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Walt Disney, los ¿clásicos?

Hoy os brindo una de esas entradas negativas y llenas de malas intenciones que tanto hacen por la buena salud de este blog y que a este paso acabarán siendo las únicas en seguir creciendo en número. Sabido es a estas alturas de la película que soy fan fatal de Disney y todo lo que tenga que ver con ello, ya sea bueno y malo. Disfruto con las mejores películas y adoro destrozar los peores bodrios. No por nada  tengo control casi absoluto sobre las infames secuelas directas a vídeo, desde La bella y la bestia, una navidad encantada hasta Tod y Toby 2. Sin embargo, no toda la mierda está acumulada en este triste submercado doméstico gestionado por monos con corbata. La división animada principal de los Walt Disney Studios también tiene sus puntos oscuros, más de los que parecen a simple vista. Recordemos la llamada “etapa negra”, que abarca desde la muerte de Walt en 1966 hasta 1988, y la verdadera etapa negra, la del nuevo siglo, que hizo evidente que la primera etapa negra no estaba tan mal como creíamos. Como es de esperar en un estudio tan legendario y justamente popular como el que tratamos, a veces los puntos negros son más bien películas fallidas sin más, productos que se quedan por debajo de lo esperado en el sello Disney y que no juzgaríamos con tanta dureza si viniesen de una compañía más humilde o mediocre. ¡Acompáñenme por este apasionante recorrido a través del mágico mundo de los diez peores largometrajes animados Disney, con ilustrativos vídeos que recogen los peores aspectos (o a veces los mejores) de las películas!

Hoy, en Lo Más Bajo...

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Los bodrios que me gustan

Ayer la señorita Belén mencionó repentinamente una película que a lo mejor os suena: Jesucristo cazavampiros. Claro que os suena. Caspa, serie B, despiporre, qué risa. La mención de la película de marras hizo que volviese a mi mente algo que había estado pensando días atrás, y que ahora tendréis que escuchar. Mala suerte, ya sabéis a quién echarle la culpa.

A no ser que tus amigos sean de los de polo de Lacoste, fiestuki por la noche y 40 principales (dejadme catalogar a la gente en paz, llegaremos antes al meollo), te será familiar esta situación: un puñado de frikis (que a día de hoy significa que se descargan Perdidos en inglés) han quedado para hacer un maratón de cine cutre. Pero no cutre tipo George A. Romero, sino cutre-cutre; expoitations ponzoñosos de presupuesto en números negativos, títulos rocambolescos, chistes de vergüenza ajena y casi siempre, casquería y sexo gratuitos. Estos amiguetes, que se caracterizan por ser unos cachondos, en palabras de sus conocidos o de las personas que les ven cantando la canción de Heidi por la calle a voz en grito, tienen fama de ir a su bola. Viven para “echarse unas risas”: lo hacen a todas horas, temen que puedan morir si dejan de reír a cierta intensidad. Y por eso se reúnen para ver cine casposo, para asegurar un suministro de risas frikis que dure unas cuantas horas. Se ríen cada vez que en la película ocurre algo truculento, tenga o no gracia. Es una norma básica. Veneran las películas en inversa proporción a su calidad y les encanta sentir que son unos colgaos que van a su bola porque ven cine de mierda que a nadie le gusta pero que a ellos les provoca la extraña reacción de decir a voz en grito “¡es Dios, es Dios!” cada cinco minutos, fenómeno que, como dice Manolito Gafotas, tiene desconcertados a científicos de todo el mundo.

Qué friki, pone una foto de Heidi en su blog.

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14 sencillos pasos para ser el perfecto protagonista de una comedia romántica

Anoche, un desmoralizante visionado de La boda de mi novia (¿a qué viene ese título si no es su novia?) me dio mucho que pensar. La existencia de un patrón manido hasta el hartazgo se hace tangible en la comedia romántica hasta límites difíciles de creer fuera de un universo paródico. La boda de mi novia supera todo lo visto hasta ahora. La mayoría de comedias románticas de hoy, tanto las buenas (dos) como las malas (tres mil ochocientas veinticinco) incurren en algunos de los tópicos fácilmente reconocibles del género, esos lugares comunes que nos hacen estar seguros de a qué género nos estamos enfrentando. Pero sólo a unos pocos. La boda de mi novia, en cambio, pasará a la Historia por ser la primera comedia romántica que los aglutina todos en la misma historia, sin ningún tipo de vergüenza. Así pues, a partir de la horrorosa, ultraprevisible y vergonzosa La boda de mi novia (en realidad, cualquier otra vale) se puede establecer un catálogo que yo llamaría 14 SENCILLOS PASOS PARA SER EL PERFECTO PROTAGONISTA DE UNA COMEDIA ROMÁNTICA. Una vez hayáis activado en el vídeo de abajo la banda sonora que os acompañará a lo largo de la lectura, podemos empezar. Vamos allá.

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