Seth McFarlane, acuéstate un rato

7 Oct

Actualmente, sentarse a ver un nuevo episodio de Padre de familia requiere una buena cantidad de paciencia y autoconvicción. La serie de Seth McFarlane, ese señor que cree tener una voz de registros ilimitados pero sólo tiene tres, lleva ya una andadura de ocho años y pico (no diez, recordemos la cancelación que duró dos años) y ya está pidiendo a gritos la inyección letal. Si me preguntáis, diría que el mejor momento de Padre de familia estuvo en la tercera temporada, cuando ya se habían limado las asperezas de las dos primeras y todo empezaba a funcionar como la seda. La repentina cancelación tras este tercer año nos impidió disfrutar de lo que sin duda aún podía ser una mejora progresiva, y cuando volvió, la serie era distinta. Reconozcámoslo, si cualquiera de nosotros muriese y resucitase se volvería de un arrogante subido y no habría quien le aguantara. Pues algo así le pasó a Padre de familia, una serie que volvió de entre los muertos convencida de su poder ilimitado para tener a la gente a sus pies hasta en los peores momentos. Y los peores chistes. El cuarto año fue muy bueno, un regreso fresco y lleno de fuerzas renovadas, pero también marcó el inicio de la cuesta abajo, primero sutil y luego desbocada. Y así llegamos al ahora, cuando, repito, sentarse a ver un nuevo episodio de Padre de familia conlleva haber sopesado previamente y largo y tendido la amplia posibilidad de que durante los siguientes veinte minutos de nuestra vida presenciaremos y tendremos que aguantar un burdo panfleto liberal, o bien un aburrimiento con ínfulas dramáticas, o bien un festival de mierda y vómitos.

Por primera vez en la historia de internet, alguien no ha linkeado esta imagen para dar mucha risa.

Hablemos de lo del aburrimiento y las ínfulas. Evidentemente Seth McFarlane no se ha dado cuenta de que a su serie estrella hace ya tiempo que se le pasó el arroz para empezar a lidiar con tramas trascendentales y delirios de grandeza. Miremos una serie bien concebida como Los Simpson (ya tardaba en salir), que desde su primera temporada sentó unas sólidas bases de comedia sincronizada con el dramatismo y la complejidad inherente a lo que viene a ser formar parte de una familia, una sociedad y el género humano. Los Simpson jamás engañó a nadie, nació como una serie muy maleable con una serie de ingredientes muy definidos que temporada tras temporada fueron potenciándose, mitigándose, complementándose o supeditándose entre sí. La comedia enloquecida de la cuarta temporada no resulta chocante, tampoco la compleja autorreflexión de la octava, ni la densidad ética de la segunda; porque todo estaba desde los primeros episodios, o al menos latía en el fondo de éstos. Creo que el término “serie gamberra” se usa muy a la ligera y más bien mal, pero diría que Padre de familia sí lo es. Ni de coña lo es Los Simpson, que entre tener personajes gamberros y ser una serie gamberra hay un trecho. Pero Padre de familia sí. Sus creadores la concibieron como una enorme broma de mal gusto, una parodia del mundo real (cada vez menos) que resalta sus aspectos más grotescos. Nada de esto es condenable; de todo ha de haber en la viña del señor Coppola. Pero si una serie nace con una vocación tan evidentemente limitada, sus creadores deben ser consecuentes con el camino escogido, y no hay lugar para intentos de expansión hacia nuevos horizontes que jamás formaron parte de la premisa, porque el resultado sería artificial y extraño. Parece que estoy insinuando que no hay cabida para la evolución en una serie, pero nada más lejos de mi intención. Digamos que mi idea es que si una serie busca expandirse, enriquecerse tras un determinado recorrido debe ser fiel a sus raíces y buscar en ellas aquello que aún está por potenciar. Las raíces de Los Simpson son ricas y poliédricas, y de este modo la serie pudo aguantar diez años enteros, renovándose continuamente y explotando sus distintas posibilidades antes de que comenzara a convertirse en una extraña a nuestros ojos. Padre de familia no tiene unas raíces especialmente ricas, y esto constituye una prueba de: A) La irresponsabilidad y la falta de miras de Seth McFarlane y compañía, o B) Unos orígenes humildes y carentes de pretensiones corrompidos por la codicia del que quiere estirar hasta límites imposibles un chicle rentable pero poco… estirable.

Must... punch... him.

Padre de familia ha ido volviéndose, a lo largo de sus últimas temporadas, más grosera, burda y aleatoria en su humor, a la vez que, de una forma que podría responder a muchos adjetivos pero nunca al de “coherente”, ha ido adquiriendo tintes cada vez más pretenciosos. Es como si Michael Bay dijese a estas alturas de la vida que va a dar un nuevo rumbo a su carrera rodando un drama pequeño e intimista mientras firma para hacer Transformers 2 (la próxima vez escogeré un ejemplo inventado). Seth McFarlane, un tipo codicioso, insincero y carente de cualquier integridad artística al que además te dan ganas de darle un puñetazo sólo con verle sonreír, está buscando revestir a su serie estrella con un barniz de distinción que le sienta como un traje de novia a Courtney Love, en un desesperado intento por alargar su vida unos cinco años más. No porque ame su serie o a sus personajes (defeca en ellos con cada nuevo episodio), sino por pasta. Sólo así se entiende el repentino interés por indagar una y otra vez en la insoportable personalidad de Brian en episodios que sencillamente fracasan en su intento de resultar mínimamente potables. Porque McFarlane y cia. son incapaces de encontrar el balance entre comedia y drama de grandísimos episodios de Los Simpson como el de la transfusión de sangre de Burns, o el del Bonestorm (¡Bonestorm o al infierno!); porque más que sincero interés por la psicología de sus personajes lo que parecen buscar es un billete de ida para la inmortalidad televisiva; y porque no hay cabida para estas castañas en Padre de familia. Y menos aún en el Padre de familia actual, con sus interminables secuencias de vómitos y sus infames actuaciones de Conway Tweety metidas por rellenar. Estas tres razones se combinan en un monstruoso pegote indigesto en el cacareado y aún reciente episodio Brian y Stewie, en el que las cansinas nuevas estrellas absolutas de la serie se quedan encerradas en la cámara acorazada de un banco y se ven forzadas en última instancia a revelarse sus verdaderos sentimientos mutuos y reflexionar sobre su existencia y propósito en la vida. Qué gran sinopsis para la contraportada. El episodio éste es un fracaso en todos los sentidos. Humorísticamente hablando es horroroso. La primera mitad es una tortura en la que vemos a Brian vomitar repetidamente y comer caca de Stewie, y la segunda es un aburrimiento carente de chistes, todo porque es la parte de la reflexión y McFarlane tiene la equivocada idea de que para ser profundo hay que ponerse muy muy serio. Así que no hay sutiles comentarios humorísticos ni flashbacks ni nada. Cuidado, que esto es serio. Así que la comedia y el drama complejo hacen como el agua y el aceite en un vaso, una se va para los primeros quince minutos y otro se va para los quince siguientes. Y no me hagáis hablar de lo ridículo y fuera de lugar que se ve toda esta parte final en la que Brian confiesa que a veces piensa en suicidarse y Stewie le confiesa que es su único amigo, todo lleno de emocionalmente descriptivos zoom-in y enfoques-desenfoques. Qué coño es esto. Padre de familia no, desde luego. Brian y Stewie es un bochornoso intento de obra maestra por la cara, que ni siquiera puede evitar traicionarse a sí mismo metiendo los vómitos y demás guarradas marca de la casa.

Y si la complejidad mal entendida y administrada es una constante en este nuevo Padre de familia, también lo es el liberalismo mal entendido y administrado. Seth McFarlane no escatima en nada, chicos. Decidme, seguidores de Padre de familia, si no os entran ganas de salir a la calle con una pancarta contra el aborto, de apoyar el recorte de impuestos a los ricos, de invertir en tabacaleras, de mezclar la basura y de encerrar en la cárcel al primero que haga uso de su derecho de libertad de expresión después de veinte minutos de cansinas reprimendas liberales verbalizadas en boca de Brian. Seth McFarlane es liberal, amigos, y nos lo va a recordar brutalmente en todos los episodios de nuestra serie favorita aunque nos importe un pimiento. Brian, que de voz de la sensatez ha pasado a nazi de izquierdas, no deja pasar una oportunidad de soltar largos y aburridos discursos antirrepublicanos al desdichado espectador, que como ya sabe (mejor de lo que le gustaría), el perro de los Griffin es el alter ego de McFarlane. Que si la marihuana está prohibida por una campaña difamatoria de William Randolph Hearst, que si los cánones de belleza de la sociedad dan asco, que si los defensores del armamentismo son unos monstruos, que si las leyes contra el matrimonio gay son retrógradas y represivas, que si las noticias de la Fox están controladas y distorsionadas por la derecha ultraconservadora… Gracias a Brian sabemos todo esto y más, y muchos espectadores sin duda habrán reflexionado sobre sus ideales políticos y habrán corrido a hacerse socios de la NRA sólo por joder. La sutileza de los chistes antiderechistas en Padre de familia mecería un capítulo aparte, desde los nazis con chapas de VOTA A McCAIN hasta las fotos de Bush emborrachándose con el superdemonio. McFarlane demuestra su izquierdismo como lo haría un quinceañero desinformado con ganas de demostrar lo progre que es, extremando su discurso para no dar lugar a peligrosas ambigüedades. Aquí queda demostrado por qué Padre de familia jamás podrá estar ni mínimamente a la altura a la que vuela Los Simpson; porque en Padre de familia jamás veríamos un episodio como el del alma de Bart, de asombrosas cualidades simbólicas y espirituales pero que ¡oh, horror! ¡Habla del alma! ¡Un término cristiano! ¡Apología de la religión! No, McFarlane jamás produciría un episodio en el que se insinuasen las bondades de un concepto como el del alma, nunca, aunque “exista o no, simplemente represente lo bueno que hay en todos nosotros” (preciosa frase de Lisa).

La desidia sobrevuela la producción de McFarlane de unos cuantos años para acá. Los episodios de Padre de familia se desmoronan ante el más superficial análisis estructural. Las tramas principales son tan pobres que sólo abarcan los últimos diez minutos del episodio, encadenadas pobremente con la morralla que cubre los primeros diez. Los personajes se traicionan a sí mismos sólo por justificar un gag, se convierten en molestos paquetes de fondo con los que nadie sabe qué hacer una vez McFarlane ha decidido que no le interesan y desaparecen de la serie con pobres argumentos disfrazados de chiste (¡jo, jo, Kevin murió en Irak!). En este punto de la serie sólo tengo buenas palabras para Quagmire, que una vez ha saltado su tiburón personal se ha convertido en una autoconsciente parodia de sí mismo que busca la complicidad del público cada vez que hace algunas de sus cosas incorregibles (¡sólo podía ser Quagmire!) y tal vez para Peter, que pese a haberse convertido en un engendro completamente estúpido a veces también entra en ese terreno de autoparodia que me hace bastante gracia. Pero entre la degradación del resto de personajes más o menos habituales (Stewie ya no es un pequeño genio del mal, ahora es gay, gay y sólo GAY) y la sobreexplotación de otros sencillamente espantosos como el viejo pederasta vamos listos.

Mientras el público no dé la espalda a Padre de familia y se rebele ante el titiritero de McFarlane, que se congratula de hacerle reír estúpidamente con sus gags aleatorios (“más tenso que la vez que olvidé cómo sentarme”) paridos tal y como lo pintan en South Park, la serie seguirá haciendo de oro a su creador, convencido de su genialidad al aprovecharse de la estupidez ajena de una forma tan brutal. Sin olvidarnos de El show de Cleveland, que es una mierda del tamaño del Kilimanjaro y en el que un gordo borracho y colérico que además es un pésimo marido y padre usurpa el puesto del otrora inofensivo y bonachón Cleveland Brown. La génesis de El show de Cleveland podría ser perfectamente ésta que sigue:

McFARLANE: Estoy pensando en una serie nueva. El protagonista es un padre de familia malhablado, agresivo y estúpido que tiene una familia disfuncional y sólo piensa en beber cerveza con sus amigotes. Habrá muchos chistes en flashback.

EJECUTIVO: Pero eso se parece mucho a tu otra serie, Padre de familia.

McFARLANE: Eh, sí, pero Padre Made In Usa ha demostrado que si no hago Padre de familia la gente me da la espalda. Por eso voy a hacer esta serie, que no sólo se parecerá a Padre de familia, sino que además tendrá de protagonista a uno de sus personajes. A Cleveland, que no creo que nadie lo eche en falta en la otra.

EJECUTIVO: ¡Pero Cleveland no responde a la descripción que has hecho del protagonista!

McFARLANE: ¿No me escuchas? ¡Si el protagonista no es exactamente igual que Peter Griffin la serie será un fracaso! Da igual que no encaje, con que se vea que tiene la cara de Cleveland ya hay de sobra.

Es justo decir que, aunque son pocas, El show de Cleveland tiene sus cosillas decentes. El personaje de Holt, el treintañero bajito y acomplejado, tiene cierta gracia, y es sorprendente que Tim, el oso europeo católico, esté retratado como un tipo inocentón y buenazo y no como un monstruo irracional sólo por ser devoto. De hecho, a través de Tim, la sátira del catolicismo es mucho más atinada y efectiva que cualquier cosa que hayamos podido ver en Padre de familia.

Para terminar añadiré que Padre Made In Usa sigue siendo la serie más sólida de McFarlane, tal vez precisamente porque  nuestro hombre no mete tanta mano en ella. El humor es irregular, pero los guiones son más ingeniosos y los personajes son coherentes consigo mismos. Y cuando los chistes funcionan, Dios, cómo funcionan. Stan es un personaje absolutamente genial y una mina inagotable de humor grotescamente republicano, y Francine, como parodia del ama de casa sumisa y sin muchas luces (y rubia), es enorme. Padre Made In Usa es una prueba viviente de que quien no tiene poder no puede corromperse. Es una serie humilde con pocos seguidores, pero tras cinco años sigue siendo fiel a sí misma y consciente de sus limitaciones, que explota muy bien. Algo de lo que Padre de familia jamás podrá presumir. Seth McFarlane, acuéstate un rato. Haznos el favor.

11 comentarios to “Seth McFarlane, acuéstate un rato”

  1. Hempfreud 07/10/2010 a 19:17 #

    bueno el video de quagmire y brian da un poco esquinazo a lo que dices de dar rienda suelta a brian y francamente es muy bueno. creo recordar que el episodio de la hija de quagmire me gusto bastante. pero no logro recordar porque. eso es malo, supongo…

    todo el mundo a ver duckman, esa si que es una serie genial de la que no se habla

  2. L. Norton 08/10/2010 a 10:03 #

    “Es como si Michael Bay dijese a estas alturas de la vida que va a dar un nuevo rumbo a su carrera rodando un drama pequeño e intimista mientras firma para hacer Transformers 2 (la próxima vez escogeré un ejemplo inventado).”

    Acojonante. Certera la entrada, sí señor, hace tiempo que me pasé al bando de Stan (inmenso Jiménez, no lo olvidemos!).

  3. Miguel Roselló 08/10/2010 a 14:25 #

    Me propuse a mí mismo dejar apartado el tema del doblaje por una vez, ¡pero duele no mencionar la superlativa labor de Gabriel Jiménez con Stan! Y gracias, como siempre.

    Termino con Hempfreud: El vídeo de Quagmire lo puse por dos razones. La primera, porque quería ser un poco justo sin tener que escribirlo yo porque no me apetecía decir nada bueno. La segunda, porque huele un poco a pobre compensación (aunque le debo la vida a Quagmire por decir todo eso) para tanta brasa que nos han dado y que siguen dándonos con Brian.

  4. Félix Jiménez Vida 09/10/2010 a 12:49 #

    Estimado Roselló,

    Es grato ver que cuando tengo una conversación con usted, salga un tema para leer al poco. Creo que defenestras demasiado la serie porque me sigue haciendo reir, aunque a veces me de asco. No obstante, alabas Los Simpsons por sistema, y tampoco estoy de acuerdo con ello al 100 %.

    Creo que cada serie se va haciendo a sí misma, y es cierto que Padre de Familia se ha quedado encerrado en lo que es, y quizá no pueda crecer más.

    En cuanto a lo de su autor, le debo buenas risas y muchas frases que recordaré durante mucho tiempo. Se está agotando, como todos. Por mí, que se eche a dormir, me parece genial, pero espero que se despierte pronto.

    • Miguel Roselló 09/10/2010 a 15:36 #

      Reconozco que PADRE DE FAMILIA me da sus buenas risas, incluso hoy aunque cada vez sean más espaciadas, lo que significa reconocer que a lo mejor la he defenestrado DEMASIADO; pero también reconozco que me apetecía cargar contra lo que odio de esta serie a lo bestia. En el pasado ya enumeré lo que no me gustaba de mi sagrada FUTURAMA, y también lo hice con LOS SIMPSON, pese a que en este caso fue muy facilón porque me limité a las temporadas nuevas. Lo que me lleva a plantearme una posible entrada sobre episodios de la etapa buena de LOS SIMPSON que no me gustan y episodios de la etapa infame que sí me gustan: un reto de honestidad. No podrá usted quejarse de que sus críticas constructivas caen en saco roto.

      • Félix Jiménez Vida 09/10/2010 a 16:04 #

        Veo que aquí se me tiene en cuenta… Creo que esta es mi casa… ¡Que coño! Mejor que mi casa, que nadie me hace caso y hasta el perro me ignora…

  5. Jose 09/10/2010 a 21:53 #

    “McFarlane demuestra su izquierdismo como lo haría un quinceañero desinformado con ganas de demostrar lo progre que es, extremando su discurso para no dar lugar a peligrosas ambigüedades”. Joder, era exactamente la idea que tenía en mente cuando estaba leyendo lo anterior.
    Nunca fui seguidor de Padre de Familia porque nunca me hizo gracia, apenas he visto algunos episodios salteados haciendo zapping, y tras leer esto he desterrado la idea de que “a lo mejor es que tengo la mala suerte de pillar siempre los peores”. Buena crítica, y me parece bien que te permitas cargar contra algo que no te gusta aunque ello implique no ser 100% honesto, qué coño.

    • Miguel Roselló 10/10/2010 a 10:09 #

      La verdad es que lo sigo viendo semana tras semana, y en el fondo aún me gusta aunque sólo sea por los viejos y mejores tiempos. Me pasa igual con las nuevas temporadas de LOS SIMPSON, estoy irremisiblemente atado a ellas y seguiré viéndolas hasta que las cancelen allá por 2024.

  6. Tengovidatuno. 20/11/2012 a 15:24 #

    Cualquier subnormal con un blog pag se cree ya que puede dar sus razones como si fuera con toda la razon.
    No veo mas que un friki sin vida.
    Que lastima me dais la gente asi.
    Vive un poco,que buena falta te hace.

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