Archivo de la etiqueta: Henry Mancini

La Pantera Rosa, a través de sus créditos

Tengo una debilidad especial por Blake Edwards. Siempre le he visto como un genio infravalorado por el mero hecho de que mientras que otros igualmente geniales como Hitchcock o Wilder experimentaban con los elementos mejor considerados de lo que llamaríamos cine de primera clase, él se especializó en los resortes de algo tan sencillo y puro como la comedia física. Y con la comedia física Edwards hacía arte. Como no he visto Operación Pacífico, no tengo más remedio que situar las primeras muestras de su amor por el slapstick en Desayuno con diamantes, donde no pudo resistirse a dejar caer unas cuantas gotas experimentales de comedia física, destacando por encima de todo la secuencia de la fiesta. Esta idea sería magnificada y perfeccionada en esa película sin argumento más allá de “un patoso en una fiesta” que Edwards rodaría en 1968: El guateque, el tratado definitivo de anatomía de la comedia. Antes de ésta Edwards rodó la entretenida ¿Qué hiciste en la guerra, Papi?, y antes de ésta, la descomunal, maravillosa y estrafalaria La carrera del siglo, con una dedicatoria inicial que es toda una declaración de intenciones: “A Laurel y Hardy”. El fracaso de La carrera del siglo contrastó fuertemente con el éxito de su anterior película, una comedia ambientada en esos entornos llenos de clase que a Edwards le gustaba dinamitar a la vez que se rendía ante ellos, en el que un patoso agente de policía francés perseguía al ladrón de un valioso diamante. Clouseau se llamaba el inspector que con sus payasadas de dibujo animado se introducía en un mundo real en el que en absoluto encajaba, y La pantera rosa era el nombre de la película. Para levantar este proyecto, Edwards contó por primera vez con Peter Sellers, que venía de interpretar al doctor Strangelove, y con Henry Mancini, que ya le había dado más de una alegría con la gloriosa partitura de Desayuno con diamantes.

Podía hacer reír a todos... salvo a sí mismo.

Seguir leyendo La Pantera Rosa, a través de sus créditos