Archivo de la categoría: The R Art

Konguis En Marruecos II: Edición 10º Aniversario

Hubo un tiempo de mi vida creativa en lo que lo único que me importaba era no parar de hacer cosas, fueran lo que fueran y salieran como salieran. Como Woody Allen actualmente. Utilizo deliberadamente la palabra “cosas” porque es el término más preciso para abarcar mis distintas y eclécticas creaciones: Había dibujos, había proyectos de juegos de mesa, había relatos, cómics de ochenta páginas y hasta figuras de plastilina. Yo era lo que se conoce como un auténtico renacentista. No obstante, casi todo lo que hacía tenía un punto en común: siempre estaba protagonizado de un modo u otro por mi círculo de amistades, conocidos, profesores y figuras pueblerinas notorias. En última instancia mis creaciones casi siempre eran ficciones, a veces muy biográficas y a veces puramente hipotéticas, protagonizadas por los insultantes alter ego de la gente de mi entorno. Si habíamos ido a la feria, yo hacía un par de dibujos sumamente recargados ambientados en la feria; si habíamos estado viendo Battle Royale yo me sacaba de la manga un eterno cómic sin orden ni concierto en el que mis amigos y yo deambulábamos por una isla matándonos los unos a los otros.

Y si jugábamos una partida especialmente memorable del Serious Sam, hacía un dibujo en el que nos metíamos a repartir leña en el Serious Sam.

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The R Art Evolution

Lo prometido es deuda. En la última entrada dedicada a The R Art, movido por la emoción del momento y el alcohol, aseguré que lo próximo que veríais en la entrada más-o-menos-mensual dedicada a mis dibujos sería algo muy especial: un viaje al pasado. Al terrible pasado artístico de Miguel Roselló. Desgraciadamente, no se conservan documentos históricos de los años anteriores a 2000, con lo cual la exposición que hoy veréis (pero no creeréis) comienza su recorrido por los días en los que entré en el instituto, allá por el cambio de siglo. Tenía doce años, la cara llena de granos y una libido comparable a la del hermano de Stifler. Pero sobre todo, tenía una fuerte conciencia de mi talento con el lápiz. Los días en el colegio ya me habían confirmado como un niño con mucha imaginación e inquietudes artísticas (que es lo que hace que alguien aprenda a dibujar, qué don ni qué porras fritas), pues mientras que los demás seguían con actitud orwellesca las rígidas instrucciones del libro de Plástica a la hora de completar las láminas, yo solía hacer, con precisión admirable, lo que me daba la gana. Sólo así se explica que la silueta del caballo que había que repasar y colorear acabase convertida en mis manos en un equino lleno de tatuajes, con una desaconsejable chupa raída, vaqueros gastados, una polémica cresta rosa, un cigarro apestoso asomando de la comisura de sus labios malévolamente sonrientes. y una ametralladora. O que aquel muñeco de palo que había que convertir en un ser humano hecho y derecho se viese vestido con un uniforme de la SS, un casco militar y una pistola en la mano, con el inquietante añadido de “NAZI”  a la leyenda “de mayor quiero ser…”. Y mejor no hablaré del cuarto de baño aquél que había que colorear a tu gusto, le puse hasta una esvástica gigante en el centro de la cortina de la ducha.

Para refrescaros la memoria sobre el aspecto de nuestras protagonistas.

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The R Art: Calendario Pin Up 2011 (Vol. 2)

Previously on The R Lounge.

Hoy lo que se llevan son las trilogías, especialmente las que estrenan la segunda parte y la tercera con muy poca diferencia entre ambas, pero como sabéis, en The R Lounge luchamos (yo junto con los coreanos explotados por la sobrecarga de trabajo en el blog y retratados gratuitamente en lo que debería ser un gag del sofá) para ser fastidiosamente diferentes a los demás. Con este segundo volumen terminamos el díptico dedicado al mastodóntico calendario 2011 que, no sé si me repito, me llena de orgullo por ser el primero de muchos intentos que ha llegado a buen puerto.

A Ronald Reagan le gusta esto.

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The R Art: Calendario Pin Up 2011 (Vol. 1)

En la tradición de las mayores fantasías épicas del Hollywood dorado, hoy The R Lounge se enorgullece en presentarles una magna epopeya en dos partes, tan larga que wordpress no ha sido capaz de procesarla entera sin colgarse. Durante este largo y cálido verano me he dedicado en cuerpo y alma a un ambicioso proyecto con el que probar mi talento como dibujante, pero también como diseñador. Si no hubiese revelado hace unas cuantas entradas que se trataba de un calendario, ahora estaríamos hablando de una presentación llena de suspense e intriga. Estúpido yo del pasado. No obstante, creo que el resultado ha sido lo suficientemente satisfactorio como para poder permitirme el lujo de prescindir del misterio. Me he pasado el verano dibujando tías para tan noble fin, pues no se trata de un calendario carente de temática, sino que es un calendario pin-up. Sí, una excusa como cualquier otra para dibujar tetas, piernas y tacones. Pasen, señores, pasen y deléitense con la gran aventura del calendario pin-up de Miguel Roselló para 2011.

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Tendencias (y cejas)

El mundo se mueve por rachas. También el mundo de los carteles de cine. A veces, entre tanto poster estándar con los caretos photoshopeados de los protagonistas de la que promete ser la comedia romántica del año se cuela una propuesta inteligente, novedosa, o al menos llamativa. Y como por arte de magia, apenas un año después ya estamos saturados de la propuesta inteligente, novedosa y al menos llamativa hasta las narices, porque hace bastante que dejó de ser cualquiera de esas cosas. Sale un cartel ingenioso y nos falta tiempo para contar los veinte plagios de la idea que han surgido al momento. No hace falta que os recuerde lo que ocurrió con el legendario cartel de El show de Truman. A los pocos años estábamos de mosaicos que-de-cerca-no-se-ven-pero-de-lejos-forman-la-cara-de-la-estrella-de-la-función hasta el gorro, por mucho que vendiesen una y otra vez como algo nuevo por usar flores en vez de fotogramas, o caramelos o fundas de condón usadas. Resulta frustrante que ahora no logre acordarme de ninguno salvo del de El señor de la guerra, con el gigantesco y deprimente rostro de Nicholas Cage formado por balas en primer plano.

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Tim Burton, recíclate

¿Os acordáis de Tim Burton? Sí, hombre, ése que tiene un nido de cigüeñas en la cabeza y que va siempre de negro. Ése que dice que estar casado con Helena Bonham Carter pero más bien parece estarlo con ella y con Johnny Depp, con los que vive en comuna mormona. Ése que es la causa directa de que los salones manga se hayan convertido en un pozo purulento lleno de quinceañeras pseudogóticas que afianzan su individualismo llevando el mismo bolso de Jack Skellington que lleva absolutamente todo el mundo. En definitiva, ese tipo que un día fue un director interesantísimo y con muchísimas cosas que decir y que hoy se ha convertido en una caricatura de sí mismo sin absolutamente nada que ofrecer.

Tras dos cortos tan bellos como legendarios, Tim Burton salió del cascarón en 1986 con La gran aventura de Pee Wee, una película que ya exudaba un estilo propio por todos sus poros. Beetlejuice limó las asperezas de ese estilo aún recién nacido, y Batman continuó ese proceso, que culminó con el refinamiento total de esta nueva figura del cine en la preciosa Eduardo Manostijeras. Hasta aquí la etapa de aprendizaje de Burton, a la que siguió su película más retorcida, la absolutamente genial Batman vuelve, la minimalista Pesadilla antes de Navidad (sí, ya, dirigida por Selick, bla, bla, bla) y la complejísima Ed Wood, que condensaba todo lo aprendido por Burton a lo largo de sus películas anteriores. Mars Attacks!, siempre esperando su justa reivindicación, marcó un punto de inflexión. Algo le pasó a Tim Burton después de esta película, que perdió el norte. El pulso entre la autonomía creativa y la sumisión comercial comenzaba a decantarse peligrosamente hacia lo segundo, y de este modo Burton entró en una etapa que, con sus altibajos, llega hasta hoy y en la que irónicamente destaca, como una orquídea en un campo de cardos borriqueros, su obra maestra total, Big Fish.

Buscar inspiración en esto para una película... ESO es puro Burton.
Buscar inspiración para una película en esto... ESO sí es puro Burton.

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