permites la franqueza, te vi el otro día en la escenita nueva en la que salís todas y deberías despedir a tu estilista. Ha destrozado tu imagen por completo y se ha reído en la cara de artistas mejores que él. Pero aunque eres la más guapa y elegante de todas, no me ofreces mucho más con lo que trabajar. No me entiendas mal, eres un personaje de dibujos animados, la calidad de tu diseño es tan crucial como el material que escriben para ti ⏤a muchos se les olvida⏤, pero me gustaría que desplegases un poco más esa personalidad de genuina adolescente de los años Eisenhower que vislumbro cuando cotilleas con los animalitos en el bosque. Es un bonito destello de contexto cultural. Estoy seguro de que cuando discutes con tus tías Flora, Fauna y Primavera subes corriendo a encerrarte en tu habitación y ponerte tus LPs de Lesley Gore porque sólo ella te entiende. En fin, tampoco puedo ser duro contigo o tus jefes sobre esto. Es fácil hacerse el listo cuando te escribo desde 2018 y te cuento cosas que por aquí hemos tenido sesenta años de ventaja para caer en ellas. Sin embargo, también desde 2018 te digo lo interesante que resulta que el príncipe Felipe tenga tantísima ayuda de las tres hadas para rescatarte. Aunque puede que tú no juegues un rol especialmente activo con tanta siesta a deshora spanish style y que me parezcas un paso atrás con respecto a Cenicienta, ninguno de los implicados en tu película parece interesado en disimular el hecho de que Felipe no habría llegado muy lejos sin la asistencia de las hadas antes de acabar convertido en el juguete sexual de Maléfica. Y créeme, en cualquier caso seguiría recomendando tu película a todo el mundo. Aún es el festín visual más extraordinario de la historia de los dibujos animados y normalmente eso te cualifica para ocupar una pared en el Prado si eres un cuadro. No sé por qué no se sigue la misma lógica con vuestras películas, la verdad.

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Vosotras tres sois las que se llevan la peor parte cuando salen conversaciones sobre vosotras, y tiene gracia, porque diría que sois las menos revisitadas y la gente os tiene menos frescas en la memoria. Sois las tres princesas clásicas, la santísima trinidad del subgénero, y ninguna campaña de desprestigio anulará el hecho de que sois el testimonio de cómo se pueden hacer tres películas completamente distintas con un material tan acotado en unas constantes narrativas y temáticas. Las que vinieron después ⏤ahora mismo paso a vosotras⏤ no tuvieron esa suerte y sus películas, mejores o peores, se parecen bastante más entre sí, empezando por Ariel. Aún me sorprende pensar que el gran jefazo sólo produjera tres películas de princesas mientras vivió y que luego hubiese un silencio tan prolongado en la materia. Cuando sales por ahí y escuchas lo que se dice de vosotras da la impresión de que vuestros jefes no han hecho otra cosa que el mismo cuento de hadas desde 1937 una y otra vez.

No obstante, Ariel, por antigüedad antes debo dirigirme a alguien más. No, Lady Marian, a ti no. Es que a ti tengo poco que decirte. No es nada personal, en realidad nada en tu película tiene mucho brío. Tuviste mala suerte, pillaste a tus jefes bajos de ánimos y de estímulo creativo. Te hablo a ti, princesa Elena. ¿O es Eilonwy? ¿Me permites llamarte Elena? Sé que tu otro nombre va un poco más en sintonía con el mundo de espada y brujería que habitas ⏤y mola más, la verdad⏤, pero son muchos años ya conociéndote como Elena y lo otro me resultaría forzado. Tu caso es increíble. A ti no te han llamado para el circo éste nuevo que han montado los de los despachos; pensándolo bien creo que no te han llamado para nada desde que gritaron corten en el plató de tu película allá por 1985 ⏤por cierto, aquí tienes una moneda, no te la gastes en vino⏤, y no logro entenderlo. No porque te tenga en una estima especialmente alta. Te falta carisma y tus trazos son poco imaginativos. Si no logro entenderlo es porque creo que sirves a los intereses de tus jefes de un modo que tus compañeras no sirven a menos que las manipulen para ser algo que nunca han sido. Si hablamos en esos términos reduccionistas que usa ahora la gente para separar una personalidad aceptable de una no aceptable, eres, con diferencia, la más proactiva y autosuficiente de todo el grupo. Te conocías ese castillo enterito tú sola y sabías donde estaban todos los pasadizos secretos. Lo primero que hiciste nada más aparecer fue rescatar al llorón de Taron cuando apenas llevaba diez minutos de aventura y ya estaba autocompadeciéndose y asumiendo su muerte en sus grilletes, y cuando le sacaste de allí y le llevaste a la seguridad del bosque, al muy cretino se le subió su patético ego masculino y se le burló de ti por ser “una chica”. Me alegro de que le montaras un pollo.

Con esta lista cualquiera diría que ahora mismo estarías trabajando las veinticuatro horas del día, inaugurando hospitales y apareciendo en fotos en sospechosa actitud cariñosa con Kanye. Pero a la hora de la verdad, tus jefes, esos a los que tanto les gusta alardear ante su público del ejemplo de fuerza, independencia y resolución que son tus compañeras, no van a dar la más mínima oportunidad a una princesa que no vende. Y al otro lado, donde está la masa furibunda, el único modo de calar y ser ensalzada que tiene una princesa como tú, que representa prácticamente todo lo que estos energúmenos han sido lobotomizados para considerar el único rol aceptable para una mujer en ficción, es el de formar parte de su autocomplaciente y microscópico universo de nostalgia. Mi lado más conspiranoico me susurra que en realidad sí están al tanto de tu existencia, sólo que prefieren ignorarte deliberadamente para no quedar, junto con su discurso de ciencia ficción desinformada, obsoletos. A veces le escucho.

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Ahora sí, Ariel. Es tu turno. Eres la favorita de muchos, y con razón. Eres una heroína increíblemente carismática, Glen Keane te dibujó con unos trazos sinuosos que aún hoy siguen siendo el patrón sobre el que se construye el arquetipo físico de “chica Disney” que todos tenemos en la cabeza. (Y he investigado en qué estados sigue siendo legal lo nuestro.) Así que quizá por eso estás sometida a un escrutinio un poco más específico de lo normal. Seamos consecuentes, en tu nacimiento se hizo mucho énfasis en tu rol inusualmente activo ⏤ni cuatro años hicieron falta para que todo el mundo se olvidara de Elena⏤, así que esa imagen ha permanecido contigo hasta hoy. Es normal que se examine cuánto de cierto hay en ello. Sin embargo, creo que se te está exigiendo algo para lo que tú nunca firmaste. Les ocurre a todas tus compañeras, pero a ti más. Las voces críticas te exigen que seas un ejemplo cuando yo siempre te he concebido como un reflejo. La contemporaneidad de tu película, que en forma sigue siendo un cuento de hadas atemporal ⏤obviando tu vestido de novia de hombros inflados, que pareces Molly Ringwald⏤, reside en tu naturalizado retrato como chica de dieciséis años de carne y hueso. Antes le comenté a Aurora que en lo poco que llegábamos a saber de ella se intuía una intención de plasmar algo de la adolescencia contemporánea en su carácter. Tú vas mucho más allá. Tu valor como personaje pasa por esas debilidades tan verosímiles que te caracterizan, y creo que ésa es tu crucial aportación a la representación de la mujer en el cine de tus jefes. Por supuesto que te equivocas y que haces cosas estúpidas, pero eso es lo que te da tu tridimensionalidad, tu personalidad definida, lo que hace tan sencillo empatizar contigo.

Quizá no te hayas dado cuenta, pero incluso siguiendo la misma pauta de tus predecesoras al aspirar al amor de un príncipe estás diciendo algo interesante sobre ti.  Basta una mirada un poco atenta a las sutilezas en la escritura de tu película para comprender que Eric se presenta como algo más que el hombre por el que suspiras: es la personificación de tu irremediable fascinación por ese mundo que no es el tuyo. ¿Me habría gustado verte contribuir de forma más activa a la derrota de Úrsula? Pues sí, pero no porque me vea en el derecho a exigirte por defecto una muestra de heroísmo en la concepción más obvia del término, sino porque lo veo coherente con lo que había aprendido sobre ti hasta el momento. Lo que trato de decirte es que no debes torturarte por no estar a la altura de las expectativas imposibles de un público que en realidad no se interesa tanto por ti porque tiene un cachivache por cerebro. Permítete ser imperfecta y creíble. Harás más por la causa que cualquier heroína de cartón piedra confeccionada como un cúmulo de ideales y cero crecimiento vital, te lo aseguro.

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En cuanto a ti, Bella, no quiero repetirme demasiado. Dije cosas muy bonitas sobre ti hace un tiempo, puedes leerlas si quieres. Fue de cuando aquella debacle en la que quisieron reemplazarte por una versión inferior a ti en todos los sentidos. No sé si lo viste. El espectáculo de toda aquella gente tratando de convencernos de que te habían mejorado era para echarse a llorar. Lo peor es que bastantes se lo tragaron como forraje para caballos. Sólo te digo que a la tipa ésa no le dejaron ni a enseñarle a leer a Bestia.

Intentar defenderte sería exponer lo obvio. Ayudar a Bestia a bañarse puede que sólo sea la punta que nos dejaron ver de un enorme iceberg de humillantes tareas de higiene y mantenimiento. No obstante, incluso en los pequeños gestos delatas tu empatía y virtuosismo, rasgos no igualados desde Cenicienta. El modo recurrente que tiene tu película de recordarnos tu humanidad, ese mechón de pelo que estás continuamente poniéndote en tu sitio, es de esos que nos recuerdan que estás al servicio de una escritura excelente y sutil.

Respecto al asunto del que algunos hablan con bien ensayado horror en la mirada, la supuesta legitimación del secuestro y las relaciones abusivas que parece esconderse tras tu progresivo enamoramiento de Bestia, supongo que el personal tiene que aprender a moderar su tendencia a codificar el viaje específico de un personaje como una normalización general de un patrón de comportamiento o una declaración de intenciones, en lugar de como la elección libre de contar una historia determinada por parte de una serie de guionistas. Por no mencionar que estamos hablando de películas basadas en cuentos con siglos de antigüedad. Esterilizar, capar y suprimir se está convirtiendo en la nueva forma considerada correcta de traer al presente formas narrativas de un pasado distinto al nuestro, en detrimento de una recontextualización analítica que en gran medida depende de la educación y habilidad del espectador. Da la impresión de que cuando un guionista decide aprovechar el subtexto de una fuente literaria en lugar de extirparlo sin más, la única explicación posible es que lo ha pasado por alto irresponsablemente o, peor, que está tratando de reivindicarlo. La posibilidad de que haya detectado el potencial dramático que ofrece bajo una nueva luz no parece contemplarse. Los cuentos de hadas en los que se basan vuestras historias siguen siendo piezas de fascinante análisis psicológico y social, y me parece bien que vuestras versiones comprendan cuáles son sus cimientos. Yo me ocuparé de explicarles todo esto a mis hijos, primero con palabras sencillas y luego animándoles a preguntar y a cuestionar, así crecerán como gente de bien de la que cuando llega la noche de la Purga se limita al saqueo de pequeño y mediano electrodoméstico. Comprendo que los aplausos de verdad están en salir en prime time admitiendo que soy incapaz de explicarle una película de dibujos a mis hijos y que prohibírsela me parece más cómodo, pero creo que no es mi estilo.

(Por otra parte, esa tendencia tuya de ir a bibliotecas de provincias a dejar en ridículo a su humilde propietario preguntando si tiene libros nuevos desde ayer, como una urbanita consentida que ha vivido con una Fnac en cada esquina toda su vida es más discutible. Dale un respiro al abuelo y no aceptes el desesperado regalo que te hace para que no le hundas en Yelp. Necesita ese libro en su inventario. Tiene aproximadamente tres.)

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Jasmine, Pocahontas y Mulán: vosotras tres componéis una hornada irregular. Jasmine, tú tienes personalidad, sabes llenar la pantalla en una película donde hay dura competencia en este aspecto y Mark Henn supo darte un aspecto sexy e interesante y ademanes propios sin replicar su diseño para Bella en una sola nota. Pero me aburres un poco. Entiendo y comparto tu disgusto porque te obliguen a casarte contra tu voluntad, pero lo de querer “salir ahí fuera” porque “hay algo más” ya lo he escuchado varias veces seguidas. Eres como encontrarte con el banco de alimentos en tres supermercados seguidos. Llega un momento en el que intentas colarte a la desesperada por detrás del arco de seguridad para que no te vean. Pocahontas, tú repites patrones de las tres princesas anteriores a ti, tu romance con John Smith se ve demasiado confeccionado como para emocionar a nadie y pareces un producto manufacturado por un comité de buena voluntad, en lugar de la creación de artistas consumados y capaces de darte una personalidad rica y fascinante o ponerte en situaciones jugosas. Eres una sermoneadora con tendencia a verbalizar de forma obvia tus intenciones y resultas agotadora. Y Mulán, aunque hay algo en ti que consigue que me resultes simpática, creo que se trata de algo más comparativo que una cuestión de méritos propios. Cuando tus compañeros de aventuras son un rebaño de estereotipos a medio cocer que dan pie a chistes de así-son-los-tíos salidos del cajón más sobado del estante, tu discreción y esa personalidad moderada tuya son como un bálsamo. Y sí, consigues recuperar una naturalidad perdida desde hace tiempo entre tus compañeras, con su deber de ser rematadamente sexys y enérgicas en todo momento, y la luces con estilo y elegancia. Pero sospecho que se debe más a la necesidad de los artistas de poder transformarte fácilmente en un hombre que en un momento de autorreflexión por su parte.

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Las que quedáis por mencionar nacisteis en un tiempo un poco diferente. Tiana, tú lo tuviste fatal porque fuiste la primera en ser gestada en una época en la que todos tenemos acceso a cada fase de la creación y nos consideramos con el derecho divino a que nuestra opinión sea tenida en cuenta, con crédito de productor ejecutivo incluido a ser posible. Hay una crítica persistente sobre ti, y se refiere a la relación idílica que parece haber entre tú y los potentados blancos de tu círculo, a cómo maquilla y diluye la auténtica realidad entre blancos y negros de tu tiempo y lugar en un tosco intento de tranquilizar conciencias. La comprendo absolutamente. Hasta cierto punto la comparto. Sin embargo, esto tiene una feliz consecuencia en la ruptura con el viejo tópico de la hermanastra malvada en el cuento de hadas. Honestamente, creo que me habría interesado mucho menos tu película si tus problemas viniesen derivados de la enésima relación abusiva con tu familia adoptiva y no de tu libre elección de aspirar a objetivos mayores. Por poco convincente que tu complicidad con Lottie sea en términos históricos, narrativamente es una ruptura necesaria a estas alturas, y en mi tabla de prioridades estas cosas suelen ganar cuando hablamos de narrativas.

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Rapunzel, creo que tú no tienes enemigos, o si los tienes no son muy ruidosos. Puede que seas la del trasfondo más complejo de tus compañeras. No eres la primera princesa adoptada ni la primera que sufre una relación abusiva en su hogar adoptivo, pero Lady Tremaine no disfrazaba ese abuso bajo palabras de amor mientras Cenicienta iba cultivando un trauma emocional sin darse cuenta de por qué, y su castillo no era una enorme metáfora del círculo vicioso de violencia y maltrato que nace del sentimiento de indefensión ante el peligro que inculcamos a las mujeres. Eres la única de las princesas en CGI que me gusta o tan siquiera me interesa. Tiene gracia, porque las que vienen después de ti son tratadas como si acabasen de ganar OT, pero entre nosotros, yo las considero más patéticas, huecas y contraproducentes que tú o que tus hermanas mayores. De hecho no tengo mucho que dedicarles que no haya dicho ya. Es más, me molesta que para la payasada nueva ésta os hayan obligado a las demás a homogeneizar vuestras personalidades y suprimir vuestros rasgos individuales para pareceros más a ellas.

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Presencio con talante depresivo lo que os han hecho para la escenita nueva ésta y no puedo evitar acordarme de Giselle. Me gustaría verla tan perpetuada y mencionada como a vosotras, pero vuestros jefes no están por la labor de pagarle a Amy Adams cada vez que quieran vender una muñeca suya. Yo espero que estéis a bien con ella, porque aunque su misión era parodiaros, lo hacía al tiempo que se reivindicaba honestamente como una de vosotras. Era una parodia fundada y con conocimiento de causa, como son las mejores parodias, y en última instancia se mostraba como un personaje positivo que, justo como sois vosotras, podía ser modelo de inspiración en algunos aspectos y capaz de crecer en otros. Sólo había que saber separar los unos de los otros. Los gags que escribieron para ella también eran mucho más divertidos. Ahora, en cambio, os han hecho hablar y comportaros como si fuerais unas idiotas bordeando la dependencia patológica para poneros en ridículo ante la gente que os odia a partir de la imagen distorsionada que ellos tienen de vosotros. Como ya os dije al principio, yo soy fan, y uno habría dado por supuesto que una reunión de todas vosotras habría sido una forma de homenajearos a vosotras mismas y a gente como yo ⏤los que llevamos años prestando atención a vuestras películas, desmenuzándolas para sacar conclusiones bien maduradas, respetando a los artistas que las han puesto en pie y defendiéndoos ante los demás⏤, no a la gente que prefiere no dedicaros un solo minuto de atención antes de pasearse por todo internet usando eslóganes de todo a cien para dejaros de cáncer para arriba a cambio de likes.

(Tampoco es que yo quiera una reunión de princesas como forma de agasajarme, fuese cual fuese la versión. Os prefiero existiendo en vuestros mundos individuales y no en una especie de universo compartido hecho a medida de los sueños más húmedos de esos conspiranoicos que no duermen tranquilos hasta que no lo han conectado todo en una teoría loca en la que Mudito tiene un inesperado rol en la muerte de ese hijo que claramente es un chico al final de El rey león y Kiara nació para que Simba y Nala no tuvieran que enfrentarse al trauma tipo Hereditary que casi destruye su matrimonio y los manda al consultorio de Rafiki. Pero ya me entendéis.)

Probablemente hayan querido convenceros de que todo esto es bueno para vosotras al daros esa escenita heroica extra, de que el verdadero objetivo de reuniros a todas aquí es devolveros públicamente una dignidad supuestamente perdida por culpa de vuestras películas. Suena irónico. Porque si hay alguna dignidad que devolveros, ésta es la que os ha arrebatado la grotesca, hortera e idiotizante línea de merchandising cuya promoción es el verdadero objetivo de este enorme truco publicitario disfrazado de película.

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Aurora, tía, quedamos en que tú te encargabas de los penes para la cabeza.

Bueno, ya he dicho cuanto tenía que decir. Si no os he mencionado también a las que no sois realmente princesas pero sí heroínas de pleno derecho ⏤Alicia, Wendy, Campanilla, Reinita, señorita Bianca, Nala, Esmeralda, Meg, Jane, Lilo, capitana Amelia, Vanellope o mi querida Katrina⏤ es porque seguramente tenéis otras cosas que hacer, aunque no se me pasa por alto lo mucho que enriquecen la discusión.

Me molesta tener que enfatizar hasta este punto vuestro potencial como modelos de conducta o miembros productivos de la sociedad, porque no doy a nada de esto tanta importancia como a que seáis personajes bien escritos, adictivos, de los que quieres seguir sabiendo independientemente de su rectitud moral. Es la vara de medir que creo que todos seguimos para elegir a nuestros personajes masculinos favoritos y perpetuarlos como iconos, ya sean héroes o villanos, y es un privilegio que creo que vosotras también merecéis. En la pantalla deben existir mujeres modélicas, aunque sólo sea para que una niña sienta que a ella se le presupone la misma capacidad de crecer y hacer grandes cosas que a su hermano. Pero esa niña también podría querer odiar a una villana de esas que se quedan en la memoria, de las que quieres que mueran pero sólo cuando han tenido tiempo suficiente de hacer de las suyas; o simplemente seguir las aventuras de un puñetero desastre de ser humano con apenas cualidades redentoras. Desde una Lady Macbeth hasta una Charlize Theron en Young Adult. Lo que crea grandes personajes no es necesariamente lo mismo que crea grandes personas, y de hecho rara vez van a la par. No son las cualidades positivas de Han Solo las que le hacen tan atractivo, son las pinceladas oscuras en el lienzo. En vuestro caso particular, mis queridas princesas Disney ⏤y esto es lo que he querido enfatizar en mi carta⏤, ambas ideas están más próximas de lo que se os concede. Obviamente muchas de vosotras sois producto de vuestro tiempo, concebidas desde lo que hoy es fácil identificar como cierta inconsciencia. Pero ser capaz de identificar esta situación y transmitirla, educar en que las películas no aparecen en un vacío estanco sino en un contexto sociocultural específico, es la clave para neutralizar el peligro a una interpretación incorrecta y disfrutar lo mucho que hay de disfrutable en vosotras. En algunos casos, como ya he concretado, incluso sorprende la audacia escondida en vuestro retrato. Deberíais ser admiradas por niños y niñas, por adultos que se acercan a vosotros por casualidad y por cinéfilos que aprecian la buena escritura y discutir la solidez de los personajes.

Firmado,

Un fan que no está obsesionado con vosotras ni mucho menos.

Pd.:

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5 comentarios sobre “Queridas princesas Disney

  1. Me ha encantado. Siempre es un placer leerte cuando de animación y cine se trata, más aún en casos como este. No deja de ser irónico (por no decir que manda narices) que una visión como la tuya (que mucha gente tacharía de conservadora) resulte tan refrescante y novedosa en el manido debate que pende sobre estas obras y sus protagonistas cual espada de Damocles.

    1. No sé, es que tengo la impresión de que el lado de la defensa en este juicio está horrorosamente mal representado por fanáticos histéricos tipo TU A MI ARIEL NO LA TOQUES o los mediocres del “no hay que rayarse tanto, son dibujos y si no te gustan no los veas”. Así normal que el otro extremo, el de “no me molesto en revisitarlas pero por lo poco que recuerdo SON PERNICIOSAS”, siga imponiéndose. Que luego se tache mi postura de derechosa es ya lo que me termina de matar. No soporto que se finja que sólo hay motivos de España castiza para una defensa como ésta, incluso después de haberme explicado.

      Con el rollazo que es ponerse a comentar en wordpress en vez de el hilo de facebook (que a mí me parece bien, por cierto) te voy a poner un palacio. ¡Gracias!

  2. Es que precisamente el otro día leí a una amiga hablando del tema, de cómo se nota que a veces solo leemos el titular porque hay muchas reacciones en el enlace de Facebook y pocas en el blog en cuestión.
    En cuanto a lo de que la España rancia y casposa es la única postura posible para defender estos clásicos… Meh. Es lo más parecido a una respuesta coherente que merece

  3. Qué bonitos textos haces cuando escribes de dibujos, se nota que dominas del tema. Estaría bien una entrada sobre El Caldero Negro, la vi hace poco y sinceramente me gustó bastante; el dibujo me pareció brutal y tenía alguna escena muy top dentro de las pelis de Disney, como cuando el malo resucita a su ejército… muy impresionante. Es una lástima que no fueran a muerte con la propuesta y metieran por ahí a personajes innecesarios.

    Respecto al tema, es curioso lo que dices de Cenicienta. De pequeño era de las que menos que gustaba y tardé bastantes años en apreciarla por los motivos que dices. Mi preferida en cualquier caso es Alicia en el País de las Maravillas.

    1. Bonitas palabras, gracias.

      Yo soy defensor del Caldero. En términos relativos, porque me parece una película correcta con momentos puntuales muy potentes, no una obra maestra ni nada parecido. Pero claro, con el tiempo la gente tiende a convertir en la memoria un enorme fiasco económico en un fracaso artístico total, y eso es una gilipollez.

      Alicia tampoco goza de mucho cariño actualmente, cuando ésta sí que me parece una maravilla, como a ti.

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