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¡Encasillados por pelotas!

Ni Hugh Grant ni Bruce Willis ni leches. El encasillamiento puede ir más allá de pobres etiquetas tipo “héroe de acción” o “galán cómico”. Así también sé encasillarme yo, fíjate tú qué cosa. Hoy voy a hablar de casos tan extremos que producen risa de absurdos que suenan, casos que he ido descubriendo a lo largo de años de señalar a la pantalla y decir “¿otra vez ese tío? ¿es que no sabe hacer otra cosa o qué?”. Gente no muy conocida, en la mayoría de los casos, aunque todo es relativo. El primero de la lista, sin ir más lejos, no tenía nombre para mí hasta que lo he buscado en IMDB para escribir esto. En el otro extremo, tenemos de invitados a dos estrellas de relumbrón cuya presencia se justifica por lo curioso de su encasillamiento y a un tipo bastante gracioso y bastante cansino que hace mucho tiempo que dejó de ser familiar sólo para los seguidores del cine más casposo. Así que sin más preámbulos, vamos allá.

¡Oro asul!

Omid Djalili, el guía árabe: ¿Puede alguien crearse una carrera en Hollywood a base de repetir una y otra vez el papel de traficante de esclavos y/o guía de expediciones exóticas? Esta especie de Danny DeVito arabesco es la prueba viviente de que esto es posible. Estamos tan acostumbrados a verle rodeado de esclavos para vender o guiando alguna misteriosa expedición que nos incomoda verle haciendo de persona normal, con su chaqueta o su camisa, en ambientes urbanos y actuales. Su medio es la arena del desierto, y su época, el pasado más ignoto. Es una figura tan evocadora como una estatua del Dios Anubis. Una película de época (de romanos, por ejemplo) puede haber invertido millones de dólares en decorados, vestuario y parafernalia y aún así no conseguir ese toque milenario, ese aliento épico capaz de transportar mágicamente al público a la época de los gladiadores. No sin Omid Djalili. Es un elemento de atrezzo tan indispensable como los turbantes o las armaduras (no ocurre lo mismo con Hans Zimmer). Un mercado de esclavos no dirigido por él no es un mercado de esclavos de fiar. Un guía árabe que no sea él podría perderte en el desierto. Su eficacia no se puede discutir: en Gladiator demuestra sus dotes como vendedor de esclavos, en Sky Captain, sus sabios conocimientos de guía en expediciones peligrosas; y, por si quedaba alguna duda de su potencial, en La momia hace las dos cosas.

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