Archivo de la categoría: The R Critics

Up In The Air (Jason Reitman, 2009)

Hay veces, muy pocas, en las que cuando veo una película no dejo de pensar que estoy recibiendo exactamente lo que cualquiera debería recibir como mínimo cuando va al cine o se molesta en ponerse un DVD (el formato del futuro de ayer). El último caso ha sido Up In The Air, la tercera película de Jason Reitman tras la estupenda Gracias por fumar y la repelente Juno. No tiene sentido ir demasiado profundo para descubrir el secreto de la película: un guión de desarrollo fluido, personajes carismáticos, y una inusitada facilidad para conseguir la complicidad del espectador. No hay demasiados aspavientos en Up In The Air, ni inventa la rueda, pero habla con sinceridad de personas, y puede que sea eso; pero hacía tiempo que no sentía tan cercana una historia que está ocurriendo al otro lado de la pantalla.

George Clooney interpreta a un tipo que se dedica a despedir gente en nombre de la empresa para la que trabaja, y por ello se pasa trescientos veintipico días al año viajando en avión. Y cuarenta y tantos asquerosos días en casa. Asquerosos, porque a él le encanta su trabajo, su rutina, sus aeropuertos, “su aire viciado, su luz artificial”, como explica al principio de la película (y es entonces cuando se nos mete en el bolsillo). Su empleo no le causa remordimientos, ha aprendido a dejar de lado el factor emocional de su trabajo por su propio bien. Y desde luego, nada le motiva a cambiar su vida carente de estabilidad, en la que sus relaciones más estables no pasan de un esporádico revolcón en una habitación de hotel. Hasta que un día, su mundo amenaza con venirse abajo cuando una pipiola recién salida de Psicología entra a trabajar en la empresa como un elefante en una cacharrería, trayendo consigo un innovador sistema de despidos por conferencia online. La oposición de Ryan (Clooney) al nuevo sistema por razones obvias lleva a su superior a dar al sistema un margen de prueba para ambos frentes: el sistema online se implantará en fase de pruebas mientras Ryan deberá llevar a Natalie (la pipiola) consigo en sus próximos viajes para familiarizarla con la profesión. En base a esta premisa se desarrolla una reflexión sobre lo que queremos hacer con nuestra vida, primero sencilla y sincera y luego el mayor lastre de la película.

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La momia: la tumba del emperador dragón (Rob Cohen, 2008)

Seguro que no soy el único que tiene un inmenso cariño hacia La momia. No la de Karloff, de la que también se puede encariñar uno, sino la del 99, la de Brendan Fraser y Rachel Weisz (y Omid Djalili). Vamos a jugar a Nostradamus: cuando pasen los años, esta película será revalorizada como un clásico moderno que destacará en el panorama del cine de aventuras reciente como un clavel en un campo de cardos borriqueros. Los que hemos crecido viendo a Indiana Jones jamás pensamos que veríamos algo nuevo capaz de mirar con dignidad (desde abajo pero con dignidad) a nuestro arqueólogo favorito, al Héroe. Pero entonces apareció La momia, una película fresca, sorprendente y con un nervio impecable, que además cada año parece mejor. Luego llegó El regreso de la momia, que era un poco menos comedida que su predecesora pero aún así un entretenimiento de primera. Eso fue en 2001. Después, silencio durante siete años. Y entonces, de golpe y porrazo, zas, La momia 3, o mejor dicho, La momia: la tumba del emperador dragón. ¿Qué? ¿Cómo? Pero… ¿alguien lo había pedido, aparte de Brendan Fraser tras hurgar en su cartera con descorazonador resultado? Yo diría que no.

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American Beauty (Sam Mendes, 1999)

En 1964 Billy Wilder filmó la que sería su película más incomprendida, la genial Bésame tonto, y con ella puso a la sociedad estadounidense frente a una de sus mayores temores: la podredumbre sobre la que se sostiene una institución tan teóricamente pura y necesaria en el seno de Norteameríca como es el matrimonio. En 1999, Sam Mendes, director teatral debutante en el medio cinematográfico por aquel entonces, dirigió una descorazonadora sátira que ampliaba los objetivos de Bésame, tonto diseccionando tanto el matrimonio como el resto de pilares sobre los que se sostiene ese concepto tan abstracto y sacralizado en Estados Unidos que es la familia y con ella consiguió una total y absoluta obra maestra contemporánea, una película enorme y desgarradora y a la vez honesta y luminosa. Su nombre, American Beauty, y por raro que suene, yo la vi por primera vez ayer.

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