The R Art·The R Memories

Konguis En Marruecos II: Edición 10º Aniversario

Hubo un tiempo de mi vida creativa en lo que lo único que me importaba era no parar de hacer cosas, fueran lo que fueran y salieran como salieran. Como Woody Allen actualmente. Utilizo deliberadamente la palabra “cosas” porque es el término más preciso para abarcar mis distintas y eclécticas creaciones: Había dibujos, había proyectos de juegos de mesa, había relatos, cómics de ochenta páginas y hasta figuras de plastilina. Yo era lo que se conoce como un auténtico renacentista. No obstante, casi todo lo que hacía tenía un punto en común: siempre estaba protagonizado de un modo u otro por mi círculo de amistades, conocidos, profesores y figuras pueblerinas notorias. En última instancia mis creaciones casi siempre eran ficciones, a veces muy biográficas y a veces puramente hipotéticas, protagonizadas por los insultantes alter ego de la gente de mi entorno. Si habíamos ido a la feria, yo hacía un par de dibujos sumamente recargados ambientados en la feria; si habíamos estado viendo Battle Royale yo me sacaba de la manga un eterno cómic sin orden ni concierto en el que mis amigos y yo deambulábamos por una isla matándonos los unos a los otros.

Y si jugábamos una partida especialmente memorable del Serious Sam, hacía un dibujo en el que nos metíamos a repartir leña en el Serious Sam.

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The R Art: Saldos de año nuevo

¿Sabéis lo laborioso que es escribir estas entradas sobre dibujos? Pues lo es, y mucho, pero sólo me acuerdo cuando estoy haciéndolas. Normalmente tras sudar sangre para escribir tres entradas en tres semanas, me froto las manos pensando que ya va siendo hora de otra entrada comodín con dibujos, en la que no tengo que esforzarme por resultar gracioso o ser elocuente sobre el tema aburrido de turno. Nada, empalmar un par de bocetos ridículos supuestamente dibujados por mí, un par de comentarios sobre lo mucho que me gusta dibujar piernas y tacones y vámonos que nos vamos. Pero luego resulta que no es así, que subir los dibujos a imageshack o a donde sea e insertarlos en la entrada uno a uno es un engorro, y que mi ego me impide escribir menos de diez líneas explicando la genialidad del dibujo y lo mucho que me costó hacerlo y lo orgulloso que estoy de él. Al final, cuando me quiero dar cuenta, he invertido más tiempo en la entrada de los dibujos que en la de las anécdotas del porno y siento que he hecho el primo. Pero al poco se me olvida, y mientras estoy confeccionando perezosamente mi ranking de canciones de 007 (huy, se me escapó) mascullo por lo bajo que ojalá pudiese subir ahora otra entrada sobre dibujos, que se acaban en un segundo, en vez de estar escribiendo esta chorrada tan larga y aburrida. Y vuelta a empezar. El caso es que he descubierto con gran sorpresa que desde el último The R Art han pasado seis entradas, el doble de lo habitual, y me pregunto qué demonios han sido todas esas cosas tan interesantes que tenía para decir estos últimos dos meses.

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The R Art

The R Art Evolution

Lo prometido es deuda. En la última entrada dedicada a The R Art, movido por la emoción del momento y el alcohol, aseguré que lo próximo que veríais en la entrada más-o-menos-mensual dedicada a mis dibujos sería algo muy especial: un viaje al pasado. Al terrible pasado artístico de Miguel Roselló. Desgraciadamente, no se conservan documentos históricos de los años anteriores a 2000, con lo cual la exposición que hoy veréis (pero no creeréis) comienza su recorrido por los días en los que entré en el instituto, allá por el cambio de siglo. Tenía doce años, la cara llena de granos y una libido comparable a la del hermano de Stifler. Pero sobre todo, tenía una fuerte conciencia de mi talento con el lápiz. Los días en el colegio ya me habían confirmado como un niño con mucha imaginación e inquietudes artísticas (que es lo que hace que alguien aprenda a dibujar, qué don ni qué porras fritas), pues mientras que los demás seguían con actitud orwellesca las rígidas instrucciones del libro de Plástica a la hora de completar las láminas, yo solía hacer, con precisión admirable, lo que me daba la gana. Sólo así se explica que la silueta del caballo que había que repasar y colorear acabase convertida en mis manos en un equino lleno de tatuajes, con una desaconsejable chupa raída, vaqueros gastados, una polémica cresta rosa, un cigarro apestoso asomando de la comisura de sus labios malévolamente sonrientes. y una ametralladora. O que aquel muñeco de palo que había que convertir en un ser humano hecho y derecho se viese vestido con un uniforme de la SS, un casco militar y una pistola en la mano, con el inquietante añadido de “NAZI”  a la leyenda “de mayor quiero ser…”. Y mejor no hablaré del cuarto de baño aquél que había que colorear a tu gusto, le puse hasta una esvástica gigante en el centro de la cortina de la ducha.

Para refrescaros la memoria sobre el aspecto de nuestras protagonistas.

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The R Art: Calendario Pin Up 2011 (Vol. 2)

Previously on The R Lounge.

Hoy lo que se llevan son las trilogías, especialmente las que estrenan la segunda parte y la tercera con muy poca diferencia entre ambas, pero como sabéis, en The R Lounge luchamos (yo junto con los coreanos explotados por la sobrecarga de trabajo en el blog y retratados gratuitamente en lo que debería ser un gag del sofá) para ser fastidiosamente diferentes a los demás. Con este segundo volumen terminamos el díptico dedicado al mastodóntico calendario 2011 que, no sé si me repito, me llena de orgullo por ser el primero de muchos intentos que ha llegado a buen puerto.

A Ronald Reagan le gusta esto.

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The R Art: Calendario Pin Up 2011 (Vol. 1)

En la tradición de las mayores fantasías épicas del Hollywood dorado, hoy The R Lounge se enorgullece en presentarles una magna epopeya en dos partes, tan larga que wordpress no ha sido capaz de procesarla entera sin colgarse. Durante este largo y cálido verano me he dedicado en cuerpo y alma a un ambicioso proyecto con el que probar mi talento como dibujante, pero también como diseñador. Si no hubiese revelado hace unas cuantas entradas que se trataba de un calendario, ahora estaríamos hablando de una presentación llena de suspense e intriga. Estúpido yo del pasado. No obstante, creo que el resultado ha sido lo suficientemente satisfactorio como para poder permitirme el lujo de prescindir del misterio. Me he pasado el verano dibujando tías para tan noble fin, pues no se trata de un calendario carente de temática, sino que es un calendario pin-up. Sí, una excusa como cualquier otra para dibujar tetas, piernas y tacones. Pasen, señores, pasen y deléitense con la gran aventura del calendario pin-up de Miguel Roselló para 2011.

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Tendencias (y cejas)

El mundo se mueve por rachas. También el mundo de los carteles de cine. A veces, entre tanto poster estándar con los caretos photoshopeados de los protagonistas de la que promete ser la comedia romántica del año se cuela una propuesta inteligente, novedosa, o al menos llamativa. Y como por arte de magia, apenas un año después ya estamos saturados de la propuesta inteligente, novedosa y al menos llamativa hasta las narices, porque hace bastante que dejó de ser cualquiera de esas cosas. Sale un cartel ingenioso y nos falta tiempo para contar los veinte plagios de la idea que han surgido al momento. No hace falta que os recuerde lo que ocurrió con el legendario cartel de El show de Truman. A los pocos años estábamos de mosaicos que-de-cerca-no-se-ven-pero-de-lejos-forman-la-cara-de-la-estrella-de-la-función hasta el gorro, por mucho que vendiesen una y otra vez como algo nuevo por usar flores en vez de fotogramas, o caramelos o fundas de condón usadas. Resulta frustrante que ahora no logre acordarme de ninguno salvo del de El señor de la guerra, con el gigantesco y deprimente rostro de Nicholas Cage formado por balas en primer plano.

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The R Art: Llega Lore y todos se esconden

Vive Audrey que el pegajoso verano ha convertido el actualizar más o menos semanalmente en una pesada tortura que interfiere con mis inacabables días pegado al sofá. Pero Miguel Roselló es hombre de palabra, y aquí vuelve con una nueva ración de dibujos con el que continuamos la eterna presentación de mis chicas. También tengo personajes masculinos, pero nadie lo diría; más ahora que por un proyecto ultrasecreto (un calendario pin-up) no paro de dibujar chicas. Conforme vaya escribiendo la entrada decidiré si enseñaros al final una muestra o no. Pero vamos al lío. A estas alturas de la vida, conocéis a Maca, a Nora, a Elsa, a Jessie y a Jenny, que pertenecen a la primera oleada de chicas antes del parón que terminó en 2007, cuando volví a crear a algunos personajes femeninos (de entre los que ya conocéis tanto a Belén como a L’Ange de Montparnasse).  Justo antes del parón, en 2004, diseñé a la que sería la última chica de la primera tanda. Para variar, se basó en alguien real, que en este caso se llamaba Lorena, o mejor, Lore. Todas las chicas anteriores a ella habían nacido con un carácter más bien simpático, o al menos bienintencionado (lo que significa que salen sonrientes en los dibujos), y Lore vino a romper con esta tendencia. Aquí la podéis ver en su versión estándar, aunque se trata de un dibujo que se ha quedado un poco antiguo:

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