Archivo de la categoría: The R Movies

Indiana Jones y los diez años de quejas estúpidas

Esta navidad, con El último Jedi aún caldeando ese civilizado foro de debate que es internet, estuve hablando de La Guerra de las Galaxias con mis dos primos pequeños, que tendrán unos once y trece años respectivamente. Los mocosos me sorprendieron. En el documental El pueblo contra George Lucas se plantea la duda razonable de si la pésima opinión general acerca de la trilogía de Anakin no podría ser el resultado de un simple choque contra una generación que tan asimilado tiene el estilo y las intenciones de las tres películas originales que nada que se atreviese a querer buscar su propia identidad (como de hecho ocurre con los episodios I, II y III) iba a tener la más mínima oportunidad. Muchos de los entrevistados se remiten al caso de niños que han crecido en el momento ideal para disfrutar y sentir suya la trilogía de Anakin, niños que de hecho no ven nada malo en Jar Jar Binks porque es parte de su Guerra de las Galaxias, del mismo modo que otros no queremos estampar a 3PO contra la pared del Halcón Milenario en El imperio contraataca porque forma parte de nuestra Guerra de las Galaxias. Sigue leyendo Indiana Jones y los diez años de quejas estúpidas

Nacimiento, vida y prematura muerte de Circle 7 Animation

Los siete años que van desde 1999 hasta 2006 son lo que me gusta llamar cariñosamente la Era Stepford de Pixar. Entre estos años Pixar estrenó Toy Story 2, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los Increíbles y Cars. Exceptuando la crónica postapocalíptica sobre el mundo inmediatamente posterior a la victoria de Skynet que es Cars, se trata de una lista intachable, y nadie podría haber adivinado las dificultades y problemas que estaba atravesando la compañía de John Lasseter entre bambalinas. Son unos años en los que Pixar trabajó incansablemente para dejarnos un producto de excelsa calidad al año, irradiando entusiasmo y amor por el arte de hacer buen cine. Recogiendo óscar tras óscar. Amasando dinero y más dinero. Sonriendo y saludando, como una mujer de Stepford. Y por dentro, lejos de la atención de nosotros los espectadores, pasando por el periodo más oscuro de su existencia. A todos nos ocurriría lo mismo si en el momento culminante de nuestra carrera descubriéramos la existencia de un gemelo malvado que amenaza con destruir todo por lo que hemos luchado y violar nuestro legado. El nombre del gemelo malvado de Pixar era Circle 7 Studios, y su historia, terrible, trágica y plagada de desnudos parciales, merece ser contada en The R Lounge.

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I Believe I Can Act: Cuando Michael encontró a Bugs

Me hice mayor en 1998. Recuerdo el instante como si fuera ayer. Tenía diez años, y como acostumbraba en aquellas lejanas y despreocupadas tardes de los lunes estaba en casa de mi abuela, viendo dibujos en la salita. No recuerdo si Conan o Azuki. Entonces, en un corte publicitario, pasaron un anuncio de Mulán, la película que la Disney nos tenía preparada aquel año. Sé, amigo lector, que te sientes inquieto ante la posibilidad de un relato de inexperta autoexploración corporal al estilo de las Aventuras Masturbatorias de Sally Draper, así que permíteme tranquilizarte: no es el caso, al menos hoy. Una película en la que la heroína se pasa casi todo el tiempo vestido de hombre no ofrece grandes posibilidades en ese sentido. El spot en cuestión, que llegaron a pasar aproximadamente un millón de veces al día por la tele, insistía en la ¿hilarante? presencia de Mushu a través del momento en el que afirma que él no es un lagarto enviado por los ancestros. “Dragón, no lagarto, yo no hago eso de la lengua”, y concluye haciendo eso de la lengua. En ese instante fruncí el ceño, algo que he hecho tantísimas veces en mi vida desde entonces que me ha dejado cuatro marcas visibles en la frente. En ese instante pensé: “¿por qué tiene que haber siempre un personaje que va de listo y de graciosillo?”. En ese instante me hice viejo.

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Roselló Rant: Sobre los Goya

Aquí en The R Lounge no me gusta hablar de cosas tan coyunturales como las galas de premios, ni tampoco suelo escribir entradas cortas. Hoy voy a hacer las dos cosas, porque anoche me llamaron la atención tantas cosas, mejor dicho, tantos síntomas, que tengo el deber moral de compartir mis valiosas impresiones contigo, amigo lector. La isla mínima arrasó, El niño pudo destacar en los premios técnicos, Magical Girl perdió, el presentador de la gala se llevó un premio gordo –y un Goya también, you know what I mean– y Mortadelo y Filemón vencieron a Ratatoing y su secuela. Pero más allá de todo eso, la gala de anoche de los premios Goya fue una gala en la que hay que destacar:

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The Big Five: una historia visual (III)

Ahoy, intrépido navegante, si vienes del lugar correcto acabas de bucear por la segunda parte del épico repaso a la historia visual de los emblemas de los estudios de Hollywood. De esos cinco ya hemos desgranado cuatro, y de este modo terminamos con un rápido y nostálgico recuerdo del único difunto, la única baja registrada entre los cinco gigantes del Hollywood clásico. ¡Qué entre King Kong! ¡Que entre la RKO!

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The Big Five: una historia visual (II)

Continuemos con nuestro repaso a la historia visual de los logotipos de los estudios míticos de Hollywood, que al final quise meter más orcos y cosas raras y tuve que dividirla en tres trozos. Una vez resueltos Paramount y la Metro en la primera parte, sigamos con…

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The Big Five: una historia visual (I)

Advertencia: La entrada de hoy está eminentemente protagonizada por judíos.

¡Cómo nos gusta el cine! La emoción de introducirnos en un mundo por explorar y de embarcarnos en un viaje espacial que nos llevará a miles de millones de kilómetros de la realidad es una experiencia mágica al alcance de nuestra mano. Durante una hora y media –o tres si quieren avisarnos de que ojo, esto es una película de las güenas– nos olvidaremos del mundo real y soñaremos que formamos parte de una aventura maravillosa junto con los astros de la pantalla que más amamos. Ya desde el minuto uno salta esa chispa electrizante, bastan un par de notas de la sintonía que acompaña al escudo del estudio para que HUELA A CINE. Estos escudos son, desde tiempos inmemoriales, los auténticos anfitriones de las películas, los que te invitan a dejarte llevar y a dejar de mirar a tu puñetero móvil durante dos miserables horas, porque la maldita pantalla de tu iPhone de mierda se ve desde quince filas de distancia. Estos escudos pertenecen, como no, a las factorías de los sueños de las que salen las películas, y ya forman parte del imaginario colectivo… aunque la industria se empeñe en confundirnos con una segmentación corporativa cada vez más desquiciante y con millones de absurdas compañías de logos deliberadamente equívocos que sólo tras diez frustrantes segundos adivinamos como logos y no como la intrigante primera escena de la película.

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La equívoca trilogía mafiosa de Scorsese

Desde que en 2006 Martin Scorsese –ese enano loco que se metió tanta droga en los setenta que, en sus propias palabras, cerró la década supurando sangre por el culo– estrenó Infiltrados y le dieron ese óscar a Toda Una Carrera disfrazado de premio a la mejor película, suelo hablar de la Trilogía Mafiosa de Scorsese, trilogía obviamente compuesta por ésta, Uno de los nuestros y Casino. Bueno, yo y muchos, probablemente. Lo último que ha estrenado se llama El lobo de Wall Street y nos lleva a plantearnos muchas cosas sobre la trayectoria mafiosa de Scorsese hasta el momento.

Uno de los nuestros es mi película favorita de mafiosos, la mejor, la más perfecta, incluso por encima de la exquisita pieza maestra de Coppola. Compararlas es tan absurdo como pertinente, porque ambas se parecen como un huevo a una castaña y sus méritos son completamente distintos, pero al mismo tiempo supusieron, con una diferencia de dieciocho años entre las dos, el giro de ciento ochenta grados que el subgénero de gángsters necesitaba en el momento exacto. El padrino es la sobrecogedora historia sobre lo que puede llegar a ocurrir en una familia de reyes –y lo vulnerable que ésta puede llegar a volverse– durante un periodo de sucesión; Uno de los nuestros es la historia de tus vecinos los mafiosos. El padrino es a lo que las mafias reales quieren –e intentaron–parecerse, Uno de los nuestros es lo que son. Scorsese no oculta los aspectos más vulgares y engorrosos de la vida del matarife a sueldo, algo que estaría completamente fuera de lugar en la inmensa tragedia griega de Coppola, y es precisamente eso lo que hace a Uno de los nuestros tan importante, tan necesaria.

Homo Ray Liotta
Que dice mi novia que Ray Liotta se ríe como una marica locuela.

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Si Walt levantara la cabeza

Hail Powerline, querido lector. ¿Has visto ya Frozen? ¿Sí? Estupendo, porque yo también. Y no sé tú, pero yo me hallo desconcertado. El crítico de a pie le dedica sus adjetivos más sensuales, el fan de a pie insiste por enésima vez en internet en que la nueva Edad de Oro ya está aquí y el John Lasseter de a pie sigue siendo alabado como el Salvador del legado de Walt Disney. Y yo no puedo evitar preguntarme: ¿se ha vuelto loco todo el mundo? La nueva Edad de Oro apesta sospechosamente a podrido desde el momento en el que empieza a hablarse de ella antes de que lleguen las películas que traen consigo esa nueva era y no después, John Lassetter se dedica a despedir a todo director que insista más de lo conveniente en un punto de vista artístico vagamente arriesgado y por culpa de una serie de males que tienen su raíz en esta dictatorial política convencionalizadora Frozen es, dicho claramente, una mala película.

¿Qué pasó con ese tono oscuro que nos prometían hace un año?

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