Archivo de la categoría: The R Movies

Breve historia de la canción bondiana (III)

En el episodio anterior, James Bond se reencarnó con los rasgos de Roger Moore, pero éste no fue el único cambio notable en la serie. Musicalmente, Broccoli y Saltzman se atrevieron a forzar los límites del sonido bondiano con su mayor éxito hasta el momento, el Live and Let Die de McCartney, para en poco tiempo acomodarse Broccoli —ya en solitario con la marcha de Saltzman en 1975— en una inercia conservadora dominada por la balada femenina que al menos dio lugar a un único tema maravilloso. El punto final a la era Moore lo puso Duran Duran en un muy necesitado cambio de ritmo, y en este momento, con la vista puesta en una remodelación más cruda y con los pies en la tierra de la serie y Timothy Dalton poniéndose el smoking, es donde retomamos nuestro viaje. Let’s go. Sigue leyendo Breve historia de la canción bondiana (III)

Breve historia de la canción bondiana (II)

En el episodio anterior conocimos los orígenes de la tradición musical de James Bond, presenciamos el nacimiento del inmortal sonido que John Barry convirtió en sinónimo de la serie para toda la eternidad y, con la entrada en los 70, comenzamos a percibir los primeros y tímidos coletazos de nuevos sonidos reptando hacia el tejido musical de la serie. Con la marcha ahora sí definitiva de Sean Connery y la incertidumbre en el horizonte —el experimento Lazenby había fracasado—, era un momento idóneo para que nuestros héroes Broccoli y Saltzman se decidiesen a modernizar sin sutilezas el concepto de single bondiano. Vamos allá. Sigue leyendo Breve historia de la canción bondiana (II)

Breve historia de la canción bondiana (I)

007 ha vuelto a los cines. Parece mentira, pero 007 ha vuelto a los cines. Una cosa bonita de la saga de James Bond, y que cierta compañía gigantesca y hambrienta cual Galactus con orejas de ratón se ha empeñado con gran eficacia en suprimir de otras series de películas de las que sí ha logrado apoderarse, es esa sensación de estar ante un evento poco frecuente. Las películas de James Bond salen con una frecuencia de dos, tres o cuatro años, y entre una y otra no existen series de televisión sobre las aventuras de Moneypenny ni ambiciosas precuelas que dan respuesta al fin al enigma de cómo fue la vida de M en las sucias calles llenas de hollín del barrio industrial. Tampoco hay cómics, reencarnaciones en Lego o especiales de navidad directos a streaming cuyos responsables corren a aclarar públicamente —acorde a sus obligaciones contractuales— lo imprescindibles que son para poder seguir la continuidad de las próximas películas. Empezar a ver en las marquesinas de la ciudad posters de Sin tiempo para morir de un mes para acá ha sido emocionante. Es un sentimiento dulce.

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Indiana Jones y los diez años de quejas estúpidas

Esta navidad, con El último Jedi aún caldeando ese civilizado foro de debate que es internet, estuve hablando de La Guerra de las Galaxias con mis dos primos pequeños, que tendrán unos once y trece años respectivamente. Los mocosos me sorprendieron. En el documental El pueblo contra George Lucas se plantea la duda razonable de si la pésima opinión general acerca de la trilogía de Anakin no podría ser el resultado de un simple choque contra una generación que tan asimilado tiene el estilo y las intenciones de las tres películas originales que nada que se atreviese a querer buscar su propia identidad (como de hecho ocurre con los episodios I, II y III) iba a tener la más mínima oportunidad. Muchos de los entrevistados se remiten al caso de niños que han crecido en el momento ideal para disfrutar y sentir suya la trilogía de Anakin, niños que de hecho no ven nada malo en Jar Jar Binks porque es parte de su Guerra de las Galaxias, del mismo modo que otros no queremos estampar a 3PO contra la pared del Halcón Milenario en El imperio contraataca porque forma parte de nuestra Guerra de las Galaxias. Sigue leyendo Indiana Jones y los diez años de quejas estúpidas

Nacimiento, vida y prematura muerte de Circle 7 Animation

Los siete años que van desde 1999 hasta 2006 son lo que me gusta llamar cariñosamente la Era Stepford de Pixar. Entre estos años Pixar estrenó Toy Story 2, Monstruos S.A., Buscando a Nemo, Los Increíbles y Cars. Exceptuando la crónica postapocalíptica sobre el mundo inmediatamente posterior a la victoria de Skynet que es Cars, se trata de una lista intachable, y nadie podría haber adivinado las dificultades y problemas que estaba atravesando la compañía de John Lasseter entre bambalinas. Son unos años en los que Pixar trabajó incansablemente para dejarnos un producto de excelsa calidad al año, irradiando entusiasmo y amor por el arte de hacer buen cine. Recogiendo óscar tras óscar. Amasando dinero y más dinero. Sonriendo y saludando, como una mujer de Stepford. Y por dentro, lejos de la atención de nosotros los espectadores, pasando por el periodo más oscuro de su existencia. A todos nos ocurriría lo mismo si en el momento culminante de nuestra carrera descubriéramos la existencia de un gemelo malvado que amenaza con destruir todo por lo que hemos luchado y violar nuestro legado. El nombre del gemelo malvado de Pixar era Circle 7 Studios, y su historia, terrible, trágica y plagada de desnudos parciales, merece ser contada en The R Lounge.

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I Believe I Can Act: Cuando Michael encontró a Bugs

Me hice mayor en 1998. Recuerdo el instante como si fuera ayer. Tenía diez años, y como acostumbraba en aquellas lejanas y despreocupadas tardes de los lunes estaba en casa de mi abuela, viendo dibujos en la salita. No recuerdo si Conan o Azuki. Entonces, en un corte publicitario, pasaron un anuncio de Mulán, la película que la Disney nos tenía preparada aquel año. Sé, amigo lector, que te sientes inquieto ante la posibilidad de un relato de inexperta autoexploración corporal al estilo de las Aventuras Masturbatorias de Sally Draper, así que permíteme tranquilizarte: no es el caso, al menos hoy. Una película en la que la heroína se pasa casi todo el tiempo vestido de hombre no ofrece grandes posibilidades en ese sentido. El spot en cuestión, que llegaron a pasar aproximadamente un millón de veces al día por la tele, insistía en la ¿hilarante? presencia de Mushu a través del momento en el que afirma que él no es un lagarto enviado por los ancestros. “Dragón, no lagarto, yo no hago eso de la lengua”, y concluye haciendo eso de la lengua. En ese instante fruncí el ceño, algo que he hecho tantísimas veces en mi vida desde entonces que me ha dejado cuatro marcas visibles en la frente. En ese instante pensé: “¿por qué tiene que haber siempre un personaje que va de listo y de graciosillo?”. En ese instante me hice viejo.

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Roselló Rant: Sobre los Goya

Aquí en The R Lounge no me gusta hablar de cosas tan coyunturales como las galas de premios, ni tampoco suelo escribir entradas cortas. Hoy voy a hacer las dos cosas, porque anoche me llamaron la atención tantas cosas, mejor dicho, tantos síntomas, que tengo el deber moral de compartir mis valiosas impresiones contigo, amigo lector. La isla mínima arrasó, El niño pudo destacar en los premios técnicos, Magical Girl perdió, el presentador de la gala se llevó un premio gordo –y un Goya también, you know what I mean– y Mortadelo y Filemón vencieron a Ratatoing y su secuela. Pero más allá de todo eso, la gala de anoche de los premios Goya fue una gala en la que hay que destacar:

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The Big Five: una historia visual (III)

Ahoy, intrépido navegante, si vienes del lugar correcto acabas de bucear por la segunda parte del épico repaso a la historia visual de los emblemas de los estudios de Hollywood. De esos cinco ya hemos desgranado cuatro, y de este modo terminamos con un rápido y nostálgico recuerdo del único difunto, la única baja registrada entre los cinco gigantes del Hollywood clásico. ¡Qué entre King Kong! ¡Que entre la RKO!

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The Big Five: una historia visual (II)

Continuemos con nuestro repaso a la historia visual de los logotipos de los estudios míticos de Hollywood, que al final quise meter más orcos y cosas raras y tuve que dividirla en tres trozos. Una vez resueltos Paramount y la Metro en la primera parte, sigamos con…

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