El yerno de oro

Y cuando Bob Iger vio la inmensidad de sus dominios lloró, porque comprendió que no había más tierras que conquistar. O quizá ya no se siente tan cómodo en la cima cuando algunos de sus principales valedores han tenido que irse tras hacerse pública su tendencia a dar Abrazos No Solicitados a las empleadas. O quizá no se ve con fuerzas para manejar el efecto dominó provocado por el pánico hacia cierto brote vírico de hábitos asesinos en un momento en el que los grandes conglomerados de Hollywood tienen las tres cuartas partes de sus huevos puestos en la cesta de China —el conglomerado que nos interesa tiene, además, un enorme parque temático recién abierto allí—. Sigue leyendo El yerno de oro

Los Simpson: los diez primeros años

Porque en tema de tochos soy un experto en todos los formatos, aquí está la infografía que he estado montando durante los últimos meses. Es tan grande que quizá ahora mismo tu navegador esté luchando agónicamente para cargarla y que puedas verla ahí debajo.

(Pd.: Sí, lo sé, podría estar en español, pero piensa que, estando en el idioma de Shakespeare y E. L. James, los cuatro borrachos que se paren a mirarla hasta el final podrían ser ocho.) Sigue leyendo Los Simpson: los diez primeros años

Queridas princesas Disney

Queridas princesas Disney: 

Me llamo Miguel y soy un gran admirador. O sois mi fan, como dicen las señoras. Sí, sé que quizá ahora estéis recibiendo muchas cartas que empiezan como ésta, porque estáis de actualidad y vuestros jefes os han enredado en una operación de relaciones públicas en la que no sé si habéis tenido voz, voto u opción de decir que no os interesaba participar. Yo soy fan vuestro desde hace mucho. De toda la vida, vaya. La primera película a la que mis padres me llevaron a ver al cine fue uno de vuestros trabajos, el de la más veterana de vosotros. Ni me acuerdo de todo aquello, lo sé porque mis padres me lo contaron. Y ahora que lo pienso, cuando termine con esta carta quizá deba ponerme a escribir otra a los pobres desgraciados a los que seguramente fastidié la película con mis llantos hasta que mis padres desistieron cuando lo de los árboles vivientes demoníacos y me sacaron de la sala. Me consuela pensar que esos otros espectadores pudieron seguir viendo la película y fumando en paz.

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La evolución gráfica de Mortadelo y Filemón

Mortadelo y Filemón han estado siempre ahí. En lo que a mí se refiere, desde luego -dando forma a mi percepción de la comedia desde mi más tierna infancia, como una gota agujereando lentamente mi cerebro-; pero también en general. Son una pieza clave del imaginario español, leyenda de nuestra cultura popular y otros tópicos que puedes irte a leer en otro blog. Y pese a ello, siguen ocupando un lugar ambivalente en la historia del cómic exactamente sesenta años después de su creación, intrigante fenómeno relacionado con el desdén con el que se lleva tratando desde tiempos inmemoriales a la obra de su autor: el único, magnánimo, maestro de maestros, Francisco Ibáñez. Sigue leyendo La evolución gráfica de Mortadelo y Filemón

Indiana Jones y los diez años de quejas estúpidas

Esta navidad, con El último Jedi aún caldeando ese civilizado foro de debate que es internet, estuve hablando de La Guerra de las Galaxias con mis dos primos pequeños, que tendrán unos once y trece años respectivamente. Los mocosos me sorprendieron. En el documental El pueblo contra George Lucas se plantea la duda razonable de si la pésima opinión general acerca de la trilogía de Anakin no podría ser el resultado de un simple choque contra una generación que tan asimilado tiene el estilo y las intenciones de las tres películas originales que nada que se atreviese a querer buscar su propia identidad (como de hecho ocurre con los episodios I, II y III) iba a tener la más mínima oportunidad. Muchos de los entrevistados se remiten al caso de niños que han crecido en el momento ideal para disfrutar y sentir suya la trilogía de Anakin, niños que de hecho no ven nada malo en Jar Jar Binks porque es parte de su Guerra de las Galaxias, del mismo modo que otros no queremos estampar a 3PO contra la pared del Halcón Milenario en El imperio contraataca porque forma parte de nuestra Guerra de las Galaxias. Sigue leyendo Indiana Jones y los diez años de quejas estúpidas

Querida Netflix

Querida Netflix:

No soy un ingenuo y comprendo que como toda empresa, necesitas de la recurrencia de tus clientes para que los beneficios entren de forma estable; más aún cuando las plataformas de streaming están brotando como setas y se nos promete un futuro con una tele parecida a la de ahora, pero pagando por cada canal. Es un entorno competitivo que te lleva a tratar de no hacerme olvidar que tú estabas ahí primero, de convencerme lo más fácilmente posible de quedarme contigo. Cada vez que salgo de Netflix te quedas en vilo, porque podría no volver. Así que me instas a que vea otro capitulín de Glow antes de irme a la cama, porque preocuparse de dormir ocho horas antes de entrar a trabajar no es de hombres y porque tienes unos números que cubrir −y que mantener ocultos a toda costa por motivos que nadie entiende−. Sigue leyendo Querida Netflix

¡Descubre los gigantes del mundo prehistórico!

Acercarte a la zona infantil de una librería para buscar libros interesantes sobre dinosaurios para niños es, hoy por hoy, una batalla perdida. Es más, acercarse a la zona infantil de una librería para buscar libros interesantes sobre dinosaurios es, a menos que estés ahí porque se acerque el cumpleaños de ese sobrinete en el que has depositado todas tus esperanzas para el futuro de tu dinastía, la consecuencia de otra batalla perdida: buscar libros rigurosos sobre dinosaurios en la zona de adultos (no necesariamente tras esa sórdida y pegajosa cortina). Salvo alguna anomalía puntual, los dinosaurios han sido definitivamente relegados a territorio prepúber en el inconsciente colectivo. ¿Qué hacer si no con esta especie de Pokemons del mundo real cuyo mayor punto de interés es ver si pasan o no el casting del próximo Parque Jurásico y ya si eso nos aprenderemos sus nombres para descifrar la carta de reyes de nuestros retoños? Sí, existe una corriente de bibliografía mesozoica que en los últimos tiempos se ha vuelto más rica y activa, especialmente con el relativo auge de los libros de ‘paleoarte’, pero sigue siendo carne de mercados especializados. En los ambientes mayoritarios, los dinosaurios, esas criaturas que a lo largo del siglo XX recorrieron un largo y dificultoso camino desde la pura imaginación suscitada por los fósiles incompletos y descontextualizados hacia algo similar a la legitimación como animales que una vez poblaron la Tierra, iniciaron la marcha inversa con la llegada del milenio, volviendo más bien deprisa al terreno de los monstruos de ciencia ficción.

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Bella y Bestia no son

Esta historia empezó en 2010. No, en realidad empezó en 1996, cuando a alguien se le ocurrió que las nuevas tecnologías habían avanzado lo suficiente como para epatar al paleto medio con 101 dálmatas convincentemente recreados vía CGI. Como contrapunto humano, se fichó a Glenn Close para que lo diera todo como la Cruella de Vil definitiva. El tiempo ha relegado todo aquello a la categoría de mera curiosidad mencionada de tanto en cuando, el 99% de las veces por boca de alguien que fue crío en aquella época. Las pocas veces que pensamos en aquella película la asociamos a la bufonada inofensiva media que entendíamos por cine familiar a mediados de los noventa. Los perritos en CGI no han quedado sino como una gota más en el océano de las monstruosidades digitales de aquellos terribles años que sucedieron a Parque Jurásico en los que Hollywood se volcó en la creencia de que los gráficos por ordenador habían alcanzado el pináculo de la creación virtual, justo entre los cocodrilos de Eraser y los monos de Jumanji. Muchas buenas palabras se dedicaron al trabajo de Close, palabras merecidas pero en última instancia irrelevantes, dado que veinte años después las aguas han vuelto a su cauce y la mención de Cruella de Vil nos trae a la mente la inmortal creación animada de Marc Davis en 1961 y poco más. Una nueva intentona de tratar de remplazar la perfección en el imaginario popular está a la vuelta de la esquina, con Emma Stone recogiendo el testigo de Close, pero no adelantemos acontecimientos.

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Vida después de Anna y Elsa: cavilación en dos partes

Hace unos días andaba yo deambulando por el Carrefour con mi gabardina de exhibicionista y me quedé mirando un calendario de adviento de Frozen, con Anna y Elsa ahí muy sonrientes y más maquilladas que Jade, la Bratz fashionista. Desde fuera podría haber parecido que me había quedado hipnotizado ante aquella inexplicable brujería que llamaban imprenta, pero lo cierto es que estaba sumido en mis pensamientos. Y es que los momentos de revelación que llegan sin previo aviso tienen una cualidad casi surrealista.

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