Todas las entradas por Miguel Roselló

Breve historia de la canción bondiana (III)

En el episodio anterior, James Bond se reencarnó con los rasgos de Roger Moore, pero éste no fue el único cambio notable en la serie. Musicalmente, Broccoli y Saltzman se atrevieron a forzar los límites del sonido bondiano con su mayor éxito hasta el momento, el Live and Let Die de McCartney, para en poco tiempo acomodarse Broccoli —ya en solitario con la marcha de Saltzman en 1975— en una inercia conservadora dominada por la balada femenina que al menos dio lugar a un único tema maravilloso. El punto final a la era Moore lo puso Duran Duran en un muy necesitado cambio de ritmo, y en este momento, con la vista puesta en una remodelación más cruda y con los pies en la tierra de la serie y Timothy Dalton poniéndose el smoking, es donde retomamos nuestro viaje. Let’s go. Sigue leyendo Breve historia de la canción bondiana (III)

Breve historia de la canción bondiana (II)

En el episodio anterior conocimos los orígenes de la tradición musical de James Bond, presenciamos el nacimiento del inmortal sonido que John Barry convirtió en sinónimo de la serie para toda la eternidad y, con la entrada en los 70, comenzamos a percibir los primeros y tímidos coletazos de nuevos sonidos reptando hacia el tejido musical de la serie. Con la marcha ahora sí definitiva de Sean Connery y la incertidumbre en el horizonte —el experimento Lazenby había fracasado—, era un momento idóneo para que nuestros héroes Broccoli y Saltzman se decidiesen a modernizar sin sutilezas el concepto de single bondiano. Vamos allá. Sigue leyendo Breve historia de la canción bondiana (II)

Breve historia de la canción bondiana (I)

007 ha vuelto a los cines. Parece mentira, pero 007 ha vuelto a los cines. Una cosa bonita de la saga de James Bond, y que cierta compañía gigantesca y hambrienta cual Galactus con orejas de ratón se ha empeñado con gran eficacia en suprimir de otras series de películas de las que sí ha logrado apoderarse, es esa sensación de estar ante un evento poco frecuente. Las películas de James Bond salen con una frecuencia de dos, tres o cuatro años, y entre una y otra no existen series de televisión sobre las aventuras de Moneypenny ni ambiciosas precuelas que dan respuesta al fin al enigma de cómo fue la vida de M en las sucias calles llenas de hollín del barrio industrial. Tampoco hay cómics, reencarnaciones en Lego o especiales de navidad directos a streaming cuyos responsables corren a aclarar públicamente —acorde a sus obligaciones contractuales— lo imprescindibles que son para poder seguir la continuidad de las próximas películas. Empezar a ver en las marquesinas de la ciudad posters de Sin tiempo para morir de un mes para acá ha sido emocionante. Es un sentimiento dulce.

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El yerno de oro

Y cuando Bob Iger vio la inmensidad de sus dominios lloró, porque comprendió que no había más tierras que conquistar. O quizá ya no se siente tan cómodo en la cima cuando algunos de sus principales valedores han tenido que irse tras hacerse pública su tendencia a dar Abrazos No Solicitados a las empleadas. O quizá no se ve con fuerzas para manejar el efecto dominó provocado por el pánico hacia cierto brote vírico de hábitos asesinos en un momento en el que los grandes conglomerados de Hollywood tienen las tres cuartas partes de sus huevos puestos en la cesta de China —el conglomerado que nos interesa tiene, además, un enorme parque temático recién abierto allí—. Sigue leyendo El yerno de oro

Los Simpson: los diez primeros años

Porque en tema de tochos soy un experto en todos los formatos, aquí está la infografía que he estado montando durante los últimos meses. Es tan grande que quizá ahora mismo tu navegador esté luchando agónicamente para cargarla y que puedas verla ahí debajo.

(Pd.: Sí, lo sé, podría estar en español, pero piensa que, estando en el idioma de Shakespeare y E. L. James, los cuatro borrachos que se paren a mirarla hasta el final podrían ser ocho.) Sigue leyendo Los Simpson: los diez primeros años

Queridas princesas Disney

Queridas princesas Disney: 

Me llamo Miguel y soy un gran admirador. O sois mi fan, como dicen las señoras. Sí, sé que quizá ahora estéis recibiendo muchas cartas que empiezan como ésta, porque estáis de actualidad y vuestros jefes os han enredado en una operación de relaciones públicas en la que no sé si habéis tenido voz, voto u opción de decir que no os interesaba participar. Yo soy fan vuestro desde hace mucho. De toda la vida, vaya. La primera película a la que mis padres me llevaron a ver al cine fue uno de vuestros trabajos, el de la más veterana de vosotros. Ni me acuerdo de todo aquello, lo sé porque mis padres me lo contaron. Y ahora que lo pienso, cuando termine con esta carta quizá deba ponerme a escribir otra a los pobres desgraciados a los que seguramente fastidié la película con mis llantos hasta que mis padres desistieron cuando lo de los árboles vivientes demoníacos y me sacaron de la sala. Me consuela pensar que esos otros espectadores pudieron seguir viendo la película y fumando en paz.

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La evolución gráfica de Mortadelo y Filemón

Mortadelo y Filemón han estado siempre ahí. En lo que a mí se refiere, desde luego —dando forma a mi percepción de la comedia desde mi más tierna infancia, como una gota agujereando lentamente mi cerebro—; pero también en general. Son una pieza clave del imaginario español, leyenda de nuestra cultura popular y otros tópicos que puedes irte a leer en otro blog. Y pese a ello, siguen ocupando un lugar ambivalente en la historia del cómic exactamente sesenta años después de su creación, intrigante fenómeno relacionado con el desdén con el que se lleva tratando desde tiempos inmemoriales a la obra de su autor: el único, magnánimo, maestro de maestros, Francisco Ibáñez. Sigue leyendo La evolución gráfica de Mortadelo y Filemón

Indiana Jones y los diez años de quejas estúpidas

Esta navidad, con El último Jedi aún caldeando ese civilizado foro de debate que es internet, estuve hablando de La Guerra de las Galaxias con mis dos primos pequeños, que tendrán unos once y trece años respectivamente. Los mocosos me sorprendieron. En el documental El pueblo contra George Lucas se plantea la duda razonable de si la pésima opinión general acerca de la trilogía de Anakin no podría ser el resultado de un simple choque contra una generación que tan asimilado tiene el estilo y las intenciones de las tres películas originales que nada que se atreviese a querer buscar su propia identidad (como de hecho ocurre con los episodios I, II y III) iba a tener la más mínima oportunidad. Muchos de los entrevistados se remiten al caso de niños que han crecido en el momento ideal para disfrutar y sentir suya la trilogía de Anakin, niños que de hecho no ven nada malo en Jar Jar Binks porque es parte de su Guerra de las Galaxias, del mismo modo que otros no queremos estampar a 3PO contra la pared del Halcón Milenario en El imperio contraataca porque forma parte de nuestra Guerra de las Galaxias. Sigue leyendo Indiana Jones y los diez años de quejas estúpidas

Querida Netflix

Querida Netflix:

No soy un ingenuo y comprendo que como toda empresa, necesitas de la recurrencia de tus clientes para que los beneficios entren de forma estable; más aún cuando las plataformas de streaming están brotando como setas y se nos promete un futuro con una tele parecida a la de ahora, pero pagando por cada canal. Es un entorno competitivo que te lleva a tratar de no hacerme olvidar que tú estabas ahí primero, de convencerme lo más fácilmente posible de quedarme contigo. Cada vez que salgo de Netflix te quedas en vilo, porque podría no volver. Así que me instas a que vea otro capitulín de Glow antes de irme a la cama, porque preocuparse de dormir ocho horas antes de entrar a trabajar no es de hombres y porque tienes unos números que cubrir −y que mantener ocultos a toda costa por motivos que nadie entiende−. Sigue leyendo Querida Netflix

¡Descubre los gigantes del mundo prehistórico!

Acercarte a la zona infantil de una librería para buscar libros interesantes sobre dinosaurios para niños es, hoy por hoy, una batalla perdida. Es más, acercarse a la zona infantil de una librería para buscar libros interesantes sobre dinosaurios es, a menos que estés ahí porque se acerque el cumpleaños de ese sobrinete en el que has depositado todas tus esperanzas para el futuro de tu dinastía, la consecuencia de otra batalla perdida: buscar libros rigurosos sobre dinosaurios en la zona de adultos (no necesariamente tras esa sórdida y pegajosa cortina). Salvo alguna anomalía puntual, los dinosaurios han sido definitivamente relegados a territorio prepúber en el inconsciente colectivo. ¿Qué hacer si no con esta especie de Pokemons del mundo real cuyo mayor punto de interés es ver si pasan o no el casting del próximo Parque Jurásico y ya si eso nos aprenderemos sus nombres para descifrar la carta de reyes de nuestros retoños? Sí, existe una corriente de bibliografía mesozoica que en los últimos tiempos se ha vuelto más rica y activa, especialmente con el relativo auge de los libros de ‘paleoarte’, pero sigue siendo carne de mercados especializados. En los ambientes mayoritarios, los dinosaurios, esas criaturas que a lo largo del siglo XX recorrieron un largo y dificultoso camino desde la pura imaginación suscitada por los fósiles incompletos y descontextualizados hacia algo similar a la legitimación como animales que una vez poblaron la Tierra, iniciaron la marcha inversa con la llegada del milenio, volviendo más bien deprisa al terreno de los monstruos de ciencia ficción.

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