Cuando se estrene el Episodio III…

19 Nov

Hola, soy Leonard Maltin. A veces, cuando leemos una entrada de The R Lounge que recicla ideas y fragmentos de escritos antiguos, nos encontramos con que algunos de sus aspectos pueden herir la sensibilidad de los lectores actuales, incluso acercándose al terreno de lo políticamente incorrecto. Debemos tener en cuenta que nuestra mentalidad no es la mentalidad de los lectores de 2004, y que debemos afrontar la lectura con cierta relatividad, incluso cuando el autor aplaude actualmente sus ocurrencias de entonces y sigue recreándose en estereotipos y comentarios deliberadamente ofensivos. Sea incorrecto o no, lo que no podemos negar es que se trata de valiosos documentos que nos permiten comprender un poco mejor cómo era la mentalidad de nuestra sociedad hace seis años, y que lo más importante es que nos siguen haciendo reir como entonces con su humor imperecedero. Disfrútenlo.

La primera película con la que estuve pendiente de cada noticia, cada dato filtrado, cada imagen robada, cada comunicado oficial y cada chorrada desde su mismo origen fue el Episodio III de La guerra de las galaxias. Hoy día es costumbre habitual pasarme horas en internet averiguando qué ideas se comenta que tienen posibilidad de dar lugar al rumor de que quizá acaban siendo llevadas a la pantalla. Pero hasta ese momento, mi primer contacto con una película solía ser el teaser poster, o un tráiler en el mismo cine, o una noticia llegada desde el festival de Cannes o San Sebastián. Pero todo esto cambió con La venganza de los Sith. Desde que se me pasó la resaca post-Ataque de los Clones, y en compañía de los mil veces mencionados Fernando y Hempfreud, estuve picoteando noticias, comentarios, recortes y rumores sobre el capítulo definitivo que cerraría una saga mítica el día 19 de mayo de 2005. Con este plan, no es de extrañar que conforme se acercaba el día del estreno, nuestros nervios iban en aumento; hasta el punto de que muchos meses antes del estreno, allá por noviembre de 2004, empezamos a reunirnos para organizar un plan espectacular para el 19 de mayo, un día al que llamaríamos Día V (por Vader) y que debía ser desde ya el más inolvidable de nuestras vidas, desbancando al de la pérdida de la virginidad en el caso de Fernando y al de cuando Antena 3 puso por fin el noveno Halloween de Los Simpson sin cortar la intro en el mío. El plan, al que dimos forma a lo largo de una inacabable serie de recreos, debía incluir un visionado completo de la saga, a ser posible con los episodios I y II antes de ir al cine y los IV, V y VI después; y debía excluir a cualquier ser vivo externo a nuestro triunvirato. Es decir, que nadie más podía venir con nosotros. Para asegurarnos, nos encargamos de advertir esto a todo aquél que se puso por delante en casa y en el instituto, haciendo hincapié, con una hipocresía más que admirable, en que más que por nosotros lo hacíamos para evitarles a ellos un aburrimiento mortal entre tanta discusión galáctica indescifrable. El elitismo no iba con nosotros. Afortunadamente, nadie puso ningún problema. En lugar de ello, prácticamente todo el mundo respetó nuestra huraña actitud; aunque Papi (the Big Man), más que respetarnos, se mofó de nuestra histriónico fanatismo, diciendo que no vendría con nosotros aunque le invitáramos, porque le parecíamos patéticos.

En el fondo todos queríamos lo mismo que Ross.

Nadie parecía ir a interponerse en nuestro camino. O casi nadie. Porque en realidad sí hubo alguien que se empeñó en venir con nosotros: Pollo. El llamado Pollo (conocido en este blog por sugerir juegos relacionados con galletas y semen) se obstinó en que tenía el derecho legítimo a venir con nosotros como gran fan de La guerra de las galaxias. Este último dato tan dudoso tiene su explicación, que no justificación. Aquella explosión de nervios pre-Episodio III pilló a Pollo en una fase de incertidumbre personal, así que se dedicaba a moldear su personalidad y sus gustos a la medida de quien pillaba más cerca, como hacia Mickey con Vince en un capítulo de La banda del patio. Ignoro quién era su modelo a seguir (y tratar de complacer) fuera de clase, pero dentro de los muros del instituto éramos Fernando, Hempfreud y yo, vete tú a saber por qué. Así que todo aquel curso Pollo se lo pasó tratando de demostrar lo fan que era de una cosa que por lo que yo sé, siempre se la había traído al fresco; todo para asegurarse un hueco en el grupillo que sin duda sería el foco de admiración de todos los canis y frescas con tanga hasta los sobacos del instituto el día 19 de mayo. Su técnica consistía, e grandes rasgos, en romper un silencio o una conversación sobre cualquier tema con forzadas apreciaciones sobre La guerra de las galaxias sin venir a cuento. Aquello no despertaba solo mi irritación, sino también mi lástima, porque con cada cosa que decía metía la pata. Pongámonos en situación: estoy en la clase, en primera fila, condenado a pasar el curso sentado junto a Pollo y acabando a toda velocidad cualquier tarea atrasada, cuando mi alegre compañero de pupitre salta con un comentario galáctico aleatorio, sin duda sacado de internet y estudiado concienzudamente antes de venir al instituto para soltarlo desinteresadamente.

POLLO: Jope, Rose, me encantan los droides AT-RT, son mis favoritos.

ROSE (que soy yo, de ahí que no se pronuncie “Rous”): No sé a qué viene eso. Además, en La guerra de las galaxias no hay ningún droide que se llame “AT-RT”.

Entonces Pollo entra en zona minada y empieza a perder los papeles.

POLLO: Bueno, yo me refiero… (Comienza a sudar). Eh… Me refiero a los que parecen unas gallinas…

Craso error. Clásica respuesta de persona desprovista de la presencia de la Fuerza.

ROSE: (Recreándome en un tono francamente arrogante.) Muy bien, Pollo, tú te refieres a los AT-ST imperiales, pero eso de llamarlos “gallinas”…

POLLO: No… ¡No quería decir eso! Lo que yo…

ROSE: Ya está bien. De todas formas no sé por qué me sales con eso ahora.

Aunque la verdad es que en su momento dijo burradas mayores. Una vez comenzó a hacer ver que había visto todas las películas y dijo que las naves que salían en La Amenaza Contraataca le parecían demasiado lentas. Si a esto añadimos que un día me preguntó como quien no quiere la cosa que si Darth Vader era de los buenos o de los malos (comenzando con un estratégico y presuntamente desinteresado “oye, ¿me podrías recordar, por favor…?”), el asunto adquiere tintes dramáticos. Una mañana, durante uno de aquellos recreos en los que Hempfreud, Fernando y yo nos reuníamos para seguir dando forma al plan perfecto del Día V, Pollo se autoincluyó en el grupo y comenzó a sugerir horarios ilógicos para el gran día y cosas que hacer, hablando en la muy poco probable primera persona del plural. Durante su magnífica intervención incluyó oportunos detalles que insinuaban que él era parte fundamental del grupo y que sin él no había Día Galáctico, en forma de comentarios del tipo “Mi madre nos podría dejar en el cine en un minuto porque tiene que pasar por allí, y así no perdemos tiempo”. Como sus rabietas solían ser del copón, le dejábamos hablar y hacerse todas las ilusiones del mundo.  En cualquier caso, él no había firmado con sangre recién extraída de las venas de su muñeca el Contrato Galáctico, formulario a todas luces excesivo que Hempfreud, Fernando y como yo sí cumplimentamos. Para formalizar el contrato, incluimos la firma del primer individuo que pasó por allí, el bueno de Espresati (el mafioso skinboarder de la clase), al que otorgamos momentáneos poderes notarios.

Provisionalmente pongo la foto de un mono pensativo, pero en cuanto recupere el contrato pondré aquí una foto para que veáis con vuestros propios ojos que no era broma.

Cuando tuvimos el maravilloso día V organizado, que incluía sesiones de las películas clásicas hasta las cinco de la mañana, Pollo, empeñado en unirse a nosotros o destruirnos, nos indicó que el 19 de Mayo caía en jueves, no en viernes. Aquella revelación sobre el flujo del tiempo sobre la cual Pollo no tenía el más mínimo control se convirtió en otro motivo más para no dejarle venir con nosotros. Además, nos obligó a reformular nuestro plan desde otra óptica más complicada: teniendo que ir al instituto al día siguiente no podíamos quedarnos hasta las tantas. Los rumores de un posible examen el mismo viernes nos perturbaban aún más, así que optamos sabiamente por rechazar la realidad y mantener con ilusión el utópico plan del 19 de Mayo fantasma que caía en viernes, con la esperanza de que al final ocurriese algo que lo arreglase todo. Plan que se cumplió aproximadamente en un 15% y que me dispongo a relatar con todo lujo de detalles, haciendo malabarismos para conjugar correctamente los tiempos verbales en base al condicional.

El 19 de Mayo nos levantaríamos temprano para ir al instituto, como todos los días, pero con una pequeña diferencia: sería el día V. Las entradas estarían compradas desde semanas atrás gracias a la magia de internet, así que cuando llegásemos al cine no tendríamos más que sacarlas del pequeño cajero de entradas reservadas. Aquello no suponía una preocupación. Respecto al ritual por el que se regiría tan magno día, a lo largo de aquellas veinticuatro horas sagradas adquiriríamos el título de “Lord”: Lord Rose, Lord Hempfreud y Lord Nando. Para hacer justicia a tan honorable título, ese día debíamos ir al colegio con los uniformes jedi puestos. Fernando, además, debía ir con la coleta de padawan que había empezado a dejarse tiempo atrás, con vistas a cortarlas en una ceremonia jedi en la entrada del cine y a la que todo el que quisiera señalarnos y reírse de nosotros estaba invitado. Sí, no sólo nos pondríamos títulos propios del Lado Oscuro pese a ir vestidos de Jedi, sino que Fernando aparentemente lo habría adquirido sin haber ni acabado su entrenamiento. Valientes fans que estábamos hechos.

Respecto a la hora más adecuada para salir del instituto teníamos varias opciones. Una de ellas fue saltarnos la última clase, la de Química, para así tener tiempo de sobra de hacer todo lo que teníamos en mente. Una vez más dejamos que nuestra imaginación decidiese lo que iba a ocurrir para que nuestros planes no se vieran perturbados, y decidimos que el profesor sería fan de La Guerra de las Galaxias y vendría a clase vestido de Caballero Jedi con sable láser de plástico y todo, para suspender la clase, irse también una hora antes y llegar a la primera sesión. Entonces saldríamos pitando del instituto, contando con un margen de tiempo para atender a todas las chicas que en la puerta del instituto nos quisieran desear suerte con un beso como si fuésemos los Aliados, y nos iríamos corriendo a casa de la abuela de Fernando, donde solíamos refugiarnos muchas mañanas para huir de las clases más tediosas y ver Saber vivir con talante octogenario. Frente a la puerta, el padre de Fernando estaría esperándonos con el motor en marcha y las cuatro puertas abiertas, para que pudiésemos saltar dentro en el menor tiempo posible y así esquivar los peligros que pudieran surgirnos. El camino desde el instituto hasta el portal de la abuela de Fernando podría parecer corto; incluso se podía, desde la entrada del colegio, divisar la casa al otro lado de la postapocalíptica explanada. Pero en una situación así, cada metro de distancia contaría. Lo más probable sería que en nuestra carrera hasta Casa de la Abuela saliesen al paso varios trekkies feroces y hambrientos de vísceras, dispuestos a sabotear nuestro plan y poner fin a nuestra aventura. En el caso de que esto ocurriera, los tres sacaríamos nuestros sables láser y les rebanaríamos primero la mano (cuando estuvieran saludando al estilo vulcaniano y justo entre los dedos corazón y anular), y luego el resto de su infectado cuerpo, todo ello ambientado con los omnipresentes coros de Duel Of The Fates (para la cuestión de la banda sonora ambiental de nuestras peripecias, contaríamos con un mp3 conectado a los altavoces del ordenador, todo ello guardado en alguna de las mochilas). Una vez masacrados los trekkies, responderíamos a sus agónicos quejidos con una frase lapidaria: “No hay larga y próspera vida para vosotros”. Y les daríamos el golpe de gracia. En el caso de que el combate no pareciese ir a resolverse a nuestro favor, les lanzaríamos al hermano de Fernando, al que precisamente traeríamos con nosotros desde el instituto por si necesitábamos algún objeto arrojadizo con el que distraer a los trekkies mientras huíamos.

A estas alturas de la vida es difícil hacer chistes que mezclen zombies con una franquicia sin que alguien se te haya adelantado.

Una vez solventado este imprevisto, continuaríamos nuestra marcha hacia casa de la abuela de Fernando a toda velocidad. Cuando llegásemos veríamos que su padre es hombre de palabra, pues allí estaría, leal, con no sólo el motor en marcha y las cuatro puertas abiertas, sino también con la puerta del maletero abierta, para lanzarnos sin contemplaciones en caso de llegar perseguidos por la horda de trekkies (cuando matas a uno, del cadáver se materializan dos). Fernando diría: “¡Dale, papá!” señalando al frente, y Hempfreud replicaría: “Me encanta que los planes salgan bien” sin justificación alguna. Una vez en marcha yo comenzaría a decir un comentario chistoso que se vería interrumpido al saltar súbitamente un trekkie zombificado sobre el parabrisas. Menos mal que el padre de Fernando daría un rápido volantazo y el trekkie caería a la carretera para después levantarse y agitarnos el puño entre maldiciones en klingon.

Nuestra siguiente parada no sería el cine, sino la casa de Fernando. Allí veríamos como buenos fans las dos películas de la nueva trilogía, los episodios I y II, antes de partir para el cine. Cuando llegásemos a casa de Fernando (a las tres menos cinco aproximadamente si todo iba bien) la bandeja del DVD estaría abierta y lista para colocar el disco del Episodio I en ella. La comida, que la madre de Fernando se habría pasado la mañana preparando con amor aún sin esperar una palabra de agradecimiento de esos carroñeros que éramos nosotros, nos estaría esperando también en la mesa, preferiblemente licuada y en un gotero listo para ser conectado directamente nuestros brazos de Jedi, para no tener que apartar la vista de la pantalla por algo tan molesto como apuntar bien con el tenedor al plato. Durante la confección del plan hice bien en señalar que Fernando no tenía Home Cinema, lo cual hacía a su salón indigno de nuestros fines galácticos. Así que acordamos muy de antemano que Fernando tenía la obligación de pedir (y conseguir) por Reyes un equipo de sonido de primera categoría y precio estratosférico que NO se usaría bajo ningún concepto hasta el día V, para así disfrutar al máximo con el Dolby Digital 5.1 EX de la película a través de altavoces que no habrían vibrado desde que pasaran el test de garantía allá en la fábrica. Una vez en el convenientemente equipado salón, nuestra disposición sería la siguiente: Fernando se sentaría en el sofá situado frente a la tele, Hempfreud en el de la izquierda y yo en la comodísima mecedora de la derecha, con un cojín en la cabeza, un banquito en los pies y una gigantesca mano de gomaespuma enfundada. Cortaríamos la línea del teléfono y sin más dilación nos tragaríamos el Episodio I entero, dejándonos los ojos tratando de encontrar a Manny Calavera entre los figurantes del público de la carrera de pods y a George Lucas en su cameo, tras lo cual nos daríamos codazos de complicidad entre nosotros. Cuando hubiésemos visto la película hasta el último segundo de los créditos y hubiésemos criticado las payasadas de Jar Jar Binks aunque en realidad no nos molestaran tanto, cambiaríamos sin perder más tiempo el disco del Episodio I por el del Episodio II y nos embarcaríamos en una nueva sinfonía de sensaciones. Diversión, emoción y amor a partes iguales harían de esta película un auténtico entretenimiento con cotas de genialidad ya cercanas a la trilogía clásica.

Lord Nando, deteniendo al malvado Canciller McDonald en el nombre de la República Galáctica.

Con el eco de los últimos compases del Across The Stars de los créditos (y las leves notas de La Marcha Imperial) aún flotando en el ambiente, nos miraríamos entre nosotros, asentiríamos con la cabeza, saltaríamos de los asientos y nos meteríamos en el coche dispuestos a presenciar el acontecimiento más importante de nuestras fútiles vidas. Una de las ventajas de ir en coche es que no tendríamos que dar el inmenso rodeo al que nos obligaba el río que separaba al cine del resto de la maldita ciudad. Y de explotar el coche de Fernando con alguien dentro y quedar inutilizado para llevarnos al cine, nos negaríamos a dar tan absurdo rodeo y nos tiraríamos al río, con los ponchos jedi y todo. Algún lobo de mar de piel bruñida por el sol nos vería hacerlo. Con gran desconcierto, el viejo lobo de mar (que, sentado en la hamaca junto al muelle, fuma imperturbable su pipa y se mesa la barba mientras entona una vieja tonadilla marinera de aire melancólico para amenizar el tiempo que pasa esperando la puesta de sol) observa a tres chiflados con poncho y sables láser de plástico saltando despatarrados al agua al grito de “¡por la Fuerza!”, y nadando a continuación hasta la otra orilla desesperadamente perdiendo por el camino las carteras y las llaves. El lobo de mar de barba dorada por los rayos del ocaso negaría desconsoladamente con la cabeza, preguntándose sin había sitio en aquellos inciertos tiempos para un viejo y humilde hombre del mar como él. Sin embargo, nosotros seríamos ajenos a este acto de desconsolada introspección, pues ya habríamos salido del río por el muelle opuesto y habríamos emprendido, cargados con varias toneladas de agua en nuestros uniformes, una dura carrera hasta el cine. Una vez allí estaríamos tan nerviosos que no seríamos capaces de actuar coherentemente y empezaríamos a dar vueltas sobre nosotros mismos de forma incontrolada y diciendo sinsentidos con un pitch cada vez más alto. Por fortuna, Samuel L. Jackson estaría allí (en 2005 estaba en todas partes) para tranquilizarnos e indicarnos la dirección del cajero de entradas. “¡Moved vuestros culos blancos y sacad las entradas en el cajero, que ahora no hay nadie!”, diría, doblado por Miguel Ángel Jenner. Gracias a su oportuna indicación correríamos hasta el cajero y, entre sudores, sacaríamos las entradas que guardaríamos como oro en paño de ahí a la eternidad (o al menos la mitad que no se quedase el portero).

Tres cuartos de hora antes de la hora estaríamos entrando en el cine para esperar sentados. “Venís al Episodio III, ¿verdad?”, nos preguntaría el portero, que podría ser un negro simpático de uniforme rojo y elegante y dientes brillantes. “¡Pues claro!”, contestaríamos. “Yo ya la he visto. Es lo bueno de ser portero, que puedo verlas en las pantallitas ésas”. Nos señalaría entonces a las pantallitas en blanco y negro que controlan las proyecciones. “Venga, entrad, hermanos, y pasadlo bien a mi salud.” Le dejaríamos atrás para entrar en la sala, pero él nos diría: “¡Que la Fuerza os acompañe!”, y nos haría un gesto de complicidad con los dedos y un chasquido de la lengua. Nosotros se lo devolveríamos, con chasquido incluido. Entraríamos, comprobaríamos que salvo por Samuel L. Jackson la sala está vacía y nos sentaríamos a deleitarnos con las canciones que ambientan la sala antes de la proyección. Cazafantasmas. Ghost. Salvados por la campana. Y por fin, las luces irían bajando y la pantalla se iluminaría. Nos agarramos bien a la butaca y buscamos la postura más cómoda. Nos damos cuenta de que estamos nadando en nuestro propio sudor. Y cuando parece que la situación no puede ser más tensa, aparece en pantalla el anuncio de Mountain Dew del guepardo, ineludible por aquellos días en una sala de cine de cierta categoría. “¡Por eso no me gustan los gatos!”, diría yo a la vez que el negro del anuncio, que por cierto, ahora que caíamos en la cuenta, se parecía demasiado al portero que nos había dejado entrar. Giraríamos la cabeza, pero el portero habría desaparecido, quedando en su lugar una intrigante voluta de humo. El desconcierto nos duraría poco, pues la acción estaba en la pantalla. Ya no podrían hacernos esperar más. Nos habrían puesto treinta trailers, entre ellos los de La venganza de Canguro Jack y Mountain Dew: Do The Movie Dew, cuando aparece de pronto la fanfarria de la Fox. Oiríamos entonces cómo nuestras nueces suben y bajan por nuestras respectivas gargantas. Y entonces la veríamos: letras amarillas que se alejan gradualmente de nosotros explicando la tediosa situación actual en esa galaxia muy lejana, y después… sólo Audrey sabía.

Yo (Lord Rose) sin perilla y acompañado del mismísimo George Lucas (o su equivalente mexicano no sindicado).

Tras dos horas y media que no alcanzábamos a concebir previamente, saldríamos del cine en un estado de éxtasis total, dando sablazos láser a todas las papeleras que encontrásemos. Tras una hora asimilando lo visto, volveríamos a casa de Fernando en un estado post-orgásmico, y una vez allí, más o menos a las nueve y media de la noche, comprobaríamos que la bandeja del DVD seguiría abierta como diciendo: “Chicos, que ahora toca el cuatro”. Y así, hasta las tres de la mañana estaríamos disfrutando como enanos con la trilogía clásica, fijándonos en los detalles como esa zapatilla deportiva que salta por los aires haciendo las veces de fragmento de nave espacial en explosión o ese extra al que se ve intentando hacer funcionar una máquina de helados durante la secuencia de la fuga de la Ciudad Nube. Por supuesto, la cena nos la traerían haciendo el menor ruido posible, durante alguna escena poco decisiva de El Imperio Contraataca (alguno de los delirios del enajenado Yoda). Cuando hubiésemos acabado por fin de leer el último rótulo de El Retorno del Jedi y el aviso legal en más idiomas de los que jamás creímos que existían, nos iríamos a comentar el Episodio III a un lugar apartado, dispuestos a pasar la noche en casa de Fernando. Dormiríamos en el jardín, en sacos de dormir oficiales de Star Wars.

A la mañana siguiente no recordaríamos nada de la movida del día anterior. ¿Fue un sueño?, pensaría yo mirando al cielo desde mi saco de dormir, con ojos pegajosos. Entonces, miraría por casualidad mi mano para descubrir que la entrada del cine seguía allí, arrugada y descolorida, pero presente al fin y al cabo. Suspiraría, cerraría los ojos y me dormiría otra vez, esta vez con la sonrisa dibujada en los labios. Una niña pasaría con su abuelo cerca de casa de Fernando y nos vería a los tres durmiendo en el jardín. “Abuelo, ¿están muertos?”, preguntaría. “No creo”, respondería el abuelo, “Por la sonrisa, yo diría que ayer fueron a ver la conclusión de La Guerra de las Galaxias”.

12 comentarios to “Cuando se estrene el Episodio III…”

  1. Nando 19/11/2010 a 17:03 #

    Snif.

  2. Manu 19/11/2010 a 22:48 #

    ¡Genial!
    Mi historia con el episodio III no llega ni de lejos a la vuestra, pero también tuvo sus detalles.
    Por aquel año, estaba yo en primero de carrera (buah, 6 años ya) y, como no podía ser de otra forma para poner trabas a algo que podría ir como la seda, el 20 de Mayo tenía un examen.
    ¿Un examen fácil que apruebas sin estudiar? Por supuesto…¡que no! Nada más y nada menos que Bioquímica, con sus ciclos de Krebs, sus moléculas reductoras y oxidantes, su HMG-CoA reductasa, su… en fin.
    Mis amigos, por supuesto, pensaban ir el día del estreno. Es más, pensaban ir el día 19 y justo después de comer. Así que, ¿qué podía hacer? “No chicos, id sin mi, yo tengo que quedarme estudiando… Ya la veré un día más tarde que muchísima gente”… ¡¡JAMÁS!!
    Así que ahí iba yo, a las 4 de la tarde, a ver la película. Terminó, hablamos de ello, maldijimos esa sobrada de sables laser en la pelea Anakin Vs. Obi-Wan (por dios, ¿a qué vino aquello?), y sobre las siete de la tarde estaba de vuelta en casa.
    ¿Repasar? Si, dos horas mal contadas.
    Pero al día siguiente, en el examen, cuando antes de empezar la profesora terminó sus instrucciones con un “Que la fuerza os acompañe”, supe que todo iba a salir bien…

    PD.- Siempre que se habla del episodio III de hace dos años al presente pienso en una película que sigo sin saber por qué no han estrenado aquí en España. Se llama Fanboys, y relata… bueno, dejo el link y mi recomendación. Tiene todo tipo de cosas que describen a un fan de Star Wars, peleas contra (esos malditos) Trekkies incluidas.
    http://www.filmaffinity.com/es/film153135.html

    • Miguel Roselló 20/11/2010 a 9:54 #

      Jajajaja, muy grande. Lo de tu profe mola.

      FANBOYS ya la conocía, el proyecto llevaba desde 2006 o asi funcionando, y el prota iba a ser el mismísimo Hugo “Hurley” Reyes. Entonces me hacía mucha ilusión verla, pero al final, como pasa con todas estas cosas que no llegan y no llegan y no llegan, se me fueron pasando las ganas… A ver si la veo un día.

      Me sorprende que tras la película tuviéseis no la capacidad crítica desactivada. Cuando sales del cine tras ver un nuevo capítulo de STAR WARS, a no ser que haya sido una soberana mierda TODO MOLA MUCHÍSIMO. Ya luego, con las semanas, se va separando el grano de la paja. A mí el duelo entre Anakin y Obi-Wan me gusta, si ignoramos el exceso de pantalla verde; lo que no me hace nada de gracia es el combate Yoda-Palpatine, que en momentos llega a ser ridículo (con Yoda a lo John McClane por los conductos de ventilación del senado y el emperador haciendo girar los cubículos ésos como si fueran frisbees).

    • Miguel Roselló 20/11/2010 a 10:00 #

      Y por cierto, eso de que “tu historia no es ni de lejos la nuestra”… Bueno, no olvidemos que lo que relato era el plan que se suponía que íbamos a seguir. Que luego se cumpliera es otra historia muy diferente… Pero fuimos de jedi al insti, eso sí.

  3. Señor E 20/11/2010 a 0:35 #

    Cuando se estrenó no me pasó nada más, solo fui al cine sin disfraces y disfrutando del espectáculo. Pero antes del estreno procuraba no leer nada en absoluto acerca de la trama del film. Evitaba leer reportajes, el libro de cromos propio de un merchandising, sinopsis, etc. incluso sabiendo o imaginando que les ocurriría a ciertos personajes como Padmé.

    Por cierto, ¿qué sucedió con Pollo después de aquello? ¿Acabó convirtiéndose en una especie de Síndrome?

    • Miguel Roselló 20/11/2010 a 9:57 #

      Huyhuy, mejor dejemos a un lado las preguntas sobre seres humanos del mundo real; si hay algo que yo vea conveniente que sepáis, ya lo diré cuando toque, jejeje. Aunque el destino que sugieres no es tan descabellado…

      Tu actitud pre-película es la diametralmente opuesta a la mía. Claro que jamás me destripé cosas de la trama y demás, como hacen algunos que cuando llegan al cine para ver su película ultraesperada han conseguido leerse el puto guión entero, y no exagero.

  4. Consigliere 23/11/2010 a 20:11 #

    Jajajaja me ha gustado mucho

    pd: “en 2005 estaba en todos lados jajja”

  5. Illuminatus 24/11/2010 a 23:51 #

    Ach, me temo que a la altura en que lo contamos me hallaba consumido por el cinismo y el resentimiento (hacia Lucas y hacia el mundo en general: cosas de haberme educado y crecido en la trilogía original y de una sexualidad heterosexual de parecido éxito al del Coyote en su caza del Correcaminos. Pero divago…).

    El Episodio III fui a verlo con un amigo en una tarde de finales de primavera o principios de verano de época de exámenes (no logro cuadrar si antes, después o justo el mismo día que uno, porque no perdimos el culo por ir a verla en el mismo momento del estreno). Estaba yo por entonces terminando cuarto de licenciatura y fue una cosa más o menos de trámite: a fans duros y curtidos en la saga original estos engendros que nos había cagado Lucas nos parecían unas mierdacas de mucho cuidado y nos sentíamos obligados a apreciar la cosa con un revisionismo de revolver cargado y un sentido del humor de Búnker del Führer.

    Salimos, claro, un poco igual que entramos y sabiendo, en el fondo de nuestras mentes, que algo había muerto con el estreno de esta trilogía de precuelas. Se nos había arrebatado algo que considerábamos nuestro. Prácticamente como el día que descubres que tu padre no lo puede todo o aprecias su primer signo de los achaques de la edad, el crimen actoral perpetrado por Christensen y los guiones de juzgado de guardia de Lucas nos habían robado lo que nos quedaba de inocencia.

    • Miguel Roselló 25/11/2010 a 12:59 #

      Anonadado me hallo ante tan desgarrador grito de dolor. Cada enrevesado término supura decepción sin cicatrizar.

      Viendo esto, se me ocurre que tengo suerte por no llegar a odiar ninguna entrega de la nueva trilogía. Y eso que pese a mi edad también soy de la vieja guardia… Si hasta sigo llamando a la saga por su título español.

  6. Crying_AngeL 14/12/2010 a 0:00 #

    Bueno, pues mi historia con el Episodio III fue algo más ¿freak? todavía, pero bueno, vamos a resumirla un poco, porque desde ese año 2005 mi percepción de la saga ha cambiado drásticamente. He perdido una magia con respecto a la saga, pero he ganado otra, que me hace muy feliz.

    Como todos, tenía un grupo de amigos con el que se hablaba de Star Wars, me acababan de entrevistar para la revista oficial de Star Wars (sí, salgo en uno de los números con parte de mi colección), y bueno, ya con una cierta edad (23 en aquel entonces) y algunos ingresos económicos del trabajo tuve una de las decisiones más locas (y que más me autoagradezco) en mi vida. Me iba a ir a la convención de Star Wars de Indianapolis yo solito en Abril de 2005. Primera vez que saldría de España. No pude ir a las 2 anteriores (por edad y recursos), y a ésta iría.
    Con el vuelo y el hotel reservado, un día que quedé con un amigo por el centro y que es bastante fan, le digo que me voy a ir a la convención, y en tono completamente jocoso le suelto “bueno, tu te apuntas, ¿no?, jejeje”… y me suelta “vale”. Y sí, en una semana compró el vuelo, le puse en la habitación de hotel, y mira, ya éramos 2. Mejor.
    A última hora, se apuntó otro amigo, y mira, nos juntamos 3, más los 4 o 5 españoles que conocíamos que si que fueron a las anteriores cuando nosotros no podíamos.

    La convención, absolutamente brutal. Poder ver a los actores, pedirles autógrafos, charlar con ellos, ver exposiciones de artículos originales, ver un adelanto de 8 minutos de la película con escenas nunca vistas (BRUTAL ver tantos trozos de peli en proyección HD 1 mes antes del estreno). Estar con Ray Park (Darth Maul) de charla distendida, y que le pida un sable a un chaval que pasaba por allí y se pone a hacer movimientos de la película… en fin… una pasada de principio a fin. Se pasó mal haciendo cola, había que estar a las 6 de la mañana haciendo cola, con un frío y una humedad como pocas veces recuerdo, pero luego entrabas, y se te olvidaba todo. La afición a las películas se vive muy diferente allí. Mientras que en España había batallitas, envidias, y gilipolleces por ver quién es más mejor entre los DoloresDelSith y los FuerzaRebelde, allí todos eran iguales, nadie miraba por encima a nadie, con mejor o peor disfraz. Todo era disfrute.

    Al volver de Indiana y fliparlo un poco porque no quedaba NADA y yo había visto MUCHO, me llamaron de Kinépolis Madrid. Querían que expusiese mi colección en una vitrina enorme al lado de la sala 25. Me pasé 4 o 5 días en Kinépolis como Pedro por si casa, entraba y salía a la zona de salas a mi ritmo, me invitaban a comer, me daban invitaciones para los estrenos (vi a Morgan Freeman en directo, que vino a presentar una peli), y también subí a la zona de proyección donde me enseñaron los nuevos proyectores que trajeron para Episodio III, y me pusieron un par de vídeos de prueba de ILM para probar dichos proyectores.

    El sueño hecho realidad, con mis artículos expuestos en el mejor cine del mundo, pero faltaba un detalle. Las entradas para el preestreno.

    Entra aquí el que llevaba la revista en España (gracias Jose!), que se vino a la convención también, cómo no. Él tenía entradas, y nos dió una a todos los que estuvimos con él en Indianapolis en la convención. “Por haberos venido, mínimo os merecéis que os consiga esto por el esfuerzo que supone”. Él ya había visto la peli en el Rancho Skywalker (de hecho, fue extra en la peli en una escena cortada y tiene fotos en los decorados), pero vino a Madrid a verla en Kinepolis con nosotros. Momentos antes de entrar a la peli, me grabaron para la tele haciendo el cafre con el sable, y me echaron fotos que salieron en el 20 minutos.
    Y por fin, un día antes que el resto del MUNDO (no solo España), era uno de los privilegiados del preestreno, habiendo colaborado en su organización en Kinépolis.
    THX, fanfarria de la Fox, letras amarillas, y, dentro de las 2 horas y media, ciertos momentos que me dejaron sin respiración:
    -El comienzo: Sabía que el plano de apertura de la peli era algo acojonante, pero poder verlo, escuchar los tambores y los cazas moviéndose al ritmo de la música, terminando el plano en la cabina de Anakin… la leshe!
    -La orden 66: Lagrimeos varios, obviamente
    -Anakin discutiendo con Obi Wan, y el comienzo de la pelea. Ver a Obi Wan encender el sable al fondo, con Anakin en primer plano y pensar “empieza”
    -El casco de Vader. Fue inconsciente (lo juro), pero los 2 segundos de silencio al ponerse el casco me dejaron sin respirar, y acompañé mi vuelta al mundo real respirando a la vez que la primera respiración de Vader. Escuchar todo un cine en silencio después de la batalla fue algo sobrecogedor y que aún me pone el pelo de punta (luego vuelvo sobre esto por un detalle)
    -El plano final. Mi escena favorita de la trilogía clásica es Luke mirando a los dos soles. No digo más.

    Todo fue genial, pero al día siguiente tenía 2 visionados más, el estreno a las 16:30, que compré entradas semanas antes, y el pase con todos los grupos de fans de España, que nos reservaron en Kinepolis para las 22:30. El domingo me esperaba otro pase con mis amigos del barrio, me la ví 4 veces en 2 días de un total de 8 veces que ví la peli en cine.

    Si algo agradezco del tema Episodio III por encima de todo fue poder ir al preestreno. No por verla un día antes (que también), sino porque el estreno fue BOCHORNOSO. Una cosa es ser fan y flipar con las cosas, y otra, muy diferente, joder una peli con continuos aplausos que no dejan escuchar ni el diálogo, gritos, y flashes de fotos a la pantalla continuos en los momentos especiales. Fui al estreno de los episodios I y II y hubo respeto enorme dentro de la euforia. Lo de episodio III fue algo que juro que si no hubiese visto la peli el día antes, me hubiese salido de la sala porque me negaba a ver la película así. El momento del casco de vader, era todo aplausos, gritos, y un sinfín de flashazos de cámaras de fotos a la pantalla que jodieron no sólo ese momento, sino cada uno de los momentos “gordos” de la película. LAMENTABLE.

    Y bueno, ese fue mi día episodio III. A raíz de la buena experiencia por un lado, y de la mala por otro (los grupitos envidiosos de fans se cargaron el ambiente general), yo ya me he separado mucho del fenómeno fandom para pasar a una afición más seria, más centrada, y muy loca, pero a mi bola, y con envidia cero, como yo quiero ser fan, y no como me digan un grupo de aprovechados.

    Desde entonces, lo dicho, a mi bola, a lo que yo quiero ir, y como yo quiero ir, pasando de asociaciones, y centrándome en los buenos momentos con los amigos que comparten mi afición de una forma parecida. 2 convenciones más de Star Wars (Los Angeles 2007 y Orlando este mismo año), han marcado los otros 2 momentos especiales desde el estreno. Ambas con pase de prensa para no hacer colas en ningún sitio :-P
    De Los Angeles me quedo con la ciudad y con muchas cosas de la convención, pero la ciudad y ciertas cosas de Regreso al Futuro me marcaron más quizá, y en Orlando, ha sido quizá la peor convención de todas, pero la que más he disfrutado porque me la organicé a mi modo, sin ir a lo loco, y yendo a ver cosas que me perdí en otras convenciones por ir a las cosas sin pensar y a lo loco.
    De Orlando me quedo con haber estado con Lucas y con Mark Hamill, con muchas charlas, y, un momento genial del último día que me queda para el recuerdo, es que Ray Park me reconoció cuando fui a pedirle el autógrafo que le pido en cada convención. Me mira, me hace un gesto sonriendo, y me dice “otra vez tú por aquí, ¿que tal estas, tio?”. Me dedica la foto con un “Nice to see you again, Angel” (“Un placer verte otra vez, Angel”), chocamos, y me voy feliz y contento. Yo lo siento, pero no puedo ver el episodio I igual, un tío tan cojonudo y tan buenazo, no le veo ya de Darth Maul en cierto modo. Me hace gracia verle en la película porque ya es algo más que Ray Park, ya hemos hablado ratos, y es como un casi-casi amigo. Un crack.

    Y bueno, ya para terminar, mi amigo Rose, te voy a dar una primicia que creo que te va a gustar. Mi última participación con algo de Star Wars ha sido en Padre de Familia Es Una Trampa. Se habló del tema hace meses con Eduardo Gutiérrez, y me pasó el guión y la película una semana antes de doblarse para hacer la adaptación al castellano. Eduardo me dió bastante libertad, dentro de unos límites, claro, y se ha fiado de mí para ayudarle en tan ardua tarea. He dado el alma en dicho proceso, y me lo he currado todo lo que yo creo que me lo podía currar. Estoy convencido de que no va a haber ni un solo fallo en nombres, ni en situaciones, y, algo que te adelanto ya que te va a gustar cuando veas la peli. Todo lo que no lleve chiste, va a ser un homenaje continuo al doblaje de la película clásica. De principio a fin, “te van a sonar” muchas frases.
    Estoy un poco acongojado por ver la reacción de la gente cuando se pueda ver la película, pero estoy muy feliz de haber podido ayudar en algo oficial de las películas, y de formar parte de ella también (soy el “monstruo de la edición especial”)

    Pues eso es todo. Mucha parrafada de un fan, que a raíz de viajar se hizo otro tipo de fan, pero más fan que nunca.

    Star Wars is Forever!!!!

    • Miguel Roselló 14/12/2010 a 15:13 #

      Madre mía. Emocionado estoy, como si hubiese sido yo el que hizo todo aquello. Me ha encantado lo de Ray Park, y muchas otras cosas que si enumerase no acabaría nunca.

      Con tu percepción del fenómeno fan USA comparado con el de aquí, has resumido perfectamente aquello por lo que acabé separándome totalmente del “mundo friki”, totalmente asqueado. Bochornoso también lo del estreno, gracias al cielo que fuiste antes y pudiste disfrutar aquello con la solemnidad que requería, y me alegro de que seas de los pocos seres humanos que aún comprende que para ser un fan y demostrarlo no hace falta gritar, dar la nota, aplaudir y reir con cada cosa para demostrar lo bien que te lo pasas y lo friki que eres y, en definitiva, cargarse una película. El silencio sepulcral en mi sala cuando apareció el casco (hice exactamente lo mismo que tú: aguantar la respiración hasta que Vader respiró) fue la prueba de que todo el mundo estaba SOBRECOGIDO con aquello, y un millón de gritos y desmayos nunca demostrarán lo que demostraron todas las personas que estaban en silencio en tu sala, y también en la mía.

      Y en fin… Haber participado en ES UNA TRAMPA en calidad de adaptador tiene que haber sido un regalo. Qué coño, estoy seguro de que hasta habrías pagado por hacerlo. Me alegro de que hayas sido tú, no se me ocurren mejores manos para dejar ese trabajo. Ahora eres parte de la saga, tío.

      Qué genial.

      • Crying_Angel 14/12/2010 a 16:06 #

        Me alegro que tevhaya gustado tanta disertación. Y eso que está resumido, jeje.
        Poco más que añadir salvo reafirmar lo dicho con respecto al fandom y la forma de ver las cosas.

        De “Es una trampa”, pues sí, hubiese pagado por hacerlo, pero bueno, simplemente se lo comenté a Eduardo que le podía ayudar, fuimos concretando, y se ha fiado de mi. Creo no haber fallado porque “algo” sé del tema :-P Además, estuve en todas las jornadas de grabación para seguir ayudando en lo que pudiese, y ver cómo la peli va tomando forma es una satisfacción enorme.

        Hoy mismo he estado con él porque me habia puesto en un capotulo de Padre de Familia y cuando llego veo que me ha dado un freak de una convención… de Star Trek :-P Todo un reto y un desafío para mi, jjejeje. Menos mal que les acaban dando una paliza a los freaks en el capitulo :-P

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