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Roselló Rant: En la cola del preestreno

11 May

Ayer, sábado, me levanté a las nueve menos cuarto de la mañana para ponerme en una cola frente a la Fnac y pillar una entrada para el preestreno del nuevo Godzilla. Habrá a quien esta afirmación no le parezca una proeza, a fin de cuentas a esa hora ya brilla el sol, y probablemente tengan razón; pero a mí me cuesta mucho levantarme más allá de esas horas en fin de semana –o cualquier día– y los pocos días que consigo dormir en condiciones sin levantarme anormalmente temprano son pocos, así que lamenté especialmente tener que arrastrarme de la cama y salir a un entorno hostil precisamente ayer. Si no sabes cómo funciona esto de los preestrenos de la Fnac, lo explico: de tanto en cuando la Fnac manda un pequeño y misterioso sobre negro sin remitente ni información ni logotipos –tan sólo de vez en cuando una esvástica dorada– a sus socios. Éste contiene una nota informativa sobre algún próximo preestreno exclusivo para el que se repartirá gratuitamente un número limitado de entradas en cada Fnac de España un día concreto y a una hora concreta. Tan sólo hay que hacer cola y confiar en que las entradas no se acaben antes de que te toque a ti. Luego, ya que estás allí puedes darte una vuelta por la Fnac y comprar cosas, eventualidad que sin duda es una feliz consecuencia no premeditada por la empresa.

En este caso la película era, como ya he dicho, las nuevas aventuras americanas del viejo Godzilla, esta vez sin crías avelocirraptorizadas ni chivos expiatorios francófonos ni el 66’6% del reparto masculino de Los Simpson. La fecha, ayer sábado. La hora, las once de la mañana; y el lugar… la Fnac que más cerca te pille. En mi caso esa Fnac era la de la Castellana –trágicamente reducida a dos plantas hace poco–. Daban veinte entradas y ni una más, así que estar allí a las nueve y cuarto para conseguir una parecía lo adecuado. Y aun así fui justito, cuando llegué la cola ya era respetable. Conté: menos de veinte personas. Suficiente. Iba a estar casi dos horas allí, pero tenía a mi buen amigo El Libro para hacerme compañía y en cualquier caso la espera parecía merecer la pena. Tenía –tengo– muchas ganas de ver al Dios de los Monstruos tragando a su pesar las mentiras de The One Who Knocks acerca de sus desapariciones en mitad de la noche y preguntándose de dónde ha salido el dinero para el tratamiento para el cáncer que probablemente no haya sido accidental –recordemos que Godzilla es un ser radiactivo–.

Sin embargo, cuando finalmente llegó la hora, las entradas se acabaron exactamente dos personas por delante de mí.

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