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Nacimiento, vida y prematura muerte de Circle 7 Animation

21 Ago

Los siete años que van desde 1999 hasta 2006 son lo que me gusta llamar cariñosamente la Era Stepford de Pixar. Entre estos años Pixar estrenó Toy Story 2, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los Increíbles y Cars. Exceptuando la crónica postapocalíptica sobre el mundo inmediatamente posterior a la victoria de Skynet que es Cars, se trata de una lista intachable, y nadie podría haber adivinado las dificultades y problemas que estaba atravesando la compañía de John Lasseter entre bambalinas. Son unos años en los que Pixar trabajó incansablemente para dejarnos un producto de excelsa calidad al año, irradiando entusiasmo y amor por el arte de hacer buen cine. Recogiendo óscar tras óscar. Amasando dinero y más dinero. Sonriendo y saludando, como una mujer de Stepford. Y por dentro, lejos de la atención de nosotros los espectadores, pasando por el periodo más oscuro de su existencia. A todos nos ocurriría lo mismo si en el momento culminante de nuestra carrera descubriéramos la existencia de un gemelo malvado que amenaza con destruir todo por lo que hemos luchado y violar nuestro legado. El nombre del gemelo malvado de Pixar era Circle 7 Studios, y su historia, terrible, trágica y plagada de desnudos parciales, merece ser contada en The R Lounge.

De los problemas de Pixar derivados del mal uso de la radiación atómica hablaremos otro día.

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I Believe I Can Act: Cuando Michael encontró a Bugs

20 May

Me hice mayor en 1998. Recuerdo el instante como si fuera ayer. Tenía diez años, y como acostumbraba en aquellas lejanas y despreocupadas tardes de los lunes estaba en casa de mi abuela, viendo dibujos en la salita. No recuerdo si Conan o Azuki. Entonces, en un corte publicitario, pasaron un anuncio de Mulán, la película que la Disney nos tenía preparada aquel año. Sé, amigo lector, que te sientes inquieto ante la posibilidad de un relato de inexperta autoexploración corporal al estilo de las Aventuras Masturbatorias de Sally Draper, así que permíteme tranquilizarte: no es el caso, al menos hoy. Una película en la que la heroína se pasa casi todo el tiempo vestido de hombre no ofrece grandes posibilidades en ese sentido. El spot en cuestión, que llegaron a pasar aproximadamente un millón de veces al día por la tele, insistía en la ¿hilarante? presencia de Mushu a través del momento en el que afirma que él no es un lagarto enviado por los ancestros. “Dragón, no lagarto, yo no hago eso de la lengua”, y concluye haciendo eso de la lengua. En ese instante fruncí el ceño, algo que he hecho tantísimas veces en mi vida desde entonces que me ha dejado cuatro marcas visibles en la frente. En ese instante pensé: “¿por qué tiene que haber siempre un personaje que va de listo y de graciosillo?”. En ese instante me hice viejo.

No es que Mushu fuese el primer secundario graciosete, pero yo no fui consciente de la tendencia hasta Mulán. Ese día de 1998 sufrí una conversión drástica hacia el escepticismo que me llevó a juzgar en retrospectiva todo lo visto hasta el momento y ser implacable con lo que vino después –y recuerdo como el segundo ejemplo más notable a Asno, que ¿casualmente? también era doblado por Eddie Murphy–. Era un niño viejo. Y si este niño viejo hubiera sufrido esa conversión tan solo dos años antes habría inventado internet, twitter y los hashtags por pura necesidad de compartir su sarcástica y necesaria opinión acerca de una película que supuso el epítome del AWESOMEBRO, el urban power y, en definitiva, un desafío al mal gusto. Por supuesto, me refiero a…

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Men At (Dream)Work: ¡Ahora con más Soylent Green!

15 Dic

Esta entrada fue inicialmente escrita en el lejano y retrofuturista año 2010, aquel añorado tiempo en el que veíamos Patoaventuras antes de irnos al cole, merendábamos pan con nocilla, rebobinábamos cintas de casette con la ayuda de un boli Bic y cuidábamos a nuestros tamagotchis con mimo y tesón. Entonces no lo sabíamos, pero Pixar acababa de poner punto y final con Toy Story 3 a su espectacular racha de éxitos artísticos para adentrarse en una era incierta que todos esperamos que termine con el estreno en 2015 de Inside Out. Entre tanto, la Disney experimentaba lo opuesto al comenzar una escalada de éxitos comerciales que culminaría en las pornográficas cantidades de dinero amasadas por Frozen retitulada en The R Lounge como Las aventuras de Anna y Elsa en función de los Estudios de Mercado–; la audacia de estudios como Sony Animation y Laika permitió el florecimiento de propuestas animadas de calidad surgidas de competidores insospechados –una versión corregida y aumentada de las penosas maniobras financieras que en la década anterior trataban de robar un trozo del pastel de los estudios más poderosos con Ant Bully y porquerías por el estilo–; y la domesticación del perro siguió inalterable su curso.

¿Pero qué ha pasado con DreamWorks en estos años? Todo y nada. ¿Todo? Sí, porque han adquirido un ritmo frenético de estrenos que ha llevado a que entre lo más reciente que reseñé en esta entrada en 2010 –Cómo entrenar a tu dragón– y el momento presente han sacado nueve películas, diez si publico esto después del estreno de Los Pingüinos de Madagascar, once si tengo un accidente relacionado con la asfixia autoerótica, paso un par de meses en observación y salgo una vez se haya estrenado Home. ¿Nada? También, porque la irregularidad de estas nuevas películas ya ha dejado suficientemente claro que aquellos atisbos de autoexigencia que empezaban a distinguirse conforme terminaba la década no fue más que un espejismo y que en DreamWorks se conforman con tener algo en los cines con lo que cubrir cada temporada de fiestas, y si sale bien estupendo. Ah, no, una cosa más: DreamWorks está en la ruina.

Somos balleneros y llevamos arpones, más como en la luna no hay ballenas cantamos canciones.

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La película más triste del mundo (Vol. 2)

3 May

Previously, on The R Lounge…

Con la mansa pachorra que caracteriza a un Terrence Malick, aquí llega la esperada segunda parte de la intensa review de una de las películas clave del cine de los noventa, en una época en la que destacar entre proyectos irreprochablemente rompedores como Pulp Fiction, Trainspotting y Sospechosos habituales era tarea casi imposible. Goofy e hijo lo consiguió, por su subversión de los códigos narrativos del cine de conflictos paternofiliales y sus depresivas escenas con zarigüeyas mecánicas, nunca igualadas después ni siquiera cuando en El pianista un oficial nazi tira a un viejo en silla de ruedas por una ventana.

Cabe comentar que en mi afán ilustrativo de la reseña, a base de fragmentos youtuberos he intercalado prácticamente el 100% de la película en la reseña completa. Así que, querido lector, te propongo que te tomes esta lectura como un relajado entretenimiento de pura evasión. Como dice Alan Moore que hay que disfrutar de los cómics, busca un sillón cómodo, ponlo junto al fuego pese a que me leas desde Sevilla en pleno mayo y, liberándote de las prisas que caracterizan a este mundo informatizado lleno de internet, teléfonos portátiles y automóviles, asúmelo como un visionado audioguiado de Goofy e hijo en el que, como ocurre en las Ítacas, el camino importa más que el destino. Disfruta los vídeos cómodamente mientras alternas con mi rigurosa apreciación de los intensos acontecimientos que muestra la película, detente cuando te apetezca y continúa más tarde. Vamos allá.

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En busca del Valle Inexplicable

22 Ago

Mis cortos favoritos de Pixar son Geri’s Game y Presto. O lo que es lo mismo, el del viejo jugando al ajedrez y el del conejo y el mago. Sin embargo, mi criterio en este caso es un poco injusto. Desde luego, lanzo esta afirmación tremendamente categórica (estos dos cortos son los mejores, y vosotros y vuestras propuestas alternativas estáis equivocados) habiendo contemplado la lista completa de cortos producida por el estudio del Gordo Cabrón desde 1984 hasta hoy, incluyendo esos abortos protagonizados por Mate disfrazado de luchador mexicano, de torero o de gigoló. El problema reside en lo complicado que es valorar con justicia los primeros experimentos animados de Lasseter, ya que esos conglomerados de burdas figuras geométricas generadas por ordenador nos generan un curioso rechazo que desde un primer momento anulan cualquier posibilidad de empatía con nada de lo que en ellos se nos quiera mostrar. Así que estos cortos primitivos, desde Las aventuras de Wally B. y André hasta Knick Knack quedan prácticamente excluidos de una competición en serio. Sin embargo, cabe detenerse en este extraño fenómeno. Sabemos que estas primitivas imágenes generadas por ordenador nos provocan un irrefrenable rechazo. Incomodidad. Incertidumbre. Recelo. ¿Pero por qué? No se trata de una cuestión de elección; estas toscas imágenes CGI nos causan a todos un rechazo que otras recreaciones burdas, como podría ser un torpe dibujo animado de teleserie, no provocan. No nos gustan, desde luego; los ortopédicos movimientos de las superestrellas perrunas de Basket Fever (“por el basket loco estarás”) nos provocan risa y vergüenza ajena, pero en absoluto tienen que ver estas reacciones con el de desagradable e inexplicable rechazo que nos podría provocar una torpe recreación CGI. ¿Qué tiene de especial el CGI para que reaccionemos a ella (o a su peor versión) de forma diferente? Existe una teoría científica que lo explica.

Borroso está bien. Es suficiente. No merece la pena recordarlo con más nitidez.

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Side-kick Ass

16 Jul

Hay momentos en los que te das asco a ti mismo. Esta desagradable sensación te envuelve cuando en la tele ponen un manipulador anuncio de apadrinar a niños desnutridos de Senegal y, en lugar de cambiar incómodo de canal como haría cualquier persona civilizada, te sale una inesperada carcajada. También surge cuando vas por la calle, un mendigo te pide lastimeramente una moneda y tú miras a otro lado, concretamente a un perro que parece que sí podrías lanzar al tejado más cercano de una patada, porque a la tercera va la vencida. Y también surge cuando por algún motivo empiezas a pensar en la entrañable figura del sidekick de dibujos animados y sólo te vienen a la mente ejemplos sacados de películas Disney. En estos momentos uno se pregunta “¿tan asquerosamente pequeño es mi mundo?”. Me paro a pensar un momento y me doy cuenta de que muchos, muchísimos dibujos animados de los que la mayoría de mis amigos veían de pequeños para mí eran poco más que un desagradable entretenimiento lleno de violencia aburrida y un poco gay. No me gustaba Bola de dragón, no me gustaban los Masters del Universo, y Oliver y Benji me importaban un pimiento. Quizá la única excepción dentro de este universo de héroes atléticos e indiscutiblemente anabolizados eran las Tortugas Ninja (a mí me molaba Rafael), pero era eso, una excepción. No es de extrañar, por lo tanto, que mi repaso mental no saliese del amable y reconfortante mundo Disney y el submundo del Disneyxploit, el el que estoy tristemente versado también (esos animalejos decadentes de La princesa cisne…). Si tuviera que ganarme a los votantes presumiendo de conocimientos en materia de sicarios memorables, sería un digno heredero de Nixon, sudando y farfullando abotargado. “Ehm, uh, yo también quiero expresar mi cariño por ese… uhm, sicario en particular”.

Le pusieron Orko porque la letra O permitía reutilizar las mismas animaciones reflejadas sin que la letra se viera invertida. ¡Filmation, eres incorregible!

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Muertes X-Tremas 2: Esta vez es Disney-personal

28 Dic

La navidad es esa época para soñar y rencontrarnos con nuestras películas de antaño, las que nos hicieron llorar y reír en nuestra niñez y hoy nos llevan a gritar histriónicamente frases como “¿NO HAS VISTO POCAHONTAS? ¡TÚ NO TIENES INFANCIA!”. No es que yo cierre el kiosko Disney durante la época no estival (este blog es buena prueba de ello), pero en estos días me apetece más que nunca revisitar algunas películas Disney tirado en el sillón, a veces las más olvidadas y otras veces las más quemadas por ese infame y cansino reducto que habla del periodo 1989-1994 como si fuera la segunda venida del Hacedor. Es tiempo para ello, sin duda; pero también es tiempo para retomar mi largamente acariciada secuela a una de mis entradas favoritas de este blog, MUERTES X-TREMAS. Combinar dos de mis aficiones como son Disney y las muertes truculentas en el cine no era más que cuestión de tiempo, y el día ha llegado. Hoy me place presentarles, querido público, mi ranking personal de MUERTES X-TREMAS versión Disney. Esta entrada va a ser larga de narices, así que a los paletos que se quejan de que escribo artículos demasiado largos y se sienten más cómodos leyendo cómo sus conocidos anuncian en 140 caracteres máximo lo difícil que ha sido levantarse hoy de la cama, que vayan cogiendo la puerta.

El catálogo de muertes memorables de la Disney, amplificado tras cierta compra multimillonaria.

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Adaptando a Tintín: No hay huevos

1 Nov

Hace unas cuantas noches pude comprobar que no sólo es posible adaptar satisfactoriamente los álbumes de Tintín al lenguaje cinematográfico, sino que incluso se pueden mejorar en algunos aspectos. Me explico: El secreto del unicornio era un cómic en el que la auténtica chicha estaba en la trama dentro de la trama, una historia de piratas y tesoros relatada por un capitán Haddock que sólo se levantaba de la silla para agredir a la lámpara del techo. De este modo, los personajes a los que queríamos ver en acción no hacían nada salvo contar la historia de otros, mientras que era un desconocido, por muy antepasado de Haddock que fuese, el que se llevaba la mejor parte de la aventura. El cangrejo de las pinzas de oro, por su parte, es una trama de aventuras sólida en la que Tintín salta de un escenario a otro y de un peligro al siguiente, sucediéndose éstos por casualidad en bastantes ocasiones. Sin ir más lejos, el mítico primer encontronazo con Haddock en los camarotes del Karaboudjan se da por pura potra, igual que podría no haberse dado; y la incorporación del marino a la peripecia de Tintín es una cuestión de mero “no tengo nada mejor que hacer y el whisky se me ha acabado”. Y en esto llegan Steven Spielberg y Peter Jackson, escudados por Edgar Wright y Steve Moffat (y un tercer guionista que no sé quién es), y entre todos juntan ambas historias como por arte de magia, para que cada una se beneficie de las fortalezas de la otra. De este modo, el punto de partida del álbum El secreto del unicornio desata la trama de lo que conocemos como El cangrejo de las pinzas de oro, con un sencillo cambio de McGuffin de por medio (las latas de conserva por la maqueta del barco). De esta forma los elementos de la trama dirigen a Tintín desde el primer momento hacia el capitán Haddock, descendiente del caballero de Hadoque y por tanto única persona capaz de encontrar el secreto que se esconde en la maqueta que anda saltando entre las manos de los buenos y los malos. El cangrejo de las pinzas de oro, por su parte, contiene más de un momento en el que un Haddock hasta las cejas de Loch Lomond ve alucinaciones y espejismos; alucinaciones que la película aprovecha para introducir inteligentemente los flashbacks del antepasado del capitán que ocupan casi la totalidad del cómic del Unicornio, sin que la acción se tenga que detener forzosamente por ello. Lógicamente, la combinación se completa con el desenlace de El tesoro de Rackham el Rojo, continuación de la historia iniciada en El secreto del Unicornio. En términos de adaptación, hemos asistido a una película magistral.

Después de exahustivas pruebas científicas relacionadas con sombreros, se revelaron como los candidatos idóneos para adaptar a Tintín.

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El laboratorio de Genndy

25 Oct

El 17 de marzo de 1995 (Dios, qué viejos somos) se estrenó en Cartoon Network el primer episodio de El laboratorio de Dexter. Se llamaba tal cual, Dexter’s Laboratory, y nos presentaba a Dexter, el niño genio con un laboratorio secreto bajo la casa de sus padres, y a su fastidiosa hermana mayor, Dee Dee. Ambos se ven envueltos en un duelo frenético tipo Merlín/Madame Mim cuando Dee Dee se hace con un dispositivo creado por su hermano que transforma a la gente en animales. Ah, OK, Dexter es un genio, inventa cosas muy chulas pese a tener ocho años y su hermana mayor es estúpida y solo vive para fastidiarle. Este fue el primer contacto de mucha gente con uno de las mejores series de dibujos animados de los últimos treinta años. Detrás del corto, que hoy día se conoce extraoficialmente como Changes (igual que el Pilot de Friends hoy se conoce con un azucarado The One Where It All Began), estaba la mente pensante… de un ruso. SOVIET ALERT.

Genndy Tartakovsky nació en Moscú allá por 1970, y con siete años su familia se mudó a Estados Unidos. Que este pequeño judío fugitivo de la tiranía soviética se convirtiera en uno de los mayores genios de la animación reciente nos hace avergonzarnos humildemente de nuestros prejuicios y pensar que quizá los soldados de Starship Troopers no estaban tan en lo cierto como creíamos. En Estados Unidos, el pequeño Genndy se empapó de cómics lo suficiente como para decidir que lo que quería hacer en la vida era dibujar, y tras completar sus estudios básicos entró en la CalArts (que supongo que no necesita presentación) para estudiar animación junto con su amigo y habitual colaborador en sus futuros proyectos Rob Renzetti. Allí conoció a Craig McCracken, otro genio en potencia, y tuvo la idea de la que luego germinó El laboratorio de Dexter. Durante la primera mitad de los noventa, nuestro hombre se fogueó en tareas de animador en series como El crítico (la de Jay Sherman, el crítico bajito de Los Simpson) y la colosal Batman, The Animated Series, la que, por lo que leo, le llevó a trabajar en España brevemente (no, españoles, eso no significa que Batman, The Animated Series sea producción nuestra, sentaos de nuevo, por favor). En 1995 pudo sacar adelante su primer proyecto propio en el seno de Cartoon Network, cadena que en aquel momento estaba comenzando su renovación total de cajón de sastre de producción antigua de Warner y Hannah-Barbera a promotor de un regreso a la animación de calidad de la era de los Estudios. El laboratorio de Dexter fue prácticamente la serie inaugural de esta nueva era, una edad de oro en la que Cartoon Network se convirtió en el mejor canal de dibujos animados del universo y de varios universos paralelos. Así comenzó la carrera de nuestro hombre, dando el pistoletazo de salida a una era de auténtica revitalización de los dibujos animados. Sin duda, todo un modelo a seguir para cualquier aspirante a animador/productor de dibujos animados que se precie; aunque no por ello se va a librar de que por culpa de su intrincado apellido a partir de ahora me vaya a referir a él por el increíblemente insultante apelativo de “El Ruso Chiflado”.

¡Grrroaaaar! ¡Aplastar el capitalismo...! ¡Groaaaaar!

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Lo que importa es la anchura

7 Jul

Hay quien me dice que estoy obsesionado con el asunto del formato de las películas. No, no me refiero a si te has bajado un flamante mkv o un cutre mpg. Me refiero a la proporción de la imagen. Números que para el lector medio de este blog no son más que un barullo incomprensible son para mí la causa de noches en vela, de búsquedas interminables en imdb y en definitiva, de sufrimiento. No comprendo como un elemento tan determinante en la composición visual de la imagen e incluso en el impacto psicológico que produce la película en el espectador pasa tan desapercibido o es directamente desdeñado. Pasa desapercibido para el público que no se detiene a fijarse si lo que está viendo es una imagen prácticamente cuadrada o un rectángulo tan ancho como su campo de visión, y es desdeñado por los programadores de las cadenas de televisión, a los que no les tiembla el pulso en cortar media película por los lados para evitar esas franjas negras arriba y abajo que por lo visto deben costarles la mitad del share, porque si no, no se entiende esta costumbre tan atroz. O quizá sí. En realidad, a la gente el formato se la repampinfla, a la gente lo que le importa es que no se vean bandas negras que interfieran en su visionado (se trata de un público exigente y sofisticado). Si a Antena 3 no le ha dado por mutilar Indiana Jones y la última cruzada por los lados para que ocupe toda la pantalla y dar lugar a una película protagonizada mayormente por narices flotantes, siempre habrá alguien en alguna parte del globo que, cerveza en mano y pies en alto, gruñirá “niño, quita las rayas negras”. Da igual que para ello haya que estirar la imagen por arriba y por abajo hasta que parezca que todos han sido absorbidos por el poder del Arca de la Alianza, la cuestión es que las bandas no molesten. Nuestros nuevos y flamantes televisores anchos nos permiten disfrutar de los formatos cinematográficos conservando toda su amplitud, pero el 95% de los hogares (gracias a Estadísticas Inventadas S.L. por los datos) tiene el suyo configurado para que todo contenido rodado en el desfasado formato cuadrado 1.33:1 aparezca estirado por los lados para ocupar toda la pantalla. Homer jamás se había visto tan gordo.

That's the way -aha aha- I like it -aha aha-...

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