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Bienvenida a Hogwarts

28 Nov

carta-dumbli

El último horrocrux

20 Jun

Harry se despertó sobresaltado. Se tocó la cicatriz con un gesto de dolor; hacía semanas que no le dolía tanto.  Al principio no reconoció el lugar en el que estaba, pero pronto reconoció la tela de la tienda de campaña en la que dormía y los dos bultos entre los que se encontraba. Aún no entendía el extraño enfado de Hermione y de Ron cuando Harry decidió que le apetecía dormir entre los dos aquella noche. Les miró con cierto resentimiento. ¿Acaso se habían olvidado de que sus padres habían muerto trágicamente? ¿De que aquello le legitimaba para hacer lo que quisiera exactamente cuando quisiera? Era Harry Potter. Y ellos, al menos ahora, sólo dos bultos que roncaban y que en algún momento de la noche debieron cogerse de la mano, pues así seguían aún estando dormidos, justo encima de la entrepierna de Harry, para más señas. Suspiró y, a oscuras, decidió que por muchas ganas de mear que tuviese, el bosque estaba demasiado húmedo y hacía demasiado frío, sin contar con que a fin de cuentas el saco de dormir de Ron ya estaba mojado de Beedle el Bardo sabe qué. Tras aliviarse disimuladamente, rebuscó en su cartera una vieja foto en movimiento. La miró con cariño. Mostraba a su padrino Sirius cayendo despatarrado una y otra vez por el agujero tras el velo, en un bucle infinito. Aquella foto impedía que Harry olvidase lo que siempre hizo especial a su padrino: su capacidad para provocar los mayores desastres imaginables y acabar cómicamente herido. Inevitablemente, la mente de Harry comenzó a viajar hacia otros instantes de su vida posterior al momento en el que descubrió que era mago. Por un momento, Harry tuvo la impresión de que no fue ni hacía una semana que el sombrero seleccionador lo mandó a Gryffindor tras un sustancioso soborno con el dinero que robó al confiado Hagrid durante el viaje en barca hacia el castillo.

Graduación de Gryffindor (promoción de 2007).

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Regreso a la cámara de la muerte

23 Ene

La tranquilidad de la noche en Privet Drive se vio súbitamente interrumpida por un destello luminoso que apareció por el final de la calle acompañado de un creciente ruido. El Autobús Noctámbulo atravesó como una exhalación la carretera, a tal velocidad que a veces las ruedas ni siquiera tocaban el suelo.

Al volante, un enloquecido Sirius Black hacía bruscos gestos para evitar atropellar a los gatos que iban saliendo a su paso. Tras el asiento del conductor, Harry Potter, el niño que vivió, estaba agazapado entre lastimeros llantos y en calzoncillos, convencido de que de un momento a otro se estrellarían brutalmente y lamentándose de no poder sobrevivir aunque sólo fuera para sacar a la policía de su error cuando ésta descubriera su cadáver semidesnudo junto al de un desaliñado adulto de cuestionable y vicioso aspecto.

−¡Agárrate, apadrinado, porque voy a poner a este autobús en órbita!

Harry observó la desquiciada cara de Sirius y se preguntó por qué todas las desgracias del mundo mágico tenían que ocurrirle a él. No era suficiente con haber descubierto su condición de horrocrux, haberse enterado de que tenía una enloquecida hermana melliza que había arruinado la última cena protocolaria del Ministro con una tarta explosiva y haberse visto envuelto en un cómico malentendido no exento de connotaciones homosexuales con Draco Malfoy la semana pasada. Ahora se dirigía a por lo menos doscientos kilómetros por hora hacia un destino fatal, convencido de que aquel viejo autobús sería su féretro, compartido con su padrino Sirius. Le miró. Todo había ocurrido demasiado rápido. Y no sólo el hecho de encontrarse en tan temible situación. El retorno de su padrino de entre los muertos pocos días antes era algo que aún no había tenido tiempo de asimilar.

Si metes en google "Harry Potter Comedy" esto es lo primero que sale.

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